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Terremoto en la derecha brasileña: la remontada histórica de Lula empuja al bolsonarismo a la desaparición

Bernardo Gutiérrez

Río de Janeiro —
26 de octubre de 2026 22:42 h

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Tocado y casi hundido. Flávio Bolsonaro, candidato derrotado del Partido Liberal (PL), está quedándose solo en su petición de anulación de las elecciones. Ni siquiera en el momento de anunciar que no reconocía los resultados, debido a la extensión del horario de votación, Flávio Bolsonaro se vio demasiado arropado por su entorno más cercano. Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo, estaba unos metros a su izquierda. Nikolas Ferreira, el joven diputado e influencer que lideró la campaña digital del PL, estaba en segunda fila.

El senador Rogério Marinho, coordinador de la campaña del PL, se ha alejado sutilmente de la idea de impugnar las elecciones, al afirmar que la idea vino de Flávio Bolsonaro. La derecha, con algunas excepciones, se ha desmarcado ya de una posible impugnación electoral. Los partidos que apoyaron al candidato ultra en la segunda vuelta reconocieron el triunfo de Lula da Silva, incluso Republicanos, del que forma parte Eduardo Bolsonaro, hermano de Flávio. El centrão, campo político que va del centro a la derecha, atribuye la derrota de Flávio a su soberbia. Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que en 2014 no reconoció la victoria de Dilma Rousseff tras perder las elecciones, felicitó a Lula la misma noche del domingo.

Los ministros del Tribunal Superior Electoral (TSE) también descartan la repetición de las elecciones. Apenas los jovencísimos diputados Níkolas Ferreira y Lucas Pavanato, las estrellas políticas de la extrema derecha en redes sociales, embarcan en la estrategia del hijo de Jair Bolsonaro. Nikolas ha declarado en sus redes que no reconoce a Lula como presidente y ha levantado incluso sospechas de fraude sobre el crecimiento del líder del Partido de los Trabajadores (PT) en la segunda vuelta. Lucas Pavanato está convocando manifestaciones.

¿El núcleo duro del bolsonarismo ocupará las calles, como ocurrió después del triunfo de Lula en 2022? Renan Santos, candidato presidencial del partido de extrema derecha Missão, desaconsejó desde su perfil de Instagram salir a las calles: “No hubo fraude electoral. No salgáis a las calles. No os coloquéis en riesgo. En 2022, esos diputados colocaron a gente en la puerta de los cuarteles militares y fueron detenidas”. El último post de Renan sintetiza el nuevo momento de las derechas brasileñas: el número 2030 en grande sobre una multitud que le aclama y una palabra: volveremos.

Extrema derecha, 2030

La derrota de Flávio es una debacle para la familia Bolsonaro. La inmunidad parlamentaria que el todavía senador perderá a principios de 2027 complica inmensamente su carrera política. Eduardo Bolsonaro, sobre el que pesa una condena de cárcel por haber maniobrado para que Donald Trump aplicara medidas contra Brasil, se encuentra prófugo de la justicia en Estados Unidos. Si durante la campaña electoral se abrió la puerta al indulto de Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe de Estado, tras el triunfo de Lula es improbable que salga en libertad. Menos todavía que vuelva a ser candidato. El diputado Carlos Bolsonaro y el senador Jair Renan, recién elegidos, son demasiado jóvenes para liderar el bolsonarismo. “El nuevo revés de la familia Bolsonaro frente a Lula pone en duda el protagonismo del clan”, destacan las periodistas Luísa Marzullo e Letícia Pille en un artículo en O Globo.

El único nombre con apellido Bolsonaro con posibilidades presidenciales es Michelle Bolsonaro, ex primera dama, elegida senadora por el Distrito Federal. De hecho, era la apuesta de Valdemar Costa, presidente del PL, para derrotar a Lula. Sin embargo, Jair Bolsonaro apostó por la continuidad de la sangre de su estirpe en la política. Las malas relaciones de Michelle con los hijos de Jair dificulta, que no imposibilita, su candidatura. Artur Rodrigues, columnista de UOL, vaticina que el gran beneficiado de la debacle de Flávio Bolsonaro no es otro que el gobernador Tarcísio de Freitas. “Tarcísio también tiene como apelo un perfil más al centro dentro del bolsonarismo, con potencial de agregar una gama mayor de aliados”, escribe Artur Rodrigues.

El discurso golpista seguirá fuerte durante los próximos cuatro años, con articulaciones que sobrepasan las fronteras brasileñas

La guerra para heredar el trono del bolsonarismo está abierta. De hecho, el futuro del propio bolsonarismo está en entredicho. No es descartable que en 2030 existan varias candidaturas de extrema derecha, con Tarcísio y Michelle liderando opciones diferentes. Níkolas Ferreira, el diputado más votado de Brasil, que antes de la campaña criticó a Flávio Bolsonaro, también aspira a ser candidato. Por su parte, Renan Santos, ha reiterado en varias ocasiones que su proyecto es a largo plazo y que volverá a intentarlo. Su programa se desmarca de la alineación total del bolsonarismo con los Estados Unidos de Donald Trump, algo que le ha valido el apoyo de parte de la izquierda.

La derecha tradicional, que intentó el asalto presidencial en 2026 con dos candidaturas, Romeu Zema y Ronaldo Caiado, tendrá una nueva oportunidad de reinventarse lejos del bolsonarismo. Ronaldo Caiado, que apoyó a Flávio Bolsonaro, ya ha reconocido sin ambages la victoria de Lula.

Lula crece en territorios derechistas

Los analistas están todavía intentando comprender el vigoroso crecimiento de Lula en la segunda vuelta. La clave de su éxito reside en un excelente resultado en su gran bastión, la región nordeste (obtuvo el 69,37%), y en las tres capitales del sudeste, São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte. Sin embargo, los resultados electorales revelan que Lula aumentó su votación más que Flávio en el 97% de los municipios de Brasil. En Santos, una importante ciudad del litoral de São Paulo, uno de los reductos bolsonaristas del estado, Bolsonaro consiguió el 52,15%, frente a un 47,85% de Lula. En 2022, Jair Bolsonaro ganó con un 56,20% frente al 43,80% de Lula. En 2018, Jair Bolsonaro se alzó con un 71,35% de los votos. En Cuiabá, capital del estado de Mato Grosso, uno de los epicentros del agronegocio, Lula ganó 6,35% puntos entre la primera y la segunda vuelta (hasta un 40,42%), frente al escaso crecimiento de Flávio (un 1,88%). En Goiás, otro estado clave para la exportación agropecuaria de Brasil, otro bastión bolsonarista, Lula protagonizó un aumentó superlativo: pasó de 31,06% al 40,34%.

El contundente resultado electoral coloca a Lula en una buena posición de cara a su cuarto mandato. A pesar de que la derecha gobierna la mayoría de estados y de que el PL de Flávio Bolsonaro es la principal fuerza en el Congreso y el Senado, Lula ha ganado autoridad para la gobernabilidad del país. El centrão ya está reaproximándose a Lula, que quiere un nuevo pacto con los partidos conservadores. El analista Jorge Chaloub destacaba en una columna de Folha de São Paulo que a pesar de que el antipestismo es central en la sociedad brasileña, las elecciones confirmaron la fuerza del antibolsonarismo. Tras destacar que Lula salvó el orden democrático, Chaloub alerta del riesgo de la narrativa golpista usado por la extrema derecha: “El discurso golpista seguirá fuerte durante los próximos cuatro años, con articulaciones que sobrepasan las fronteras brasileñas”.

El bolsonarismo no lo tendrá fácil. Además de perder fuelle en algunos de sus reductos, la izquierda ha recuperado un arma simbólica: la camiseta de la selección brasileña de fútbol. El sábado 16 de octubre, el diputado André Janones mandó una misión al grupo de WhatsApp Ejército de Lula, que ya cuenta con casi 11 millones de usuarios: que cada votante del presidente divulgara una foto suya en redes sociales con la camiseta amarilla de la selección de fútbol haciendo con los dedos la L de apoyo. Millones de brasileños inundaron las redes con una nueva marea verde amarilla de cariz progresista que desequilibra la línea de flotación del bolsonarismo.