Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Amnistía, semana I: incendio en la Fiscalía y maniobras de dejar fuera a Puigdemont
Felipe VI, diez años del rey que no ha recuperado la imagen de la monarquía
Opinión - Un muro de impunidad. Por Rosa María Artal

The Guardian en español

La desesperada búsqueda de los familiares de los miles de desaparecidos por la ofensiva israelí en Gaza

Una mujer y un niños caminan entre casas destruidas en el norte del campo de refugiados de Al Nusairat, en el sur de la Franja de Gaza, el 29 de abril.

Jason Burke (Jerusalén), Malak A. Tantesh (Gaza)

4

Una noche de marzo, Ahmed Abu Jalala se levantó sigiloso, procurando no despertar a su familia, que dormía a su alrededor en el suelo de una escuela gestionada por la ONU, en el norte de Gaza.

Este padre de 54 años sabía que sus seis hijos necesitaban comida, pero ya no quedaba nada después de tantos meses de guerra. Apenas llegaba ayuda a Yabalia, donde vivían tras haber huido de su pequeña casa pocas semanas después del comienzo de la ofensiva israelí en la Franja, y sus hijos se habían visto obligados a comer plantas silvestres. Así que Abu Jalala salió en medio de la oscuridad, en busca de la harina que traía un convoy humanitario. “De haberlo sabido, nunca le habríamos dejado salir... No hemos vuelto a verle ni a saber de él”, dice Etemad Abu Jalala, tío del desaparecido.

Tras más de seis meses de guerra, decenas de miles de personas han desaparecido en Gaza y sus familiares y amigos desconocen sus paraderos. El Comité Internacional de la Cruz Roja ha registrado más de 7.000 casos de personas desaparecidas desde el inicio del conflicto en Gaza, mientras que las autoridades locales calculan que son al menos 10.000 los desaparecidos bajo los escombros.

Abu Jalala, que padecía una enfermedad psicológica crónica, no ha sido visto desde la noche en que dejó a su familia en el refugio. “Salimos a buscarlo todos los días con la esperanza de encontrarlo, pero es en vano. Esperamos que siga con vida. Hemos intentado ponernos en contacto con hospitales y con la Policía... pero sin resultados”, dice su hermano.

Según el Ministerio de Sanidad local, casi 36.000 personas, en su mayoría mujeres y niños, han muerto en Gaza. Los ataques de artillería y aéreos han derribado bloques enteros de pisos en gran parte del territorio, enterrando bajo los escombros a muchas personas cuyas muertes no han sido registradas. Algunos de los muertos han sido enterrados por desconocidos en tumbas improvisadas.

Familias separadas durante los bombardeos

Raji Kamal Kaleel, de 36 años, sigue esperando noticias de su esposa y su hija de dos años, a las que vio por última vez en enero, durante una serie de bombardeos israelíes en la ciudad de Gaza. “Cuando intensificaron los bombardeos sobre nuestro barrio, decidimos huir a un refugio de la ONU, pero de camino hacia allí hubo un gran ataque aéreo y toda la zona se llenó de humo negro. No podíamos vernos unos a otros, así que todos corrimos en distintas direcciones”, relata Kaleel.

Cuando el humo se disipó, el hombre encontró a su madre, a su hijo de 10 años y a su hija mayor, de 11, pero no a su esposa ni a su hija menor. “He perdido a mi mejor amiga y madre de mis hijos. Nada podrá compararse con esto”, dice. “Mi vida no puede continuar sin ella. Y también perdí a mi hija pequeña, una parte de mi corazón. La gente me dice que sus cuerpos se volatilizaron o que están enterrados bajo los escombros, pero aún tengo esperanza”.

Algunos de los desaparecidos, especialmente niños gravemente traumatizados o enfermos psicológicos, pueden seguir vivos, pero incapaces de encontrar a sus familiares tras haberse separado de ellos.

Laila Dogmush desapareció cuando salió a buscar a su hijo, que a su vez había ido en busca de las posesiones abandonadas por su numerosa familia cuando huyó de la ofensiva israelí –que dio comienzo el 7 de octubre, tras los ataques de Hamás contra Israel en los que murieron unas 1.200 personas, en su mayoría civiles–.

“Mi madre fingió que quería ir a rezar a una mezquita cercana, pero no volvió a aparecer”, dice Fidaa Dogmush, hijo de la mujer de 62 años. “Su estabilidad psíquica puede haberse visto afectada por los sucesivos eventos traumáticos que atravesó”.

La madre de Fadi Tambora vio por última vez a su hijo de 35 años cuando éste se fue de un refugio en el norte de Gaza para reunirse con su esposa embarazada, que había huido con su familia hacia el sur. En las varias semanas transcurridas desde entonces, no ha tenido noticias de él. “Mi hijo es sordo de nacimiento. Pidió dinero a su padre utilizando lenguaje de señas para reunirse con su esposa, pero ese mismo día hubo un ataque aéreo y todos nos dispersamos, y lo perdimos”, cuenta la madre de Tambora, que prefirió no revelar su nombre.

Desde entonces, Tambora ha sido visto una sola vez, en un hospital de Yabalia, y unos amigos encontraron algunas ropas y pertenencias suyas. Pero eso es todo. Su madre teme que las tropas israelíes hayan disparado a su hijo después de que él no respondiera a una advertencia que no pudo oír (los soldados llegaron a disparar a aquellos que huían del norte al sur de Gaza). “Nuestro único deseo es que vuelva a encontrarse con su bebé, que nació hace apenas dos meses”, dice la mujer.

Sin noticias de los detenidos

Para muchos, la posibilidad de que sus seres queridos hayan sido detenidos por las tropas israelíes trae consigo la esperanza de que estén vivos, pero también temor. “Creemos que unos 1.000 permanecen encarcelados sin cargos ni notificación a sus familiares, pero es muy difícil documentar lo que está ocurriendo. Lo único que sabemos es que estamos recibiendo muchas llamadas”, dice Tala Nasir, abogada de Adammeer, una ONG que supervisa el trato que reciben los palestinos detenidos en Israel.

Belal Al Masry, que dirigía una pequeña imprenta en su casa en la ciudad de Gaza, fue detenido por militares israelíes en el norte de Gaza en el primer mes de la guerra, según sus familiares. Desde entonces, los esfuerzos de su familia por obtener noticias de este hombre de 40 años a través de presos liberados han fracasado. “Algunos nos dijeron que seguía con los soldados, otros que estaba muerto. No sabemos a quién creer”, dice Nashaat Al Masry, hermano del desaparecido.

“Todos estamos preocupados y disgustados. La esposa y los hijos de Belal siguen en el norte y solos. Intentamos contactar con la Cruz Roja, pero no funcionó. Lo intentamos con la Media Luna Roja Palestina, con muchas ONG internacionales y locales, pero fue en vano”.

Para Hana Abu Jarad, de 32 años, la desaparición de su marido, Ibrahim, ha supuesto grandes penurias. Este agricultor de 37 años se quedó en el norte de Gaza al comienzo de la guerra para cuidar de su anciana madre y su hermana, mientras su esposa y sus cuatro hijos huían hacia el sur. Un mes después, las llamadas telefónicas de Ibrahim, casi diarias, cesaron de repente. Desde entonces ella no ha tenido noticias de su marido.

“Ahora cuido sola a mis cuatro hijos y es muy difícil conseguir comida cuando no tienes ingresos, teniendo en cuenta los altos precios. Cuando mi hija menor me pregunta por su padre, por cuándo va a volver a casa, me invento alguna excusa para encubrir su desaparición”, dice Abu Jared.

Un gran problema en Gaza son las comunicaciones. Los teléfonos perdidos no pueden reemplazarse y es imposible hallar una tarjeta SIM, lo que hace que mantenerse en contacto o localizar a los niños perdidos sea extremadamente difícil.

“Al principio del conflicto, miles de personas abandonaban sus hogares y caminaban hacia el sur. Si, por ejemplo, pierdes de vista a tu hijo o a un ser querido herido, volver a encontrarlos puede resultar increíblemente difícil”, dice Sarah Davies, portavoz del Comité Internacional de la Cruz Roja en Israel y los territorios palestinos ocupados.

“En todo el mundo, la gente nos dice que lo más doloroso de un conflicto no es el hambre o el peligro, sino separarse de tus familiares y no saber qué les ha ocurrido”.

Ibrahim Abu Mostafa, de 14 años, echa de menos a su padre Ahmed, de 37 años, que salió de un refugio en la ciudad de Jan Yunis para buscar agua, resultó herido y luego desapareció: “Echamos mucho de menos a papá. Pienso mucho en cómo se reía de nuestras bromas o se enfadaba cuando mis hermanos y yo nos peleábamos. Mi único deseo es que esté bien y que vuelva con nosotros”.

Texto traducido por Julián Cnochaert y actualizado por elDiario.es

Etiquetas
stats