La ONU está arruinada y EEUU le debe 1.300 millones de dólares (y no piensa pagar)
Nueva York acoge esta semana a todos los líderes mundiales en la gran cita de la Asamblea General de la ONU. Detrás de los discursos grandilocuentes sobre diplomacia, acción humanitaria y paz, se esconde una realidad mucho más cruda: la organización apenas puede pagar a sus trabajadores, sus agencias han despedido a miles de empleados y muchos de sus programas (vitales —en el sentido literal de la palabra— para millones de personas) están en el aire.
Para comprender la magnitud del problema, tenemos que entender cómo se financia la ONU. Por un lado tenemos aportaciones obligatorias y, por otro, las contribuciones voluntarias. Cada país tiene que pagar su parte obligatoria en función de su tamaño y esos fondos van destinados a financiar el presupuesto anual regular de la ONU, que para 2026 ha sido de 3.450 millones de dólares, una cifra irrisoria comparada, por ejemplo, con los 50.700 millones de dólares del presupuesto del Departamento de Estado de EEUU. Por no hablar de los 960.000 del Departamento de Defensa.
EEUU es el principal contribuyente y le corresponde pagar el 22% de ese presupuesto de la ONU, es decir, aproximadamente 759 millones. Pero EEUU no paga y debe 1.312 millones a la organización. Y eso después de haber transferido hace unos días a la organización 725 millones, prácticamente lo justo para que no se le aplique el Artículo 19 de la carta, que establece que un Estado miembro pierde su derecho a voto en la Asamblea General si sus deudas pendientes superan dos años de contribuciones obligatorias.
Por otro lado están las contribuciones voluntarias, que forman el grueso del presupuesto de la ONU y que van destinadas principalmente a las distintas agencias de Naciones Unidas (ACNUR, UNICEF, UNESCO...). Además, la inmensa mayoría de este dinero anual va destinado exclusivamente a lo que exijan los donantes, lo que no permite al ecosistema ONU priorizar y organizar su trabajo. Esto hace que estos fondos anuales, además de frágiles y volátiles, estén sometidos a la agenda política de cada gobierno en cada momento.
La cuestión es si debemos aceptar ese dinero en esas condiciones, sabiendo que salvará millones de vidas, o no; y, en este momento, me encuentro en una situación en la que digo que no puedo aceptar ese dinero en esas condiciones... pero me quedo despierto por las noches preguntándome cuántas personas morirán por mis principios y los del sector
Además de no pagar sus cuotas obligatorias, EEUU también ha cortado la inmensa mayoría de los fondos voluntarios, en los cuales también es el principal donante del mundo.
He hablado de esto con varias personas que están o han estado trabajando en la ONU. “El presupuesto fijo es muy pequeño y financia lo mínimo indispensable. Por eso son tan vulnerables. Cada año, muchas agencias empiezan de cero”, dice una de estas personas. “Esa vulnerabilidad siempre ha sido así, pero ahora es a una escala mucho más grande. Ya no es cuestión de trabajadores, es que no sabemos qué programas van a existir. A eso hay que sumar miles de despidos por recortes”, añade.
“¿Y qué han quitado los donantes? Las cosas que ya no son una prioridad política para ellos, como por ejemplo EEUU y todo lo que tenga que ver con el cambio climático o el género”, explica. “A su vez, otros muchos donantes que llevan años dando dinero para cambio climático critican la posible suspensión de esos programas. Las agencias tienen dos opciones: hacer caso al mayor donante y sacrificar a los otros o hacer caso a los otros y enfadar al principal donante. ¿Y qué han hecho? Pues muchos no han tomado una decisión y están en estado de parálisis con programas que no saben si van a sobrevivir”.
Una financiación con muchas condiciones
Tom Fletcher, jefe humanitario de la ONU, ha sido muy claro en los últimos meses: “Cuando te enfrentas a una especie de recorte del 50% en general, lo que intentas es simplemente detener la sangría, así que en este momento tengo el pulgar en varios diques y es realmente duro”.
Fletcher denunciaba que podría haber financiado todo su plan para salvar 87 millones de vidas con el equivalente a lo que se gasta en dos semanas “en la guerra imprudente [contra Irán]”. “Ya sea que hagan recortes por razones ideológicas, porque están demasiado ocupados bombardeando a otro o porque se sienten más inseguros en casa y tienen que invertir más en defensa y menos en generosidad, todo eso afecta a más de 300 millones de personas”.
El jefe de asuntos humanitarios no solo denuncia el recorte brutal, sino también las condiciones de EEUU a la hora de entregar el dinero y las cuales han hecho reventar por los aires los cuatro principios básicos de la actividad humanitaria: la humanidad, la imparcialidad, la neutralidad y la independencia.
“Eligieron los 18 países y nosotros queríamos que se incluyeran Yemen, Somalia y Afganistán, pero no estaban dispuestos a hacerlo”, explicaba Fletcher en abril. “La cuestión es si debemos aceptar ese dinero en esas condiciones, sabiendo que salvará millones de vidas, o no; y, en este momento, me encuentro en una situación en la que digo que no puedo aceptar ese dinero en esas condiciones... pero me quedo despierto por las noches preguntándome cuántas personas morirán por mis principios y los del sector”, añadía.
Las Naciones Unidas no se crearon para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno
Mientras los expertos acusan a EEUU de manipular el sistema de ayuda según criterios ideológicos, Trump ha elegido a Luke Lindberg para dirigir el Programa Mundial de Alimentos (PMA), la agencia humanitaria más grande del mundo —y con la mitad de presupuesto del que tenía en 2022—. “El nombramiento de Lindberg supone la continuación de una larga historia de nombramientos opacos en la ONU y del dominio estadounidense al frente del PMA. El cargo de director ejecutivo lo ha ocupado un estadounidense desde 1992, siguiendo la práctica de la ONU de negociar a puerta cerrada los puestos clave”, señalaba el medio especializado The New Humanitarian.
Tiene cierta ironía que la persona que va a dirigir el Programa Mundial de Alimentos de la ONU sea la misma que hace unos años se fotografiaba sujetando un rifle en una visita a una fábrica de armamento que exporta francotiradores a Israel: “Exportamos libertad y prosperidad a nuestros amigos en Israel”, decía. Israel, a su vez, exporta hambre a Gaza.
La opción favorita de los trabajadores de la ONU (y la más minoritaria) son los fondos multianuales sin condiciones. “El estándar de oro sigue siendo la financiación multianual sin destinar a un fin específico, y la mayor parte proviene de Noruega y Dinamarca... pero cada donante serio elige qué países financiar... financiarán más a Ucrania que a la República Centroafricana porque Ucrania es un asunto político europeo aunque las necesidades en la República Centroafricana sean mayores”, denunciaba Fletcher. Este tipo de financiación sin condiciones representó en 2024 solo el 8% de los ingresos de la ONU.
“Salvarnos del infierno”
A principios de este año, el secretario general, António Guterres, advirtió de que la organización estaba al borde del “colapso financiero inminente” y aseguró que la organización se iba a quedar sin dinero en julio. La respuesta para solucionar ese problema de liquidez fue anular una vieja norma que en la práctica forzaba a la ONU a devolver a los Estados miembros dinero de las cuotas obligatorias que ni siquiera habían recibido. Entre eso y los últimos pagos recibidos recientemente por China y EEUU, la ONU puede garantizar los salarios de sus trabajadores unos meses más.
El problema también es cuándo se paga. Teóricamente las cuotas obligatorias se debían abonar antes del 8 de febrero, pero solo 55 países lo hicieron. España ingresó sus 60,6 millones un día después, el 9 de febrero. Pero si China y EEUU, que representan alrededor del 40% del presupuesto regular de la ONU, no pagan sus cuotas —o parte de ellas— hasta septiembre, tal y como ha ocurrido este año, el margen de maniobra de la organización se ve considerablemente reducido.
Guterres decía hace unas semanas que en el presupuesto de 2026, que ya representaba un recorte considerable respecto a 2025, la ONU redujo un 22% el número de puestos de trabajo. Solo la Organización Internacional de Migraciones redujo en 2025 su número de empleados en 4.471 personas, lo que representa una reducción del 29,5% respecto a 2024. ACNUR, la agencia de refugiados de la ONU, perdió 2.932 empleados (22%). Pero no son solo empleados. El alto comisario para los Derechos Humanos, Volker Türk, dijo por ejemplo que la organización ha reducido a más de la mitad sus misiones de derechos humanos en todo el mundo: de las 11.000 de 2024 a 5.000 en 2025.
La ONU se juega su futuro en un momento en el que ve debilitada su autoridad y en el que las grandes potencias tratan de aislarla o la mantienen bloqueada en la resolución de conflictos. La organización tiene que elegir a su nuevo secretario general y uno de los principales candidatos, el argentino Rafael Grossi, es muy pesimista: “Lo veo más bien como una especie de muerte lenta. La ONU ha ido perdiendo relevancia . . . sin aportar nada significativo a las crisis recientes ni a las guerras entre Estados”.
La opinión que nadie me ha preguntado: no se puede dejar caer a la ONU, la única organización universal, en la irrelevancia. Como dijo ya el segundo secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld: “Las Naciones Unidas no se crearon para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”.
Tienes que escuchar...
Cinquième soleil, de Keny Arkana. Llevaba muchos años sin escuchar este tema y no recordaba lo bueno que era. Te lo dejo por aquí subtitulado porque son siete minutos sin desperdicio.