Israel repite el guion fallido de la ocupación de Líbano 26 años después: “Fue un gran fracaso en los años 80 y 90”
El ejército israelí ha ocupado una amplia zona del sur de Líbano desde que lanzó su ofensiva contra el país vecino el pasado 2 de marzo, poco después de haber atacado Irán junto a Estados Unidos. La entrada en vigor de un alto el fuego, impuesto por Donald Trump el 16 de abril, no ha conllevado la retirada de las tropas hebreas y no les ha impedido seguir ocupando y destruyendo aldeas libanesas, a cutos residentes, además, ha prohibido regresar. Israel vuelve a repetir el guion de una ocupación de 18 años (1982-2000) que fue el germen del nacimiento de Hizbulá y que ahora los expertos advierten que servirá para dar mayor legitimidad a la milicia para seguir luchando.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu ha defendido la presencia en el sur de Líbano y el establecimiento de una “zona de defensa avanzada” –tal y como la denomina el Ejército–, de unos 10 kilómetros de profundidad en territorio libanés, a lo largo de la frontera entre los dos países y dentro de cuyo perímetro las tropas están arrasando con todo. Es similar en cuanto a objetivos y a su ubicación a la “zona de seguridad” que fue creada por Israel en el sur de Líbano después de que el Estado hebreo invadiera el país árabe en 1982.
Las tropas israelíes no se retiraron por completo de Líbano hasta el año 2000, una ocupación que fue considerada un fiasco, tanto por los cientos de soldados que fallecieron, como porque no se tradujo en una mayor seguridad para los residentes del norte de Israel. Las repetidas rondas de violencia transfronteriza en los siguientes 26 años dan muestra del fracaso de aquella operación que duró casi dos décadas.
El grupo chií Hizbulá se hizo fuerte en el sur de Líbano tras la retirada de las tropas hebreas y, desde entonces, ha atacado de forma recurrente Israel. A su vez, el ejército israelí ha lanzado varias ofensivas contra la milicia –las principales en 2006 y 2024– hasta la actual guerra, en la que ha vuelto a ocupar una parte del territorio libanés con el pretexto de alejar a Hizbulá de la frontera norte de Israel y proteger a los residentes más próximos a la divisoria. Desde principios de marzo, al menos 2 civiles israelíes han fallecido por fuego de Hizbulá y más de 2.700 personas han muerto en Líbano por ataques de Israel.
Tácticas parecidas a las de Gaza
Yehuda Shaul, codirector de OFEK (Centro Israelí para los Asuntos Públicos, un think tank que aboga por una convivencia pacífica entre israelíes y palestinos) considera que en la ocupación de 1982 a Israel no se le permitió arrasar con aldeas enteras, expulsar a la población y otras prácticas más parecidas a las que el ejército ha aplicado en la Franja de Gaza.
“Lo que estamos haciendo en Líbano es muy similar a lo que hicimos en Gaza, lo que la comunidad internacional nos permitió hacer en Gaza”, asegura a elDiario.es Shaul, que es también cofundador de Breaking The Silence (una ONG que da voz a los militares israelíes que quieren denunciar los abusos que cometen las FDI en los territorios palestinos ocupados). Según el exmilitar, ahora “las tácticas son mucho más agresivas y, por eso, a medio plazo, van a ser contraproducentes y van a empeorar las cosas” en el sur de Líbano y el norte de Israel.
“Lo que Israel está haciendo es darle legitimidad a Hizbulá para empuñar las armas y luchar contra la ocupación israelí”, al mismo tiempo que “disminuye la legitimidad del Gobierno libanés para negociar y dialogar con Israel”, añade Shaul, en referencia a las conversaciones directas entre Líbano e Israel que dieron comienzo el mes pasado en Washington, con la mediación de EEUU, y cuyo objetivo final es la normalización de las relaciones entre los dos países enfrentados desde siempre. Una de las cuestiones claves de esas negociaciones será definir la frontera, ya que actualmente la divisoria entre ambos Estados es la Línea Azul trazada por Naciones Unidas para marcar la retirada de las tropas israelíes en el año 2000.
Lo que estamos haciendo en Líbano es muy similar a lo que hicimos en Gaza, lo que la comunidad internacional nos permitió hacer en Gaz
Shaul afirma que la renovada presencia israelí en Líbano “va a llevar al derramamiento de sangre y no va a garantizar la seguridad de nadie”, agregando que “no se puede desmantelar Hizbulá con una ocupación de este tipo”. Los antecedentes le dan la razón: la ocupación de 18 años entre 1982 y 2000, durante la que Israel contó con el apoyo de soldados libaneses en el sur del país, sólo fortaleció a Hizbulá, nacido en 1982 precisamente para resistir frente a la invasión. Desde entonces, el partido-milicia se ha convertido en un destacado actor político con apoyo social y un brazo armado poderoso.
Además, en el actual contexto en el que Israel está desarrollando ofensivas en múltiples frentes y expandiendo sus dominios territoriales, Shaul pone en duda que renuncie a lo conquistado en el sur de Líbano: “No creo que Israel regrese a las fronteras internacionales a menos que Trump le obligue a hacerlo”, dice, y prevé que la ocupación durará mientras Netanyahu y Trump permanezcan en el poder.
En Gaza, el plan del presidente estadounidense que empezó a aplicarse el pasado octubre ha permitido a Israel ocupar más de la mitad de la Franja, a pesar de que estaba prevista su retirada. En Líbano, Israel tampoco respetó el acuerdo de alto el fuego de noviembre de 2024 y no llegó a retirarse del todo del sur del país tras la última ofensiva, ocupando hasta la actual guerra cinco posiciones militares estratégicas a lo largo de la frontera.
El Gobierno israelí ha dejado claro que no va a retirar las tropas del sur de Líbano a corto plazo y las declaraciones de los dirigentes políticos y militares apuntan a que la ocupación se prolongará todo el tiempo que consideren necesario. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), Eyal Zamir, visitó a los militares desplegados en el país vecino esta semana y les dijo que cuentan con “todas las capacidades de las FDI” para llevar a cabo su misión.
“Las FDI son el escudo protector de las comunidades del norte de Israel. No vamos a dar un paso atrás hasta que la seguridad esté garantizada y haya una solución a largo plazo para las comunidades del norte de Israel”, afirmó, según un comunicado oficial. Una semana antes, Zamir dijo que las tropas se habían posicionado a lo largo de una línea que “evita el fuego directo contra las comunidades” del norte de Israel. “Puede que sea necesario que permanezcamos en ella”, agregó.
Los errores del pasado
El activista pacifista israelí Tuly Flint, de 58 años, luchó en la primera guerra de Líbano y también en la segunda (2006) y, después de muchos años, ha llegado a la conclusión que los conflictos sólo se resuelven con acuerdos políticos. Ahora está totalmente en contra de la ofensiva contra Líbano y la ocupación del sur del país. “Fue un gran fracaso en los años 80 y 90”, afirma a elDiario.es.
“Ocupar el sur de Líbano, como quieren hacer algunos lunáticos de mi Gobierno, es ilógico y la peor opción. No podemos olvidar que Hizbulá empezó a disparar contra Israel, pero la guerra no es la respuesta”, asegura Flint, en referencia a los primeros ataques de la milicia en reacción a la brutal ofensiva israelí contra Gaza, en octubre de 2023, y a los bombardeos contra Irán, iniciados el 28 de febrero de este año.
“Todos los países tienen el derecho a defenderse, pero no a través de la ocupación. Ningún país tiene el derecho a ocupar otro, pero en Israel nos tapan los ojos respecto a la ocupación”, lamenta el ex teniente coronel de las FDI que trabaja como terapeuta con soldados que necesitan asistencia tras experiencias traumáticas. “En mi trabajo veo una y otra vez lo fútil e innecesaria que es la guerra, la destrucción, el domicidio, el genocidio y el sufrimiento”.
Todos los países tienen el derecho a defenderse, pero no a través de la ocupación. Ningún país tiene el derecho a ocupar otro, pero en Israel nos tapan los ojos respecto a la ocupación
Flint relata el recorrido personal que hizo durante varias décadas, desde ser un militar profesional hasta convertirse en un refusenik (persona que rechaza alistarse) y activista por la paz. Empezó a servir en las FDI en 1984, primero como médico y luego como alto mando militar, estuvo desplegado en Líbano varias veces a lo largo de 7 años y, cuando pasó a ser reservista en 1992, también fue enviado a la zona de seguridad en el sur de Líbano en varias ocasiones. Volvió a Líbano en la guerra de 2006, pero no fue hasta 2014, en la ofensiva 'Margen protector' contra Gaza, cuando decidió que no quería participar más en la violencia contra palestinos o libaneses. Se unió entonces al grupo Combatientes por la paz, formado por israelíes y palestinos que optan por la convivencia pacífica.
Explica a este periódico que tardó tantos años en hacer ese camino porque los jóvenes en Israel, sobre todo los hombres, son adoctrinados para la guerra. “Nos educaban para ir a la mili. Era una forma de proteger a tu país y también de adquirir un estatus social. Debido a ese adoctrinamiento –contra el cual trabajo ahora–, es muy natural servir en el Ejército; sin contar con el hecho de que tienes que servir por ley: si no vas a la mili, puedes ir a la cárcel, no tienes elección”, agrega.
Recuerda que su familia vivía en el norte de Israel cuando él era pequeño y llegaban cohetes desde el otro lado de la frontera. “Había ataques desde Líbano y morían civiles, incluso antes de 1982 [año en que nació Hizbulá]. Las cosas eran complicadas y nuestros maestros, nuestro Gobierno y nuestros comandantes [de las FDI] nos decían que los libaneses estaban en contra de nosotros y que intentaban matarnos y controlarnos, íbamos al ejército para defender a nuestras familias”. Esa era la visión que tenía Flint cuando era más joven y ahora la considera equivocada porque se ha dado cuenta de que “hay otra vía”. “Puede y debe haber un acuerdo con Líbano. Al igual que hay un acuerdo [de paz] con Egipto y con Jordania: no es un acuerdo ideal, pero es mejor que la guerra”, concluye.
Una zona devastada y sin civiles
Sin embargo, el Gobierno israelí sigue apostando por el uso de la fuerza desmedida. En el caso de Líbano, vuelve a aplicar la fórmula que no funcionó en el pasado y, con más brutalidad si cabe, siguiendo el modelo de Gaza.
El ex general de brigada Yossi Kuperwasser, director del Instituto de Jerusalén para Estrategia y Seguridad (JISS), explica a elDiario.es que hay similitudes y diferencias entre la zona de seguridad establecida hace décadas en el sur de Líbano y la actual. “Es la misma área y la lógica detrás de la presencia del ejército en el sur de Líbano es la misma: proteger la zona norte de Israel porque Hizbulá está desplegado a lo largo de la frontera”.
Sin embargo, los ataques israelíes han tenido como objetivo no sólo al grupo chií, sino también viviendas e infraestructuras civiles y en ellos han muerto más de 180 niños y niñas. La ONU ha considerado especialmente alarmartes los ataques contra el sistema sanitario, que han matado a más de un centenar de trabajadores médicos.
Es la misma área y la lógica detrás de la presencia del ejército en el sur de Líbano es la misma
Según Kuperwasser, la principal diferencia entre la zona de seguridad del siglo pasado y la actual es la presencia de civiles: “Hasta el año 2000, estábamos desplegados en la zona de seguridad en el sur de Líbano junto a la población libanesa. No podíamos diferenciar entre los civiles y los terroristas de Hizbulá. Ahora, hemos decidido que no va a haber civiles en la zona mientras estemos desplegados, le hemos dicho a la población que se marche”, afirma.
El experto militar se refiere a las órdenes de evacuación forzosa emitidas por las FDI desde principios de marzo. Todos los habitantes de las localidades al sur del río Litani –se calcula que unas 600.000 personas– fueron obligados a dejar sus hogares, así como los de los suburbios meridionales de la capital, Beirut. En total, la ofensiva israelí ha causado más de un millón de desplazados y la peor crisis humanitaria que ha sufrido Líbano en más de dos décadas, según la ONU.
Tras la entrada en vigor del alto el fuego, el Ejército ha advertido a los residentes de que no es seguro regresar al sur y ha emitido nuevas órdenes de evacuación, incluso de aldeas y localidades al norte del Litani –considerado una barrera natural entre el sur y el resto del país, situado unos 40 kilómetros al norte de la frontera con Israel y paralelo a la divisoria–. Además, muchos de los desplazados no tendrán adónde regresar, ya que el ejército israelí y contratistas privados están demoliendo muchos de los edificios que se encuentran en el perímetro de la “zona de defensa avanzada”, siguiendo el patrón de domicidio que aplicó en Gaza.
“Ahora mismo tenemos muchas tropas en la zona, porque tenemos que establecernos en el área, pero si nuestra presencia se prolonga, vamos a reducir el número de tropas”, explica Kuperwasser. Desde el comienzo de la operación terrestre, se han desplegado hasta cinco divisiones de las FDI en el sur de Líbano, lo que equivale a decenas de miles de efectivos. Una veintena de soldados han perdido la vida en poco más de dos meses.
“Nuestra operación va a dar sus frutos, porque las condiciones son mejores que las de los años 90 y juegan a nuestro favor”, concluye Kuperwasser. Entre esas condiciones, el exmilitar señala que Hizbulá ya no cuenta con el apoyo del régimen sirio de los Al Asad y que Irán, el padrino de la milicia, también está muy debilitado. Pero el precio que están pagando los civiles libaneses, sobre todo los habitantes del sur, es más elevado que hace décadas y sus repercusiones serán prolongadas y devastadoras, tal y como advierten las organizaciones humanitarias y las agencias de la ONU. Además, décadas de expansionismo de Israel en la región confirman que la ocupación provoca siempre un movimiento de resistencia.