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Las 350.000 hectáreas quemadas en España en 2025 resurgen en ARCO para visibilizar la crisis climática del planeta

Los incendios forestales en Galicia se recuerdan en ARCO 2026

Francisco Gámiz

4 de marzo de 2026 23:17 h

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Más de 350.000 hectáreas ardieron en España en 2025. Fue el peor año de incendios del siglo XXI y registró los fuegos más voraces de la historia. Hoy, la madera quemada el pasado verano en los bosques del norte del país resurge en ARCO, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo que se celebra desde el miércoles 4 de marzo al domingo en Madrid, para concienciar sobre el peligro del cambio climático y reivindicar “la importancia de trabajar en mecanismos de prevención, pero también en mecanismos de reacción”. Así lo explica Manuel Bouzas, quien junto a Laura Salazar y Pablo Sequero presenta el proyecto 350.000 Ha, la respuesta de una generación joven a los problemas del presente y también del futuro.

La relevancia de esta propuesta, que busca suponer un recordatorio de la vulnerabilidad del paisaje rural, es todavía mayor al ser la ganadora de diseñar el Guest Lounge, un espacio exclusivo de descanso, encuentro y restauración para galeristas, coleccionistas e invitados especiales. La feria, que puede ser percibida como un lugar en ocasiones elitista, rompe esa barrera para generar un debate que nos alude a todos. “Estamos en la ciudad más grande del sur de Europa, en un foco metropolitano, y de repente la joya de la corona de la feria es un espacio rural”, celebra Bouzas, quien señala a elDiario.es que “tiene mucha importancia hacerlo aquí, donde gente de toda Europa verá el valor en relacionar el diseño con algo más”.

Ese “algo más” es el contexto medioambiental y ecosistémico en el que nos encontramos actualmente. A diferencia del arte autorreferencial que ha dominado el discurso de la arquitectura en los últimos años, Manuel Bouzas destaca el hecho de “establecer conversación con algo que en el fondo es mucho más relevante que nuestra propia disciplina”. El artista pontevedrés, testigo de los incendios constantes en el paisaje de Galicia este pasado verano, ha buscado de la mano de Salazar y Sequero dar visibilidad a una situación que “lamentablemente hemos normalizado”: “Ya sea con agua en Valencia o con fuego en Galicia, los desastres meteorológicos van a ser cada vez más frecuentes y desde la cultura tenemos un foco crítico que aportar”.

El Guest Lounge de ARCO 2026

Para ello, los artistas han optado por una propuesta que utiliza los troncos quemados para servir, por ejemplo, de lámpara en la estancia. Pero también recurren a estos para construir una especie de luz de lumbre, donde los seres humanos se han reunido durante generaciones y que ha acabado dando lugar a las sociedades, la gastronomía o el lenguaje. “Queremos alejarnos un poquito del ruido, la cantidad de intensidad lumínica de estos días de feria, e irnos a un lugar de silencio recogido que invita a la gente a acercarse a ese muro donde están todas las heridas del bosque”. Aparte del Guest Lounge, el proyecto se encarga del stand de la revista de decoración AD España, zona llamada Lumbre en la que crea una atmósfera que evoca el fuego como espacio ancestral de reunión.

Una generación joven que mira al futuro

La mirada desde la que 350.000 Ha se enfrenta a los problemas del futuro muestra una perspectiva joven, propia de una generación que ve cómo la crisis climática queda como una cuenta pendiente. Laura Salazar argumenta que “es una necesidad encararnos a estas urgencias climáticas, económicas y sociopolíticas”: “Estamos viviendo contextos que generaciones anteriores no han tenido que afrontar de la misma manera, y es una necesidad que entendamos la arquitectura desde lo simbólico, desde lo matérico, porque son esos materiales los que tienen la capacidad de contar estas historias. Nuestra capacidad es la de encontrar una forma de sacar esa narrativa y de convertirla también en una arquitectura evocadora”.

La artista apunta que este proceso es “muy importante” porque ayuda a llegar a audiencias “para no solamente hablar del proyecto, sino sobre los territorios, las comunidades y todas las personas que se relacionan o que se tocan a través de este”. Manuel Bouzas sostiene que “todos los jóvenes hemos vivido entre permanentes crisis”. “Cuando íbamos a escoger nuestra carrera, todo el mundo nos lo desaconsejaba. Hablo del año 2008-09, cuando sucede la crisis de Lehman Brothers. De hecho, crecimos con la crisis del petróleo en el 93, y luego nos encontramos con la crisis de la pandemia”. El arquitecto explica que, pese a que todo eso lo superamos, ahora “estamos en una crisis de vivienda y de crisis climática”.

El arquitecto Manuel Bouzas

“Hemos aprendido que tenemos que reaccionar contra eso y no quedarnos de brazos cruzados”, declara Bouzas, que asegura que, “aunque suene mal decirlo”, todo esto se ha convertido en una “fuente de inspiración” porque “hay algo contra lo que establecer un diálogo”. “Qué poco interesante sería no tener nada contra lo que reaccionar, que la disciplina simplemente se mirara a su propio ombligo hablando de cosas que en el fondo a la sociedad no le interesan nada”, indica a este periódico. “Si nuestro altavoz es el diseño y la arquitectura, nosotros podemos lanzar luz o poner la atención a un contexto que nadie espera dentro de una feria con tanta exposición y ante gente que quizás no se asomaría a ese tipo de problemas”, agrega.

Asimismo, Manuel Bouzas resalta la influencia de que la mirada apunte a lo rural. “Durante los años 90 la conversación iba sobre las grandes ciudades, la metrópolis, los paisajes operacionalizados... Pero ahora los paisajes extractivos comienzan a dominar la conversación y a ser fuente de inspiración”, cuenta, señalando que “por eso vemos más que nunca que el foco se aleja de las grandes áreas metropolitanas de la Península Ibérica y pasa a alumbrar zonas que hasta hace no mucho estaban muy oscuras”. “Este tipo de narrativas acercan la arquitectura y el diseño a la sociedad. Entienden el valor de lo que hacemos y entienden la importancia de hacerlo como lo hacemos”, reflexiona.

ARCO pone la mirada en los incendios en Trives y Manzaneda

Una de las grandes particularidades del proyecto es que está hecho con madera. Sobre todo, después del “despropósito” que comenta Bouzas ocurrido en la Revolución Industrial, cuando empieza a haber inputs de energía extremadamente grandes que permitían refinar materiales derivados de lo petroquímico, desde el acero hasta el hormigón a los plásticos, causando mucho daño en el medioambiente. “Trabajar con madera y trabajar con materiales de recuperación permite mantener el CO2 que ha absorbido esa madera durante su época como árbol, preservándolo de alguna manera”, explica, “y estás evitando cortar más material del que es necesario, pues estás tratando de trabajar con una economía de medios equilibrada”.

La propuesta del pontevedrés junto al grupo Salazarsequeromedina se desvincula de los materiales estandarizados en pos de los recursos locales. “La transición hacia la piedra, hacia la madera y hacia la tierra se está volviendo cada vez más evidente. Es una arquitectura que habla de la descarbonización, de la calidad de los espacios, porque esto no va en detrimento de lo otro y creemos que hacemos espacios más amables, más cálidos y con menos emisiones”, detalla Manuel Bouzas. “La construcción aporta prácticamente el 40% de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Somos casi la mitad del problema y debemos ser casi la mitad de la solución”, insiste.

Pero estos artistas no solo se dejan cautivar por el paisaje, ya que para ellos es igual de esencial la gente que forma parte del mismo. Tanto es así que, cuando uno entra a la sala, lo que ve son fotografías de operarios, técnicos forestales, gente que está cortando árboles o que está en el aserradero... “Son inspiradores para nosotros porque son los que nos dan las restricciones para que el diseño no sea una tabula rasa, que es lo peor que puede ser”, dice Bouzas, agradeciendo la ayuda que les han brindado y pretendiendo darles visibilidad en la feria. “Cuando no tienes nada contra lo que reaccionar, no existe, pero aquí hay un problema que resolver y unos límites por los que moverte”, concluye.

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