De la globalización a la relocalización. La encrucijada
La invasión de Ucrania supone un cambio en las reglas de juego, un momento de tensión, uno más que, sumado a la pandemia, aceleran procesos de cambio anteriores que nos están llevando de la deslocalización globalizadora a la relocalización multipolar que tardará tiempo en asentarse. Una cuestión sobre la que la Unión Europea (UE) comenzó a reflexionar antes de la pandemia. La dependencia de materias primas y producción industrial tendrán consigo el revival de una geopolítica multilateral en la que Europa tendrá que aprender su papel.
En 1989 caía el muro de Berlín, al que algunos siguen aferrados, a derecha y a izquierda. En aquel momento, Francis Fukuyama publicó un pequeño artículo después transformado en libro donde pronosticaba el fin de la historia, entendida como una serie de etapas hegelianas, con el triunfo de la democracia liberal, capitalista. Años más tarde tuvo que arrepentirse, en otro libro: la victoria no había sido de la democracia virtuosa, sino de un capitalismo salvaje independizado de toda virtud, el que los antiguos países comunistas vinieron a adoptar.
La Unión Soviética desmembrada en su caída acabó por fraguar en Rusia un sistema oligárquico dirigido por un zarévich, Putin. Este recurrió a una política identitaria nacionalista basada en la religión y un tipo de familia excluyente para cohesionar su poder. Un discurso reaccionario que conectaba con la extrema derecha europea ante la sensación de desarraigo producida por los efectos de una deslocalización industrial que recogía China. La República Popular China, tras la matanza de Tiannamen, cerraba el paso a su democratización, mientras abría el grifo al capitalismo salvaje - un país con dos sistemas - con el que aseguraba la inversión necesaria para desarrollar un crecimiento industrial ligado a una globalización neoliberal.
La sensación de desarraigo, derivada de la implantación de políticas neoliberales, en ocasiones, ligadas a la doctrina del shock (Naomi Klein), unido a la cada vez mayor independencia de la esfera económica que deshumanizaba las relaciones sociales al imponer la economía, traía consigo una reflexión sobre los orígenes de las tradiciones que habían dado origen a la democracia actual, revisando los presupuestos del liberalismo, o prestando más atención al humanismo cívico, el republicanismo, que subrayaba las ideas de participación política, la necesidad de un equilibrio de poderes o el papel de la economía en las decisiones.
Aquellas reflexiones coincidían con una explosión de la sociedad civil que lograba articularse a través de las redes sociales, la Primavera Árabe; los indignados, o el movimiento Ocupy Wall Street.. Sin embargo, las redes de internet descentralizadas pasaron a ser tecnológicamente monopolizadas. La aventura del gratis total – pagada por la publicidad – terminó por cavar la tumba de la prensa. Los anunciantes se dieron cuenta que los nuevos agregadores de contenido – Facebook y otros – permitían individualizar esta gracias a que su producto eran nuestros datos con los que se personalizaban los anuncios a consumir. Su empleo por parte de las empresas de marketing político llevó, entre otras cosas, al nacimiento de nuevos factores que explican cierto desarrollo de la política mundial. Nada nuevo, la aparición de nuevas tecnologías de comunicación durante los años veinte y treinta del siglo XX fueron uno de los múltiples vectores que explican el triunfo de los fascismos de entreguerra.
La política de los sentimientos movilizadas a través de meme, el empleo de la información sesgada, fue clave en la llegada de Trump al poder al parecer con intervención rusa. Su presencia ha estado en la base del desarrollo de los movimientos de extrema-derecha europeos, bien con financiación, parece ser el caso de Hazte Oír, germen de Vox; bien con apoyos, el caso de la extrema derecha francesa, italiana o parte del nacionalismo catalán; o bien desarrollando campañas desde sus noticiarios a través de la individualización de objetivos por redes, en el caso de las elecciones que llevaron a Macron al poder.
La tensión política que derivaban aquellas intervenciones han estallado con la invasión de Ucrania, aunque los procesos de ajuste relocalizador derivados de la geopolítica de las materias primas y los problemas de producción industrial eran anteriores y se agravaron con la pandemia. La relocalización va a generar tensiones que harán que el gran juego se desarrolle a nivel planetario. Abróchense los cinturones.