Las más de 2.500 historias tras el cierre de Sabic en Cartagena: “No sé cómo pagaré la hipoteca”
“Esto es una tortura”, así define Daniel Andreu, miembro del comité de empresa de Sabic, el calvario que viven él y sus compañeros desde que se les comunicó el posible cierre de la planta en La Aljorra (Cartagena). Apenas ha pasado un mes desde que la empresa anunció a sus empleados la venta al fondo buitre Mutares de su fábrica Lexan 1. Sin noticias, sin un plan social, sin salida estipulada. Desde entonces, los trabajadores y el comité de empresa se han visto sometidos a un calendario maratoniano para intentar detener el cierre, entre paros, manifestaciones, encuentros con la prensa y reuniones con los principales partidos políticos, y representantes del gobierno local, regional y central.
Echando la vista atrás, la noticia del cierre fue un disparo a bocajarro que no les terminó de sorprender del todo: “Antes de que lo comunicaran oficialmente ya había un pequeño rumor. Pero la noticia a los trabajadores y al comité de empresa nos llega el día 9 de enero. Viene Rütger Bosch [director de la empresa en Europa] desde Holanda y se junta con la dirección. Nos comentan que estamos inmersos en una compra venta del negocio a nivel europeo y de Estados Unidos y que se contempla el cese de la de la producción de Lexan 1. Así te lo dicen y así lo tienes que gestionar”, lamenta Rafael Pedreño, miembro del comité de empresa.
“Hace ya más de un año que cambiaron el CIF de la empresa. Era una sociedad corporativa por acciones con un capital de 500 millones y lo cambiaron a una sociedad limitada con un capital de cero millones. Es decir, descapitalizaron la sociedad como sociedad limitada. Eso según el manual de cierre y venta solo se hace para cerrar o vender una planta”, detalla Pascual Sánchez, presidente del Comité de empresa de Sabic.
“Sabic instaló capacidad productiva en China y en Arabia. Y cuando esa capacidad la han tenido lista, han decidido dejar de fabricar en Europa, porque en Europa no va a fabricar ni ellos ni nadie, porque en Europa no se puede”, sostiene el presidente del comité de empresa.
De acuerdo con Sánchez, el músculo industrial europeo no puede competir con el plástico de fuera del continente: “El precio de venta al público del plástico chino está entrando en Europa a precio de venta al público de 1,20. Nosotros lo producimos a 2,8, a eso le tienes que sumar los impuestos y luego venderlo para darle beneficios”.
Uno de los caminos que conducen hasta la planta pasa por un pequeño viaducto, que forma un túnel de apenas unos metros para la carretera de acceso. En sus paredes reza “No al ERE de Sabic”, vestigios del Expediente de Regulación de Empleo de 2020 por el cierre de la unidad de Ultem, que segó 76 empleos. En 2023 llegó el turno de la planta Lexan 2, tras dos ERTE previos, y se saldó con 112 despidos más: “Nosotros ya en 2020 dijimos, cuando cerraron la primera fábrica, que esto era una deslocalización industrial encubierta. Bueno, ahora ya no es encubierta porque es más que clara y manifiesta”, recuerda Sánchez.
El próximo 24 de febrero el comité de empresa tendrá la primera toma de contacto con los futuros compradores de la planta, con representantes de Mutares desplazándose hasta Cartagena. La semana pasada, el comité de empresa se reunió con la dirección europea de Sabic en Holanda para intentar evitar el cierre de la planta.
“Llevamos un mes sin dormir”
Rafael tiene 49 años y un hijo de quince: “Tengo hipotecas. Tenía planes y todo eso se paraliza cuando una noticia te llega así. En lo primero que pienso es en el día a día, en cómo voy a pagar las actividades del niño, cómo voy a pagar la hipoteca este mes. Por favor, que no se me rompa el coche. Aquí hay 517 historias, que hay que sumar a las 2000 historias de las empresas auxiliares. Todas diferentes y a cada cual más grave”.
“Tengo 53 años, mi hermano [también trabajador de la planta] tiene 55 años. ¿Dónde vamos?”, se pregunta Andreu. “El ánimo está por los suelos. Hay gente que con la edad que tenemos, que todos rondamos los 50 años, no saben lo que van a hacer. Llevan toda la vida aquí trabajando y en la industria en la Región de Murcia no hay mercado para nosotros”, advierte Pedreño.
“La conversación que teníamos esta mañana en el comedor con los trabajadores que estaban allí era sobre las horas de sueño que llevábamos desde que nos lo dijeron. He oído como una compañera le ha recomendado a otra unas pastillas para poder dormir, que ella las utiliza, que le va muy bien. Ese era el tema de conversación, que llevamos un mes sin dormir”, describe Juan Lozano, miembro del comité de empresa de Sabic.
La presión y la incertidumbre es, en palabras de Andreu, un “riesgo psicológico”: “El martes pusimos una denuncia a la inspección de trabajo, esto es un riesgo al que nos someten de forma gratuita. Tenemos un psicólogo para más de 500 personas, el servicio ya está desbordado”.
El caso de Daniel Andreu es, como define el sindicalista e historiador José Ibarra Bastida, ejemplo del “eterno retorno” de la reconversión industrial en Cartagena. En 1992, cuando se quemó la Asamblea Regional, su padre Juan Andreu era sindicalista de Comisiones Obreras y presidente del comité de empresa de Peñarroya. Esta fundición, el astillero de Bazán y las tres fábricas de fertilizantes del Valle de Escombreras entraron en crisis, dilapidando centenares de puestos de trabajo en Cartagena: “Yo me dedicaba a sacar los estudiantes a manifestarse y estábamos ese día en la calle, el día de la quema”, recuerda Andreu hijo.
“Se pegaron al cuerpo 127 manifestaciones. Una caminata a Murcia. Mi padre no había andado en su puta vida y llego con los pies destrozados, llevaba mis botas. Durmieron en Corvera en un pajar, acabaron llenos de caparras. Se encadenaron en la Asamblea. Tiramos piedras en San Esteban”, detalla.
“Mi padre, como líder sindical, fue vetado en muchos sitios. Era otra época donde no se entendían las condiciones sindicales. Tuvimos que buscar trabajos precarios, tanto mis hermanos como yo, para poder mantener la familia y comer como fuera”, describe Andreu. Ahora, 34 años después, la historia se repite: “Estamos experimentando la tristeza, el dolor y la desesperación que se vivió en ese momento, nos vuelve a dar la punzada en el corazón”, lamenta. Ironías del destino, la reconversión industrial en Cartagena dio paso a nuevas factorías, entre ellas Sabic (entonces a nombre de General Electric Plastics) en 1994.
La diferencia entre los años 90 y la actualidad, alertan desde el comité de empresa, es que ahora no hay músculo industrial para absorber a todos los trabajadores que se van a ver en la calle: “De momento nos vamos a encontrar que van a acabar en la calle sobre unas 300 o 350 personas que llevan 25 años trabajando en el sector. No hay tanta industria en la Región para absorber tal cantidad de trabajadores y tan cualificados como hay aquí”, explica Pedreño.
El pasado 2 de febrero, el Gobierno Regional presentó su Plan Industrial 2026-2035, una hoja de ruta con el objetivo de incrementar un 30 por ciento la contribución de la industria a la economía regional y alcanzar los 100.000 empleos industriales, con más de 15.000 nuevos puestos de trabajo y 45.000 oportunidades vinculadas al relevo generacional. Pero Andreu teme que no llegue a tiempo para los trabajadores de Sabic y los de las empresas auxiliares: “No hay capacidad. Ahora mismo no hay ninguna empresa que se vaya a asentar ni que esté discutiendo de terrenos. Están discutiendo de un plan que vendrá a medio largo plazo”, ha alertado.
Por ahora, la empresa propietaria de la planta asegura que “no ejecutará medidas de reestructuración en estos momentos y mientras pertenece al grupo SABIC” y se compromete en “mantener operaciones seguras para los empleados y la comunidad en la que opera”.
Sin embargo, no descartan que, una vez la planta esté en manos de Mutares, pueda echar el cierre: “Se entiende que, tras completar el proceso de adquisición, el comprador considerará opciones para la reestructuración del negocio con el objetivo de mejorar el actual rendimiento financiero negativo. Estas opciones podrían incluir el cese de producción de la línea LX1 en Cartagena”.
“Una vez que se haya tomado la decisión por parte del comprador y que se conozcan los detalles de una potencial reestructuración, el comprador analizará qué medidas corresponderían adoptar, asegurando el cumplimiento de los procedimientos legales que puedan ser de aplicación”, abundan.
Sobre el acuerdo preliminar de compraventa, Sabic detalla “el alcance de la transacción incluye los activos de producción y la comercialización de termoplásticos de ingeniería (por ejemplo, PC, PBT, ABS), incluyendo los activos localizados en España, así como centros de Innovación & desarrollo”, describen desde Sabic, que anticipan que la transacción será finalizada antes de finales de 2026.
Incertidumbre doble para las empresas auxiliares
“Sabemos que fuera no hay trabajo. Si al menos tuviéramos el alivio de que si nos echan de aquí podemos irnos a otro sitio, pero es que realmente sabemos que fuera no tenemos nada todavía”, lamenta Teresa Alcantud, delegada sindical de CCOO en CTC, una de las empresas auxiliares de Sabic.
La incertidumbre se hace doble en el caso de las empresas auxiliares. Casi 30 compañías prestan servicio a la multinacional saudí en Cartagena, aglutinando a más de 2.000 trabajadores: “En mi caso estamos mi marido y yo. Él va a cumplir 57 años y yo tengo 55. En mi empresa un 20% tenemos esta edad”, explica. Si su empresa cae junto a Sabic, de un día para otro se quedarán sin ingresos.
“Estamos muy asustados. Al principio [antes de que se anunciase el cierre de Sabic] oímos rumores, pero no los tomamos muy en serio. Ahora tenemos el miedo dentro del cuerpo”, describe la trabajadora.
De acuerdo con Alcantud, los trabajadores de las empresas auxiliares están viviendo este proceso a ciegas, y con temores a no recibir las mismas coberturas sociales que los trabajadores de Sabic: “Mi empresa supuestamente no tiene de momento ninguna información, por lo que no hemos podido hablar con ellos. Sabic aún no les ha trasladado el cierre”, abunda.
“El tiempo corre. Uno está trabajando, sigue siendo un profesional y sigue estando aquí a muerte. Pero imagínate la cabeza donde la tenemos, entre Pinto y Valdemoro. Necesitamos que se pronuncien seriamente y digan que esto es lo que hay”, urge.
El comercio de La Aljorra, en una incógnita
Lexan 1 está afincada en La Aljorra, una diputación de más de 4.000 habitantes dependiente de Cartagena. A su alrededor, el infinito paisaje agrícola se ve interrumpido por naves industriales. Al fondo, como un telón, se extiende la planta de Sabic. Desde la carretera se pueden ver a tres jornaleros tratando de remolcar un coche del barro, rodeados de coliflores.
Dentro de La Aljorra, en el centro cívico, se siguen despachando cafés, pero menos: “Ya no vemos a las de la ETT”, explica una mujer fumando en la terraza. Ella y su amiga acaban de llegar, relevando a una mesa repleta de señores de sonrisa cuarteada y ojos brillantes. “Tenemos amigos trabajando en las auxiliares. Nos dicen que no saben si los van a despedir o no, que tienen mucho miedo”, abunda la otra mujer.
“Las empresas cuando le ven las orejas al lobo lo primero que hacen es echar a gente. Eso impacta aquí en el pueblo. La industria auxiliar aquí deja dinero”, apunta Ángel, vecino de la zona. “Tenemos un local que abre solo para dar los desayunos, no abre el resto del día. Ellos tendrán que cerrar”, vaticina.
Son casi las tres de la tarde, pero el comedor del restaurante de Patricia está vacío con la salvedad de dos trabajadores de la planta en la barra: “Los autónomos lo vamos a notar. Tenemos pagamentas, en enero como siempre sube todo y si encima perdemos clientes, no se puede”.
“Ha bajado bastante la cosa. Aquí servimos menú diario, normalmente unos 15 o 20. Miras como está ahora [la sala], hace un mes o así a esta hora estaba corriendo de un lado para otro para poner los postres”, describe Celia, su empleada. “El cierre nos va a afectar a todos nosotros, a la gasolinera, los supermercados, a todo el mundo”, abunda Patricia.
“Este sábado vamos a hacer un concierto, para ver si atraemos a la gente de la zona. Haremos también un menú especial para el Día de los Enamorados. Si desaparece una parte de la clientela, tendremos que fomentar la otra”, detalla Celia.
“Soy amiga de ellos, los conozco muchísimos años prácticamente a todos. Llevan muchos años trabajando ahí [los empleados de Sabic], y ahora los quieren echar con una mano delante y una detrás. Igual que ellos han dado la cara por esa empresa tantos años, lo normal es que la empresa de la cara ahora por ellos”, razona Patricia.
“Al final haces familia, ¿sabes? Se les coge aprecio, vienen, te cuentan y tú les escuchas”, explica Marisa en el bar de al lado. La joven abrió el negocio hace un año junto a su pareja: “Ya no se trata del gasto que puedan hacer aquí, es el que se ausenten. El bar está triste. Muchos siguen viniendo, a lo mejor salen de la huelga o vienen a verte simplemente a tomarse algo. Yo no pierdo la esperanza”.