ENTREVISTA

La resistencia de las presentadoras afganas: “Seguiremos en el plató para dar un mensaje a las niñas que no pueden salir de casa o estudiar”

La presentadora Sonia Niazi, en el plató de la cadena Tolonews.

Mariangela Paone


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Intentaron oponerse unos días pero al final tuvieron que acatar la orden. Sonia Niazi y Tahmina Usmani son dos jóvenes presentadoras de la cadena privada afgana Tolonews y, como todas sus compañeras de profesión, desde el domingo tienen que cubrirse la cara, cumpliendo con la obligación que el Gobierno de los talibanes volvió a imponer a principios de mayo a todas las mujeres, un paso más en el goteo de restricciones que han instaurado desde su vuelta al poder hace nueve meses.

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Era esto o dejar de salir en televisión, una opción que no contemplan, porque estar en el plató es resistir, explican en una conversación por videollamada y con intérprete desde la sede de la cadena en Kabul. Niazi aparece con la cara cubierta con una mascarilla quirúrgica negra, el mismo color del velo islámico que cubre su cabeza y el cuello. Usmani deja su cara descubierta durante toda la entrevista. “La orden para las televisiones llegó el pasado martes y hasta el domingo nos resistimos. Luego el director nos dijo que había que hacerlo. La alternativa era dejar de presentar y trabajar fuera del plató. Pero nosotros amamos nuestro trabajo y es nuestra obligación seguir haciéndolo. No importa lo duro que pueda ser, seguiremos aquí”, explica Niazi.

“También antes de que el Estado islámico nos obligara a ponernos el hiyab nos lo poníamos. No tenemos ningún problema con esto, pero el problema es cuando estás obligado a hacerlo. Luego dijeron que todas las mujeres se tienen que cubrir la cara, y esto es algo realmente extremo, nos obligan a hacer algo que es inaceptable para cualquiera y que no pertenece al Islam ni a nuestra cultura”, añade la presentadora. Tiene 22 años y lleva tres trabajando en Tolonews. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad de Kabul y quiso dedicarse al periodismo “por el amor a los derechos y a la libertad de expresión”. Su compañera, Tahmina Usmani, tiene un año más. Fue la primera mujer en volver a presentar las noticias tras el cambio de régimen. Ambas no tenían memoria de las restricciones del primer gobierno de los talibanes. Estudiaron para trabajar y vivir en un país distinto y, sin embargo, no están dispuestas a dejar de luchar en una realidad donde los espacios de libertad para las mujeres se hacen cada vez más estrechos.

Como muchos otros en el país, al principio quisieron creer que los talibanes ya no eran los mismos de hace 20 años, que habían cambiado. “Pero luego fueron mostrando su rostro, prohibieron a las niñas [mayores de 12 años] a ir a la escuela, nos ordenaron usar hiyab completo y, sinceramente, esperamos nuevas leyes más restrictivas especialmente para las mujeres. Esto nos afecta mental y emocionalmente. No podemos hacer nuestro trabajo correctamente. Pensar en como ha cambiado nuestro trabajo antes y después de la llegada de los talibanes es realmente triste”, dice Usmani, quien subraya la dificultad de presentar en televisión con la cara cubierta. “Es muy complicado, también desde el punto de vista técnico. Para pronunciar las palabras y tratar de conversar con los invitados cuando vienen al estudio”. Pero están dispuestas a luchar por seguir haciendo su trabajo.

La protesta de los hombres

Tolonews, una de las cadenas más liberales de Afganistán, sigue emitiendo debates sobre el código de vestimenta impuesto por los talibanes a los que invita en el estudio, a veces con presentadoras mujeres. Y el domingo, cuando se decidió cumplir la orden, los periodistas hombres de la cadena decidieron también cubrirse la cara con unas mascarillas, un gesto que se ha convertido en una campaña en las redes sociales con la etiqueta #FreeHerFace.

“Cuando nuestros colegas se pusieron las mascarillas para apoyarnos, ese gesto realmente nos subió el ánimo y nos motivó para continuar nuestro trabajo y pensar que esto también pasará algún día. Fue importante para que entendiéramos que no estamos solas en esto”, comenta Niazi. “Estamos muy agradecidas”, dice también Usmani, quien recuerda que la protesta tiene que ver con el hecho de que esta imposición “no tiene que ver con la religión, porque no hay una religión o una cultura que tenga esa orden obligatoria de cubrirse la cara y todos los eruditos dicen que no es verdadero Islam cubrirse la cara”.

Usmani confiesa que ha pensado en dejar el país, como muchos de los trabajadores de la cadena. Una fuga de cerebros que hace aún más complicado el día a día de su trabajo. “Hasta ahora no he podido hacerlo. Pero si las amenazas y las obligaciones aumentan, si tengo la oportunidad, me iré. Vivir aquí y no tener derecho a la palabra es muy duro, especialmente cuando eres un presentador de televisión. Si me voy podré continuar con mis estudios y ser quien yo quiera”, dice. Niazi no quiere irse dejando a su familia en Afganistán: “Y además amo mi trabajo y aquí me conocen, soy reconocible. Afuera no soy nadie. Pero está claro que estas restricciones nos causan muchos problemas emocionales y mentales. Como periodistas no estábamos preparadas emocionalmente para cubrir nuestro rostro y presentar las noticias”.

Y luego está el miedo. La orden de cubrirse el rostro vino acompañada de la amenaza de encarcelar a un familiar varón de las mujeres que no la acaten.

“Nuestras familias se preocupan por nosotras. Pero cada vez quedamos menos mujeres en la televisión. Si dejamos nuestro trabajo para que nuestras familias no se preocupen o para que los talibanes nos dejen en paz, poco a poco desapareceremos y eso es lo que queremos evitar con toda nuestra fuerza porque no queremos perder lo que hemos logrado en los últimos 20 años y volver atrás”, dice la joven presentadora. “Por eso seguimos haciendo nuestro trabajo, porque queremos ser la voz de aquellos que no pueden alzar la suya, como las niñas que no pueden ir a la escuela. Lo hacemos por ellas, somos su voz. Nos quitaron nuestras identidades con esta ley, pero seguimos por ellas”. Su compañera Usmani cuenta que les llegan muchos mensajes de chicas que les dicen que su trabajo y su lucha es una motivación también para ellas: “Cuando llegó esta ley, teníamos dos opciones: retroceder y rendirnos o continuar en las nuevas circunstancias. Elegimos continuar. A ver qué más nos quieren robar. Cuál es su plan”. 

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