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Abatid al soldado Sánchez (segundo intento)

El actual período electoral se inaugura con la misma obsesión generalizada que el anterior: ¿cuánta vida política le va a quedar al candidato socialista a la Moncloa? Una pregunta más bien retórica, pues su simple formulación implica ya una respuesta incorporada. Y con pretensiones, además, de convertirse en verdad incontestable, frente a la cual no cabe ya discrepancia alguna. En la dictadura del encuestariado que hoy predomina, ir a contracorriente de los sondeos empieza a ser casi una muestra de mala salud mental.

Y las encuestas nos dicen que Pedro Sánchez es un cadáver político, al que hay que terminar de abatir, por si aún no se ha enterado de su condición de muerto. No se entiende muy bien qué pinta este hombre empeñándose en seguir dando la tabarra, cuando todos le están diciendo que el 'sorpasso' desde la izquierda es un hecho tan cantado, que sólo falta el mero trámite formal de confirmarlo en las urnas con el voto de la gente. También son ganas de enredar, en un momento en que Mariano Rajoy había acabado encontrando en Unidos Podemos el adversario que más estaba necesitando para salvar a España. Y justo cuando los de Rajoy e Iglesias se sienten más cómodos en ese nuevo bipartidismo que han inaugurado, se le ocurre a este hombre ponerse en medio como el jueves y lanzar propuestas de Gobierno, sabiendo que, día sí y día también, se estrellarán contra los apagones y ninguneos informativos que impone la nueva política.

La verdad es que Pedro Sánchez se merece lo que le está pasando. Por sobrado. ¡A quién se le ocurre salir vivo de las pasadas elecciones, en lugar de aprovecharlas para cavar su propia tumba, como los más sabios del Reino auguraban! Y no sólo salir vivo (y contener de paso el “fuego amigo”), sino, además, tener la chulería de presentarse como único candidato a la investidura, aprovechándose, como Dalila con Sansón, de que Rajoy dormía; y de la complicidad irresponsable de un Rey despistado que pasaba por allí. ¡Cómo no estar resentido con quien, habiendo sacado los peores resultados electorales de toda la historia del PSOE, tuvo la audacia de erigirse en la única referencia política para la formación de un Gobierno que sólo podía ser o de Sánchez (versión acuerdo con Ciudadanos) o de Sánchez (versión Podemos controlando el CNI)! ¡A ver si no era como para matarle!

Sorprende que un ser tan cortito de luces y tan irrelevante como se le presuponía haya acabado convirtiéndose en una codiciada presa de caza mayor. Para ser tan prescindible, unos y otros le están dando demasiada importancia.

Pero en el pecado –de orgullo en este caso- está la penitencia. Y ahora Rajoy y quienes apoyaron la permanencia de Rajoy como presidente en la sesión de investidura se aprestan a dejar en su sitio al antiguo candidato presidencial, dándole a entender que, en esta nueva coyuntura, pinta menos que Maximino en Haro. Entre otras razones, porque ahora La Gran Coalición antisocialista ya ha dejado claro que el partido que se juega es otro. Y que se juega, además, con otros contendientes. Ahora el partido se está jugando entre quienes se están yendo a Venezuela, para sembrar el miedo y el voto entre la “gente de orden”, y quienes se escapan de Venezuela a toda pastilla para ocultar sus esencias y proteger adecuadamente su camuflaje socialdemócrata; entre los partidarios de agitar el miedo y los de la sonrisa y el corazón que une al país sepultando para siempre el lenguaje de la cal viva y de las bondades de la guillotina.

Paralelamente, los acontecimientos se van desarrollando como si se hubiera convocado una OPE masiva de francotiradores para acabar con la resistencia del dirigente socialista ¿Y qué otra opción le queda a Pedro Sánchez que no sea salir con los brazos en alto por verse rodeado? Ya no puede ocultarse. Hace ya tiempo que sus numerosos adversarios le han descubierto la jugada. Resulta que ha demostrado no ser tonto, como se pensaba en un principio. Y eso le añade una culpa suplementaria. Por humillar imperdonablemente a quienes sostenían y siguen sosteniendo lo contrario. Tal vez de manera un tanto voluntarista. Porque sorprende que un ser tan cortito de luces y tan irrelevante como se le presuponía haya acabado convirtiéndose en una codiciada presa de caza mayor. Para ser tan prescindible, unos y otros le están dando demasiada importancia. Tanta que dan ganas de recordar lo del clásico: “Los muertos que vos matáis /gozan de buena salud”. O la del otro clásico: “Ladran, luego cabalgamos”.

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