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El líder checheno de la guerra de Putin que puede caer

El presidente ruso, Vladímir Putin, y el líder checheno, Ramzán Kadírov en el Kremlin, en 2017.

Emma Graham-Harrison / Vera Miranova

Kiev / Leópolis (Ucrania) —

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La invasión rusa en Ucrania es, ante todo, la guerra de Vladímir Putin, pero si hay un segundo hombre cuya reputación y cuyo nombre quedarán unidos a la devastación desatada por Moscú es el del líder checheno Ramzan Kadyrov.

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Sus combatientes formaron parte de la primera oleada de asalto al país y muchos de ellos murieron en los alrededores de la base aérea de Hostomel, entre ellos un comandante de peso.

Según los servicios internacionales de espionaje, también fueron escuadrones de élite chechenos los reclutados para el intento fallido de asesinar a líderes ucranianos clave durante las primeras 48 horas de la invasión.

Más recientemente, han aparecido hombres de Kadyrov entre las fuerzas que imponen el brutal asedio a la ciudad portuaria de Mariúpol, donde una maternidad ha sido objetivo militar y donde el sufrimiento de cientos de miles se ha convertido en símbolo del dolor ucraniano.

El propio líder checheno subió hace poco a las redes sociales un vídeo de lo que, según él, era una reunión de estrategia filmada en un sótano búnker de Ucrania, para amenazar a los residentes de Kiev con la perspectiva de una “visita personal”.

Los servicios de espionaje de Ucrania han dicho que probablemente el vídeo era una bravuconada sin sustancia grabado en la casa de Chechenia de Kadyrov. La información de los teléfonos y de Internet sugiere que el líder checheno nunca cruzó a Ucrania. Ni siquiera el portavoz de Putin, Dmitri Peskov, quiso respaldar la veracidad del vídeo. Dijo que el Kremlin no tenía “ningún dato” sobre un posible viaje a Ucrania.

Lealtad absoluta

Más allá de su veracidad, el vídeo es una propaganda eficaz que pone de manifiesto el entusiasmo y el vínculo de Kadyrov con esta guerra. El checheno parece interpretar la invasión de Ucrania como una oportunidad para hacer crecer su poder y notoriedad. Enviar a sus hombres es una manera de mostrarle lealtad a Putin, cuyo respaldo es la base de su autoridad.

“Hay muchos miles, quizás decenas de miles de chechenos que lo odian, que están resentidos con él, y hay muchas reyertas familiares latentes contra él y su familia, así que Kadyrov entiende que para sobrevivir necesita a Rusia y el apoyo de Vladímir Putin”, dice Emil Solomon Aslan, del Instituto de Estudios Políticos en la Charles University de Praga. “Por eso quiere mostrar una lealtad absoluta y demostrar su utilidad, que puede venir y hacer cosas muy llamativas”.

Son fuerzas un poco irregulares para el despliegue ruso. Entre los comandantes chechenos y el servicio de inteligencia ruso FSB hay rencillas constantes, incluyendo pequeñas descalificaciones públicas (en un vídeo difundido recientemente los combatientes chechenos se burlaban de un líder masculino del FSB utilizando la gramática del género femenino para referirse a él). Tampoco se han integrado bien al ejército regular: en los vídeos, las tropas chechenas siempre dicen estar bajo el mando de Kadyrov, no de la jerarquía militar rusa.

A diferencia de los rusos, los soldados chechenos llevan teléfonos móviles, publican en las redes y llaman guerra al conflicto, ignorando el mandato impuesto por el Kremlin de llamar “operación especial” a una guerra con miles de muertos.

El destacado papel que tienen a pesar de todo eso es un tributo al poder de Kadyrov y una muestra pública de la necesidad que tiene el ejército de una gran potencia como Rusia de su banda de combatientes chechenos.

Tal vez para aprovechar ese protagonismo, Kadyrov ha abierto este mes un canal de Telegram en árabe, una jugada ambiciosa para el líder de una pequeña región rusa donde no se habla árabe. Ha intentado presentar la movilización como una decisión respaldada por toda la sociedad chechena, donde se ha ordenado a los maestros de escuela redactar listas de personas con espacio en casa para “albergar a refugiados” y se asegura que algunos empleados del Gobierno renunciarán a un mes de salario porque lo “donarán a la guerra”.

Miedo y violencia

Para Putin, el líder checheno significa contar con combatientes experimentados que ya están destrozando varias ciudades ucranianas y que han perfeccionado sus artes de combate en la pelea callejera y en feroces guerras de desgaste contra la insurgencia. La reputación de brutalidad que los acompaña es un arma en sí misma.

Según Aleksandre Kvajadze, que investiga sobre el norte del Caúcaso en la Fundación de Georgia de Estudios Internacionales y Estratégicos, “Kadyrov tiene una larga experiencia en las llamadas 'operaciones de limpieza' [contra civiles], y sus combatientes pueden ser utilizados como herramienta psicológica contra los ciudadanos ucranianos”. 

“La amenaza implícita está ahí, si no se rinden, pueden correr la misma suerte que otras ciudades pacíficas de Georgia y Chechenia”, dice Kvajadze. “Además, los más mayores entre los combatientes chechenos llegaron a participar en la defensa de Grozni, cuando luchaban contra Rusia, así que los comandantes rusos creen por eso que sus fuerzas [de Kadyrov] tienen habilidades que en Ucrania podrían resultar útiles, especialmente durante luchas como el asedio a Mariúpol”.

Con la economía rusa derrumbándose por las sanciones y Putin adentrándose en la autocracia, Kadyrov también puede servirle de inspiración como modelo de dictadura. El líder checheno emplea el miedo y la violencia para dirigir su región como un feudo personal.

Tradicionalmente, Kadyrov ha ofrecido al Kremlin una especie de red alternativa de fuerzas del orden que recopila información y elimina a enemigos demasiado tóxicos o demasiado polémicos para un servicio de espionaje tradicional. 

Tal vez lo más destacado sea el asesinato en 2015 del conocido opositor ruso Boris Nemtsov. Aunque el crimen nunca se vinculó directamente a Kadyrov, cinco chechenos fueron hallados culpables.

Ahora que el Kremlin busca chivos expiatorios para los fracasos en Ucrania (el responsable de Ucrania en el FSB está supuestamente bajo arresto domiciliario), la función de los chechenos como ejecutores y recopiladores de información puede resultar aún más útil, sobre todo por la histórica enemistad entre los dos campos.

Reclutar jóvenes con dinero

En los primeros días de combate, cuando entre sus numerosas bajas se incluyó a un alto comandante, muchos chechenos sintieron que los habían enviado como carne de cañón a una guerra mal planificada. Ahora parecen más centrados en una guerra mediática, con el objetivo de captar reclutas y reforzar a su líder.

En su país, Kadyrov ha estado tratando de encontrar “voluntarios”. En los mensajes de texto que un reclutador envió a un joven candidato, se ofrecía una prima de inscripción de unos 2.080 euros y una paga mensual de unos 905 euros, además de un extra por operaciones exitosas.

Para pedir que se apunten los jóvenes se han puesto en contacto con varios grupos, entre ellos entrenadores de artes marciales, pero aparentemente la mayoría de los jóvenes chechenos sabe lo letal que se ha vuelto la guerra y no responde afirmativamente.

Según Kvakhadze, “las imágenes y los metadatos demuestran que la mayoría de las fuerzas [chechenas] están al menos a 20 kilómetros de la línea del frente, lo único que hacen es grabar vídeos para motivar a la gente dentro de Chechenia y hacer publicidad de Kadyrov como guerrero y de sus fuerzas”.

“Se esfuerzan mucho por movilizar a 'voluntarios' con una recompensa económica muy generosa por participar pero, por Telegram y por las filtraciones, la impresión es que no está teniendo éxito”, dice Kvajadze.

Objetivos personales

Kadyrov también tiene otro motivo para luchar: al menos dos brigadas formadas por miembros de una diáspora chechena que lo detesta y querría verlo derrocado están alineadas con las fuerzas ucranianas. 

Necesita mostrar poder ante sus enemigos en el país y en el extranjero, pero a la vez tiene que mantener intactas sus fuerzas para que sigan apuntalando a su brutal Gobierno. Como dice Aslan, “parece que a Kadyrov le ha sorprendido el alcance de la resistencia ucraniana y que han muerto docenas, si no cientos, de los suyos. Tiene a mucha gente, a unos 12.000, pero necesita a esos combatientes para mantenerse en el poder”.

“Si sufren un daño demasiado grave en Ucrania, podría ser contraproducente para Kadyrov; eso podría explicar algunos de los rumores de retroceso en algunas de sus fuerzas”, dice. “Quiere mostrarse como un líder duro de combatientes duros y dispuestos a sacrificarse. Pero no estoy seguro de que sus hombres estén dispuestos a sacrificar sus vidas”.

Traducción de Francisco de Zárate

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