Logroño volvió a tocar el cielo desde Murrieta
Algunos esperaron dieciséis años para volver a sentirlo. Y otros, nunca lo habían vivido. España conquistó este domingo su segunda Copa del Mundo y regaló a toda una nueva generación la oportunidad de celebrar un título que hasta ahora solo conocía por las imágenes de 2010. En Logroño, la noche terminó como empiezan los grandes recuerdos: con miles de personas abrazándose bajo una misma bandera.
La Selección no fueron solo los once jugadores que se dejaron el alma sobre el campo, sino también los millones de españoles que, desde casas, bares, plazas y pantallas gigantes, vivieron cada minuto con el corazón en la mano compartiendo un mismo deseo: bordar una segunda estrella sobre el escudo.
En Logroño, la final se jugó en las calles. Desde mucho antes del pitido inicial, el centro de la ciudad se tiñó de rojo con camisetas de España, banderas en las cinturas, pelucas de Cucurella, caras pintadas con los colores de la selección y bocinas que no dejaron de sonar dibujando un ambiente que hacía presagiar una noche especial.
El árbitro pito el final del partido y la celebración estalló al intacto. La Fuente Murrieta volvió a convertirse en el corazón de la fiesta logroñesa que con bengalas, petardos y fuegos artificiales iluminaron el cielo mientras cientos de banderas se agitaban al ritmo de cánticos que hacían saltar y abrazarse a desconocidos. La música no tardó en hacerse protagonista. El DJ instalado allí puso banda sonora a una celebración que no dejaba de crecer, y que con cada canción atraía a más gente.
Dieciséis años después, España vuelve a levantar la Copa del Mundo. Para muchos fue revivir la emoción de 2010, pero para otros fue la primera vez que vieron a su selección tocar el cielo. En Logroño, la victoria fue mucho más que un resultado, fue una de esas noches que recuerdan que el fútbol, a veces, tiene la capacidad de detener el tiempo y hacer que un país entero celebre como si todos se conocieran de toda la vida.
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