Las emisiones del transporte, a punto de alcanzar su tope histórico… y empezar a bajar

Víctor Celaya

28 de enero de 2025 05:15 h

Hoy, como cada 28 de enero, se celebra el Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, también conocido como el Día Mundial por la Reducción de las Emisiones de CO2. Aunque solo sea para añadir una nota de optimismo a una actualidad que -en este y en otros terrenos- más bien invita a lo contrario, conviene hacerse eco del último informe de una organización independiente y sin ánimo de lucro, a la par que prestigiosa, como es el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT por sus siglas en inglés).

La entidad señala concretamente que las emisiones de CO2 achacables al transporte podrían alcanzar su punto máximo este año y -la parte buena del asunto- a partir de ese momento empezarían a disminuir gradualmente, proyección que hace extensible al consumo de combustibles líquidos. Recordemos que la Agencia Internacional de la Energía considera que este sector concentra más del 26% del total de las emisiones mundiales.

Para el ICCT, “los titulares y las conversaciones que giran en torno a los vehículos de cero emisiones pueden hacer a veces que parezca que la transición se está deteniendo. Pero, cuando se analizan los números y se observan las proyecciones basadas en la ciencia, de hecho hay noticias positivas”.

Según la nueva edición de su serie de trabajos englobados en el epígrafe Visión 2050, las emisiones podrían alcanzar su punto máximo en 2025 para inmediatamente después comenzar a decrecer y contraerse hasta en una cuarta parte de aquí a 2035. De manera más precisa, se establece que comenzarán a bajar desde finales de año y mantendrán ese descenso continuado a lo largo de 2026. Se quebraría así una tendencia que solo ha registrado incrementos de CO2 especialmente desde 1990, con la única excepción de los años de la pandemia.

Del estudio de las políticas globales en materia de movilidad adoptadas desde agosto de 2021, el ICCT extrae la conclusión de que que el sector mundial del transporte por carretera estaba en camino, en aquel entonces, de emitir 275.000 millones de toneladas de CO2 en el periodo comprendido entre 2020 y 2050, superando con creces las cifras compatibles con limitar el calentamiento a menos de 2°C, como establece el Acuerdo de París.

“Gracias a las ambiciosas políticas adoptadas en todo el mundo desde 2021 y a la disminución del costo de los vehículos eléctricos”, el organismo estima ahora que las emisiones bajarán a 252.000 millones de toneladas entre 2020 y 2050. Eso significa evitar 23.000 millones de toneladas de CO2 en comparación con la base de referencia de 2021; en términos de reducción de consumo de combustibles fósiles, equivale también a retirar 380 millones de automóviles de las carreteras de forma permanente.

“Aún mejor”, prosigue la organización, “cuando tomamos en cuenta las políticas propuestas y los objetivos anunciados por los gobiernos de todo el mundo, estamos a más de la mitad del camino para cerrar la brecha” con una proyección de emisiones que permita mantenerse por debajo de los mencionados dos grados de calentamiento global.

No solo Europa tira del carro

El ICCT atribuye el cambio de tendencia a las novedades normativas introducidas en diversos lugares del planeta y no solo en Europa, como se pretende a veces con cierta estrechez de miras. Así, cita “los nuevos estándares de eficiencia de vehículos en Australia”, la regulación ACC II de California o las políticas en favor de los vehículos eléctricos emprendidas por Canadá, además de los objetivos reforzados de la UE para camiones y autobuses.

Cada vez más países y regiones están adoptando “políticas serias para acelerar la transición. El impulso es particularmente sorprendente en los mercados emergentes: Colombia, Costa Rica, Nigeria, Etiopía, Ghana y Mozambique han asumido compromisos audaces para la transición a vehículos 100% libres de emisiones”, señala la entidad. El escollo más elevado por salvar actualmente es, a su juicio, la del sector de vehículos pesados.

Para no malograr el proceso de descarbonización del transporte es imprescindible, según el Consejo, mantener “las normas de CO2 existentes”, ya que en caso de que se modifiquen, como insiste en pedir parte de la industria al menos en el caso de Europa, las previsiones “podrían tambalearse”.

El ICCT calcula que la reducción de emisiones en los tres mercados más importantes (Europa, China y Estados Unidos) compensará con holgura el incremento que se producirá en otras regiones del mundo. El estudio señala que ello será posible gracias a los menores niveles globales de CO2 de los automóviles de pasajeros, fruto de la transición de modelos convencionales a otros de cero emisiones, así como a una mayor utilización de vehículos de dos y tres ruedas y de autobuses de pasajeros.

A ello se suma que este organismo prevé también que el precio de los coches eléctricos cada vez se vaya acercando más al de los de vehículos de combustión. Solo esperamos que la cuestión no sea al revés: que los modelos convencionales se encarezcan tanto, como se vaticina en Europa, que se igualen a los eléctricos, pero por arriba.