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Marzio G. Mian, periodista especializado en el Ártico: “Estaba destinado a ser el epicentro de un terremoto geopolítico global”

“Los que llevamos tiempo trabajando en la zona, sabíamos que era solo cuestión de tiempo”. La frase es del periodista italiano Marzio G. Mian, que lleva más de tres décadas informando desde la zona Ártica y hace referencia a cómo esta remota región se ha convertido en el centro del tablero geopolítico global. 

Mian, candidato al Pulitzer en 2024 y fundador de la asociación de reporteros The Arctic Times Project, lleva casi veinte años documentando la situación en la región. Según el periodista, lo que atrajo la atención internacional fue la declaración de Donald Trump sobre su intención de “tomar” Groenlandia, pero la tensión en la zona ya se estaba gestando “mucho antes”, tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, señala durante una conferencia celebrada este miércoles en el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB)..

El interés por el Ártico se debe a su posición estratégica en el comercio global y a su riqueza natural: aproximadamente el 30% de los recursos no descubiertos del planeta se encuentran allí. La aceleración del deshielo, provocado por el aumento de las temperaturas a nivel global, ha abierto nuevas rutas marítimas y facilitado el acceso a minerales y combustibles fósiles hasta ahora inaccesibles. “El Ártico es el punto donde convergen el cambio climático, la rivalidad entre potencias, la crisis del orden occidental y el nacimiento de un nuevo mundo”, destaca Mian.

En este territorio, uno de los más codiciados del mundo, se cruzan los intereses de Rusia, Estados Unidos, China y la OTAN. Sus tierras albergan importantes yacimientos de petróleo, gas, oro y más de la mitad de los minerales clave para la industria armamentística y la transición a energías limpias. “Explotar y desarrollar el Ártico se ha convertido en una prioridad estratégica crucial para las superpotencias”, explica el periodista experto en esta región.

Además, las nuevas rutas marítimas suponen alternativas más rápidas y económicas para el comercio internacional, evitando los canales de Suez y Panamá. En otoño, un buque portacontenedores chino completó por primera vez la travesía ártica entre China e Inglaterra en apenas 20 días, la mitad del tiempo de la ruta convencional. “Para China, la ruta ártica no solo es un atajo al Canal de Suez, sino una contingencia estratégica frente a Estados Unidos”, subraya Mian.

China se convirtió en 2013 en Estado observador del Consejo Ártico, lo que para Mian “alteró profundamente la dinámica y elevó las apuestas” en la zona. Desde entonces, ha aumentado su presencia en la región en colaboración con Rusia.

Pero a Washington le preocupa la creciente cooperación Moscú-Pekín y, según Mian, en los próximos años, también se avecina una relación “bastante complicada” entre Estados Unidos y Canadá, especialmente tras el reciente acuerdo comercial canadiense con China.

El interés por el control del Ártico y, en concreto de Groenlandia, se refleja en algunas de las recientes medidas militares. Hace tres días, el primer ministro británico, Keir Starmer, anunció en respuesta a las demandas de Trump el despliegue de un grupo de barcos de guerra en el Atlántico Norte y el Ártico, encabezado por el buque insignia de la Marina británica.

La OTAN, por su parte, ha puesto en marcha la operación Centinela Ártico, reforzando la presencia de la Alianza en la región, como resultado de un pacto alcanzado en enero entre su secretario general, Mark Rutte, y Donald Trump.

Rusia, con 24.000 km de costa ártica, es el país con mayor presencia histórica en la zona. “Occidente ha ignorado durante demasiado tiempo que Rusia es una superpotencia gracias al Ártico”, afirma Mian. En los últimos quince años, alrededor de la mitad del PIB ruso y casi la mitad de sus exportaciones han dependido del Ártico.

Desde el inicio de su mandato, Vladímir Putin impulsó una red de bases militares, concentró la mayor parte de sus submarinos nucleares en la península de Kola y fortaleció su flota de rompehielos nucleares. “Recuerdo el impacto de ver una central nuclear anclada frente a una escuela con 500 niños. 'El Chernóbil del Ártico', lo llamó el director del colegio”, dice Mian. En este sentido, asegura que “Rusia estaría dispuesta a darlo todo por defender el Ártico”.

Tras el comienzo de la guerra en Ucrania, siete de las ocho naciones árticas abandonaron el “pacto del hielo” del Consejo Ártico y Finlandia y Suecia se unieron a la OTAN. Esto dividió la región prácticamente en dos bloques: por un lado, la alianza occidental; por el otro, Rusia, ahora más cercana a China en lo militar y estratégico, explica el periodista.

Hasta entonces, el Consejo Ártico había sido un espacio de diálogo donde los ocho Estados integrantes abordaban conjuntamente la protección ambiental, los derechos de los pueblos indígenas y la gestión de un océano en transformación. Sin embargo, con la creciente militarización y la disputa por recursos estratégicos, ese foro ha perdido gran parte de su relevancia y capacidad de negociación.

Mientras las potencias compiten por el control del Ártico, los pueblos indígenas que han vivido allí durante milenios quedan en segundo plano, advierte Mian. El periodista ha documentado cómo los cambios geopolíticos impactan directamente en la vida de la población inuit en Canadá, Alaska y Groenlandia, donde, en los últimos quince años, los suicidios entre jóvenes de 12 a 16 años han aumentado un 60%, reflejando el profundo estrés social y cultural que acompaña la carrera por la hegemonía en el Ártico.