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CLAVES

Brasil resiste a la ola ultra: qué significa la victoria de Lula para su país y más allá

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, celebra su victoria electoral en Sao Paulo.

Libby Brooks

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El presidente de Brasil ha protagonizado una remontada sensacional frente a su rival de extrema derecha en unas elecciones de infarto. Luiz Inácio Lula da Silva ha ganado su cuarto mandato presidencial no consecutivo, imponiéndose al senador ultra Flávio Bolsonaro, quien encabezaba el movimiento populista radical creado por su padre y expresidente, Jair Bolsonaro, que cumple una condena de 27 años de prisión por planear un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022.

Tras la sorprendente victoria de Bolsonaro en la primera vuelta a principios de este mes, el presidente en funciones del Partido de los Trabajadores, Lula, ha logrado una remontada histórica —una consolidación del resurgimiento democrático que el país ha disfrutado desde que él asumió el cargo— y un regalo de cumpleaños anticipado para el veterano político de izquierdas, que este martes cumple 81 años.

Pero, dado que Bolsonaro se niega a aceptar el resultado, la victoria se vive con tensión.Tom Phillips, corresponsal de The Guardian en Latinoamérica, que se encontraba en São Paulo durante el recuento de votos del Partido de los Trabajadores, cuenta qué significa el resultado y qué puede deparar el futuro.

Cuando se dieron a conocer los resultados, poco después de la medianoche, la elección de los 159 millones de votantes brasileños fue reñida, pero clara. El político de izquierdas, de 80 años, ha obtenido el 51,79% de los votos frente al 48,21% de su rival —unos 4,3 millones de votos—, en lo que Lula ha calificado como “una derrota para el negacionismo”.

Bolsonaro, visiblemente enfadado, ya se ha negado a reconocer la derrota, alegando la decisión de ampliar el horario de votación dos horas más —aunque ambas partes lo habían solicitado, por motivos diferentes—.

El resultado supone un giro sin precedentes después de que el auge populista en la primera vuelta, a principios de mes, dejara atónitos a los progresistas brasileños.

En aquellas elecciones de principios de octubre, Flávio Bolsonaro obtuvo 56,1 millones de votos frente a los 53,8 millones de Lula —un 47,03% frente a un 45,16%—, lo que situó al heredero de 45 años del clan autoritario en cabeza: ni una sola vez, desde el retorno de la democracia a Brasil en 1985, el segundo clasificado en la primera vuelta ha logrado darle la vuelta a la situación y ganar la segunda vuelta.

En las semanas siguientes, las encuestas se ajustaron drásticamente, situando a Bolsonaro por delante por solo fracciones de un punto porcentual.

Simpatizantes del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, celebran en Sao Paulo.

“Este es el punto álgido de una carrera política increíble, aunque a veces controvertida, de 50 años”, afirma Phillips. Mientras habla, se puede oír a multitudes de seguidores de Lula vitoreando de fondo y los fuegos artificiales estallando. “Vimos cómo Lula pasó desde la pobreza rural a convertirse en líder sindical y, posteriormente, en el primer líder de la clase trabajadora elegido en Brasil, que ha ayudado a millones de personas a salir de la pobreza y se ha beneficiado del alza de las materias primas durante sus dos primeros mandatos”.

Para Brasil, una victoria de Lula supone estabilidad y la garantía de que el futuro democrático del país está asegurado, al menos a corto plazo. “En los últimos cuatro años, Lula ha reducido la deforestación en la Amazonía en más de un 70%. Ha acudido en ayuda de los pueblos indígenas que viven allí. Ha tomado medidas enérgicas contra la minería ilegal”, me cuenta Tom. “Es una noticia muy positiva que todo esto vaya a continuar”.

¿Cómo ha logrado Lula darle la vuelta a la situación?

“El bolsonarismo es un movimiento de extrema derecha… que ha echado raíces profundas en la sociedad brasileña”, explicó Bernardo Mello Franco, columnista político del diario de Río de Janeiro O Globo, a Tom a principios de este mes, señalando una serie de cambios sociales que han contribuido a ello.

El cristianismo evangélico se ha extendido por todo Brasil en las últimas décadas, y los líderes religiosos han dado su apoyo a las políticas socialmente conservadoras defendidas por Bolsonaro padre e hijo.

Flavio Bolsonaro, partidario de la tenencia de armas, aprovechó la frustración de los votantes ante los niveles crónicos de delincuencia y violencia urbanas. A pesar de llevar décadas arraigado en la política brasileña, logró presentarse como un outsider antisistema, utilizando las redes sociales de forma mucho más eficaz que su rival.

Otros creen, sin embargo, que contó con una ayuda significativa: una docena de organismos de control y grupos de investigación han publicado informes en los que se alega que Meta podría haber favorecido la campaña del senador. La polémica se intensificó después de que el Tribunal Electoral de Brasil ordenara a Meta no dar a los candidatos un “trato desigual”, mientras que la empresa calificó las acusaciones de “falsas e infundadas”.

Los progresistas se movilizaron después de que los resultados de la primera vuelta revelaran una tasa de abstención récord del 21%, más habitual entre los grupos que apoyaban a Lula, como los votantes con menores ingresos, y centraron sus esfuerzos en la movilización. Millones de personas se unieron a un canal de WhatsApp llamado “El ejército de Lula”, que enviaba instrucciones diarias sobre cómo hacer que el contenido de apoyo se hiciera viral. El presidente en el cargo, de 80 años, que no ha tenido su primer smartphone hasta hace unos días, ha empezado a publicar en Instagram y TikTok. Por primera vez, el alcance digital del presidente ha superado al de Bolsonaro.

Mientras tanto, la campaña de Bolsonaro se vio sacudida por una sucesión de escándalos. La revista brasileña Piauí publicó la semana pasada que, en pleno apogeo del brote de coronavirus de 2020, Flávio Bolsonaro asistió a una fiesta en un barco junto con trabajadoras sexuales y lobistas del sector de las vacunas que esperaban cerrar acuerdos con el Gobierno de su padre.

En medio de las especulaciones sobre la posibilidad de una remontada, en una concentración que reunió a un millón de personas en la playa de Copacabana, en Río, el sábado, los activistas desplegaron una enorme pancarta amarilla y verde en la que se leía: “¡Vamos a darle la vuelta a esto!”. Y así lo hizo.

¿Qué papel ha jugado Trump en las elecciones?

El presidente de EEUU se ha jactado de “toda la gente a la que he ayudado a salir elegida” en América Latina, presentándose como un artífice del poder tras la sucesión de candidatos de derecha alineados con Washington que han llegado al gobierno.

Aunque Donald Trump no apoyó abiertamente a Flávio Bolsonaro, su influencia fue determinante. El año pasado, denunció el juicio ante el Tribunal Supremo contra su aliado Jair Bolsonaro como una “caza de brujas” e impuso aranceles extraordinarios del 50% a las importaciones brasileñas como represalia por lo que, según él, era una persecución política.

Lula se ha erigido en defensor del país frente a los designios “coloniales” de Trump. Su victoria consolida una política exterior multilateral y un enfoque pragmático en las relaciones con EEUU, China y Rusia. Ha rechazado las invitaciones para unirse a la controvertida coalición de países latinoamericanos que llevan a cabo operaciones militares contra los cárteles de la droga junto al Pentágono, lo que habría supuesto una implicación mucho mayor de EEUU en territorio brasileño.

Además, una victoria de los defensores de la democracia en un país puede servir para reforzar a sus homólogos internacionales. Tal y como expone el corresponsal internacional sénior de The Guardian, Julian Borger, en este artículo, junto con las elecciones de Brasil, hay una serie de comicios de gran importancia —este domingo en Serbia, el martes en Israel y la próxima semana en EEUU— que están estrechamente relacionados entre sí, y la victoria de Lula puede tener repercusiones globales, mientras líderes de toda América Latina y del mundo le felicitan esta mañana.

El excandidato presidencial Flavio Bolsonaro habla en una rueda de prensa, en el barrio Lago Sul, en Brasilia.

¿Cómo responderá Bolsonaro?

Es probable que el período inmediatamente posterior a la publicación de los resultados electorales sea tenso, advierte Phillips, ya que Flávio Bolsonaro ha afirmado que es “imposible aceptar el resultado de las elecciones”.

“La reacción de Bolsonaro es exactamente la que temía, pero no creo que tenga mucha relevancia”, dice. “Todos estos líderes mundiales están reconociendo ahora la victoria de Lula y no creo que Bolsonaro tenga ninguna esperanza de revocar este resultado”.

Phillips sospecha que, en los próximos días, Bolsonaro se marchará a Estados Unidos para eludir las investigaciones penales en curso. “Eso no quiere decir que no pueda haber actos violentos por parte de sus seguidores, pero su carrera política ha llegado a su fin. El hecho de que hayan perdido es una señal de que el apellido 'Bolsonaro' resulta tóxico para una ligera mayoría de los brasileños”.

¿Qué significa este resultado para el medio ambiente?

La semana pasada, Phillips viajó a Roraima, el estado del norte donde Bolsonaro obtuvo su mejor resultado a nivel nacional. Durante su viaje, escuchó de primera mano a líderes indígenas y defensores del medio ambiente explicar por qué el éxito del populista estaba causando pánico.

La gestión de su padre, devastadora para el medio ambiente, facilitó una fiebre del oro ilegal —impulsada por los precios récord del oro a nivel mundial— que arrasó la reserva indígena yanomami, situada en el extremo norte de la Amazonía.

Cuando Lula venció a Jair Bolsonaro en 2022, el político de izquierdas puso en marcha una misión ecologista para expulsar a los mineros ilegales, plantando cara a la industria extractiva, valorada en miles de millones de dólares. Junto con políticas ecológicas más amplias, redujo la deforestación en la Amazonía a mínimos históricos.

“Por desgracia, el medio ambiente solo se mencionó en el debate presidencial final de esta campaña”, dice Phillips. “Teniendo en cuenta que la Amazonía ocupa una parte tan grande de Brasil, y lo importante que es esa región para la crisis climática mundial, es sorprendente que no se haya debatido más. Pero la gente votó más por cuestiones económicas, de seguridad pública y de la guerra cultural”.

En ese debate final del pasado viernes, el periodista de The Guardian afirma que Lula “intentó destacar la excelente, aunque incompleta, labor que ha realizado su Gobierno en materia de protección del medio ambiente”.

Muchos se sentirán aliviados por la derrota de Bolsonaro, ya que su visión de la Amazonía era casi idéntica a la de su padre. Aunque la victoria de Lula despierta la esperanza de que estas políticas continúen, tendrá que trabajar con un Congreso recién elegido en el que hay un número récord de políticos de derechas hostiles a los derechos de los indígenas y a las cuestiones medioambientales.

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