El imperio mediático de Vincent Bolloré: cómo un millonario logró crear la mayor plataforma ultraconservadora de Francia
En Francia a menudo se habla de “galaxia Bolloré” o de “imperio Bolloré”, como si solo el nombre de una empresa o un apellido no fueran suficientes para describir el alcance e influencia que ha conseguido. Una red de medios de comunicación, distribuidoras, productoras audiovisuales y editoriales que ocupa cada vez más espacio en el debate público y proporciona una enorme plataforma para promover las posiciones sociales y políticas de su dueño.
Heredero de un grupo empresarial con más de dos siglos de historia, la familia Bolloré había hecho fortuna en el papel (la B del papel de liar OCB). Vincent Bolloré se incorporó a la empresa familiar en un momento de crisis, a principios de los 80. No solo logró salvar el grupo, sino que, en cuanto fue posible, apostó por el crecimiento y la ampliación de las actividades: primero en el transporte y la logística, después en la publicidad y, por último, en los medios de comunicación.
A principios de la pasada década se hizo con el control de Vivendi (matriz de Canal+) como accionista mayoritario, momento que marca su irrupción en el panorama mediático francés. Desde entonces su poder no ha dejado de crecer: en la actualidad controla —o tiene participación— en más de cincuenta medios de comunicación, entre canales de televisión, emisoras de radio, revistas y webs de información y entretenimiento.
Un ecosistema creado gracias a la adquisición de empresas de renombre a menudo en dificultades económicas. Siempre con las mismas consecuencias, una mecánica que se repite con cada toma de control: reemplazo de directivos por personas marcadas ideológicamente y fieles a Bolloré, cambio de línea editorial y renovación de las redacciones a base de despidos y dimisiones.
Línea editorial unificada
Con una línea editorial unificada, cada medio del grupo actúa como caja de resonancia de los mismos mensajes: los temas preferidos (inseguridad, inmigración, ataques a la izquierda) circulan y se amplifican como parte de una agenda ideológica muy marcada. La de su dueño. “La evolución de su grupo mediático en los últimos diez años no deja lugar a dudas: su proyecto consiste en la conquista del poder, al menos en los planos ideológico, cultural y religioso”, explica Alexis Lévrier, profesor titular de la Universidad de Reims y especialista en historia de los medios de comunicación.
Sus actividades en el mundo de la prensa y la edición se deben a que está convencido de que para poder gobernar hay que derrocar la hegemonía cultural de la izquierda. La Nouvelle Droite [grupo de intelectuales de ultraderecha] ya intentó hacerlo antes, pero Bolloré dispone de medios prácticamente ilimitados
“Busca recuperar una identidad francesa centrada en raíces cristianas, deshaciéndose de culturas extranjeras y, en particular, señalando al islam como una religión inasimilable. Sin embargo, no busca tomar el poder él mismo: más bien se apoyará en responsables políticos afines a sus ideas, y que dependen de sus medios de comunicación, para conquistar el poder y luego mantenerse en él”, añade Lévrier.
Como se ha visto recientemente, la influencia de Vincent Bolloré va mucho más allá de los medios de comunicación. El método Bolloré también está presente en el ámbito cultural y la bollorisation que denuncian artistas e intelectuales pasa también por un combate cultural.
“Sus actividades en el mundo de la prensa y la edición se deben a que está convencido, al igual que gran parte de la derecha francesa más conservadora, de que para poder gobernar hay que derrocar la hegemonía cultural de la izquierda”, señala Jean-Yves Camus, politólogo y especialista en la extrema derecha francesa. “La Nouvelle Droite [grupo de intelectuales de ultraderecha] ya intentó hacerlo antes, aunque con escasos medios. Bolloré dispone de medios prácticamente ilimitados”.
En lo que respecta al mundo de la edición, los acontecimientos se han acelerado desde 2020, cuando Vivendi entró en el capital de Lagardère, otra de esas empresas que atravesaba una larga crisis. Aprovechando la caída del precio de las acciones provocada por la pandemia del covid-19, Vivendi compró las participaciones del fondo Amber Capital y logró suficientes acciones para lanzar una oferta pública de adquisición.
De este modo, tomó el control total de un grupo que cuenta, entre otros, con la principal editorial francesa (Hachette), la radio Europe 1 y Le Journal du dimanche (JDD). Las redacciones pasaron por la misma transformación brutal que había sufrido I-Télé en 2016, la cadena de noticias de Canal+ convertida hoy en Cnews, la cara más visible de la batalla ideológica del grupo.
Revuelta en el cine y la literatura
Así, el nombre Bolloré es hoy omnipresente en la vida pública francesa. Oficialmente retirado desde 2022, en realidad nadie duda de que el empresario sigue moviendo los hilos del grupo Vivendi a través de sus hijos y de sus colaboradores más fieles. Y la red empresarial que ha tejido es tal que en varios sectores controla a la vez la creación y la distribución.
Por ejemplo, además de periódicos y revistas, posee las tiendas y kioscos Relay, presentes en las estaciones de tren y los aeropuertos de toda Francia, lo que permite imponer aún más su presencia en la vida cotidiana de los franceses. De manera similar en octubre de 2025, el grupo Canal+, que ya controlaba la empresa de producción y distribución Studio Canal, adquirió el 34% del capital de UGC, la tercera red de cines más grande de Francia, con la intención de adquirir la totalidad en los próximos años.
Una nueva etapa en el control progresivo del cine francés que un colectivo de 600 profesionales del sector decidió denunciar hace unas semanas con una tribuna en Libération, coincidiendo con el inicio del festival de Cannes. “La batalla cultural de la que tanto se habla no se refiere a un simple enfrentamiento de ideas. Al dejar el cine francés en manos de un empresario de extrema derecha, no solo corremos el riesgo de que las películas se uniformicen, sino también de que se produzca un control fascista sobre el imaginario colectivo”, afirmaba el texto.
“Depredación”
Pero en la galaxia Bolloré las voces discordantes no son bien acogidas. Maxime Saada, actual presidente del consejo de administración de Canal+ y vicepresidente de Lagardère (uno de los fieles de Bolloré), anunció el día después de la publicación de la tribuna su intención de vetar a los firmantes de la carta en todas las producciones del grupo (el más importante del cine francés).
La batalla cultural también se libra en el mundo editorial. La destitución de Olivier Nora, director general de la editorial Grasset & Fasquelle, relevado por uno de los fieles de Bolloré, creó un seísmo en el sector. Nora es unánimemente respetado en el mundo de la edición y la toma de control brutal provocó una reacción sin precedentes: 250 autores de Grasset, incluyendo a Virginie Despentes, Bernard-Henri Lévy o Pascal Bruckner, decidieron abandonar la famosa casa.
“No es una guerra, es una forma de depredación. Si utilizamos la misma palabra que cuando se habla de depredación sexual, es porque se trata del mismo mecanismo: abusar del poder para despojar al otro de su humanidad”, afirmaba recientemente la autora de Vernon Subutex en una intervención en la televisión pública.
Esas recientes polémicas han supuesto una llamada de atención para el mundo de la cultura en Francia. En el mundo del cine se alzan las voces contra la “lista negra” y las represalias anunciadas contra los firmantes del artículo publicado en Libération (cuyo número ha subido de los 600 iniciales a 3.400).
El miércoles 13 de mayo se celebró en el Théâtre de la Concorde de París un evento llamado 'Estados generales de autoras y autores', convocado por un colectivo que reúne profesionales de la escritura con el fin de “imaginar soluciones” para preservar la independencia de los creadores.
La presidencial de 2027 en el horizonte
A pesar de la enorme concentración de poder de un solo hombre, el poder político en Francia no parece inclinado a actuar. Al menos no públicamente. Si la prensa francesa apunta que Emmanuel Macron (al que atribuye una relación particularmente mala con Bolloré) ha incitado en varias ocasiones a otros millonarios franceses a disputarle el control de los medios y la edición, en sus declaraciones públicas el presidente galo se ha limitado a desear “pluralismo” en la cultura y la prensa del país.
“Emmanuel Macron había prometido actuar y desgraciadamente no ha hecho nada”, lamenta Alexis Lévrier. “Se había anunciado una ley sobre el derecho de aprobación en los medios tras la compra del JDD y la huelga de 40 días de toda la redacción: eso habría permitido evitar que se nombrara a un director editorial en contra de la opinión de la redacción”.
Por otro lado, una gran ley sobre los medios de comunicación debía tramitarse después de una serie de grandes consultas (los trabajos de los Estados Generales de la Información) organizadas durante este segundo mandato por impulso del presidente. “Pero, sin duda, para no ofender a los principales magnates que controlan los medios de comunicación, esa ley nunca se debatió en la Asamblea Nacional”, señala el historiador. “Ahora ya es demasiado tarde para que actúe bajo la presidencia de Emmanuel Macron. Las próximas presidenciales serán una prueba de fuego para la democracia: si la extrema derecha no gana, será imprescindible actuar con rapidez para poder impedir que el proyecto de Vincent Bolloré se haga realidad”.