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España se desmarca de una UE incapaz de criticar a EEUU por incumplir el derecho internacional con sus bombardeos a Irán

España es el único país de la UE que se ha manifestado claramente en defensa de la legalidad internacional y la carta de las Naciones Unidas. Frente a la tibia respuesta de la Unión Europea, incapaz de mencionar los bombardeos de Estados Unidos e Israel en sus declaraciones, o la llamada a los tambores de la guerra que han respaldado países como Alemania o Francia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha calificado el ataque de EEUU e Israel como “un atropello a la legalidad internacional”, a la vez que ha condenado “la brutalidad del régimen iraní hacia su población”, y ha negado el permiso de utilización de las bases de EEUU en territorio español para la operación de bombardeo sobre Irán.

Sánchez se ha erigido en la némesis de Trump. El presidente español marca distancias con la mayoría de aliados europeos respecto a la política que dicta Washington. Lo hizo con la subida del gasto militar al 5% del PIB que impuso a los aliados de la OTAN, también con una postura más dura respecto al genocidio de Israel en Palestina o con su 'no' al rearme nuclear. Lo mismo ha ocurrido con el ataque de EEUU a Irán. Sánchez ha sido una de las voces más críticas contra la guerra ahora desatada en Oriente Medio. “La acción unilateral de Estados Unidos Israel no tiene encaje en la carta de las Naciones Unidas y está fuera de cualquier acción colectiva”, abundó el ministro de Exteriores, José Manuel Albares.

En Moncloa están convencidos de que la posición de España es la correcta y, desde el punto de vista político, consideran que es lo que el electorado de izquierdas espera. De hecho, tras un verano horribilis en el que Sánchez llegó a pensar en tirar la toalla por los casos de corrupción, fue en la política internacional en la que encontró un respiro cuando la inmensa mayoría de la comunidad internacional se sumó a los postulados que España había encabezado meses antes con el reconocimiento del Estado de Palestina.

Fuentes del Ejecutivo de Pedro Sánchez añaden que esperan que con Irán pase igual que con la postura de España con Gaza. Finalmente, la Unión Europea se vio obligada a seguir los postulados españoles, cambiar de posición y anunciar sanciones a Israel ante el genocidio que se estaba cometiendo contra la población palestina. Las sanciones se quedaron en un cajón tras el alto el fuego, pero el papel internacional de España fue reconocido.

La posición más dura de la UE contra el ataque de EEUU

En este caso, España defendió en el seno de la UE una posición más dura contra el ataque de EEUU e Israel. “Hubiese querido un comunicado más firme, más claro, más contundente”, ha admitido Albares. No obstante, el Gobierno ha llamado a consultas al embajador iraní en Madrid para trasladarle la “condena a todos los ataques que están realizando a prácticamente todos los países de Oriente Medio” mientras que no se plantea hacerlo con el representante de EEUU.

La Unión Europea ha sido incapaz de mantener una postura coherente alrededor de esta crisis. Aunque la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, pidió que “se respete plenamente el derecho internacional” o que la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, insista en hacer un llamamiento “a la máxima contención y al pleno respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional”, la realidad es que solo han condenado los ataques de Irán y ni siquiera han mencionado los bombardeos de EEUU e Israel sobre territorio iraní, que han provocado centenares de víctimas civiles, según la Media Luna Roja.

Von der Leyen ha tratado de justificar los ataques de EEUU e Israel a la vez que aseguraba que “la única solución duradera” en la crisis de Irán “es diplomática”, aunque puso una serie de exigencias para que tengan un buen fin: “una transición creíble en Irán, el abandono definitivo tanto del programa nuclear como del programa de misiles balísticos y el fin de las actividades desestabilizadoras en la región”.

El problema para Von der Leyen es que la Administración de Donald Trump la ha desautorizado públicamente. El secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth, ha admitido que no “se trata de una guerra para cambiar de régimen, aunque el régimen ya ha cambiado”, sino que el objetivo “es una misión clara, devastadora y decisiva: destruir los misiles ofensivos iraníes, destruir la producción de misiles, destruir su armada y otras infraestructuras de seguridad y que nunca tengan armas nucleares”. Posteriormente, el propio Trump ha apuntado que los bombardeos sobre Irán durarán “el tiempo que sea necesario”.

Los analistas del European Council on Foreign Relations advierten de que “los europeos no pueden permitirse esperar y ver si esta operación logra forzar nuevas concesiones sustanciales por parte de Irán o un cambio de régimen. Una transición que aleje a Irán de su régimen autoritario sería bienvenida, pero no basta con sentarse y esperar que eso ocurra en medio de las peligrosas posibilidades contrapuestas de un colapso del Estado y una guerra más amplia. Los gobiernos europeos deben implicarse ya en la configuración de una vía realista de desescalada”.

No autorizar el uso de bases frente al respaldo del E3

Más allá de lo simbólico o discursivo, el Gobierno ha pasado a los hechos al no autorizar que EEUU use las bases de Morón de Frontera y Rota para perpetrar la operación contra Irán, en contra de lo que han hecho países como Reino Unido. “No se van a utilizar las bases de soberanía española para nada que no esté dentro del convenio con Estados Unidos ni para nada que no tenga encaje dentro de la carta de Naciones Unidas”, ha expresado Albares. “No se ha dado ningún tipo de asistencia a esta actuación, a este ataque que se está realizando”, ha agregado la ministra de Defensa, Margarita Robles.

Esta posición es muy diferente a la adoptada por Francia y Alemania junto al Reino Unido. Los tres países, que forman el denominado bloque E3, han avisado que colaborarán con EEUU y para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones. “Tomaremos medidas para defender nuestros intereses y los de nuestros aliados en la región, potencialmente permitiendo las acciones defensivas necesarias y proporcionadas para destruir la capacidad de Irán de lanzar misiles y drones en su origen”, indicaron los tres países en una declaración conjunta. Sin embargo, nunca es suficiente para Trump, que criticó duramente al primer ministro británico, Keir Starmer, por no haber sumado a su país a los ataques contra Irán.

Mientras el resto de los países europeos se han limitado a no marcar diferencias con los Estados Unidos o mandar mensajes claros de apoyo para acabar con el régimen iraní. Solo Irlanda ha mantenido una posición más crítica. Su primer ministro, Micheál Martin, señaló en un comunicado que a Teherán “nunca se le debe permitir adquirir armas nucleares”, pero que “ese objetivo debe perseguirse en la mesa de negociaciones”. Italia, que al principio optó por el silencio, ha dado una de cal y otra de arena. Su primera ministra, Giorgia Meloni, ha optado por pedir “el apoyo para cualquier iniciativa que pueda conducir a una distensión” mientras que su ministro de Exteriores, Antonio Tajani, ha justificado el ataque estadounidense-israelí a Irán para acabar con su programa nuclear y “un régimen oscurantista”.

Otros países han buscado llevarse a su terreno esta crisis. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, anunció que elevaba la alerta antiterrorista y sacó la polémica con Ucrania alrededor del oleoducto Druzhba ante una posible crisis energética. Por su parte, el presidente polaco, Karol Nawrocki, ha recordado que “el amenazante régimen de Irán armó a Rusia en su agresión contra Ucrania”.

El resto de países de la Unión Europea se han debatido entre apoyar a Estados Unidos con sus bombardeos contra Irán asumiendo la teoría de un necesario cambio de régimen para mejorar la vida de los iraníes o el objetivo de acabar con las posibilidades de que Irán consiga armas nucleares. Sin opción a crítica ni disenso de la política marcada en Washington.

El analista y profesor en HEC Paris, Alberto Alemanno, explica que “lo más desconcertante del apoyo de Europa al cambio de régimen en Irán es que contradice sus propios intereses. La guerra estadounidense conlleva: precios de la energía más altos, incremento de refugiados, un posterior auge de la ultraderecha y mayores daños al orden basado en reglas. Si Estados Unidos obtiene el premio geopolítico, Europa paga la factura.”

La posición española ha provocado el aplauso de Irán, que ha obviado las críticas del Gobierno al régimen. “Irán reconoce plenamente y respeta esta posición, que está en consonancia con el derecho internacional”, ha señalado la embajada iraní a través de X. Esa postura ha causado la reacción airada de la derecha en España. “Maduro. Bildu. Hamás. Hutíes. Talibanes. Y ahora los ayatolás. Todos con Sánchez y con el Derecho Internacional”, ha dicho la diputada del PP Cayetana Álvarez de Toledo en una línea muy similar al líder de la ultraderecha de Vox, Santiago Abascal, que ha asegurado que “Pedro Sánchez es el mejor amigo que tienen en Europa los ayatolás y el mejor amigo que ha tenido Maduro”.