Polémica por casos de violencia machista en la izquierda de Mélenchon

Amado Herrero

París (Francia) —

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La secuencia política comenzó con una información publicada en Le Canard enchaîné. Este diario reveló el 14 de septiembre que la esposa de Adrien Quatennens, uno de los diputados de Francia Insumisa (LFI) más cercanos a Jean-Luc Mélenchon, había acudido a una comisaría luego de una disputa doméstica. Días después, Quatennens reconocía en un comunicado actos de violencia contra su mujer, entre ellos una bofetada, y anunciaba su renuncia al cargo de coordinador del partido, así como el abandono de su actividad parlamentaria. 

El giro de Macron ante Putin tras los intentos fallidos de mediación

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Poco después del comunicado, Mélenchon fue el primero en reaccionar. El líder de LFI alabó en un tuit la “dignidad” y el “valor” de Quatennens, subrayó la “confianza y afecto” hacia este y cargó contra “las malas intenciones policiales, el voyerismo mediático y de las redes sociales”. Una declaración de apoyo al agresor que provocó un profundo malestar en una parte de la dirección y de la militancia. Un segundo tuit intentó completar el comunicado con una referencia a la víctima: “Mi afecto por él [Adrien Quatennens] no significa que sea indiferente a Céline”.

El caso Quatennens y el comentario de Mélenchon han desestabilizado profundamente a Francia Insumisa, la formación que salió de las pasadas elecciones legislativas como el partido fuerte de la coalición progresista, con el mayor número de diputados entre las fuerzas de izquierda. Como única reacción oficial, hubo un breve comunicado, publicado esa misma noche que saludaba la decisión de Adrien Quatennens de dar un paso a un lado y que recordaba “el compromiso inquebrantable” de la formación insumisa “en la lucha contra la violencia hacia las mujeres”. 

En realidad, según el diario Le Monde, varias de las principales dirigentes del partido intentaron, sin éxito, impulsar un comunicado corrigiendo los tuits de Mélenchon, que desde entonces no ha querido volver a abordar la cuestión. La semana pasada, durante una rueda de prensa del grupo parlamentario en la Asamblea Nacional, el malestar se hizo patente en el turno de preguntas de los periodistas: silencios y evasivas entre los participantes cuando se les pidió una valoración sobre las declaraciones del líder del partido.

Comentarios “insoportables”

Más de 500 militantes feministas (incluyendo varias políticas de los partidos de la coalición de izquierda) publicaron una tribuna en Libération denunciando la impunidad de los autores de la violencia machista, al tiempo que calificaban de “insoportables” los comentarios de Mélenchon. “Denunciamos un sistema de protección de los agresores, en todos los partidos”, escribieron. “Esta omertà persiste gracias a la complicidad, al comportamiento y a la cobardía cómplice. Aspiramos a un apoyo y acompañamiento sin fisuras a las víctimas de violencias y esperamos que los partidos hagan lo mismo”, dijeron. 

La situación es aún más complicada porque no es el primer caso de violencia machista o comportamientos inapropiados que afectan al partido de Mélenchon. En la última campaña para las legislativas, el activista Taha Bouhafs fue obligado a retirar su candidatura después de que el partido recibiera dos testimonios de mujeres que lo acusaban de acoso y agresión sexual. No obstante, el partido fue criticado por su gestión del caso: en un principio la retirada del candidato se presentó como una decisión personal, vinculada a los ataques en las redes sociales de los que había sido víctima, sin mencionar las acusaciones hasta varios días después.

Aún más problemáticas son los testimonios de comportamientos inapropiados de varias compañeras de partido contra el diputado de Seine-Saint-Denis Éric Coquerel, que ocupa desde junio la presidencia de la Comisión de finanzas en la Asamblea Nacional, un cargo importante en la vida parlamentaria francesa que por primera vez controla un miembro de Francia Insumisa. Coquerel no ha sido objeto de ninguna investigación interna.

En 2018, el partido creó un Comité de Seguimiento de la Violencia de Género y Sexual. Este tipo de dispositivo existe hoy en todos los partidos de izquierda, desde de que en 2016 Europa Ecología-Los Verdes (EE-LV) formó un primer grupo después del escándalo Denis Baupin (vicepresidente de la Asamblea Nacional, 14 mujeres lo acusaron de acoso y agresión sexual).

Estos organismos se ocupan de recibir los testimonios y de abrir las investigaciones. Sin embargo, su funcionamiento se ha revelado limitado y, a menudo, choca con la jerarquía de los partidos. De hecho, en el caso de Quatennens no se ha pasado por el comité del partido creado para estos casos: todo ha sido decidido en conversaciones entre los dirigentes.

Hacer lo contrario

“Es evidente que no se pueden proclamar como propios unos valores y principios y luego en la práctica, hacer lo contrario”, dice Johanna Dagorn, socióloga en la Universidad de Burdeos y directora de Investigación en el Observatorio de la Violencia de Género y Sexual de la región Nueva Aquitania. Francia Insumisa, como el resto de partidos, es reacia a crear este tipo de comités fuera de la estructura de la formación, lo que sería una forma de reforzar su independencia. “Si no hay una instancia externa, no se dan las condiciones para que las mujeres puedan hablar libremente”, añade la investigadora, “algo especialmente importante en este tipo casos en los que resulta más fácil hacer presión sobre una víctima que cuestionar todo un sistema. Un ejemplo lo estamos viendo en Francia con el caso de Patrick Poivre d’Arvor: ha sido necesario que las víctimas se agrupen para conseguir algo”. 

Días después de la renuncia de Adrien Quatennens otro caso similar se hacía público, esta vez en el partido ecologista. La expareja del secretario nacional del partido, Julien Bayou, recurrió hace unos meses a la comisión de violencia sexual de este partido, un hecho mencionado por primera vez este verano en Le Figaro, sin profundizar en la naturaleza exacta de los hechos. “Desgraciadamente, se trata de una historia que terminó de forma dolorosa, y de una ruptura que va acompañada de amenazas contra mí”, dijo Bayou entonces a ese mismo diario.

Ahora la diputada ecologista Sandrine Rousseau ha vuelto a poner el foco en el tema. En una entrevista en la televisión pública, Rousseau explicó haber recibido en su domicilio a la excompañera de Bayou para escuchar su versión. “Creo que hubo comportamientos enfocados a quebrantar la salud moral de las mujeres”, denunció la diputada. Un día después, el partido anunciaba que Bayou “dejaba sus funciones como copresidente del grupo de los Verdes en la Asamblea Nacional” a la espera de las conclusiones de una investigación interna.

La secuencia política comenzó con una información publicada en Le Canard enchaîné. Este diario reveló el 14 de septiembre que la esposa de Adrien Quatennens, uno de los diputados de Francia Insumisa (LFI) más cercanos a Jean-Luc Mélenchon, había acudido a una comisaría luego de una disputa doméstica. Días después, Quatennens reconocía en un comunicado actos de violencia contra su mujer, entre ellos una bofetada, y anunciaba su renuncia al cargo de coordinador del partido, así como el abandono de su actividad parlamentaria. 

El giro de Macron ante Putin tras los intentos fallidos de mediación

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Poco después del comunicado, Mélenchon fue el primero en reaccionar. El líder de LFI alabó en un tuit la “dignidad” y el “valor” de Quatennens, subrayó la “confianza y afecto” hacia este y cargó contra “las malas intenciones policiales, el voyerismo mediático y de las redes sociales”. Una declaración de apoyo al agresor que provocó un profundo malestar en una parte de la dirección y de la militancia. Un segundo tuit intentó completar el comunicado con una referencia a la víctima: “Mi afecto por él [Adrien Quatennens] no significa que sea indiferente a Céline”.

El caso Quatennens y el comentario de Mélenchon han desestabilizado profundamente a Francia Insumisa, la formación que salió de las pasadas elecciones legislativas como el partido fuerte de la coalición progresista, con el mayor número de diputados entre las fuerzas de izquierda. Como única reacción oficial, hubo un breve comunicado, publicado esa misma noche que saludaba la decisión de Adrien Quatennens de dar un paso a un lado y que recordaba “el compromiso inquebrantable” de la formación insumisa “en la lucha contra la violencia hacia las mujeres”. 

En realidad, según el diario Le Monde, varias de las principales dirigentes del partido intentaron, sin éxito, impulsar un comunicado corrigiendo los tuits de Mélenchon, que desde entonces no ha querido volver a abordar la cuestión. La semana pasada, durante una rueda de prensa del grupo parlamentario en la Asamblea Nacional, el malestar se hizo patente en el turno de preguntas de los periodistas: silencios y evasivas entre los participantes cuando se les pidió una valoración sobre las declaraciones del líder del partido.

Comentarios “insoportables”

Más de 500 militantes feministas (incluyendo varias políticas de los partidos de la coalición de izquierda) publicaron una tribuna en Libération denunciando la impunidad de los autores de la violencia machista, al tiempo que calificaban de “insoportables” los comentarios de Mélenchon. “Denunciamos un sistema de protección de los agresores, en todos los partidos”, escribieron. “Esta omertà persiste gracias a la complicidad, al comportamiento y a la cobardía cómplice. Aspiramos a un apoyo y acompañamiento sin fisuras a las víctimas de violencias y esperamos que los partidos hagan lo mismo”, dijeron. 

La situación es aún más complicada porque no es el primer caso de violencia machista o comportamientos inapropiados que afectan al partido de Mélenchon. En la última campaña para las legislativas, el activista Taha Bouhafs fue obligado a retirar su candidatura después de que el partido recibiera dos testimonios de mujeres que lo acusaban de acoso y agresión sexual. No obstante, el partido fue criticado por su gestión del caso: en un principio la retirada del candidato se presentó como una decisión personal, vinculada a los ataques en las redes sociales de los que había sido víctima, sin mencionar las acusaciones hasta varios días después.

Aún más problemáticas son los testimonios de comportamientos inapropiados de varias compañeras de partido contra el diputado de Seine-Saint-Denis Éric Coquerel, que ocupa desde junio la presidencia de la Comisión de finanzas en la Asamblea Nacional, un cargo importante en la vida parlamentaria francesa que por primera vez controla un miembro de Francia Insumisa. Coquerel no ha sido objeto de ninguna investigación interna.

En 2018, el partido creó un Comité de Seguimiento de la Violencia de Género y Sexual. Este tipo de dispositivo existe hoy en todos los partidos de izquierda, desde de que en 2016 Europa Ecología-Los Verdes (EE-LV) formó un primer grupo después del escándalo Denis Baupin (vicepresidente de la Asamblea Nacional, 14 mujeres lo acusaron de acoso y agresión sexual).

Estos organismos se ocupan de recibir los testimonios y de abrir las investigaciones. Sin embargo, su funcionamiento se ha revelado limitado y, a menudo, choca con la jerarquía de los partidos. De hecho, en el caso de Quatennens no se ha pasado por el comité del partido creado para estos casos: todo ha sido decidido en conversaciones entre los dirigentes.

Hacer lo contrario

“Es evidente que no se pueden proclamar como propios unos valores y principios y luego en la práctica, hacer lo contrario”, dice Johanna Dagorn, socióloga en la Universidad de Burdeos y directora de Investigación en el Observatorio de la Violencia de Género y Sexual de la región Nueva Aquitania. Francia Insumisa, como el resto de partidos, es reacia a crear este tipo de comités fuera de la estructura de la formación, lo que sería una forma de reforzar su independencia. “Si no hay una instancia externa, no se dan las condiciones para que las mujeres puedan hablar libremente”, añade la investigadora, “algo especialmente importante en este tipo casos en los que resulta más fácil hacer presión sobre una víctima que cuestionar todo un sistema. Un ejemplo lo estamos viendo en Francia con el caso de Patrick Poivre d’Arvor: ha sido necesario que las víctimas se agrupen para conseguir algo”. 

Días después de la renuncia de Adrien Quatennens otro caso similar se hacía público, esta vez en el partido ecologista. La expareja del secretario nacional del partido, Julien Bayou, recurrió hace unos meses a la comisión de violencia sexual de este partido, un hecho mencionado por primera vez este verano en Le Figaro, sin profundizar en la naturaleza exacta de los hechos. “Desgraciadamente, se trata de una historia que terminó de forma dolorosa, y de una ruptura que va acompañada de amenazas contra mí”, dijo Bayou entonces a ese mismo diario.

Ahora la diputada ecologista Sandrine Rousseau ha vuelto a poner el foco en el tema. En una entrevista en la televisión pública, Rousseau explicó haber recibido en su domicilio a la excompañera de Bayou para escuchar su versión. “Creo que hubo comportamientos enfocados a quebrantar la salud moral de las mujeres”, denunció la diputada. Un día después, el partido anunciaba que Bayou “dejaba sus funciones como copresidente del grupo de los Verdes en la Asamblea Nacional” a la espera de las conclusiones de una investigación interna.

La secuencia política comenzó con una información publicada en Le Canard enchaîné. Este diario reveló el 14 de septiembre que la esposa de Adrien Quatennens, uno de los diputados de Francia Insumisa (LFI) más cercanos a Jean-Luc Mélenchon, había acudido a una comisaría luego de una disputa doméstica. Días después, Quatennens reconocía en un comunicado actos de violencia contra su mujer, entre ellos una bofetada, y anunciaba su renuncia al cargo de coordinador del partido, así como el abandono de su actividad parlamentaria. 

El giro de Macron ante Putin tras los intentos fallidos de mediación

Saber más

Poco después del comunicado, Mélenchon fue el primero en reaccionar. El líder de LFI alabó en un tuit la “dignidad” y el “valor” de Quatennens, subrayó la “confianza y afecto” hacia este y cargó contra “las malas intenciones policiales, el voyerismo mediático y de las redes sociales”. Una declaración de apoyo al agresor que provocó un profundo malestar en una parte de la dirección y de la militancia. Un segundo tuit intentó completar el comunicado con una referencia a la víctima: “Mi afecto por él [Adrien Quatennens] no significa que sea indiferente a Céline”.