Prueba del DS 7 E-Tense: lujo francés con etiqueta 0 emisiones
De la misma forma que una tienda de alta costura no puede ser más distinta en los Campos Elíseos que en la milanesa Galleria Vittorio Emanuele II, en el automóvil conviven muy distintas modalidades del lujo. Todos tenemos en mente el de un Jaguar clásico, por mencionar su versión inglesa, y el alemán que representa Mercedes-Benz como ninguna otra marca, así como el italiano de un Lamborghini, pero tampoco puede olvidarse el lujo minimalista escandinavo o su declinación francesa, en la que sienta cátedra la firma DS.
Al DS 7, con el que debutó en el mercado la marca premium del grupo Stellantis, le ha llegado la hora de la renovación después de más de cinco años en que le ha tocado enarbolar la bandera de ese savoir faire típicamente francés. Y para ahondar en la fórmula que le es propia, el modelo recibe una inyección extra de refinamiento y carga tecnológica destinada a reforzar su sofisticación y el grado de confort de sus ocupantes.
Además, la gama de motores se completa con una versión del sistema híbrido enchufable de la marca que entrega 360 CV y se acompaña de tracción a las cuatro ruedas al contar con un motor eléctrico en cada eje. Están disponibles también una variante diésel de 130 CV y otras dos enchufables de 225 y 300 CV, la primera de las cuales es la que hemos conducido con vistas a realizar la presente prueba.
Como muestra de lo que entienden DS y Stellantis por lujo francés comme il faut, vamos a detenernos un momento en el nuevo frontal del DS 7, en el que observamos la calandra y las características DS Wings ensanchadas, además de un faldón rediseñado que luce un color diferente dependiendo de la versión. Junto a ello brillan con luz propia, nunca mejor dicho (en las versiones que los incorporan), los nuevos faros delanteros DS Pixel Led Vision 3.0 y las luces diurnas DS Light Veil.
Estas últimas, inspiradas a partes iguales en el antes citado mundo de la alta costura y en los prototipos DS X E-Tense y DS Aero Sport Lounge, producen el efecto de atravesar el color de la carrocería al modo de un velo de luz. En cuanto a los faros, disponen de un haz más potente y más homogéneo cuya vía principal tiene un alcance de 380 metros.
En el habitáculo, los diseñadores se han inspirado en la correa metálica de un reloj de lujo, hecha de multitud de piezas ensambladas entre ellas, para crear el asiento y el respaldo en una sola pieza de cuero, y sin costuras. La butaca está fabricada en espuma de alta densidad, con más material que el utilizado para un asiento clásico. De este modo, el confort es superior y se mantiene a lo largo de los años, gracias a su material más denso.
Entrando ya en materia -digamos- funcional, la marca francesa ha llevado a un escalón superior la suspensión de amortiguadores progresivos de un Citroën C5 X, por ejemplo, con el sistema DS Active Scan Suspension, un tipo de amortiguación controlado por una cámara que ajusta de forma independiente la respuesta de suspensión de cada rueda en función de las imperfecciones de la calzada.
El resultado no puede estar más conseguido si lo que se busca es un confort entendido como máxima filtración de las irregularidades del firme y una rodadura suave a la que ya es habitual hacer referencia con la expresión efecto alfombra voladora, que realmente lo dice todo.
Por 1.750 euros extra que incluyen también un sistema de visión de 360 grados, el coche puede contar además con tecnología de visión nocturna, en el que una cámara infrarroja se dedica a escanear la carretera y los arcenes con el fin de detectar ciclistas, peatones y animales a una distancia de hasta 100 metros.
Al volante del E-Tense de 225 CV
De los tres híbridos enchufables disponibles ahora para el DS 7, hemos probado estos días atrás el menos potente y más asequible (desde 51.500 euros), que dispone de fuerza suficiente en cualquier circunstancia que se presente y, en ciudad, permite recorrer 67 kilómetros (teóricos, algo más de 40 reales) en modo eléctrico, siempre que el vehículo se enchufe a la red antes de cada uso. Esta última peculiaridad lleva asociada, como es sabido, el distintivo 0 emisiones de la DGT, tan apreciado en estos tiempos sobre todo entre los habitantes de ciudades de cierto tamaño.
El sistema enchufable consta en este caso de un motor de gasolina de 180 CV al que se suma otro eléctrico de 81,2 kW que se alimenta de una batería de 14,2 kWh (12,9 útiles). Una vez que esta se agota, el coche viene a necesitar un consumo medio de gasolina de unos 8 litros/100 km para desplazarse, registro que no es parco pero tampoco desentona si se considera que mide 4,60 metros de largo y pesa más de 1.800 kilos.
Como el modelo al que sustituye, el DS 7 ofrece unas plazas traseras amplias para dos o tres pasajeros y un maletero, también espacioso, de 555 litros y que no merma con respecto al de la versión de combustión también a la venta. El desahogo físico tiene su mejor complemento en un interior cuidado al máximo y abundante en materiales del mejor aspecto y calidad, como corresponde a un modelo que, junto con el DS 9 -una gran berlina de las que ya escasean-, lleva sus hombros la tradición del lujo de todo un país.