La portada de mañana
Acceder
Rajoy niega la guerra sucia de su Gobierno con numerosos olvidos
“Ventajas” por denunciar: las expertas desmontan los bulos del juez del exDAO
Opinión - 'No le toquéis las palmas a Moreno Bonilla', por Isaac Rosa

Uruguay recuperó hace 20 años una inmensa estatua de un águila nazi del fondo de un río y ahora no sabe qué hacer

Tiago Rogero

Montevideo —
23 de abril de 2026 21:47 h

0

Uruguay lleva 20 años pendiente de decidir qué hace con una enorme escultura de bronce de un águila que sostiene una esvástica entre sus garras, recuperada en 2006 tras pasar casi 70 años en el fondo del estuario del Río de la Plata, frente a la costa de Uruguay.

Tras su hallazgo fue exhibida brevemente en Montevideo, la capital uruguaya, hasta que el Gobierno recapacitó y consideró que no era pertinente otorgar tal visibilidad a un símbolo nazi. Finalmente, decidió retirarla y custodiarla en una base militar.

A medida que se acerca el vigésimo aniversario del suceso, Uruguay sigue sin saber qué hacer con esta ave rapaz de media tonelada que en su día adornó un acorazado alemán hundido al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

El expresidente Luis Lacalle Pou propuso en 2023 fundir la escultura y transformarla en una paloma de la paz. Otros han defendido su traslado a un museo, mientras que la política Teresa Marzano, del departamento de Maldonado, hace campaña para que se exhiba en el paseo marítimo de la ciudad turística de Punta del Este.

“Ha permanecido guardada en una caja”, lamentó Marzano. Militante del Partido Colorado, se presentó sin éxito a la gobernación de la provincia de Maldonado el año pasado.

Su propuesta pasa por situar el águila en lo alto de una estructura que evoca la popa de un barco, rodeada por un foso y con una plataforma de observación con capacidad para un centenar de visitantes. Según esta propuesta, un vídeo de presentación mostraría una recreación en 3D acompañada de una desconcertante versión instrumental de “What a Wonderful World” (Qué mundo tan maravilloso).

Marzano ha señalado que su proyecto “convertiría al águila en una suerte de icono turístico”. Su propuesta ha suscitado críticas entre quienes consideran que existen otras formas de abordar una cuestión tan sensible.

La escultura —de más de 1,8 metros de altura y casi tres metros de ancho de punta a punta de las alas— estuvo originalmente instalada en la popa del Admiral Graf Spee, un buque de guerra alemán de tamaño medio, conocido como “acorazado de bolsillo”, de 186 metros de eslora —un término usado para describir barcos de guerra alemanes que, aunque más pequeños que los grandes acorazados, estaban fuertemente armados— que zarpó hacia el Atlántico Sur pocos días antes de la invasión de Polonia en 1939.

Varios cruceros británicos y neozelandeses infligieron graves daños al buque en diciembre de ese año. El buque logró entrar a duras penas en el puerto de Montevideo, la capital de Uruguay. Días después, su capitán evacuó a los cerca de 1.000 tripulantes, hizo detonar explosivos y hundió el Graf Spee.

Mensun Bound, arqueólogo marino británico nacido en las Islas Malvinas y criado en Montevideo, había escuchado desde niño relatos sobre la Batalla del Río de la Plata. A principios de los 2000, empezó a buscar el pecio junto al buzo Héctor Bado.

“Bucear en el Río de la Plata es bastante peligroso: las corrientes son extremadamente violentas entre mareas, y la visibilidad es probablemente la peor que he visto nunca. Es como nadar en lodo líquido”, explicó Bound, que en esa época trabajaba para la Universidad de Oxford.

Encontraron el Graf Spee en 2004 y sacaron a la superficie un cañón y un telémetro que ahora se exhiben en Montevideo.

Meses más tarde descubrieron el águila completamente cubierta de lodo. “Lo comunicamos de inmediato al Gobierno, que nos ordenó recuperarlo”, explica Bound. El equipo tuvo que excavar alrededor de la popa y desatornillar unos 150 pernos pesados e incrustados.

“Sabíamos de la existencia de la esvástica, pero no estábamos del todo preparados mentalmente para ello”, reconoce Bound al recordar el momento en que el símbolo nazi emergió de las profundidades. “Todo el mundo se detuvo porque, de repente, estábamos contemplando el corazón mismo de las tinieblas”, explica.

Al principio, la escultura se expuso en el vestíbulo de un hotel de Montevideo y atrajo a miles de visitantes. Se registraron casos de personas que hacían el saludo nazi o escupían a la escultura y, tras unas semanas, el Gobierno intervino. El águila quedó bajo custodia militar en la fortaleza del Cerro, donde permanece hasta hoy.

“El Gobierno no quería que se convirtiera en un lugar de peregrinación ni correr el riesgo de que cayera en manos de neonazis”, afirma el investigador Daniel Acosta y Lara, que también formó parte de la expedición.

Sabíamos de la existencia de la esvástica, pero no estábamos del todo preparados mentalmente para ello [...] Estábamos contemplando el corazón mismo de las tinieblas

Sin embargo, aunque ya no se exhibe al público, el águila nunca ha desaparecido del todo del foco público. Con el tiempo, se convirtió en el centro de una prolongada disputa legal entre el Gobierno uruguayo y Alfredo Etchegaray, empresario que financió gran parte de la expedición y que ha reclamado al Estado cerca de 22 millones de euros en concepto de indemnización.

Y en 2023, el entonces presidente, Luis Lacalle Pou, anunció que la escultura sería fundida y reutilizada, aunque dio marcha atrás pocos días después ante la indignación pública.

“Cuando se planteó la posibilidad de destruirla, fui el primero en calificarla de locura”, afirma Acosta y Lara, quien defiende que el águila debería exhibirse en un museo. Una pieza similar, retirada de un edificio en Berlín, se expone en el Imperial War Museum de Londres.

El investigador se muestra igualmente crítico con la propuesta de Marzano de exhibirla en Punta del Este. “Allí no encaja”, subraya y recuerda que ni la batalla ni el hundimiento tuvieron lugar en el lugar, a más de 130 kilómetros de Montevideo. “Es más, imagínese que a los turistas que llegan a la bahía de Maldonado los recibe ese símbolo”, exclama.

La estructura prevista por Marzano se construiría en la Isla Gorriti, a 1,9 km de la costa, cerca de donde fondean los cruceros.

Presentó el proyecto al Gobierno en diciembre de 2024 y afirmó que le habían dicho que se estaba tramitando internamente, aunque no ha habido ninguna respuesta oficial. El Gobierno no ha respondido a las solicitudes de comentarios para este reportaje.

Marzano descarta que la estructura vaya a convertirse en un lugar de “peregrinación” para neonazis y la plantea, en cambio, como una oportunidad para promover la educación y, al mismo tiempo, dinamizar el turismo: “Nuestro país es profundamente republicano y democrático y respeta todas las religiones… Debemos asegurarnos de que las generaciones futuras comprendan lo que ocurrió”.

Fabian Schamis, director ejecutivo de la Comunidad Judía de Punta del Este, no quiso entrar en detalles sobre el proyecto porque no se les había “presentado formalmente”.

No obstante, subrayó que los “lugares adecuados” para su exposición “serían un museo o cualquier espacio que ofrezca un contexto histórico claro que permita una correcta comprensión [de su significado]… De lo contrario, no debería exhibirse bajo ninguna circunstancia”.

Traducción de Emma Reverter