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Prueba del Hyundai i20 microhíbrido: de modelo urbano a coche para todo

Con el crecimiento generalizado y constante de la mayoría de los coches en los últimos años -y décadas-, hemos llegado a la situación de que los vehículos utilitarios tienen ahora las dimensiones de un compacto de comienzos de siglo. Un Hyundai i20 como el que acabamos de probar se sitúa en unos canónicos cuatro metros de longitud, que es lo que medía un Golf de tercera generación.

Así las cosas, el modelo coreano ofrece un espacio interior superior a lo que cabría esperar, especialmente en las plazas traseras, donde se disfruta de casi 9 centímetros más para las piernas que en la generación anterior; por no hablar de un maletero que, con 352 litros de volumen (+26), figura entre los mejores de su categoría. Con estos mimbres se entiende que estamos ante un coche que, apoyado por otras características que enseguida detallaremos, permite afrontar desplazamientos largos sin inmutarse.

Fundamental para este cometido es contar con motores enérgicos y eficientes, entre los cuales destacan los nuevos híbridos ligeros o mild hybrid, de 100 y 120 CV, que el i20 incluye en su gama por primera vez. Gracias a ellos se obtienen una ligera reducción del consumo y cierta mejora de la aceleración en determinadas circunstancias, además de lo principal para los habitantes de grandes ciudades: la preciada etiqueta Eco de la DGT.

El i20 está disponible solo con motores de gasolina en esta nueva hornada, uno de cuatro cilindros de 84 CV y otro tricilíndrico de 100 CV. Este último es el utilizado para la hibridación ligera, que se ofrece en las citadas versiones de 100 y 120 CV en combinación con una transmisión automática de siete velocidades o bien una manual inteligente, capaz de desacoplar el motor y dejar que el coche avance a vela, provista en este caso de seis marchas.

Nosotros hemos tenido la oportunidad de conducir el modelo de 120 CV y cambio automático, que añade un plus de comodidad y funciona con suavidad y sin incómodos resbalamientos. Donde da lo mejor de sí es en los modos de conducción normal y deportivo, pues a nuestro juicio el llamado Eco le impide ofrecer una respuesta lo bastante viva y, muy en contra de lo que se pretende, llega incluso a incrementar el consumo al obligar a pisar el acelerador más de la cuenta para moverse con agilidad.

Haciendo uso de los dos primeros modos, el consumo medio se ha situado en 6,3 litros/100 km en nuestro recorrido habitual de pruebas, mientras que bordea o supera los 7 litros/100 km cuando el uso es predominantemente urbano. No son cifras que brillen por su parquedad, ni tampoco podemos decir mucho del supuesto ahorro de combustible que procura la hibridación ligera, de entre el 4% y el 5% según el fabricante.

Salto adelante en conectividad y seguridad

El progreso del modelo coreano en sobresaliente en lo tocante a conectividad y ayudas a la conducción. En el primer capítulo destacan la compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto y la presencia, en función de las versiones, de cargador inalámbrico para móviles y de tecnología BlueLink, que entre otros servicios ofrece ahora rutas conectadas, navegación de último tramo e información en vivo de estacionamiento, incluso en la calle, así como funciones remotas a través de la aplicación para smartphones del mismo nombre.

En el catálogo de ayudas a la conducción encontramos sistemas que cabe considerar sofisticados en un modelo de esta categoría, como el control de velocidad adaptativo basado en la navegación, alerta de inicio de marcha del vehículo que nos precede, dispositivo activo de luces largas, alerta de aproximación de tráfico trasero, asistente para evitar colisiones de aparcamiento y ayuda activa al mantenimiento en el carril.

Las versiones mild hybrid del i20 están a la venta desde 19.740 euros en el caso de la de 100 CV en acabado básico Essence. La de 120 CV que ha pasado por nuestras manos, asociada a la terminación N Line X, cuesta ahora mismo 24.485 euros según el configurador de Hyundai, tras aplicarse un descuento -vigente este mes de junio- de 4.500 euros.

Con el crecimiento generalizado y constante de la mayoría de los coches en los últimos años -y décadas-, hemos llegado a la situación de que los vehículos utilitarios tienen ahora las dimensiones de un compacto de comienzos de siglo. Un Hyundai i20 como el que acabamos de probar se sitúa en unos canónicos cuatro metros de longitud, que es lo que medía un Golf de tercera generación.

Así las cosas, el modelo coreano ofrece un espacio interior superior a lo que cabría esperar, especialmente en las plazas traseras, donde se disfruta de casi 9 centímetros más para las piernas que en la generación anterior; por no hablar de un maletero que, con 352 litros de volumen (+26), figura entre los mejores de su categoría. Con estos mimbres se entiende que estamos ante un coche que, apoyado por otras características que enseguida detallaremos, permite afrontar desplazamientos largos sin inmutarse.

Fundamental para este cometido es contar con motores enérgicos y eficientes, entre los cuales destacan los nuevos híbridos ligeros o mild hybrid, de 100 y 120 CV, que el i20 incluye en su gama por primera vez. Gracias a ellos se obtienen una ligera reducción del consumo y cierta mejora de la aceleración en determinadas circunstancias, además de lo principal para los habitantes de grandes ciudades: la preciada etiqueta Eco de la DGT.

El i20 está disponible solo con motores de gasolina en esta nueva hornada, uno de cuatro cilindros de 84 CV y otro tricilíndrico de 100 CV. Este último es el utilizado para la hibridación ligera, que se ofrece en las citadas versiones de 100 y 120 CV en combinación con una transmisión automática de siete velocidades o bien una manual inteligente, capaz de desacoplar el motor y dejar que el coche avance a vela, provista en este caso de seis marchas.

Nosotros hemos tenido la oportunidad de conducir el modelo de 120 CV y cambio automático, que añade un plus de comodidad y funciona con suavidad y sin incómodos resbalamientos. Donde da lo mejor de sí es en los modos de conducción normal y deportivo, pues a nuestro juicio el llamado Eco le impide ofrecer una respuesta lo bastante viva y, muy en contra de lo que se pretende, llega incluso a incrementar el consumo al obligar a pisar el acelerador más de la cuenta para moverse con agilidad.

Haciendo uso de los dos primeros modos, el consumo medio se ha situado en 6,3 litros/100 km en nuestro recorrido habitual de pruebas, mientras que bordea o supera los 7 litros/100 km cuando el uso es predominantemente urbano. No son cifras que brillen por su parquedad, ni tampoco podemos decir mucho del supuesto ahorro de combustible que procura la hibridación ligera, de entre el 4% y el 5% según el fabricante.

Salto adelante en conectividad y seguridad

El progreso del modelo coreano en sobresaliente en lo tocante a conectividad y ayudas a la conducción. En el primer capítulo destacan la compatibilidad con Apple CarPlay y Android Auto y la presencia, en función de las versiones, de cargador inalámbrico para móviles y de tecnología BlueLink, que entre otros servicios ofrece ahora rutas conectadas, navegación de último tramo e información en vivo de estacionamiento, incluso en la calle, así como funciones remotas a través de la aplicación para smartphones del mismo nombre.

En el catálogo de ayudas a la conducción encontramos sistemas que cabe considerar sofisticados en un modelo de esta categoría, como el control de velocidad adaptativo basado en la navegación, alerta de inicio de marcha del vehículo que nos precede, dispositivo activo de luces largas, alerta de aproximación de tráfico trasero, asistente para evitar colisiones de aparcamiento y ayuda activa al mantenimiento en el carril.

Las versiones mild hybrid del i20 están a la venta desde 19.740 euros en el caso de la de 100 CV en acabado básico Essence. La de 120 CV que ha pasado por nuestras manos, asociada a la terminación N Line X, cuesta ahora mismo 24.485 euros según el configurador de Hyundai, tras aplicarse un descuento -vigente este mes de junio- de 4.500 euros.

Con el crecimiento generalizado y constante de la mayoría de los coches en los últimos años -y décadas-, hemos llegado a la situación de que los vehículos utilitarios tienen ahora las dimensiones de un compacto de comienzos de siglo. Un Hyundai i20 como el que acabamos de probar se sitúa en unos canónicos cuatro metros de longitud, que es lo que medía un Golf de tercera generación.

Así las cosas, el modelo coreano ofrece un espacio interior superior a lo que cabría esperar, especialmente en las plazas traseras, donde se disfruta de casi 9 centímetros más para las piernas que en la generación anterior; por no hablar de un maletero que, con 352 litros de volumen (+26), figura entre los mejores de su categoría. Con estos mimbres se entiende que estamos ante un coche que, apoyado por otras características que enseguida detallaremos, permite afrontar desplazamientos largos sin inmutarse.