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Solo la mitad de las vacunas que España donó han llegado a su destino

Es 4 de noviembre. Un tuit de la Embajada de España en Costa de Marfil anuncia la llegada de una donación de miles de vacunas contra la COVID-19, la primera a un país de África Subsahariana. El despliegue es el habitual: fotos de una caja de gran tamaño con etiquetas de COVAX y banderas españolas, posado con las autoridades locales, declaraciones del embajador. La donación, dice la legación diplomática, “refleja el compromiso de España con un país prioritario en la región y su apuesta por una visión multilateral” para hacer frente a la pandemia.

El G7 ha donado menos del 15% de las vacunas anti-COVID prometidas

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El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que ya ha donado más de 50 millones de dosis, dos meses y medio antes de terminar el primer trimestre de 2022, el plazo que marcó el presidente. Pero solo la mitad se han entregado a los países que se encargarán de pincharlas en los brazos.

El viaje de una vacuna donada conlleva una serie de pasos. España ha prometido donar 50 millones de vacunas. Un total de 48,8 millones se han donado, es decir, se han puesto “a disposición” del mecanismo global COVAX para que sean asignadas y distribuidas a otras naciones. COVAX tiene que adjudicar estas vacunas y completar el trámite legal con los países receptores antes de enviarlas directamente desde las fábricas a sus destinos. Solo algo más de la mitad de ellas, cerca de 26 millones, se han entregado hasta ahora tras concluir este proceso.

Un país que quiere donar vacunas tiene actualmente dos grandes opciones: hacerlo a través del mecanismo COVAX, que intenta abogar por un reparto equitativo, o de manera bilateral, es decir, directamente a otro país, sin pasar por este programa. Sobre estas últimas no siempre hay información pública y suelen generar percepciones de lo que se llama “diplomacia de vacunas”. Países como China y Estados Unidos han donado millones de dosis bilateralmente.

Como se observa en este mapa, España ha apostado en su enorme mayoría por la vía COVAX. Hasta finales de esta semana, se han entregado 25,7 millones de dosis a través del mecanismo a más de 20 países. “Fue la decisión estratégica más importante”, dice una fuente del Ministerio de Asuntos Exteriores a elDiario.es. “La Unión Europea y, en eso España ha sido muy activa, ha sido muy defensora del sistema multilateral, por lo que hemos apostado mucho por COVAX”.

Los principales destinos de las vacunas de España son en estos momentos Egipto, Angola, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Sudán. Más de la mitad de las dosis se han distribuido en África, donde los envíos comenzaron más tarde, una vez completada la primera tanda a América Latina, donde se ha repartido el 35% de lo entregado. España seleccionó ambas áreas de manera amplia dentro del mecanismo, no países concretos, explica Exteriores. Si se observa el nivel de renta, la mayoría de los receptores son de ingresos medios.

La vacuna más donada es la de AstraZeneca, que representa casi la mitad de los envíos hasta ahora, con más de 12 millones. Le siguen el preparado de Janssen y Moderna, con más de siete y cinco millones de dosis respectivamente.

Paralelamente a las de COVAX, a finales de octubre se habían donado de manera bilateral al menos 840.000 vacunas a cuatro países: Argentina, Honduras, Mauritania y Colombia, todas ellas de AstraZeneca, según datos obtenidos por elDiario.es a través de una solicitud de información amparada en la Ley de Transparencia. Si se tienen en cuenta todas las contribuciones conocidas, multilaterales y bilaterales, se han entregado 26,5 millones de dosis. Esta cifra no incluye los 2,2 millones enviadas hace unos días a Irán para vacunar a refugiados afganos, que no pasaron por COVAX, según confirmaron fuentes del Gobierno a este medio.

Además, a finales de octubre, España también había revendido cerca de 1,6 millones de dosis a otros países. Se han vendido vacunas de Moderna a Australia, de Pfizer a Nueva Zelanda y de AstraZeneca a Paraguay, Tailandia y Fiyi –en este caso, a través de una operación triangular con Nueva Zelanda, que a su vez las donó a esta nación insular–. España ha revendido asimismo dosis de Pfizer a Andorra, con el que se firmó un convenio que se encuadraba, explicó el Ministerio de Sanidad, dentro de “la imposibilidad de pequeños países de firmar un contrato con algunas compañías farmacéuticas dado el pequeño número de dosis que necesitan”.

El Gobierno se refiere a la reventa como operaciones “de cesión de derechos”. Fuentes de Exteriores explican que en estas operaciones, que son más de carácter comercial, los países interesados solicitan las vacunas “por varias vías” y se tienen en cuenta cuestiones como la capacidad o las facilidades logísticas. Hubo especial demanda sobre todo en septiembre, pero en otoño no hubo grandes operaciones de reventa, según las mismas fuentes.

En respuesta a la petición de información, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) rechaza revelar el precio que pagó España cuando compró las dosis que luego revendió, amparándose en que son “parte de las cláusulas de confidencialidad de los contratos suscritos”. Sí indica que las dosis de vacunas han sido vendidas, en todos los casos, al mismo precio al que fueron compradas, “realizándose por tanto sin ánimo de lucro”. El Ejecutivo argumenta que así no hay “obtención de beneficio, pero sí retorno de la inversión”.

¿Cuánto han costado las donaciones? La AEMPS tampoco informa del coste total de las operaciones alegando que tiene “carácter confidencial”. Las donaciones suelen ser dosis que compran los gobiernos, a menudo para el suministro doméstico, que luego se ceden a COVAX. Los países de mayores recursos que reciben vacunas por el mecanismo, como varios de los latinoamericanos que han sido destino de donaciones españolas, suelen pagar sus propios costes adicionales.

Las donaciones de las naciones más pobres están cubiertas por COVAX con los fondos de su sistema de financiación, al que a su vez España ha aportado más de 100 millones de euros. Pero COVAX también está pidiendo a los donantes que, además de compartir sus dosis, cubran los costes adicionales para estas últimas, como el transporte, las jeringuillas y las cajas de seguridad. Solo un puñado lo ha hecho, entre los cuales no está España: Bélgica, Canadá, Irlanda y Nueva Zelanda, según un portavoz de Gavi, que codirige la iniciativa. 

Donaciones a menos de dos meses de caducar

La tarea de redistribuir las vacunas sobrantes de los países que compraron la mayoría de los suministros no es sencilla. “Ha sido una forma de intentar arreglar el problema que creamos”, dice Andrea Taylor, subdirectora del Centro de Innovación en Salud Global de Duke. El primer lote procedente de España llegó a Lima en agosto de 2021. Fue en verano cuando las donaciones internacionales a través de COVAX comenzaron a despegar tras meses de gran desigualdad en la distribución entre los países ricos, que contaban con más dosis de las que podían utilizar, y empobrecidos, que no tenían las suficientes.

A lo largo de los meses, la mayoría de las donaciones mundiales han sido proporcionadas con poca antelación, lo que hace que sea extremadamente difícil para los países planificar campañas de vacunación. El patrón ha sido también la entrega con una vida útil corta. España no ha sido una excepción.

A través de la solicitud de información, elDiario.es ha accedido a las fechas de caducidad de las vacunas donadas por España hasta el 25 de octubre a través de COVAX, todas de AstraZeneca. La prensa ha informado de que, por lo general, el mecanismo solo ha aceptado dosis a las que les queden al menos dos meses de caducidad, aunque la existencia de este requisito no ha sido confirmada por Gavi a este medio. A mediados de diciembre, la vida útil media de todas las dosis entregadas era de 185 días, con un rango que oscila entre 329 y 69 días –es decir, algo más de dos meses–, según una diapositiva del programa.

A finales de noviembre, los impulsores de COVAX y autoridades sanitarias africanas pidieron públicamente a los países donantes que, por defecto, las dosis compartidas tengan un mínimo de 10 semanas de vida útil.

¿Y las vacunas donadas por España? Hasta el 25 de octubre, se entregaron 2,5 millones de dosis a menos de dos meses de que caducaran. Si se tiene en cuenta el estándar mínimo pedido por COVAX posteriormente, se distribuyeron 3,2 millones a menos de 10 semanas de su fecha de vencimiento, del total de 6,3 millones de las donadas vía COVAX para las que conocemos su caducidad. El envío con el margen más corto, de tres semanas, fueron las 13.440 dosis entregadas a Nicaragua, el 4 de septiembre. Se desconoce este dato para el resto entregado, cerca de 20 millones.

“Son fechas de caducidad muy justas”, dice Belén Tarrafeta, farmacéutica y experta en acceso a medicamentos. “En cualquier proceso de importación de medicamentos se tienen que respetar las normativas nacionales que definen el tiempo de vida útil aceptable, por lo que no hay que pensar que COVAX está pidiendo algo extraordinario. Diez semanas de vida útil es una exigencia mínima. El hecho de que lo países receptores hayan aceptado esos márgenes tan cortos no significa que esté bien o sea aceptable, sino que la necesidad es enorme”.

COVAX solo envía dosis que han sido previamente aceptadas por los países. El mecanismo ha pedido que las excepciones a este margen mínimo sean contadas y únicamente cuando las naciones beneficiarias indiquen que quieren y pueden poder poner esas dosis. “Trabajando bajo el principio de no dejar ninguna vacuna sin utilizar, ha habido casos en los que los países han aceptado dosis con una vida útil corta, consiguiendo en muchos casos de forma heroica que estas dosis lleguen a los brazos”, dice Gavi. 

“Gestionar todo esto es muy complicado, hay que compaginar los contratos internos con las donaciones, se puede perder tiempo entre procedimientos y los plazos pueden pasarse. El mecanismo se ha ido engrasando y lo hemos ido cuadrando todo, pero no es nada fácil. Se está intentando dar el máximo número de vida útil y mejorando la coordinación”, responden fuentes de Exteriores sobre las vacunas donadas por España con una fecha de caducidad más corta de lo ideal. Remarcan que COVAX es la que finalmente las acepta o no. 

La vida útil de una vacuna indica el tiempo que conserva su potencia y estabilidad a una determinada temperatura y, por tanto, su eficacia. Pero aquí se trata principalmente de dar tiempo a los países receptores para que se preparen logística y legalmente. Tener que planificar a corto plazo supone una gran carga para sus sistemas y aumenta drásticamente el riesgo de que caduquen. Gavi sostiene que cuando los receptores indican que hay riesgo de desperdicio, trabajan “urgentemente” para redistribuir las dosis y “minimizarlo”, y asegura que la actual tasa global estimada de caducidad de las vacunas del mecanismo es “extremadamente baja”.

A veces, los países tienen que decir “no, gracias” cuando se les ofrecen vacunas. Según Unicef, en diciembre se repartieron más de 300 millones de vacunas en nombre de COVAX. Algunos rechazaron las dosis que se les habían asignado, especialmente por su corta vida útil y por tener una limitada capacidad. Unos 80 millones de dosis se tuvieron que ofrecer varios países, y “finalmente se lograron colocar 77 millones”. “Desafortunadamente unos tres millones de dosis caducaron, nunca se enviaron y tendrán que ser destruidas por los fabricantes en el país de origen”, dice Unicef.

“Cada vez se pone más el acento en las dosis que los países receptores han rechazado o en las que han caducado. Hay muchos prejuicios y dobles raseros detrás de estas noticias. No tenemos ni idea de cuántas dosis han caducado en Europa, por ejemplo. Es normal que haya pérdidas y caducidades, pero lo lógico sería también que hubiera transparencia”, dice Tarrafeta. “Un país está en su legítimo derecho y la responsabilidad de no aceptar una donación inesperada o en condiciones que no son adecuadas”.

Depender de donaciones a veces puede implicar que un país tenga que organizar una campaña –que requiere personal, infraestructura, cadena de frío– sin saber cuántas dosis va a recibir, los plazos, el tipo de vacuna, si se van a pagar los costes de transporte o si las donaciones van a venir con jeringuillas, por ejemplo. Ann Ottosen, directora del Centro de Vacunas de la división de suministros de Unicef, actor de COVAX, explica que durante mucho tiempo las dosis donadas llegaron básicamente con plazos de una semana, lo cual se considera que no es sostenible y dificulta que haya un suministro predecible.

Ahora se pide que los países receptores sean informados de la disponibilidad de vacunas al menos cuatro semanas antes de su llegada prevista y que los volúmenes sean mayores. “En la medida de lo posible, lo estamos haciendo”, dice Exteriores. En los datos, de hecho, se aprecia un aumento de las cantidades entregadas por España con el paso de los meses.

Tarrafeta repara en la cantidad de lotes diferentes, algunos con muy pocas dosis, donados por España hasta octubre, como se muestra en la tabla. “Esto es porque se va donando lo que sobra de lotes que han ido a parar a otros lugares. Eso en sí es un problema añadido a los procesos de gestión y dificulta la trazabilidad del producto. Los países receptores se pueden encontrar con un puzle de diferentes tipos de vacunas, e infinidad de lotes por tipo de vacuna”. Por ejemplo, indica que Argentina recibió cerca de 842.000 dosis de un solo lote, mientras que Paraguay recibió una cantidad similar, pero de ocho lotes diferentes. 

Muchas veces, las razones exactas de los retrasos en las donaciones y las entregas no están claras. En una carta a la Comisión Europea revelada por Reuters en octubre, un alto cargo alemán decía que había “continuos problemas burocráticos, logísticos y legales” impuestos por los fabricantes a los países de la UE que querían donar las vacunas sobrantes. En Kenia, por ejemplo, el despliegue de dosis de Pfizer donadas por EEUU se demoró por la falta de jeringuillas especializadas. Githinji Gitahi, miembro de la Comisión de Respuesta Africana frente a la COVID-19, asegura que lo que muchas veces se considera “baja capacidad de absorción” de los receptores tiene que ver con la falta de acceso a los servicios sanitarios, en áreas rurales, por ejemplo.

La maquinaria de las donaciones

COVAX fue ideado como un mecanismo de compra, pero tuvo que pivotar para facilitar la logística de las donaciones cuando sus problemas de suministro se profundizaron, entre críticas. ¿Cómo ha funcionado esta maquinaria?

Cuando un país está dispuesto a comenzar a donar, decide el volumen y el momento, trata con Gavi los detalles de la oferta y los aspectos legales, y ambos abordan con los fabricantes la logística y el pago. En España, se encargan del proceso principalmente Exteriores y Sanidad, junto a Presidencia. “Pero hay un pequeño equipo que se reúne cada dos semanas aproximadamente, a nivel técnico, que coordina en función de las necesidades de la campaña nacional”, dicen fuentes de Exteriores.

El donante, COVAX y la farmacéutica tienen que firmar un acuerdo tripartito que crea un marco para transferir dosis al mecanismo y los términos que se aplicarán. El donante puede seguir utilizándolo para canalizar futuras donaciones. Un ejemplo sería el acuerdo entre España, COVAX y AstraZeneca. A grandes rasgos se trata de una cuestión jurídica de responsabilidad civil, de resolver quién debe indemnizar si pasa algo en un país tercero con una donación de vacunas hecha por España, explica Tarrafeta. “Esta cláusula ha complicado enormemente las donaciones y también las compras”.

“Hubo que trabajar mucho en ello al principio, en el segundo trimestre de 2021, y llevó tiempo poner en marcha el mecanismo que asegurara quién tenía la responsabilidad legal en cada momento en caso de problemas de efectos secundarios y encontrar una vía que no se tuviera que negociar para cada donación. Es una de las razones por las que las donaciones tardaron”, dice Exteriores. La Comisión Europea negoció “un modelo que es el que hemos seguido aplicando prácticamente todos”, una suerte de ‘marca blanca’ de acuerdo que “ha ayudado mucho”. 

El primer acuerdo que se logró cerrar fue con AstraZeneca lo que, según Exteriores, es uno de los motivos que explica que todas las vacunas donadas al principio fueran las de este fabricante, que también son más sencillas de almacenar y transportar que las de ARNm. En España, esta vacuna está en desuso, después de que en primavera se limitara a personas a partir de los 60 años. Exteriores remarca: “Las vacunas que donamos son exactamente las mismas vacunas con las que se inoculó a la población española”. 

Una vez sellado el acuerdo específico, el país donante puede lanzar un aviso de oferta en el que se detallan las vacunas que va a compartir y Gavi confirma que las acepta. “Por ejemplo, para la vacuna de Pfizer, hubo un retraso en la aceptación de las donaciones europeas porque venía sin diluyente –un componente que se utiliza para disolver la vacuna– y esto se tuvo que resolver”, dice Ottosen.

Entonces, COVAX pone en marcha el mecanismo de asignación para decidir las cantidades de dosis que se destinan a cada país. “Tiene en cuenta las preferencias de los donantes, en la medida en que las haya, así como la preparación de los países a recibir una determinada vacuna. Por ejemplo, la vacuna de Pfizer requiere una cadena de ultrafrío y algunos países pueden no estar interesados o no tener capacidad de recibirla”, dice Ottosen.

A la hora de donar, fuentes de Exteriores explican que COVAX ha permitido a los donantes “cierto marcaje regional de sus destinos, incluso de un grupo mínimo de países”. “Es una manera de darles flexibilidad para decidir adónde repartir. Argumentan, con mucho sentido, que no pueden asegurar un flujo equitativo y bien organizado logísticamente si todos los donantes decimos cuántas vacunas queremos que vayan a determinados países”. 

En noviembre, la iniciativa pidió precisamente que las dosis vinieran sin un destino marcado para lograr una mayor eficacia y argumentando que, al contrario, se obstaculiza la asignación equitativa. Ha habido voces críticas con que muchos donantes hayan destinado sus contribuciones a países o regiones específicas por COVAX, pese a que, en teoría, con este mecanismo se debería evitar que las vacunas se distribuyan de una forma que consolide las esferas de influencia tradicionales del que dona, como muchos consideran que ha ocurrido con parte de las donaciones bilaterales.

El primer gran anuncio de donaciones españolas fue en abril, cuando Sánchez se comprometió a mandar 7,5 millones de dosis a América Latina, ya enviadas. Johnattan García Ruiz, profesor de Derecho y Salud global de la Universidad de los Andes, pone como ejemplo la entrega de cerca de un millón a Colombia a través de COVAX. “Es un país de ingreso medio alto que, a través de negociación bilateral, ya había conseguido todas las vacunas necesarias para su población. De hecho, Colombia no es un país subsidiado por COVAX. También es válido para Argentina, Costa Rica, Panamá, Ecuador y Perú. Es mucho más probable que esta decisión sea para fortalecer relaciones internacionales que por razones de salud pública”.

Exteriores explica que España “decidió marcar de manera amplia y general: toda América Latina y el Caribe, que son muchos países”. “La región no estaba cubierta, era la más afectada del mundo per cápita e intentamos contribuir a la vacunación latinoamericana, que ya ha entrado en unos niveles razonables. Tras cumplir el compromiso de los 7,5 millones, nos abrimos a otras regiones prioritarias como África subsahariana y Mediterráneo Sur. Y ahí volvimos a un marcaje muy amplio y respetuoso con el mecanismo. Son también tres regiones de la cooperación al desarrollo española, muy cercanas a nosotros”.

Para asignar las vacunas, COVAX recurre a un mecanismo intrincado y poco conocido, que incluye un algoritmo y tiene en cuenta muchos parámetros y aspectos diferentes. Desde el lado de España, Exteriores explica que a medida que “los contratos con las farmacéuticas van entrando en vigor y van saliendo los lotes de fábrica, se comunica a COVAX cuántas dosis esperamos para dentro de unas semanas”. “Ellos sacan la distribución con su fórmula y a los donantes nos informan semanalmente”.

El país beneficiario recibe la oferta de vacunas, que acepta o rechaza. Si dicen que sí, “tienen que asegurarse de que la documentación exigida está a punto, o de que hay, si es necesario, un acuerdo de responsabilidad de indemnización con el fabricante. Luego tienen que obtener la autorización reglamentaria para importar y recibir las dosis”, dice Ottosen. “Necesitamos que sean rápidos al responder y hacer el papeleo. Así, si las dosis están disponibles, podemos enviarlas pronto y sin retrasos”.

Las dosis donadas por España salen directamente de las fábricas, no de las neveras de nuestro país, también por cuestiones de responsabilidad civil entre otras razones, indica Exteriores. Aquí entra en juego Unicef, que hace el pedido a los fabricantes –o la Organización Panamericana de la Salud (Paho) en América Latina o los países que financian sus propias vacunas en COVAX–. “Trabajamos con nuestro transportista, con el fabricante y con el país para saber cuándo estará listo para recibirlas y cuándo hay un vuelo disponible. Esto es diferente de un país a otro, dependiendo de si hay acceso semanal”, dice la responsable de Unicef. El fabricante recibe el pago, prepara y entrega las dosis a Unicef y Paho, que movilizan la logística para llevarlas a sus destinos.

¿Y las donaciones bilaterales, las directas con otro país? “Permiten un canal de salida cuando COVAX no funciona por temas logísticos, pero no es la más cómoda –requiere acuerdos tripartitos con los países. También, por principios, preferimos la vía multilateral. Pero nuestra prioridad es que las vacunas no se pierdan”, dice Exteriores. “El donante puede guiarse estrictamente por lo político, geopolítico y económico. Nosotros hemos optado por ser lo más objetivos posible basándonos en un modelo europeo con datos epidemiológicos, fortaleza de los sistemas sanitarios… y establecemos prioridades que puede tener España. Las embajadas informan de la situación sanitaria en los países regularmente y nos hacemos una idea de cuáles tienen una enorme necesidad de vacunas. También puede haber compromisos políticos, tras una reunión de alto nivel donde un presidente lo solicita o a veces son peticiones a través de una nota verbal. Es muy importante que nos llegue la demanda, somos muy flexibles. Un ejemplo es Argentina, que se las solicitó a España y se las dimos”.

“No es la solución más adecuada”

¿Hay un calendario para futuras donaciones? Fuentes de Exteriores responden que la planificación a más de dos meses vista es “muy difícil” y que depende de cómo evoluciona la situación sanitaria. Ponen como ejemplo la incertidumbre causada por nuevas variantes como ómicron, mencionando la necesidad de acompasar las donaciones con la protección de los propios ciudadanos de España, donde el 80,7% ya tiene la pauta completa inicial, una de las coberturas más altas del mundo (el 40% tiene la dosis de refuerzo).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido en reiteradas ocasiones a los países ricos otra vía que se cree que puede ser más rápida y pragmática: que cedan a COVAX su lugar en la cola de producción de los fabricantes para que el mecanismo pueda acceder a las vacunas que ha comprado. Suiza fue el primero que lo hizo, en noviembre, con Moderna. “En lugar de eso, la UE parece que está adelantado plazos de entrega de acuerdos de contratos que estaban firmados”, dice Tarrafeta.

La experta se pregunta hasta qué punto los países europeos infravaloraron las consecuencias de “acumular dosis para donarlas después y lo complejo que es el proceso agravado por las condiciones impuestas por la industria”. Cree que es difícil valorar el papel de España como donante. “La cantidad donada es mucha, el 19%, si consideramos que España ha comprado unos 264 millones de vacunas aprobadas por la EMA. Pero la necesidad de haber adquirido 264 millones es cuestionable, permitirían administrar cinco dosis a toda la población. ¿Es realmente necesario y es la mejor utilización de recursos comprar mucho y donar lo que no se necesite? Mi opinión es que no. Es más caro, costoso e ineficiente”.

La AEMPS argumenta que la compra de dosis ha sido una operación europea que también buscaba, dicen, “generar la capacidad productiva en Europa que permita cubrir las necesidades de toda la población y las de otros países”, que se efectuó antes de que las vacunas estuvieran autorizadas y se “ha ampliado para cubrir hasta 2024 cualquier necesidad nueva que pueda surgir (revacunar, niños, variantes)”.

España es actualmente el noveno donante mundial por habitante en dosis entregadas. “España ha hecho un esfuerzo muy importante. Hay países que han comprometido cantidades enormes, pero no las han hecho efectivas aún, y se queda en papel mojado”, dice Raquel González, responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras. “El problema de fondo es que la donación no es la solución más adecuada en una pandemia”. Irene Bernal, investigadora de acceso a medicamentos de Salud por Derecho, también cree que las donaciones pueden responder a una situación de emergencia, pero no es una respuesta sostenible en el tiempo. “Los países de menores ingresos necesitan hacer sus propias compras de vacunas, en función de sus necesidades. Y sigue siendo clave descentralizar la producción y que las empresas compartan y transfieran la propiedad intelectual para que se puedan producir en todas las regiones. Si no, la balanza estará siempre del lado de los países ricos y los más pobres seguirán dependiendo de la caridad”.

Cerca de 90 países no cumplieron el objetivo de vacunar al 40% de su población a finales de 2021. “Los países donantes y COVAX actúan como si el objetivo final fuera la entrega de dosis, pero no es así. El objetivo es la vacunación. Debemos asegurarnos de que las dosis se distribuyan y puedan administrarse. Todavía hay desafíos significativos para esto”, dice Taylor.

Tras un importante déficit, el suministro de COVAX parece estar mejorando: distribuyó más dosis en noviembre y diciembre que todos los meses anteriores juntos y ha enviado recientemente su vacuna número 1.000 millones. “Aunque es emocionante ver que las entregas por fin suben, tantas en un corto espacio de tiempo abrumaron a los receptores. Los países ricos se acercaron a la fecha límite de sus compromisos y se apresuraron a enviar cientos de millones de dosis”.

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Este artículo ha sido actualizado con los datos más recientes de Unicef sobre las dosis rechazadas en diciembre. La versión original incluía un envío a Guayana francesa que se ha corregido posteriormente.

Es 4 de noviembre. Un tuit de la Embajada de España en Costa de Marfil anuncia la llegada de una donación de miles de vacunas contra la COVID-19, la primera a un país de África Subsahariana. El despliegue es el habitual: fotos de una caja de gran tamaño con etiquetas de COVAX y banderas españolas, posado con las autoridades locales, declaraciones del embajador. La donación, dice la legación diplomática, “refleja el compromiso de España con un país prioritario en la región y su apuesta por una visión multilateral” para hacer frente a la pandemia.

El G7 ha donado menos del 15% de las vacunas anti-COVID prometidas

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El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que ya ha donado más de 50 millones de dosis, dos meses y medio antes de terminar el primer trimestre de 2022, el plazo que marcó el presidente. Pero solo la mitad se han entregado a los países que se encargarán de pincharlas en los brazos.

El viaje de una vacuna donada conlleva una serie de pasos. España ha prometido donar 50 millones de vacunas. Un total de 48,8 millones se han donado, es decir, se han puesto “a disposición” del mecanismo global COVAX para que sean asignadas y distribuidas a otras naciones. COVAX tiene que adjudicar estas vacunas y completar el trámite legal con los países receptores antes de enviarlas directamente desde las fábricas a sus destinos. Solo algo más de la mitad de ellas, cerca de 26 millones, se han entregado hasta ahora tras concluir este proceso.

Un país que quiere donar vacunas tiene actualmente dos grandes opciones: hacerlo a través del mecanismo COVAX, que intenta abogar por un reparto equitativo, o de manera bilateral, es decir, directamente a otro país, sin pasar por este programa. Sobre estas últimas no siempre hay información pública y suelen generar percepciones de lo que se llama “diplomacia de vacunas”. Países como China y Estados Unidos han donado millones de dosis bilateralmente.

Como se observa en este mapa, España ha apostado en su enorme mayoría por la vía COVAX. Hasta finales de esta semana, se han entregado 25,7 millones de dosis a través del mecanismo a más de 20 países. “Fue la decisión estratégica más importante”, dice una fuente del Ministerio de Asuntos Exteriores a elDiario.es. “La Unión Europea y, en eso España ha sido muy activa, ha sido muy defensora del sistema multilateral, por lo que hemos apostado mucho por COVAX”.

Los principales destinos de las vacunas de España son en estos momentos Egipto, Angola, Bolivia, Argentina, Nicaragua y Sudán. Más de la mitad de las dosis se han distribuido en África, donde los envíos comenzaron más tarde, una vez completada la primera tanda a América Latina, donde se ha repartido el 35% de lo entregado. España seleccionó ambas áreas de manera amplia dentro del mecanismo, no países concretos, explica Exteriores. Si se observa el nivel de renta, la mayoría de los receptores son de ingresos medios.

La vacuna más donada es la de AstraZeneca, que representa casi la mitad de los envíos hasta ahora, con más de 12 millones. Le siguen el preparado de Janssen y Moderna, con más de siete y cinco millones de dosis respectivamente.

Paralelamente a las de COVAX, a finales de octubre se habían donado de manera bilateral al menos 840.000 vacunas a cuatro países: Argentina, Honduras, Mauritania y Colombia, todas ellas de AstraZeneca, según datos obtenidos por elDiario.es a través de una solicitud de información amparada en la Ley de Transparencia. Si se tienen en cuenta todas las contribuciones conocidas, multilaterales y bilaterales, se han entregado 26,5 millones de dosis. Esta cifra no incluye los 2,2 millones enviadas hace unos días a Irán para vacunar a refugiados afganos, que no pasaron por COVAX, según confirmaron fuentes del Gobierno a este medio.

Además, a finales de octubre, España también había revendido cerca de 1,6 millones de dosis a otros países. Se han vendido vacunas de Moderna a Australia, de Pfizer a Nueva Zelanda y de AstraZeneca a Paraguay, Tailandia y Fiyi –en este caso, a través de una operación triangular con Nueva Zelanda, que a su vez las donó a esta nación insular–. España ha revendido asimismo dosis de Pfizer a Andorra, con el que se firmó un convenio que se encuadraba, explicó el Ministerio de Sanidad, dentro de “la imposibilidad de pequeños países de firmar un contrato con algunas compañías farmacéuticas dado el pequeño número de dosis que necesitan”.

El Gobierno se refiere a la reventa como operaciones “de cesión de derechos”. Fuentes de Exteriores explican que en estas operaciones, que son más de carácter comercial, los países interesados solicitan las vacunas “por varias vías” y se tienen en cuenta cuestiones como la capacidad o las facilidades logísticas. Hubo especial demanda sobre todo en septiembre, pero en otoño no hubo grandes operaciones de reventa, según las mismas fuentes.

En respuesta a la petición de información, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) rechaza revelar el precio que pagó España cuando compró las dosis que luego revendió, amparándose en que son “parte de las cláusulas de confidencialidad de los contratos suscritos”. Sí indica que las dosis de vacunas han sido vendidas, en todos los casos, al mismo precio al que fueron compradas, “realizándose por tanto sin ánimo de lucro”. El Ejecutivo argumenta que así no hay “obtención de beneficio, pero sí retorno de la inversión”.

¿Cuánto han costado las donaciones? La AEMPS tampoco informa del coste total de las operaciones alegando que tiene “carácter confidencial”. Las donaciones suelen ser dosis que compran los gobiernos, a menudo para el suministro doméstico, que luego se ceden a COVAX. Los países de mayores recursos que reciben vacunas por el mecanismo, como varios de los latinoamericanos que han sido destino de donaciones españolas, suelen pagar sus propios costes adicionales.

Las donaciones de las naciones más pobres están cubiertas por COVAX con los fondos de su sistema de financiación, al que a su vez España ha aportado más de 100 millones de euros. Pero COVAX también está pidiendo a los donantes que, además de compartir sus dosis, cubran los costes adicionales para estas últimas, como el transporte, las jeringuillas y las cajas de seguridad. Solo un puñado lo ha hecho, entre los cuales no está España: Bélgica, Canadá, Irlanda y Nueva Zelanda, según un portavoz de Gavi, que codirige la iniciativa. 

Donaciones a menos de dos meses de caducar

La tarea de redistribuir las vacunas sobrantes de los países que compraron la mayoría de los suministros no es sencilla. “Ha sido una forma de intentar arreglar el problema que creamos”, dice Andrea Taylor, subdirectora del Centro de Innovación en Salud Global de Duke. El primer lote procedente de España llegó a Lima en agosto de 2021. Fue en verano cuando las donaciones internacionales a través de COVAX comenzaron a despegar tras meses de gran desigualdad en la distribución entre los países ricos, que contaban con más dosis de las que podían utilizar, y empobrecidos, que no tenían las suficientes.

A lo largo de los meses, la mayoría de las donaciones mundiales han sido proporcionadas con poca antelación, lo que hace que sea extremadamente difícil para los países planificar campañas de vacunación. El patrón ha sido también la entrega con una vida útil corta. España no ha sido una excepción.

A través de la solicitud de información, elDiario.es ha accedido a las fechas de caducidad de las vacunas donadas por España hasta el 25 de octubre a través de COVAX, todas de AstraZeneca. La prensa ha informado de que, por lo general, el mecanismo solo ha aceptado dosis a las que les queden al menos dos meses de caducidad, aunque la existencia de este requisito no ha sido confirmada por Gavi a este medio. A mediados de diciembre, la vida útil media de todas las dosis entregadas era de 185 días, con un rango que oscila entre 329 y 69 días –es decir, algo más de dos meses–, según una diapositiva del programa.

A finales de noviembre, los impulsores de COVAX y autoridades sanitarias africanas pidieron públicamente a los países donantes que, por defecto, las dosis compartidas tengan un mínimo de 10 semanas de vida útil.

¿Y las vacunas donadas por España? Hasta el 25 de octubre, se entregaron 2,5 millones de dosis a menos de dos meses de que caducaran. Si se tiene en cuenta el estándar mínimo pedido por COVAX posteriormente, se distribuyeron 3,2 millones a menos de 10 semanas de su fecha de vencimiento, del total de 6,3 millones de las donadas vía COVAX para las que conocemos su caducidad. El envío con el margen más corto, de tres semanas, fueron las 13.440 dosis entregadas a Nicaragua, el 4 de septiembre. Se desconoce este dato para el resto entregado, cerca de 20 millones.

“Son fechas de caducidad muy justas”, dice Belén Tarrafeta, farmacéutica y experta en acceso a medicamentos. “En cualquier proceso de importación de medicamentos se tienen que respetar las normativas nacionales que definen el tiempo de vida útil aceptable, por lo que no hay que pensar que COVAX está pidiendo algo extraordinario. Diez semanas de vida útil es una exigencia mínima. El hecho de que lo países receptores hayan aceptado esos márgenes tan cortos no significa que esté bien o sea aceptable, sino que la necesidad es enorme”.

COVAX solo envía dosis que han sido previamente aceptadas por los países. El mecanismo ha pedido que las excepciones a este margen mínimo sean contadas y únicamente cuando las naciones beneficiarias indiquen que quieren y pueden poder poner esas dosis. “Trabajando bajo el principio de no dejar ninguna vacuna sin utilizar, ha habido casos en los que los países han aceptado dosis con una vida útil corta, consiguiendo en muchos casos de forma heroica que estas dosis lleguen a los brazos”, dice Gavi. 

“Gestionar todo esto es muy complicado, hay que compaginar los contratos internos con las donaciones, se puede perder tiempo entre procedimientos y los plazos pueden pasarse. El mecanismo se ha ido engrasando y lo hemos ido cuadrando todo, pero no es nada fácil. Se está intentando dar el máximo número de vida útil y mejorando la coordinación”, responden fuentes de Exteriores sobre las vacunas donadas por España con una fecha de caducidad más corta de lo ideal. Remarcan que COVAX es la que finalmente las acepta o no. 

La vida útil de una vacuna indica el tiempo que conserva su potencia y estabilidad a una determinada temperatura y, por tanto, su eficacia. Pero aquí se trata principalmente de dar tiempo a los países receptores para que se preparen logística y legalmente. Tener que planificar a corto plazo supone una gran carga para sus sistemas y aumenta drásticamente el riesgo de que caduquen. Gavi sostiene que cuando los receptores indican que hay riesgo de desperdicio, trabajan “urgentemente” para redistribuir las dosis y “minimizarlo”, y asegura que la actual tasa global estimada de caducidad de las vacunas del mecanismo es “extremadamente baja”.

A veces, los países tienen que decir “no, gracias” cuando se les ofrecen vacunas. Según Unicef, en diciembre se repartieron más de 300 millones de vacunas en nombre de COVAX. Algunos rechazaron las dosis que se les habían asignado, especialmente por su corta vida útil y por tener una limitada capacidad. Unos 80 millones de dosis se tuvieron que ofrecer varios países, y “finalmente se lograron colocar 77 millones”. “Desafortunadamente unos tres millones de dosis caducaron, nunca se enviaron y tendrán que ser destruidas por los fabricantes en el país de origen”, dice Unicef.

“Cada vez se pone más el acento en las dosis que los países receptores han rechazado o en las que han caducado. Hay muchos prejuicios y dobles raseros detrás de estas noticias. No tenemos ni idea de cuántas dosis han caducado en Europa, por ejemplo. Es normal que haya pérdidas y caducidades, pero lo lógico sería también que hubiera transparencia”, dice Tarrafeta. “Un país está en su legítimo derecho y la responsabilidad de no aceptar una donación inesperada o en condiciones que no son adecuadas”.

Depender de donaciones a veces puede implicar que un país tenga que organizar una campaña –que requiere personal, infraestructura, cadena de frío– sin saber cuántas dosis va a recibir, los plazos, el tipo de vacuna, si se van a pagar los costes de transporte o si las donaciones van a venir con jeringuillas, por ejemplo. Ann Ottosen, directora del Centro de Vacunas de la división de suministros de Unicef, actor de COVAX, explica que durante mucho tiempo las dosis donadas llegaron básicamente con plazos de una semana, lo cual se considera que no es sostenible y dificulta que haya un suministro predecible.

Ahora se pide que los países receptores sean informados de la disponibilidad de vacunas al menos cuatro semanas antes de su llegada prevista y que los volúmenes sean mayores. “En la medida de lo posible, lo estamos haciendo”, dice Exteriores. En los datos, de hecho, se aprecia un aumento de las cantidades entregadas por España con el paso de los meses.

Tarrafeta repara en la cantidad de lotes diferentes, algunos con muy pocas dosis, donados por España hasta octubre, como se muestra en la tabla. “Esto es porque se va donando lo que sobra de lotes que han ido a parar a otros lugares. Eso en sí es un problema añadido a los procesos de gestión y dificulta la trazabilidad del producto. Los países receptores se pueden encontrar con un puzle de diferentes tipos de vacunas, e infinidad de lotes por tipo de vacuna”. Por ejemplo, indica que Argentina recibió cerca de 842.000 dosis de un solo lote, mientras que Paraguay recibió una cantidad similar, pero de ocho lotes diferentes. 

Muchas veces, las razones exactas de los retrasos en las donaciones y las entregas no están claras. En una carta a la Comisión Europea revelada por Reuters en octubre, un alto cargo alemán decía que había “continuos problemas burocráticos, logísticos y legales” impuestos por los fabricantes a los países de la UE que querían donar las vacunas sobrantes. En Kenia, por ejemplo, el despliegue de dosis de Pfizer donadas por EEUU se demoró por la falta de jeringuillas especializadas. Githinji Gitahi, miembro de la Comisión de Respuesta Africana frente a la COVID-19, asegura que lo que muchas veces se considera “baja capacidad de absorción” de los receptores tiene que ver con la falta de acceso a los servicios sanitarios, en áreas rurales, por ejemplo.

La maquinaria de las donaciones

COVAX fue ideado como un mecanismo de compra, pero tuvo que pivotar para facilitar la logística de las donaciones cuando sus problemas de suministro se profundizaron, entre críticas. ¿Cómo ha funcionado esta maquinaria?

Cuando un país está dispuesto a comenzar a donar, decide el volumen y el momento, trata con Gavi los detalles de la oferta y los aspectos legales, y ambos abordan con los fabricantes la logística y el pago. En España, se encargan del proceso principalmente Exteriores y Sanidad, junto a Presidencia. “Pero hay un pequeño equipo que se reúne cada dos semanas aproximadamente, a nivel técnico, que coordina en función de las necesidades de la campaña nacional”, dicen fuentes de Exteriores.

El donante, COVAX y la farmacéutica tienen que firmar un acuerdo tripartito que crea un marco para transferir dosis al mecanismo y los términos que se aplicarán. El donante puede seguir utilizándolo para canalizar futuras donaciones. Un ejemplo sería el acuerdo entre España, COVAX y AstraZeneca. A grandes rasgos se trata de una cuestión jurídica de responsabilidad civil, de resolver quién debe indemnizar si pasa algo en un país tercero con una donación de vacunas hecha por España, explica Tarrafeta. “Esta cláusula ha complicado enormemente las donaciones y también las compras”.

“Hubo que trabajar mucho en ello al principio, en el segundo trimestre de 2021, y llevó tiempo poner en marcha el mecanismo que asegurara quién tenía la responsabilidad legal en cada momento en caso de problemas de efectos secundarios y encontrar una vía que no se tuviera que negociar para cada donación. Es una de las razones por las que las donaciones tardaron”, dice Exteriores. La Comisión Europea negoció “un modelo que es el que hemos seguido aplicando prácticamente todos”, una suerte de ‘marca blanca’ de acuerdo que “ha ayudado mucho”. 

El primer acuerdo que se logró cerrar fue con AstraZeneca lo que, según Exteriores, es uno de los motivos que explica que todas las vacunas donadas al principio fueran las de este fabricante, que también son más sencillas de almacenar y transportar que las de ARNm. En España, esta vacuna está en desuso, después de que en primavera se limitara a personas a partir de los 60 años. Exteriores remarca: “Las vacunas que donamos son exactamente las mismas vacunas con las que se inoculó a la población española”. 

Una vez sellado el acuerdo específico, el país donante puede lanzar un aviso de oferta en el que se detallan las vacunas que va a compartir y Gavi confirma que las acepta. “Por ejemplo, para la vacuna de Pfizer, hubo un retraso en la aceptación de las donaciones europeas porque venía sin diluyente –un componente que se utiliza para disolver la vacuna– y esto se tuvo que resolver”, dice Ottosen.

Entonces, COVAX pone en marcha el mecanismo de asignación para decidir las cantidades de dosis que se destinan a cada país. “Tiene en cuenta las preferencias de los donantes, en la medida en que las haya, así como la preparación de los países a recibir una determinada vacuna. Por ejemplo, la vacuna de Pfizer requiere una cadena de ultrafrío y algunos países pueden no estar interesados o no tener capacidad de recibirla”, dice Ottosen.

A la hora de donar, fuentes de Exteriores explican que COVAX ha permitido a los donantes “cierto marcaje regional de sus destinos, incluso de un grupo mínimo de países”. “Es una manera de darles flexibilidad para decidir adónde repartir. Argumentan, con mucho sentido, que no pueden asegurar un flujo equitativo y bien organizado logísticamente si todos los donantes decimos cuántas vacunas queremos que vayan a determinados países”. 

En noviembre, la iniciativa pidió precisamente que las dosis vinieran sin un destino marcado para lograr una mayor eficacia y argumentando que, al contrario, se obstaculiza la asignación equitativa. Ha habido voces críticas con que muchos donantes hayan destinado sus contribuciones a países o regiones específicas por COVAX, pese a que, en teoría, con este mecanismo se debería evitar que las vacunas se distribuyan de una forma que consolide las esferas de influencia tradicionales del que dona, como muchos consideran que ha ocurrido con parte de las donaciones bilaterales.

El primer gran anuncio de donaciones españolas fue en abril, cuando Sánchez se comprometió a mandar 7,5 millones de dosis a América Latina, ya enviadas. Johnattan García Ruiz, profesor de Derecho y Salud global de la Universidad de los Andes, pone como ejemplo la entrega de cerca de un millón a Colombia a través de COVAX. “Es un país de ingreso medio alto que, a través de negociación bilateral, ya había conseguido todas las vacunas necesarias para su población. De hecho, Colombia no es un país subsidiado por COVAX. También es válido para Argentina, Costa Rica, Panamá, Ecuador y Perú. Es mucho más probable que esta decisión sea para fortalecer relaciones internacionales que por razones de salud pública”.

Exteriores explica que España “decidió marcar de manera amplia y general: toda América Latina y el Caribe, que son muchos países”. “La región no estaba cubierta, era la más afectada del mundo per cápita e intentamos contribuir a la vacunación latinoamericana, que ya ha entrado en unos niveles razonables. Tras cumplir el compromiso de los 7,5 millones, nos abrimos a otras regiones prioritarias como África subsahariana y Mediterráneo Sur. Y ahí volvimos a un marcaje muy amplio y respetuoso con el mecanismo. Son también tres regiones de la cooperación al desarrollo española, muy cercanas a nosotros”.

Para asignar las vacunas, COVAX recurre a un mecanismo intrincado y poco conocido, que incluye un algoritmo y tiene en cuenta muchos parámetros y aspectos diferentes. Desde el lado de España, Exteriores explica que a medida que “los contratos con las farmacéuticas van entrando en vigor y van saliendo los lotes de fábrica, se comunica a COVAX cuántas dosis esperamos para dentro de unas semanas”. “Ellos sacan la distribución con su fórmula y a los donantes nos informan semanalmente”.

El país beneficiario recibe la oferta de vacunas, que acepta o rechaza. Si dicen que sí, “tienen que asegurarse de que la documentación exigida está a punto, o de que hay, si es necesario, un acuerdo de responsabilidad de indemnización con el fabricante. Luego tienen que obtener la autorización reglamentaria para importar y recibir las dosis”, dice Ottosen. “Necesitamos que sean rápidos al responder y hacer el papeleo. Así, si las dosis están disponibles, podemos enviarlas pronto y sin retrasos”.

Las dosis donadas por España salen directamente de las fábricas, no de las neveras de nuestro país, también por cuestiones de responsabilidad civil entre otras razones, indica Exteriores. Aquí entra en juego Unicef, que hace el pedido a los fabricantes –o la Organización Panamericana de la Salud (Paho) en América Latina o los países que financian sus propias vacunas en COVAX–. “Trabajamos con nuestro transportista, con el fabricante y con el país para saber cuándo estará listo para recibirlas y cuándo hay un vuelo disponible. Esto es diferente de un país a otro, dependiendo de si hay acceso semanal”, dice la responsable de Unicef. El fabricante recibe el pago, prepara y entrega las dosis a Unicef y Paho, que movilizan la logística para llevarlas a sus destinos.

¿Y las donaciones bilaterales, las directas con otro país? “Permiten un canal de salida cuando COVAX no funciona por temas logísticos, pero no es la más cómoda –requiere acuerdos tripartitos con los países. También, por principios, preferimos la vía multilateral. Pero nuestra prioridad es que las vacunas no se pierdan”, dice Exteriores. “El donante puede guiarse estrictamente por lo político, geopolítico y económico. Nosotros hemos optado por ser lo más objetivos posible basándonos en un modelo europeo con datos epidemiológicos, fortaleza de los sistemas sanitarios… y establecemos prioridades que puede tener España. Las embajadas informan de la situación sanitaria en los países regularmente y nos hacemos una idea de cuáles tienen una enorme necesidad de vacunas. También puede haber compromisos políticos, tras una reunión de alto nivel donde un presidente lo solicita o a veces son peticiones a través de una nota verbal. Es muy importante que nos llegue la demanda, somos muy flexibles. Un ejemplo es Argentina, que se las solicitó a España y se las dimos”.

“No es la solución más adecuada”

¿Hay un calendario para futuras donaciones? Fuentes de Exteriores responden que la planificación a más de dos meses vista es “muy difícil” y que depende de cómo evoluciona la situación sanitaria. Ponen como ejemplo la incertidumbre causada por nuevas variantes como ómicron, mencionando la necesidad de acompasar las donaciones con la protección de los propios ciudadanos de España, donde el 80,7% ya tiene la pauta completa inicial, una de las coberturas más altas del mundo (el 40% tiene la dosis de refuerzo).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido en reiteradas ocasiones a los países ricos otra vía que se cree que puede ser más rápida y pragmática: que cedan a COVAX su lugar en la cola de producción de los fabricantes para que el mecanismo pueda acceder a las vacunas que ha comprado. Suiza fue el primero que lo hizo, en noviembre, con Moderna. “En lugar de eso, la UE parece que está adelantado plazos de entrega de acuerdos de contratos que estaban firmados”, dice Tarrafeta.

La experta se pregunta hasta qué punto los países europeos infravaloraron las consecuencias de “acumular dosis para donarlas después y lo complejo que es el proceso agravado por las condiciones impuestas por la industria”. Cree que es difícil valorar el papel de España como donante. “La cantidad donada es mucha, el 19%, si consideramos que España ha comprado unos 264 millones de vacunas aprobadas por la EMA. Pero la necesidad de haber adquirido 264 millones es cuestionable, permitirían administrar cinco dosis a toda la población. ¿Es realmente necesario y es la mejor utilización de recursos comprar mucho y donar lo que no se necesite? Mi opinión es que no. Es más caro, costoso e ineficiente”.

La AEMPS argumenta que la compra de dosis ha sido una operación europea que también buscaba, dicen, “generar la capacidad productiva en Europa que permita cubrir las necesidades de toda la población y las de otros países”, que se efectuó antes de que las vacunas estuvieran autorizadas y se “ha ampliado para cubrir hasta 2024 cualquier necesidad nueva que pueda surgir (revacunar, niños, variantes)”.

España es actualmente el noveno donante mundial por habitante en dosis entregadas. “España ha hecho un esfuerzo muy importante. Hay países que han comprometido cantidades enormes, pero no las han hecho efectivas aún, y se queda en papel mojado”, dice Raquel González, responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras. “El problema de fondo es que la donación no es la solución más adecuada en una pandemia”. Irene Bernal, investigadora de acceso a medicamentos de Salud por Derecho, también cree que las donaciones pueden responder a una situación de emergencia, pero no es una respuesta sostenible en el tiempo. “Los países de menores ingresos necesitan hacer sus propias compras de vacunas, en función de sus necesidades. Y sigue siendo clave descentralizar la producción y que las empresas compartan y transfieran la propiedad intelectual para que se puedan producir en todas las regiones. Si no, la balanza estará siempre del lado de los países ricos y los más pobres seguirán dependiendo de la caridad”.

Cerca de 90 países no cumplieron el objetivo de vacunar al 40% de su población a finales de 2021. “Los países donantes y COVAX actúan como si el objetivo final fuera la entrega de dosis, pero no es así. El objetivo es la vacunación. Debemos asegurarnos de que las dosis se distribuyan y puedan administrarse. Todavía hay desafíos significativos para esto”, dice Taylor.

Tras un importante déficit, el suministro de COVAX parece estar mejorando: distribuyó más dosis en noviembre y diciembre que todos los meses anteriores juntos y ha enviado recientemente su vacuna número 1.000 millones. “Aunque es emocionante ver que las entregas por fin suben, tantas en un corto espacio de tiempo abrumaron a los receptores. Los países ricos se acercaron a la fecha límite de sus compromisos y se apresuraron a enviar cientos de millones de dosis”.

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Este artículo ha sido actualizado con los datos más recientes de Unicef sobre las dosis rechazadas en diciembre. La versión original incluía un envío a Guayana francesa que se ha corregido posteriormente.

Es 4 de noviembre. Un tuit de la Embajada de España en Costa de Marfil anuncia la llegada de una donación de miles de vacunas contra la COVID-19, la primera a un país de África Subsahariana. El despliegue es el habitual: fotos de una caja de gran tamaño con etiquetas de COVAX y banderas españolas, posado con las autoridades locales, declaraciones del embajador. La donación, dice la legación diplomática, “refleja el compromiso de España con un país prioritario en la región y su apuesta por una visión multilateral” para hacer frente a la pandemia.

El G7 ha donado menos del 15% de las vacunas anti-COVID prometidas

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El Gobierno de Pedro Sánchez ha anunciado que ya ha donado más de 50 millones de dosis, dos meses y medio antes de terminar el primer trimestre de 2022, el plazo que marcó el presidente. Pero solo la mitad se han entregado a los países que se encargarán de pincharlas en los brazos.

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