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La generación del bisturí y las 'celebrities'

Los medios de comunicación enaltecen nuevos iconos de belleza que promueven una exacerbada obsesión por la imagen corporal

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Foto: Yokota Air Base

Foto: Yokota Air Base

Marta Fernández tiene 17 años y lleva desde los 14 ahorrando para financiarse la rinoplastia de sus sueños. Hace recuento de los billetes que contiene su hucha con forma de cerdito y celebra con júbilo haber alcanzado la meta propuesta, a pesar de la oposición de su familia. También ha instalado en su teléfono móvil una cuenta atrás hasta la fecha de la reunión con su doctor. Esta ansiada cita en la clínica coincide, además, con su decimoctavo cumpleaños. "Siempre he tenido complejo con el tamaño de mi nariz, me hace sentir insegura y avergonzada. Por esta razón, apenas comparto selfies en las redes sociales", declara.

Sobre la mesa de noche de su dormitorio hay varias revistas del corazón desperdigadas. En una de ellas aparece Kim Kardashian, posando bajo el siguiente titular: 'Consigue este look natural en sólo tres pasos: conoce los secretos de la celebridad de moda'. La minimalista estrella de los reality show presenta, a simple vista, tres capas de maquillaje, pestañas y uñas postizas, extensiones de cabello, miles de dólares invertidos en tratamientos rejuvenecedores e innumerables intervenciones quirúrgicas. Asimismo, Fernández admite que en su grupo de amigas todas se han planteado qué les gustaría retocarse. "Estoy convencida de que un futuro me decantaré por hacerme la cirugía plástica en otras partes de mi cuerpo, como en los pómulos o en los labios", añade.

Al igual que esta joven, cada vez una mayor tasa de la población recurre a la cirugía estética; y enumeran las imperfecciones que desearían corregir a golpe de bisturí con la misma frivolidad con la que recitan la lista de la compra. Según los datos estadísticos proporcionados por la ISAPS o Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética, España ocupa la duodécima posición en cuanto a índice de intervenciones estéticas, con un total de 473.074 registradas en 2016. Dicha cifra, que se divide entre 225.851 procedimientos quirúrgicos y 247.223 no quirúrgicos, representa el 2% de la totalidad de intervenciones realizadas cada año en el mundo. Por otra parte, Estados Unidos encabeza esta clasificación con 4,2 millones de intervenciones estéticas anuales. Le siguen de cerca Brasil, Japón, Italia y México. Otros países que superan al nuestro en este ámbito son Rusia, India, Turquía, Alemania, Francia y Colombia.

Respecto a los datos registrados, el doctor Óscar Villafañe, especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora en la clínica Onkologikoa de Donosti-San Sebastián y en la clínica San Miguel de Pamplona atribuye el auge de estos procedimientos al impacto de la publicidad y de los medios de comunicación, al abandono del estigma de los complejos y a una mayor preocupación social por la apariencia física y el bienestar.

No obstante, el doctor se muestra alarmado ante el número de personas que se someten a estas intervenciones a edades cada vez más precoces, ya que muchas de ellas son todavía menores. "No existe una edad óptima para ello, pero se requiere un determinado grado de madurez por parte del paciente, tanto desde la perspectiva del desarrollo corporal como en la compresión y aceptación del tratamiento", manifiesta.

A su vez, destaca el considerable incremento del porcentaje de hombres que han pasado por quirófano en los últimos años. "Los tratamientos quirúrgicos que más demanda la población masculina son las rinoplastias, otoplastias, liposucciones y blefaroplastias", expresa. Por lo tanto, se puede afirmar que este tipo de prácticas se han expandido a todos los segmentos de la sociedad, con independencia del rango de edad o del sexo.

El mercado de los complejos físicos

Sin embargo, todos los procesos de transformación personal a través de la cirugía guardan un punto en común. "Cuando los pacientes establecen expectativas realistas y obtienen resultados satisfactorios, aumenta el nivel de seguridad que tienen en sí mismos", comenta Villafañe. Explica que, gracias a su nueva imagen, los pacientes se sienten motivados a hacer aquello que siempre habían anhelado. "En muchos casos, esto supone un antes y un después en sus vidas", asegura.

En relación a este aspecto, la doctora Sofía Álvarez de Eulate, psiquiatra del Hospital de Basurto y actual presidenta de la Sociedad Vasco-Navarra de Psiquiatría analiza el rol que desempeña la apariencia física en la autoestima y el equilibrio emocional. Alega que es muy importarte que una persona se sienta cómoda y satisfecha con su propia imagen corporal, en mayor o menor medida. "Dicha comodidad no está tan condicionada por nuestro aspecto físico real como por la percepción subjetiva que tenemos del mismo y por cómo nos valoran las personas de nuestro entorno", sentencia.

Por este motivo, la especialista sostiene que generar inseguridad e insatisfacción en la sociedad es un gran negocio. "Las industrias de cosmética y estética mueven más dinero que la industria farmacéutica, que no es poco", puntualiza. Asimismo, la doctora expone que no sólo se comercializa con el canon de cuerpos delgados, sino con cuerpos delgados, tonificados y carentes de grasa, vello, arrugas, manchas, olor o sudor.

Elixir de la eterna juventud

"Vivimos en una sociedad que valora sobremanera la juventud incluso cuando esa etapa ya ha transcurrido. Ahí radica la popularidad de los tintes de pelo, el trasplante capilar, los liftings anti-arrugas....”, afirma la psiquiatra. De igual modo, asegura que, en mujeres, conservar la juventud y la belleza se valora más que en hombres. A pesar de ello, menciona que la alopecia androgénica o calvicie se visualiza como el próximo filón para las industrias, puesto que afecta a gran parte de la población masculina.

Aunque el refrán 'la belleza es subjetiva' se repite casi a diario en diversos ámbitos, cabe determinar que hay ciertos atributos que conforman el canon ideal de belleza en la sociedad actual. La doctora explica que la simetría corporal se concibe como sinónimo de atractivo físico, y que, a nivel evolutivo, podría estar vinculado a una mejor dotación genética. También sucede lo mismo con la juventud en las mujeres, por su asociación con la capacidad reproductiva y la fertilidad. "El ideal de belleza varía en cada contexto social y geográfico. En este sentido, la sociedad occidental es muy heterogénea y coexisten múltiples percepciones de lo que se considera bello", expresa Álvarez de Eulate. Aun así, puntualiza que la juventud y la delgadez se han sobrevalorado durante décadas en la definición occidental de la belleza.

A pesar de ello, ambos profesionales coinciden en que es posible convivir en armonía con aquellos atributos físicos que consideramos un defecto. Y es que, ni somos perfectos ni necesitamos serlo.

La doctora Álvarez de Eulate señala que son las imperfecciones las que hacen únicas y especiales a las personas y las distinguen del resto. Asimismo, defiende que es indispensable concebir nuestra belleza como un conjunto global de atributos, sin someter cada uno de nuestros rasgos físicos a un minucioso examen.

"Si algo necesita arreglo con urgencia, busca a un especialista. Para todo lo demás, trabaja la aceptación personal, evita rodearte de quienes te hacen sentir inseguro, potencia tus virtudes y acepta con alegría tus limitaciones", concluye.

El precio del rechazo a uno mismo

El Trastorno Dismórfico Corporal (TDC) es una disfunción que podría interpretarse como la hipocondría de la belleza. En las personas que lo padecen, el nivel de preocupación y valoración de un atributo físico es desproporcionado a la realidad del mismo, hasta el punto de generar una incapacidad grave en su vida funcional. Este tipo de pacientes presentan una visión distorsionada de su imagen corporal y manifiestan una preocupación persistente por un defecto físico, sea focal o generalizado.

Estas circunstancias generan un patrón de comportamientos más o menos repetitivos cuya finalidad es esconder, disimular o eliminar el defecto. Los síntomas de este cuadro clínico no se solucionan mediante intervenciones quirúrgicas, y requieren atención especializada y terapéutica. Aunque este trastorno es poco frecuente, cada día abunda más la insatisfacción con algún aspecto físico o con la apariencia global de uno mismo, lo que genera diferentes niveles de sufrimiento e impacto en la vida cotidiana.

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