EL BOLETÍN DE SOMOS MADRID

Carrera Almeida vs Sánchez en la A-5 con el casco de obra puesto

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Hay una carrera en el eje de la carretera de Extremadura a su llegada a Madrid. La disputan el Ayuntamiento de la capital y el Gobierno central, buscando convencer a los ciudadanos de que cada uno está haciendo lo mejor posible en lo suyo para beneficiar a los madrileños. La prueba se lleva a cabo con el casco de obra en la cabeza y la maquinaria a todo trapo, para demostrarlo. Y hay hasta zancadillas entre los protagonistas.

Los dos proyectos llevan años de preparación, pero ahora se han acelerado, como está pasando con todas las cosas en todo el mundo. El del Ayuntamiento supone soterrar la A-5 en sus tres últimos kilómetros de entrada a Madrid, la obra más grande (y más cara) de los últimos 20 años en la capital. Un presupuesto de 400 millones de euros para imitar la operación que se hizo en Madrid Río, metiendo bajo tierra una carretera ruidosa y creando un parque por encima con carriles bici.

Estuve allí hace unos días y los trabajos van a toda velocidad. El túnel ya ha sido excavado al 65% y para finales de año aseguran que los coches podrán atravesarlo. Además me contaron una cosa curiosa sobre la técnica con la que están acelerando los plazos: la manta zamorana. Cosas de ingenieros.

El Ministerio de Vivienda, por su parte, ha desplegado sus máquinas casi al lado de la obra municipal. Está echando abajo varias decenas de edificios para levantar allí la Operación Campamento, una enorme promoción de pisos -a precios limitados- donde podrían caber todos los habitantes de Soria. Se construirán tantas casas (10.700) que de golpe igualará el número de todas las que tiene actualmente la Empresa Municipal de Vivienda de Madrid.

Decía antes lo de las zancadillas porque el equipo de Almeida lleva desde principios de año bromeando con que allí no está nadie trabajando, así que el Gobierno de España nos dejó entrar a varios periodistas para que comprobáramos que no era cierto. Lo contaba en este otro artículo, donde también reflejaba que se han acortado los plazos y ahora la pelota está en el tejado del Ayuntamiento, que tiene que autorizar que se empiecen a construir allí las calles, su felicidad será aún mayor.

La meta de ambas obras son las elecciones del año 2027, cuando los votantes tendremos que valorar quién está llegando mejor al final del trayecto. Almeida lo hará con el túnel en funcionamiento y probablemente algún tramo de parque acabado, aunque la mayoría de la superficie estará por urbanizar. Pero los conductores estarán contentos porque podrán llegar más rápido al centro de Madrid de lo que lo hacen ahora. Y los vecinos habrán visto desaparecer una autopista urbana junto a sus casas.

El Gobierno de Pedro Sánchez lo va a tener más complicado, porque para cuando lleguen sus elecciones -a mediados de 2027, como muy tarde- las grúas todavía estarán levantando los pisos de alquiler protegido y los madrileños que pagan sus rentas en otras propiedades solo los podrán mirar con anhelo. Mientras, tendrán que seguir pagando cada mes una cantidad indecente por la casa en la que viven.

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