La famosa influencer italiana Chiara Ferragni ha sido absuelta este miércoles de los cargos de estafa agravada en un caso muy mediático, en el que estaba acusada de lucrarse promocionando el tradicional dulce navideño pandoro y huevos de chocolate de Pascua con supuestos fines benéficos. El tribunal de Milán ha emitido su sentencia y ha rechazado los argumentos de la acusación y la Fiscalía, que pedían un año y ocho meses de cárcel para la estrella de las redes sociales de Italia, quien ha dado las gracias a todos los que la han apoyado, tras conocer la sentencia.
“Doy las gracias a mis abogados y a mis seguidores che, durante dos años, me han apoyado”, ha declarado Ferragni, según recoge la prensa italiana. Ella se declaró siempre inocente, en un caso que dañó su reputación, hundió su imperio empresarial y frenó su carrera como celebrity a nivel mundial.
El juicio contra Ferragni empezó el pasado otoño en un tribunal de Milán, en un procedimiento junto a otros dos imputados para los que la Fiscalía pedía un año y ocho meses de cárcel y un año, respectivamente. Ambos han sido absuletos este miércoles.
El caso, seguido con gran atención en Italia —donde esta pionera empresaria y estrella de la moda de 38 años era paradigma del éxito por su labor digital cómo influencer— se remonta a 2021 y 2022, cuando hizo campañas promocionales con su imagen para la venta de los típicos bizcochos italianos de Navidad pandoro, de la marca Balocco, y de huevos de Pascua de la empresa Dolci Preziosi. Según la publicidad, los beneficios recaudados con los productos, vendidos en paquetes con el logotipo de la marca personal de Ferragni a un precio mucho más alto de lo normal, debían destinarse al hospital pediátrico Reina Margarita de la ciudad de Turín.
Sin embargo, no fue exactamente así. Según se reveló posteriormente, la compañía Balocco sólo donó unos 50.000 euros al centro médico, una aportación que fue previa al inicio de su campaña, por lo que esta no correspondió a los ingresos por las ventas del Pandoro Pink Christmas patrocinado por Ferragni. De hecho, la creadora de contenidos ganó más de un millón de euros con la campaña, sin que el dinero fuera destinado al hospital. En el caso de los huevos de Pascua, la promoción para su venta siguió patrones similares.
El asunto salió a la luz primero a fines de 2022, con la publicación de una investigación del diario italiano Domani, que aseguraba: “El pandoro benéfico de Chiara Ferragni es sólo marketing y no beneficiencia”. El artículo hablaba de “una operación comercial mezclada de forma confusa con una iniciativa benéfica”, en la que parecía que una parte del precio de cada pandoro comprado se destinaría a fines benéficos, pero no era así realmente. El diario también señaló uno de los falsos reclamos de la campaña, que anunciaba una supuesta financiación de la investigación sobre el cáncer infantil en el hospital turinés, un elemento que fue clave en toda la promoción.
Ya en diciembre de 2023, la Autoridad Garante de la Competencia y el Mercado (AGCM) de Italia impuso una multa de más de un millón de euros a Ferragni. Según alegó, esta realizó “una práctica comercial incorrecta” al transmitir a los consumidores que si compraban el pandoro asociado a su nombre ayudarían con una donación al hospital Reina Margarita. Eso hizo que se abriera el caso conocido como 'Pandorogate', que desató una tormenta mediática y ha perseguido a Ferragni hasta hoy.
Ya entonces pidió perdón por Instagram, admitió “un error de comunicación” y anunció la entrega de un millón de euros al centro médico de Turín para apoyar “la cura de los niños”. Sin embargo, no pudo parar las demandas en su contra ni su imputación por publicidad engañosa junto a su exmánager, Fabio Maria Damato, y el presidente de la empresa propietaria de Dolci Preziosi, Francesco Cannillo, que en los últimos meses se sentaron también en el banquillo de los acusados.
Casi tres años después de que se conociera el escándalo, el juicio a Ferragni arrancó en noviembre en Milán, con una audiencia en que la influencer eligió la modalidad de procedimiento abreviado. Este es más veloz que el ordinario, lo que implicó omitir la fase de debate. El 25 de noviembre, la Fiscalía pidió condenar a la mujer a 20 meses de prisión. Por su parte, sus abogados defendieron su inocencia y solicitaron su absolución el 19 de diciembre, en una última vista en la que alegaron que no cometió ningún delito. Durante el proceso, Ferragni se mostró “tranquila y confiada” e insistió en que siempre actuó “de buena fe”.
A estas alturas, Ferragni ya ha pagado unos 3,4 millones de euros entre multas, donaciones y acuerdos de resarcimiento con varios demandantes. Entre estos, estaba también la entidad Casa del Consumatore (Casa del Consumidor, en italiano), la única que se mantuvo como acusación particular en el juicio y que antes rechazó una oferta de 5.000 euros por parte de la influencer para lograr que se retirara del proceso, según la prensa local.
Con todo, el 'Pandorogate' asestó estos años un duro golpe a la imagen pública y al imperio empresarial de Ferragni. Cuando estalló el caso tenía 30 millones de seguidores en Instagram, estaba en la cúspide de su carrera y se proyectaba a nivel internacional, siendo incluso comparada con una Kim Kardashian italiana. La estrella no perdió por completo su ascendente, pero se vio muy tocada y empezó a perder seguidores.
Tuvo que apartarse del foco mediático, reducir su actividad en redes sociales y cayó en una especie de ostracismo. Grandes marcas de la moda o multinacionales como Coca Cola dejaron de colaborar con ella. Todo ello también se considera uno de los elementos que llevó a su divorcio en 2024 con Fedez, famoso rapero italiano y padre de sus dos hijos, con quién formó uno de los matrimonios más conocidos de Italia, con una historia que también fue carne de los paparazzi y que en los últimos tiempos dio mucho que hablar a la prensa sensacionalista y del corazón.
Para muchos es aún sorprendente que un pandoro y unos huevos de chocolate hundieran la reputación e imperio de Ferragni, reconocida en 2017 como principal influencer global por la revista Forbes, cuando había logrado generar ya 70 millones de dólares como creadora de contenidos desde el inicio de su carrera en 2009, con sólo 22 años –cuando inició el blog de moda The Blonde Salad–.
En 2012 saltó a Instagram cuando la red social estaba en sus inicios y alcanzó un millón de seguidores. Desde esa plataforma, siguió un ascenso meteórico con el que abrió tiendas de moda de lujo y desarrolló su marca propia, abanderando un modelo de negocio y glamur que se convirtió incluso en objeto de estudio para centros académicos de prestigio como Harvard. En 2022, los ingresos de Fenice —la empresa con que Ferragni gestiona su marca— llegaron a 15,3 millones de dólares, casi el doble del año previo, aunque tras estallar el 'Pandorogate' su compañía cayó en picado. Según Forbes, sus ingresos bajaron un 94% en 2024, con pérdidas de unos 3,5 millones de dólares, y Ferragni cerró también su tienda insignia de Milán, epicentro de la moda italiana y su núcleo de operaciones.
Del caso a la “Ley Ferragni”
El caso tuvo tal magnitud que adquirió incluso tintes políticos en Italia. Tras destaparse el escándalo, la primera ministra italiana, la ultraderechista Giorgia Meloni, hizo una alusión muy crítica a Ferragni, una figura asociada a ciertas reivindicaciones progresistas y de izquierda, como la defensa de los derechos LGTBIQ+. “Los modelos reales a seguir no son influencers que ganan un montón de dinero promocionando dulces caros que supuestamente están destinados a beneficiencia”, dijo Meloni, sin mencionar directamente a Ferragni, pero en clara referencia a ella, en la edición de 2023 del festival Atreju, certamen de su partido y principal reunión anual de la ultraderecha italiana.
En 2024, su Gobierno incluso promovió la conocida como “ley Ferragni”, que marca un código de conducta para influencers con más de un millón de followers que vendan productos con fines benéficos. Considerada pionera en Europa, la norma obliga a concretar la cantidad exacta que se destina a beneficencia e incluye multas de hasta 600.000 euros para aquellos que incumplan las reglas. La iniciativa legal fue vista como una respuesta política al caso Ferragni.