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Literatura del duelo (I): qué hago yo con tu dolor

Porque después de la muerte no se entiende nada, se acaba recurriendo a la literatura. No es necesario indagar entonces en los motivos por los cuales un escritor deja testimonio de la pérdida de su padre o de su madre, de su pareja o de su hijo; si pudiera -si le asistiera la escritura- cualquier persona lo haría. El duelo justifica muchas terapias, muchas extracciones y cirugías de urgencia, y escribir seguramente es la forma más profunda de hundir un cuchillo.

Sin embargo, sí vamos a preguntarnos aquí por qué un autor publica su panegírico, su elogio fúnebre, y por qué ese autor cree que otras personas van a leerlo o deben siquiera mostrar interés en su desgracia. ¿Qué se supone que debe hacer un lector con el dolor de un escritor?

Los libros del duelo, los libros íntimos hasta resultar irreducibles a la calificación de artefacto literario, donde tocamos al hombre y recibimos esa información sentimental propia de los momentos cruciales de una vida, se avienen mal con la reseña, con los adjetivos de la reseña, con la contudencia de un juicio que, en ese caso, ya no parece tan importante realizar con frialdad. Al crítico le puede la solidaridad, la humanidad, esa evidencia de que la muerte hace ridículo todo lance, mayormente ese lance minoritario que es la literatura. Así, la recepción profesional de una novela sobre la aflicción auténtica de una persona suele guiarse por la condescendencia y ser, sin ambages, positiva.

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Ríete tú de Sidney Poitier

No Soy Sidney Poitier es la segunda novela de Everett que publica en España Blackie Books. No es mejor que X, pero sí más divertida y legible y delirante. X combinaba un discurso teórico sobre literatura con el relato durísimo de la vida en un barrio negro, y ambas narraciones se hacían desde un punto de vista paródico: a mí me gustó más la parodia de la vida de los negros de clase baja porque la parodia del estructuralismo, postestructuralismo y demás le parece a uno que muchas veces ya viene metida en su propia formulación.

No Soy Sidney Poitier se escribe todo con mayúsculas porque no se trata de una afirmación -o de una negación, que ahora mismo no me aclaro- sino del nombre completo del protagonista. Esto ya da la pauta, en la primera página, de lo disparatada y original que es la peripecia de nuestro héroe. Llamarse No Soy, y no digamos No Soy Sidney Poitier, da -como aquel Nadie de La Odisea- para confusiones divertidísimas, y Everett las aprovecha y dosifica a lo largo de toda la historia.

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La novela más encantadora de los últimos tiempos

Esto es América, amigos: publicas tu primera novela y, de inmediato, se traduce a más de diez idiomas y John Ashbery y Paul Auster la elogian, y Jonathan Franzen también la elogia, y tienes 1.500 reseñas en goodreads y todo ello poniendo en el título de la novela dos palabras que nunca se le ocurriría poner a un escritor español: un gerundio y "Atocha".

En España, a veces una novela, primera novela, salta al mercado internacional con todo y varias ediciones; pero lo que nunca verán es a tres escritores consagrados apoyando la nueva novela de un escritor joven. En concreto, nuestro escritor más internacional, Javier Marías, no ha dicho nunca nada bueno de ninguna novela debutante en los últimos cuarenta años. El único que se arriesga a hacer feliz a un escritor primerizo es Enrique Vila-Matas. La tradición literaria española es muy clara en este sentido: que cada cual se las apañe como pueda.

Saliendo de la estación de Atocha toma prestado su título de un poema de John Ashbery que, al cabo, resulta milagrosamente significativo. Ben Lerner, poeta antes que novelista, idolatra a Ashbery y, tras escribir un libro sobre su estancia en Madrid, no es extraño que recurriera a uno de sus poemas para titularlo. Seguramente ya había decidido el título antes de escribir la novela e incluso antes de saber que iba a escribir una novela. Sin embargo, el Madrid de Lerner es el Madrid del año 2004, por lo que "Atocha", según avanzamos en la lectura de la novela, va tomando un peso poético, histórico y testimonial que multiplica su sentido, zarandeándolo desde la referencia literaria culta hasta el epicentro emocional de la capital de España en el año en que se sitúa el relato.Las casualidades siempre se ponen de parte del talento.

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Dolorosas imprentas locales II

Ser escritor, decíamos.

Resulta llamativo escuchar con frecuencia determinado argumento cuando desde la labor literaria se emiten quejas y lloriqueos: ¿no os gusta escribir, no os da placer; pues qué más queréis? Mi intuición me dice que quien así interpela a los escritores llorones no escribe, o que lo hizo hace mucho tiempo, un poema a la novia, quizá.

Escribir, escribir una novela -por hablar de cosas serias-, tiene tanto que ver con el placer como subir una montaña o correr la maratón: el placer viene luego, amigos; entremedias lo que hay es trabajo.

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Dolorosas imprentas locales I

Hablemos del dolor.

Si uno escribe y no le sale nada, sufre; si lo que le sale no se lo publican, sufre; si se lo publica una editorial de pronvincias, sufre; si se lo publica una pequeña editorial nacional, sufre; si se lo publica una editorial conocida... también sufre: ¿y si no me vuelven a publicar?, ¿y Babelia?, ¿y mi traducción al francés?; si le vuelven a publicar y sale en Babelia y en francés, sigue sufriendo: ¿y mi traduccion al inglés?, ¿y mi premio Nacional?, ¿y mis cuarenta ediciones?; si consigue ser volcado al inglés y obtiene el premio Nacional y le tiran cuarenta y cuatro ediciones, aún así y con todo continúa sufriendo: ¿y mi premio Nobel?

Escribir no es fácil, publicar no es fácil, ser escritor va más allá: resulta imposible.

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Lunes por la mañana

"El que fue rebelde una vez, lo será siempre. No se puede evitar. Nadie puede negarlo. Y es mejor ser un rebelde, más que nada para demostrarle a la gente que no merece la pena intentar jugártela. Las fábricas, las oficinas de empleo y las aseguradoras nos mantienen vivitos y coleando –eso dicen-, pero son trampas que te acaban tragando como arenas movedizas si no vas con cuidado. Las fábricas te hacen sudar la gota gorda, en las oficinas de empleo te matan con sus soporíferas charlas y las aseguradoras y las delegaciones de Hacienda te ordeñan el dinero de tus pagas y si te descuidas te roban hasta las pestañas. Ay, por Dios, qué vida más dura si no te rindes, si no evitas que ese gobierno cabrón te revuelque la cara en el estiércol, aunque no puedes hacer gran cosa para impedirlo, salvo volarle los morros con dinamita a esos cuatro-ojos.


Te arengan subidos a cajas de detergente: Vótenme a mí, por esto y por lo otro, pero al final da igual a quien votes porque el gobierno seguirá poniéndote sellos por toda la jeta hasta que no puedas ver ni a tres palmos. Y lo que es más: te obliga a que seas tú mismo quien les compre los sellos. Te tienen agarrado por los huevos, por la columna y por la calavera. Quizá hasta piensen que vas a acudir como un perrillo a sus pies cuando te den un silbido.

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Cuentistas españoles Footbal Team



Seleccionador: Juan Carlos Márquez (1967)

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Generacion latinoamericana de los 70 Football Team


Seleccionador: Federico Guzmán Rubio (México, 1977)


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Generación española de los 70 Football Team

Seleccionador: Alberto Olmos (1975)

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Generación española de los 60 Football Team


Seleccionador: Luisgé Martín (1962)

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