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“¡Disfruta! Solo tienes 18 veranos con tus hijos”: los mensajes culpabilizadores contra los padres que plagan las redes

Hace unas semanas, Marina estaba reincorporándose a su trabajo con un bebé lactante y una niña pequeña. Había gastado todos los permisos posibles e incluso las vacaciones de este año para alargar el tiempo en casa. Empezaba además a pensar cómo se organizaría en verano, sin colegio y sin días libres para cuidar. “Y entonces, un día, de camino al trabajo, abro Instagram y me encuentro con una publicación que dice: 'Disfruta, solo tienes nosecuántos veranos con tus hijos, el tiempo pasa rápido’. Pero, ¿cómo se puede pensar en disfrutar en estas condiciones? Cerré la 'aplicación sintiéndome culpable y enfadada”, recuerda. 

“Dicen que cuando tu hijo cumple 12 años ya has pasado con él el 75% del tiempo que pasarás en tu vida”. Este es otro de los mensajes que, de tanto en tanto y con ligeras variaciones, viralizan en redes sociales y acaban llegando a madres y padres. También hay versión navideña: “Recuerda que solo tenemos diez Navidades para ser Papá Noel”.

La psicóloga María Huertas Vieco cree que este tipo de mensajes pueden tener consecuencias negativas para las familias. “Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso —el vínculo con los hijos—, introducen la exigencia. Y cuando el disfrute se convierte en obligatorio, pasa a ser una tarea más que cumplir, en lugar de una vivencia espontánea”, explica. También señala que son ideas que “tienden a simplificar la realidad”: “Frases como ‘solo tienes 15 veranos con ellos, disfrútalos’ o ‘el tiempo pasa muy rápido, aprovéchalo’ no contemplan que esos veranos pueden estar atravesados por realidades muy diversas, y que no todo lo que ocurre en ellos es disfrutable de la misma manera”, asegura la experta.

En su consulta en Espacio Psinergia se ha encontrado con muchas familias con este problema, “especialmente en terapia individual con madres, en muchos casos sobrecargadas, abrumadas, con niveles importantes de culpa y ambivalencia”, señala la también terapeuta familiar.

Es posible que generen cierta ansiedad ya que, aunque apelan a algo valioso —el vínculo con los hijos—, introducen la exigencia

Una situación de este tipo la está viviendo ahora mismo Ana Roche, actriz y madre reciente. “Recibo muchos mensajes de este tipo, que me generan culpa, ansiedad y miedo. Inevitablemente te comparas, pero las redes marcan unos niveles de perfección a los que es imposible llegar. Y acabas pensando en qué estás haciendo mal para no disfrutar en la medida que te marcan esas influencers o madres perfectas. Parece que para maternar tuviéramos que ser expertas en todo, pero yo no sé si voy a conseguir hacerlo todo tan bien como veo en las redes”, se pregunta Ana.

Irene Ferradas es periodista, formadora y madre. Ella también recibe a diario este tipo de publicaciones y cree que los mensajes que urgen a exprimir la maternidad son “frases hechas que se dicen sin pensar demasiado ni en su origen ni en sus posibles repercusiones para quien las escucha”. “No tengo claro qué es ser buena madre, pero sé que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exigírselo a mi hija sería un disparate”, reflexiona. 

Mandatos, idealización y ansiedad

Florencia Sichel, filósofa, escritora y docente argentina, denuncia que este tipo de mensajes “aparecen como una especie de mandato”: “Tenés que estar con tu hijo porque nada es para siempre. Y eso en algún punto es cierto. Es verdad que no van a ser chicos toda la vida. Pero también es cierto que nosotros, como adultos, tampoco vamos a estar de la misma manera toda nuestra vida. Eso tiene que ver con el paso del tiempo. Entonces hay algo que hay que asumir: sí, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliación”, asegura Sichel.

No tengo claro qué es ser buena madre, pero sé que no tiene que ver con disfrutar todo el rato. No se me ocurre nada, de hecho, que siempre, siempre, siempre me haga disfrutar. Exigírselo a mi hija sería un disparate

Coincide en este análisis María Huertas: “No se puede desligar el bienestar en la crianza de factores como el apoyo social, la conciliación, la carga mental o los recursos disponibles”, explica. Y añade que este tipo de simplificaciones “tienen que ver con una narrativa bastante descontextualizada e idealizada de la crianza”: “Ese ‘disfruta ahora, que pasa rápido’ construye una imagen dulcificada y, en ocasiones, romantizada de la maternidad, centrada en los momentos bonitos o significativos, pero que deja fuera una parte esencial de la experiencia cotidiana: rabietas intensas, noches sin dormir, enfermedades, cansancio acumulado o momentos de irritabilidad. Y eso también es crianza. No todo es disfrutable, y reconocerlo no le resta valor a la experiencia, sino que la hace más realista y habitable”, asegura la psicóloga.

También Florencia Sichel apunta las consecuencias que puede tener recibir este tipo de contenidos “sacados de contexto”: “Cuando no tienen un enmarque situado, terminan generando mucha culpa o la sensación de que uno no está haciendo las cosas como debería. Y en ese sentido hay algo bastante naif, porque la crianza es mucho más compleja y excede cualquier consejo que, desde la mejor de las voluntades, alguien pueda dar”.

Relativizar y desconectar

En su libro Todas las exigencias del mundo, la filósofa invita a aplicar una mirada diferente a la experiencia materna y paterna, a la vida adulta, libre de exigencias. “Los padres tendemos a poner muchas expectativas, a idealizar, y a creer que por adoptar cierto consejo, incluso de alguien experto, eso va a funcionar de esa manera con un hijo. Y la mayoría de las veces no pasa”, explica. Su propuesta para evitar estos discursos simplificantes pasa por construir redes: “Necesitamos más intercambio real, en lugar de buscar respuestas fáciles a problemas que son, en verdad, mucho más complejos”, explica.

Hay algo que hay que asumir: sí, nos vamos a perder algunas cosas con nuestros hijos, porque es parte de la vida y de la conciliación

“Conviene no asumir estos mensajes como un dogma ni como una verdad absoluta, sino mantener una lectura crítica que permita situarlos como lo que son: mensajes consumibles de redes sociales”, propone la psicóloga María Huertas Vieco. Ella también señala la necesidad de no abordar estas problemáticas desde lo individual, sino desde lo estructural: “[Estos discursos] se apoyan en una idea muy extendida de que, con actitud, todo es posible, y que todo depende del esfuerzo o de factores individuales, pero la capacidad de disfrutar no depende únicamente de una decisión personal, sino del contexto: del tiempo disponible, de la carga mental, de la red de apoyo o de la situación económica”, asegura.

Ana Roche reconoce que su posparto está siendo “complicado”, por lo que en ocasiones recibir este tipo de impactos la ha llevado a dudar de sí misma. “Si ya es difícil cuidar a una bebé, encima el algoritmo te hace desconfiar de ti misma”, explica. Así que ella ha optado por reducir el tiempo de uso de redes sociales y dejar de compararse. “Ahora apenas entro en las aplicaciones, y aunque no he conseguido desinstalármelas, he reducido la exposición y la ansiedad también ha bajado”. Marina, madre de un bebé y una niña pequeña, ha tomado una solución más drástica: “Directamente me he desinstalado Instagram. Paso de que me sigan bombardeando con este tipo de discursos que solo hacen daño”.