Las tierras raras de América Latina, el codiciado recurso que persigue Trump en su disputa con China
En plena era de la nueva doctrina Monroe 2.0, que anunció Donald Trump en la presentación de su Estrategia de Defensa Nacional, en los últimos meses varios países latinoamericanos han suscrito acuerdos con Washington relacionados con las llamadas tierras raras, como se conoce a 17 elementos químicos indispensables para la transición energética y para la industria de defensa de alta tecnología. La necesidad de avanzar hacia la descarbonización y un agitado panorama bélico global que requiere de avanzados sistemas de armamento han convertido a América Latina en un nuevo foco de interés geoestratégico para Estados Unidos en su disputa con China por la hegemonía mundial.
“Hay una política abierta de EEUU de apropiación de los minerales (petroleros y no petroleros) de Latinoamérica que se enmarca en otra política más general de expansión territorial moderna, traducida en el interés por anexionar Venezuela, Cuba, Groenlandia y cualquier otro país que se proponga”, dice a elDiario.es Erik Aarón Jiménez, economista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
EEUU ha destinado más de 1.000 millones de dólares en inversiones de minerales críticos en Latinoamérica desde enero de 2025, recogen varios medios especializados. “Este recurso ha elevado el valor geopolítico de la región y la deja sujeta a mayores presiones geopolíticas”, señala a elDiario.es Dorotea López, académica de la Universidad de Chile. La demanda mundial de tierras raras puede llegar a duplicarse para 2040, según proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en un escenario de cero emisiones netas en 2050.
China posee, por lejos, las mayores reservas del mundo, con depósitos por 44 millones de toneladas, seguida con distancia por Brasil, con 21 millones, Australia (6,3 millones), Rusia (3,8 millones), Vietnam (3,5 millones) y Estados Unidos (1,9 millones), según un informe de 2025 publicado por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés).
El gigante asiático, además, controla alrededor del 70% de la extracción y producción mundial –seguido de Australia (11%) y Estados Unidos (8%)–, lo que le brinda una fuerte influencia geopolítica sobre precios y suministros. Por el contrario, la industria minera y de refinación de tierras raras latinoamericana está poco desarrollada, a pesar de contar con reservas propias y en buen estado.
Acuerdos y memorándums
Estudios geológicos recientes confirman que varios países de la región, especialmente Brasil, pero también Chile y Argentina, poseen yacimientos importantes que, “si lo desean, están en condiciones de explotar”, dice a elDiario.es el geólogo José Cabello, miembro del Centro de Estudios de Minerales Estratégicos y Críticos (CEMEC) de Chile.
En marzo, Ronaldo Caiado, gobernador del estado de Goiás, al centro-oeste de Brasil, firmó –sin contar con el presidente Lula– un polémico memorándum de entendimiento con la Administración Trump para apoyar la exploración y producción de tierras raras, abundantes en esa región.
Si la región no desarrolla una cadena de valor vinculada con estos recursos, la estrategia es puramente extractivista y su papel se limita a ser un proveedor de materias primas
Antes, Perú y Chile, con el ultraderechista José Antonio Kast, también suscribieron acuerdos de cooperación con EEUU en minerales críticos y tierras raras; y la Argentina del ultra Javier Milei y Bolivia, de la mano del derechista Rodrigo Paz, pactaron una asociación estratégica para minerales críticos.
Por ahora, son acuerdos de entendimiento que comprometen la “colaboración mutua”, pero no crean obligaciones jurídicamente vinculantes para la exportación de los materiales extraídos. “Los acuerdos en el papel pueden mantener contento a Trump, pero en términos efectivos no significan nada”, dice Jiménez, autor del estudio Las tierras raras de América Latina: entre el extractivismo y la transición energética dependiente. Para Dorotea López, “aún no es muy evidente lo que contienen ni lo que significan (los documentos firmados)” y, más que nada, se trata de “movimientos que buscan balances externos (por ambas partes), ya sea geopolíticos, de búsqueda de inversión o para diversificar socios”.
Desarrollar una cadena de valor
El principal desafío productivo y económico de las tierras raras no es su extracción, sino la cadena productiva –separación, refinación y procesamiento–, que requiere procesos costosos, contaminantes y complejos a nivel técnico. El dominio de China se basa en su capacidad para producir el recurso a bajo costo y a gran escala, mientras que a América Latina le falta infraestructura de refinación y leyes que la regulen. Su producción contamina los ecosistemas y requiere grandes volúmenes de agua. Los residuos ácidos generados durante el procesamiento pueden contaminar aguas subterráneas o superficiales y poner en riesgo la salud de animales en una región donde las regulaciones ambientales arrastran deudas pendientes.
El presidente Lula ha dicho en repetidas ocasiones que Brasil no debe limitarse a ser un mero exportador de materias primas en el sector de las tierras raras, y ha subrayado la necesidad de desarrollar la capacidad de procesamiento nacional. También Argentina y Chile están tratando de reposicionarse como actores industriales.
“Si la región no desarrolla una cadena de valor vinculada con estos recursos, la estrategia es puramente extractivista y su papel se limita a ser un proveedor de materias primas”, apunta Jiménez. Además, según él, la región estaría “condicionada, como lo está ahora”, a ser un “precio aceptante” y sometida a los vaivenes de los precios internacionales.
Mariano Aguirre, investigador del think tank Cidob, con sede en Barcelona, señala a ElDiario.es que ampliar el valor del recurso más allá de la extracción obliga a las naciones latinoamericanas a negociar con los inversores extranjeros para que el país productor obtenga beneficios suficientes para invertir en infraestructura y generar recursos para la población local. “En la medida que los países del sur puedan llevar a cabo planes de este tipo, tendrán más posibilidades de influir en los precios de las materias primas, tradicionalmente controlados por los compradores del norte”, apunta. Estados Unidos y China, añade, “competirán no solo por el acceso a los recursos, sino también por ayudar a estos países a poner en marcha sus proyectos a cambio de controlarlos”. Para Jiménez, “la única forma de tener control sobre las canteras latinoamericanas es negociando, pero Brasil no es Venezuela y cuenta con el respaldo de los BRICS”.
Según Caballero, aunque EEUU tuviera varios yacimientos en la región (está adquiriendo un proyecto en Brasil) y tuviese “una cierta ventaja, China seguiría como líder mundial” del sector.
Los expertos coinciden en que Washington ha quedado rezagado en la carrera por las tierras raras porque ninguna de sus administraciones anteriores, con independencia del color político, precisa Jiménez, “nunca se interesó por la transición energética y la minería relacionada con ella”. Sin embargo, concluye Aguirre, “a los barones de Silicon Valley sí les importa y preocupa mucho esta competencia con el gigante asiático” porque, aunque esté en la delantera, Latinoamérica quiere asegurarse “el acceso en primer lugar”.