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Micromachismos: cuando lo micro no es poco importante

No son micro por pequeños o poco importantes, sino por cotidianos, por normalizados y naturalizados, por muchas veces justificados y legitimados

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Machismo juvenil, el enemigo silencioso

Cartel contra el machismo. / Efe

Varias personas nos han escrito a través del correo electrónico o de nuestra cuenta de Twitter para decirnos que algunas de las situaciones que denunciamos tanto en nuestro post de presentación como en el de una lectora que contaba su experiencia de acoso no son micromachismos, sino agresiones sexuales puras y duras. Algunas personas se preguntaban, incluso, si darles ese término no era una forma de restarles importancia. Por ejemplo:
Los micromachismos no son micro por pequeños o poco importantes, sino por cotidianos, por normalizados y naturalizados, por muchas veces justificados y legitimados. Las agresiones sexuales que sufrimos las mujeres son de muchos tipos y diría que muchas de ellas son micromachismos.
Isabel contaba cómo dos chicos la abordaron cuando volvía a casa de noche después de una fiesta. ¿Cuál fue la reacción de la gente que en ese momento estaba en la calle?
Callar, mirar para otro lado. De hecho, la indignación de Isabel era contra los agresores, pero también contra las personas que en lugar de reprender a los chicos se limitaron a contemplar la escena y mirar hacia otro lado. Eso demuestra lo normalizado que este tipo de agresiones están en nuestra sociedad: son agresiones, sí, pero cuya gravedad pasará desapercibida para la mayoría de la gente o que incluso serán reídas y jaleadas por otros hombres.
En pocos días nos han llegado decenas de tuits y emails que cuentan experiencias muy parecidas a la de Isabel. Si una revisa su propia experiencia y la de las que la rodean, es escalofriante pensar que todas las mujeres hemos sufrido este tipo de agresiones a lo largo de nuestra vida. Y no pasa nada.
¿Cuántas veces os han dicho que estáis exagerando o que el chico o chicos en cuestión no tendrían mala intención y seguramente solo querrían piropearos?, ¿cuántas os han acusado de no tener sentido del humor o de no saber encajar una broma?, ¿cuántas veces os habéis callado una experiencia parecida a la de Isabel por pudor, vergüenza, o incluso temor?, ¿cuántas veces ha asomado a vuestra cabeza la sensación de culpabilidad, un "quizás no debería haber llevado la falda tan corta" o "quizás tonteé demasiado con él y le di esperanzas"?

A mí me han tocado el culo y las tetas sin ir yo “provocando”; lo juro. También me han restregado el paquete en un tranvía abarrotado, me han baboseado con piropos lascivos y, sí, he tenido la suerte de encontrarme con un exhibicionista en un parque que, efectivamente, empezó a masturbarse delante de una amiga y de mí. Agresiones sexuales todas ellas.

Maider

Desconocidos que me tocaron el culo los pechos o la vagina por la calle; desconocidos que me enseñaron el pene e incluso se masturbaron delante de mí; en una ocasión, en Valladolid, un desconocido (un chico muy jovencito) corrió detrás de mí hasta mi casa con la bragueta desabrochada y el pene en la mano; tíos que me han llamado calientapollas por no querer tener sexo sin ni siquiera haber tonteado con ellos, sino sólo hablado; novios que me juzgaron por mis experiencias sexuales pasadas.

Varios jefes que me acosaron sexualmente, varios tíos que me llamaron lesbiana o frígida porque no quería acostarme con ellos, un amigo (o esto creía yo al principio) negro que me llamó racista por no querer acostarme con él, otro "amigo" que me increpó: que yo era demasiado autosuficiente (porque, claro, no quería acostarme con él).

Y luego, siendo mujer es como si no te tomaran en serio; en un taller de coches, en una inmobiliaria, en un banco, o cuando le pedí a unos vecinos realmente escandalosos que bajasen un poco la música, que me insultaron.

Patricia


Así que sí, por supuesto que son agresiones y acoso, pero también pueden ser considerados micromachismos por lo cotidiano, por el "no habrá sido para tanto", por el miedo a que no nos crean, por la vergüenza que sentimos de contarlo, por el malestar denso y pegajoso con el que nos acostamos esa noche.

Porque tememos que nuestros amigos o nuestras parejas piensen que quizá esa camiseta con transparencias no es la mejor para salir sola por la noche. Porque no confiamos en que la gente de alrededor vaya a señalar a esos agresores, a no 'reírles la gracia'.

Porque nos rodea una sociedad que nos acusa de no denunciar, pero que luego nos culpabiliza por nuestros comportamientos o nuestra forma de vestir, nos llama histéricas y no pone los medios para empatizar con nosotras y perseguir a nuestros agresores, a los que tantas veces se considera simplemente "unos graciosetes" o unos chicos un poco maleducados.

Porque este es el estado 'normal' de las cosas.

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