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2.400 euros por un palomitero de Yoshi: la especulación llega al merchandising con la película de ‘Super Mario Galaxy’

palomitero copia

Francisco Gámiz

6 de abril de 2026 22:10 h

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2.400 euros. No es el precio de un ordenador de última generación o de una joya de oro, sino lo que cuesta un envase de plástico con forma de dinosaurio verde del tamaño de un cubo de palomitas. El estreno de la esperada secuela de Super Mario Bros., que vuelve a llevar a los cines el universo de la figura más famosa de Nintendo, ha desatado una auténtica locura por el palomitero de Yoshi, un objeto que ha pasado de ser un simple recuerdo para los fans a convertirse en el centro de una guerra de reventa.

Yoshi es uno de los personajes más entrañables del mundo de Mario Bros. El icónico compañero dinosaurio de Mario apareció por primera vez en el juego Super Mario World de 1990 y se ha convertido en uno de los más queridos de la exitosa franquicia, habiendo lanzado al mercado sus propias sagas como protagonista y participando en otras tan aclamadas como Mario Kart. No es de extrañar, por ende, que un palomitero exclusivo con forma de Yoshi haya despertado tanto interés entre los seguidores más acérrimos.

Sin embargo, el cubo de palomitas, que en España se ha vendido en cadenas de cine como Yelmo o Cinesa por un precio de 40 euros, no ha tardado en agotarse y empezar a revenderse por cientos o incluso miles de euros en plataformas como Wallapop, eBay o AliExpress. Esto ha sido a consecuencia de que, como Yelmo ha afirmado a través de su cuenta de Instagram, “puedes hacerte con tantas unidades como quieras con tu entrada”. Los palomiteros se pusieron a la venta el miércoles 1 de abril, el día de estreno de la película.

El cubo de palomitas de Yoshi se vende en Wallapop por 2.400 euros

Desde entonces, conseguir uno de estos cubos de palomitas se ha vuelto toda una proeza, sobre todo porque hay quien se ha hecho con cientos de ellos con la única intención de venderlos después a un precio más alto. Rubén Sánchez, secretario general y portavoz de Facua-Consumidores en Acción, destaca que esto “es algo habitual cuando son ediciones muy limitadas”, pero que no sería un fraude mientras que nadie se invente que solo existen cinco unidades como esa en el mercado. “La cuestión es si encuentras a alguien dispuesto a pagar ese pastizal, igual que hay quien puede pagar decenas de miles de euros por un cómic de los años 50 de Superman”, explica.

En esta ocasión, sin embargo, se da la circunstancia de que no se trata de un producto histórico lanzado hace varias décadas, sino que acaba de salir al mercado e inmediatamente se agota. “Eso provoca que, precisamente por el funcionamiento de la ley de la oferta y la demanda, quienes han podido ya tener uno lo estén vendiendo a un precio que puede ser a ojos de mucha gente disparatado”, argumenta Sánchez a elDiario.es, que insiste que “no habría ilegalidad de por medio”.

La única reventa de un particular donde está regulada su prohibición es en las entradas de eventos, como puede ser un concierto, pues no se permite la reventa física en la calle. “A nivel de internet está pendiente de aprobarse una ley por la que se prohibirá la reventa lucrativa; es decir, la reventa donde le incluyas un margen de beneficio, que no afectará a la reventa de entradas por el mismo precio cuando alguien se pone malo y no puede ir al evento”, cuentan desde de Facua-Consumidores en Acción. No obstante, esto sigue sin aplicarse a los objetos de coleccionistas.

Los revendedores, al acecho del fenómeno fan

“Estamos hablando de un mercado libre. Esto es como si te compras un Van Gogh en una subasta porque tienes dinero y luego lo intentas vender al doble”, comenta Sánchez. “Un Van Gogh es único, pero cuando se trata de un producto del que ha habido 3.000 unidades en el mercado y de repente desaparecen de la venta y son particulares o tiendas las que quieren revenderlo, tampoco hay ningún problema en que se revenda mucho más caro. No hablamos de un servicio público, de un producto de precio regulado”, agrega, especificando que, de haber algún conflicto, podría haberlo “entre empresas, pero no de cara al consumidor”.

La alta demanda provocada por los palomiteros ha sido objeto de polémica en redes sociales. “Especulador de Yoshis que debe de ir a la cárcel”, reza la biografía de TikTok de un usuario llamado Rubén, que ha publicado varios vídeos en la aplicación con muchísimos de estos cubos. “A ver si pasamos menos tiempo revendiendo y más haciendo un currículum”, le ha respondido Inés. Quien también ha comentado es un usuario llamado Mente Millonaria, en su caso dando las “gracias” a Nintendo: “Compré cuatro y los vendí en dos días por más del doble”.

Rubén ha especificado en la sección de respuestas, donde le han llovido las críticas, que no trabaja en ningún cine. “Solo fui a un cine y pregunté si vendían, me dijeron que sí. Yo dije: '¿Cuántos tienen?'. Y así empezó”, ha indicado el usuario, que también ha señalado que ha vendido 89 unidades y que ya no le quedan más. Asimismo, hubo quien persiguió a diferentes empleados de un cine de México para grabarlos tras negarle la compra de este producto por no ser socio. Este hombre arrancó hojas del mostrador y acusó al personal de que lo estaban “discriminando” e “infringiendo la ley”, como se aprecia en un vídeo que ahora es viral en redes sociales.

Desde Facua-Consumidores en Acción resaltan que una empresa puede decidir cómo y a quién vender este tipo de producto. “Ahí realmente no estamos hablando de un bien de consumo habitual, como sí lo sería si vendieras refrescos o palomitas a personas que tengan un tipo de entrada y al resto no se los vendes. En este caso no estamos hablando de un establecimiento abierto al público que está ejerciendo una limitación en el derecho de admisión desproporcionada”, apunta Rubén Sánchez, ya que se trata de “reunir unos requisitos para poder acceder a un determinado tipo de producto”.

“Al igual que un banco puede decidir que los clientes que tengan unos requisitos podrán acceder, por ejemplo, a un tipo de interés del 2% en remuneración de su cuenta, pero para ello está condicionado a que hayan depositado tanto dinero o a que tengan domiciliada la nómina, aquí sucede lo mismo”, insiste Sánchez, declarando que es posible vender este producto exclusivo solamente a quien sea socio o, por ejemplo, a quien haya comprado más de diez entradas a lo largo del último mes, si así el cine lo desea. Seguiría sin cometerse una ilegalidad independientemente de que sea o no moral hacerlo.

Unas cifras de taquilla espectaculares

El fenómeno de los cubos de palomitas no se limita a esta película, pues en 2024 el palomitero de Dune ya inspiró memes y hasta un sketch del Saturday Night Live. Más allá del éxito del cubo de palomitas de Yoshi, las cifras de taquilla de Super Mario Galaxy también son un enorme triunfo, arrasando como ya hiciera la primera película a pesar de las malas críticas por parte de la prensa especializada. El filme ha logrado recaudar 372,5 millones de dólares durante sus primeros cinco días en cines en todo el mundo y se ha convertido en el mejor estreno del año tanto en EEUU como internacionalmente.

Además, la franquicia ha hecho historia al ser la primera animada en tener dos debuts por encima de los 350 millones de dólares. La entrega inicial acumuló unos ingresos mundiales de 1.360 millones de dólares, por lo que aún queda pendiente ver si su secuela es capaz de alcanzarlos. Lo que parece evidente es que superará con creces la marca de los mil millones, toda una hazaña cuando el presupuesto ha sido de unos 100 millones de dólares.

En España, Super Mario Galaxy se ha adjudicado el segundo mejor miércoles de estreno de la historia en España, así como el segundo mejor estreno para una película animada, solo por detrás de Del revés 2. En total, más de 625.000 espectadores acudieron el pasado miércoles a las salas, provocando la mayor asistencia al cine desde julio de 2023, cuando coincidieron en cartelera Barbie y Oppenheimer. La cinta ha hecho en su primer día más de 2,5 millones de euros de recaudación, superando así la taquilla del primer día de Torrente, presidente, que se quedó con 2,4 millones de euros.

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