Tres días afirmando el derecho a la interrupción del embarazo: crónica de una victoria feminista en Tetuán

Activistas de Feminismos Tetuán con una pancarta frente a la clínica Dator

“Estamos contentas, ha sido cansado pasar tres días aquí, pero nos vamos con buen sabor de boca: es la primera vez en muchos años que los grupos antielección no consiguen sentarse en la puerta de la clínica un 28 de diciembre (día de los Santos Inocentes en la tradición cristiana) o molestar a las mujeres que entran”. Esta frase, con leves variaciones, fue pronunciada el lunes, al final de la tarde, por diferentes feministas.

Durante tres días, las mujeres de Feminismos Tetuán han estado frente a la clínica Dator, en la calle Hermano Gárate, que fue la primera en practicar interrupciones voluntarias del embarazo allá por 1986 y se ha convertido en objetivo de los llamados grupos antielección (y autodenominados provida). Cada semana, las mujeres que acuden a la clínica se encuentran en la puerta con grupos fundamentalistas rezando el Rosario y hostigándolas. Este lunes era para ellos un día señalado en el calendario y, por eso, era también el día más importante de la campaña de concentraciones feministas articulada para evitar su presencia.

La mañana en Madrid había amanecido fría. Uno de esos cielos azul de invierno castellano auguraban una jornada larga y dura, como ya lo habían sido los dos días anteriores. Algunos charcos asomaban la lluvia caída por la noche y suponían un cierto acicate para el ánimo de las feministas. Al menos no se mojarían.

Feminismos Tetuán había convocado a las nueve de la mañana y algunos grupos antielección habían hecho lo propio en redes sociales. Unas y otros llegaron antes de la hora señalada. La jugada estratégica de las feministas este año ha sido comunicar a Delegación de Gobierno una concentración entre los días 26 y 29, en las cuatro esquinas que rodean la clínica en el cruce de las calles Pensamiento y Hermano Gárate. En el argot de las movilizaciones: este año la concentración de las feministas estaba “legalizada”, mientras que la de los antiabortistas no.

No obstante, el grupo antielección no cejó en su empeño por manifestarse a las puertas de la clínica durante la primera hora. Una decena –todos chicos de corta edad, quizá alguno menor– corrió de esquina a esquina con pancartas, tratando de ocupar el espacio. Tras de ellos, había tres o cuatro adultos, que parecían llevar la voz cantante, entre los que se encontraba Jesús Poveda, fundador del Grupo Provida de Madrid. Todos los años, Poveda se sienta en la puerta de la clínica y provoca su detención pero este año, a pesar de haber merodeado por allí, no llegó a hacerlo.

Las feministas, más numerosas y diversas en su composición, tapaban a los chicos y exigían ocupar el espacio donde habían comunicado su concentración. La policía municipal primero permaneció en su coche y, después, se limitó a exigir que no se ocupara la calzada. Poco a poco, la superioridad numérica de las feministas hizo que el grupo antiabortista fuera retirándose, renunciando a su tradicional sentada en la puerta de la Dator.

Pero el día se presentaba largo y las mujeres de Feminismos Tetuán sabían que a las cinco de la tarde estaba convocada de nuevo la presencia de los antiabortistas. Tecleo de mensajes en Whatsupp y en redes sociales: se necesitaba más gente.

A mediodía, cuando menos mujeres quedaban en el lugar, seguramente cundió algo de inquietud. En la retina, algunas situaciones desagradables los dos días anteriores. El domingo un grupo de jóvenes, ataviados con batas de sanitario, vertieron pintura roja y miembros de muñecos sobre el paso de cebra. “Los chicos tiraron la pintura y a las chicas les tocó limpiarla con lejía”, relataba una de las activistas.

Pero el día transcurrió relativamente tranquilo hasta la cita de las cinco. Unas chicas se presentaron a rezar el Rosario, pero apenas duraron unos momentos. A esa hora había unas cincuenta feministas acompañando a las tetuaneras, procedentes de diferentes asambleas feministas. Calle arriba, un grupo pequeño titubeaba con repetir la performance de las batas y la pintura, pero la policía municipal no parecía dispuesta a que se la volvieran a colar como el día anterior y, tras hablar con las jóvenes un rato, estas se retiraron.

Un coche pasó un par de veces con una música poco reconocible en alto pero…se había acabado, ya todo eran cánticos festivos. Si por la mañana se gritaba fuerte sobre derechos, llegada la noche pillaron la conferencia episcopal, los cayetanos y el resto de enemigos sociológicos de la jornada feminista.

“Volverán otros días, harán pintadas —como otras veces— pero al menos hoy no han podido. La gente está tan acostumbrada a que paren por aquí que pasaban y no leían las pancartas, daban por hecho que éramos antielección, ¡hasta una vecina nos increpó pensándolo! Creo que hemos empezado a visibilizar en el barrio un mensaje de apoyo a las mujeres que deciden interrumpir su embarazo”, contaba una de las militantes feministas, con las cuerdas vocales fatigadas pero visiblemente contenta.

Y, al final del día... una fraternal foto sorora de grupo.

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