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¿Y tú cómo quieres salir a la calle?

En todo el estado en general y sus territorios meridionales y costeros en particular tenemos una realidad muy diversa. Entre las personas con las que interactuamos, nos encontramos con personas cada vez más diversas

Hay que pelear con el poder opresor y no necesariamente contra cada individuo que nos vayamos encontrando, quienes también viven sus luchas diarias

Yo voy a participar en tareas de cuidados y voy a manifestarme por un feminismo inclusivo, que acepte a las mujeres trans y no binaries, que apoye a las trabajadoras del sexo, que defienda a las desposeídas y vulnerables

Manifestación del 8M / https://www.flickr.com/photos/arainfo

Manifestación del 8M / https://www.flickr.com/photos/arainfo

Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme en mi pueblo con una persona a la que admiro muchísimo. Es el «padre de Liberto, Antonio Manuel, hijo de Rafaela y Juan, nieto de Rosario y Ángeles y de Antonio y Manuel, el de Almodóvar del Río, el profesor al que le falta un dedo de la mano», un intelectual andaluz que nos recuerda la memoria robada con la reinvasión cristiana de Al-Ándalus. Nos recuerda cómo los orígenes de los nombres y los palos del flamenco pueden tener más relación con esa tierra y su lengua que con la siguiente. Trabando historia, memoria, lexicografía y musicología, Antonio Manuel dio una musiconferencia en la que nos explicaba los nombres de los palos del cante jondo. Lo hizo recordándonos que, incluída en la época de Al-Ándalus, fuimos, somos y seremos una tierra de acogida, de inclusión y de mezcla, una tierra donde conviven gitanos y payos, negros e ibéricos, y dónde la memoria arrebatada por el poder se mantiene en el sentimiento. Lo hizo con cantaoras y cantaores de nuestro pueblo.

Mi madre y yo nos acercamos emocionadas a saludarlo, conversamos con él y nos lamentamos por el auge de pensamientos retrógrados. Antonio Manuel contestó que  la confianza cotidiana se impone, en realidad, a pesar del aparente clima de discordia, a pesar de la supuesta atmósfera de desacuerdo que los medios de comunicación venden y las redes sociales palmea. En nuestro día a día las relaciones humanas siguen basadas en la confianza y no en la diferencia. Por las mañanas, al girar el grifo sigue saliendo agua, al sentarnos en la parada llega el autobús y al entrar a la panadería se pueden comprar dulces. Todas esas personas prestando y disfrutando servicios confían en que somos capaces de convivir, en que somos capaces de llevarnos bien de alguna manera. Siguen levantándose para que podamos construir nuestra vida diaria juntos, entienden que tenemos intereses comunes suficientes como para ello.

En todo el estado en general y sus territorios meridionales y costeros en particular tenemos una realidad muy diversa. Entre las personas con las que interactuamos, nos encontramos con personas cada vez más diversas. Regocijémonos: esto significa que se han dado muchos avances en respeto a la diversidad e inclusión. Quizás no lo creáis ─o no lo compartáis─, pero yo me alegro de que los delitos de odio se conozcan más. Creo que esto se debe a que por fin se les ha puesto nombre, por fin existen leyes que reflejan cómo no solamente infligen daño físico, sino que además ponen en peligro la convivencia, la dicha de vivir en común, la posibilidad de reconocernos humanos, seamos moros o cristianos, y respetarnos como somos. Estas personas cuyo género, cuyo color de piel, cuyo origen, cuya forma de amar, cuya vestimenta, cuyas habilidades, cuyas capacidades, cuyo trasfondo personal y social pueden ser distintos de los nuestros, son con quienes compartimos el territorio. Ante estas personas, nos debemos plantear ¿cómo lucho por mis valores?

Considero que los espacios ‘de lucha’ y los espacios ‘de convivencia’ deben estar diferenciados. Entiendo que algunas luchas se hacen continuas: alzar la voz como mujer, llevar pintalabios y barba, presentarse con un símbolo religioso, reunir el arrojo para decirle «no» al jefe, salir a la calle «sin arreglar», levantar la cabeza orgullose de tu cuerpo, entre otras acciones.

Sin embargo, estas parten de espacios íntimos y no están dirigidas a la oposición directa de valores, sino al despliegue de la propia personalidad. Por ello, creo que es parte del espacio de lucha personal. Me gusta pensar que la acción que más valor genera es la de la empatía, la convivencia, el respeto y la de convencer al resto de humanos de que somos dignos de respeto.

Tal y como lo veo, la contienda ─queridas, querides, queridos─ hay que pelearla contra las instituciones, gubernamentales y otras. Hay que pelear con el poder opresor y no necesariamente contra cada individuo que nos vayamos encontrando, quienes también viven sus luchas diarias. A menudo, tendrán muchas más papeletas para, como mínimo, dejar de ser escollos para tu causa e idealmente convertirse en aliados, si entendemos cómo convivir. Ningún humano será tu aliado a partir de la confrontación, esto es de primero de parvulitos de ‘vivir en sociedad’. Resulta sencillo imaginar un mundo en el que el conflicto ha desaparecido porque solo nuestros valores, nuestra forma de pensar y nuestra perspectiva ante las cosas se aceptan. Es fácil, muy muy fácil, pero irreal y ─muy posiblemente, además─ aburrido. La diversidad es una de las cosas más bellas de l

Os animo a que salgáis a la calle, que dejéis aparte estas pantallas, que busquéis espacios fuera de los vuestros, personas de entornos nuevos, realidades que se escapen a vuestra zona de confort, donde la gente que os rodea piensa como vosotros. En esos espacios culturales, esos espacios académicos, esos espacios laborales, esos espacios de confluencia, de convivencia es donde se puede medir la convivencia de una sociedad y se puede fomentar su mejora. Cultivad una convivencia sana: la escucha, el diálogo, la diversidad. Así empezará la aceptación de vuestra lucha, por medio de aquello que tenemos en común. Estaréis creando la mejor sociedad posible.

La verdad del día a día la construimos todas las personas. Porque, amigas, amigues, amigos, lo que nos permite avanzar hacia las igualdades, hacia el reconocimiento, hacia el respeto e, idealmente, hacia los afectos en la convivencia no serán enfrentamientos, ni digitales ni presenciales. No serán ─por descontado─ las noticias que el poder pretende que recibamos e interpretemos. No serán las voces de quienes resaltan la diferencia para dividirnos, territorialmente y mentalmente: en lo espiritual, lo cultural, lo afectivo, lo lúdico.

Salgamos a la calle a convivir y a luchar. Salgamos a convivir para que nos gusten el resto de personas con las que convivimos y les gustemos a ellas, para que nos conozcan y les conozcáis, y con ello se abran los canales de diálogo, se comprendan las necesidades particulares de cada forma de existir y se conjuguen mejor en los espacios de lucha. Salgamos también a luchar, a recordar qué hay que arreglar en este mundo y cómo queremos conseguirlo, impulsando a que las instituciones mejoren y den paso a un poder más distribuido.

Yo voy a participar en tareas de cuidados y voy a manifestarme por un feminismo inclusivo, que acepte a las mujeres trans y no binaries, que apoye a las trabajadoras del sexo, que defienda a las desposeídas y vulnerables, que entienda que no podemos seguir excluyendo y prohibiendo.

Y tú ¿cómo quieres salir a la calle? Pues tienes ambos espacios: el de convivencia y el de lucha. Aprovéchalos al máximo.

Pulsando en este enlace podréis ver un mapa con actividades y convocatorias para las actividades del día internacional de las mujeres, 8 de marzo. Se ha convocado huelga feminista y aquí tenéis un vídeo explicativo.

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