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Las elecciones, la izquierda y las redes

Imagen de archivo del 15M.

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Tras la dimisión de Yolanda Díaz y viendo el desastroso resultado electoral de Sumar y Podemos, va a hacer falta que alguien tenga una buena idea (yo no la tengo) para que todo esto no signifique que, sencillamente, volvemos a la casilla de salida previa al 15M, cuando la izquierda del PSOE estaba acostumbrada a conformarse con dos o tres diputados y, eso sí, con muchas manifestaciones muy masivas que además ahora ya no serán ni tantas ni tan espectaculares. A mí, lo que más me llama la atención en este desastre es que Alvise, un sujeto que ha operado exclusivamente desde las redes sociales, un bocazas propagador de bulos y estupideces, haya obtenido doscientos mil votos más que Podemos (y casi los mismos que Sumar).

Cómo habría podido concebirse algo así en el 2014, cuando estaba tan claro para todo el mundo que el espectacular éxito de Podemos se debía en gran medida a que una generación muy joven había sabido moverse con inteligencia en las redes sociales. No es posible imaginar un punto final más humillante. O sea, que ni siquiera eso hemos sabido hacer. En la izquierda nunca hemos tenido grandes corporaciones mediáticas, pero parece que tampoco se nos ha dado bien conquistar una mínima hegemonía en Internet. Habría que consultar con los algoritmos de Youtube, de Instagram o de TikTok. A mí me da la impresión de que el auge de la extrema derecha es apabullante. Toda la inteligencia atesorada por lo que se llamó la “generación más preparada de la historia” no ha sido capaz de imponerse en las redes sociales. Pongamos por caso, en el terreno de la economía, Eduardo Garzón cuenta con apenas 37.000 suscriptores. Juan Ramón Rallo, con 720.000. Yo diría que esta debe ser más o menos la proporción entre izquierda y derecha en muchos otros campos.

Hay un océano en Internet muy cargado políticamente, en el que, sorprendentemente, la izquierda, tampoco ha sabido moverse, pese a que aquí no podía alegar la falta de medios. Eso tiene sus efectos. Yo los aprecio como profesor de primero de carrera, pues hace ya una década que empecé a encontrarme con algunos alumnos que vienen convencidos de que la guerra civil comenzó en 1934, cuando el golpista Largo Caballero llamó a la revolución en Asturias. Obviamente eso no se lo han enseñado en el bachillerato, lo han mamado de influencers de extrema derecha. Ahora, en estas elecciones, uno de estos influencers ha sorpasado en 200.000 votos a un partido que estuvo a punto de dar el sorpaso al PSOE en 2016. Hemos entrado en una senda muy resbaladiza, la misma que ha llevado a Milei a la presidencia en Argentina. Ya no es una broma pensar que puede llegar el día en que personajes como Alvise o Llados puedan llegar a ganar las elecciones. Milei las ganó mientras hablaba con un perro muerto, mientras su brazo derecho se declaraba convencida de que  la tierra es plana y otra de sus candidatas proponía proteger legalmente a los varones argentinos de la 'táctica feminista' de pinchar los condones para cazar maridos. Hemos entrado ya en un universo en el que todo es posible, que no es otro que el universo de las redes sociales.

Y las redes sociales, además, en manos de la derecha, se han mostrado un instrumento suficiente para la movilización popular en las calles. De pronto tenemos manifestaciones franquistas y rosarios falangistas en la calle Ferraz. La calle, hasta ahora, había sido el espacio para que se oyera la voz de la izquierda, porque la izquierda apenas tenía otro espacio para hacerse oír. Ahora también ha dejado de ser así. ¿Qué nos queda?

Han pasado muchas cosas desde el 15M de 2011. El desplazamiento más significativo e inquietante me parece el radical cambio de actitud frente a lo que se llama capitalismo. El 15M fue muy esperanzador sobre todo porque vimos a un país reunirse en las plazas convencido de que sus problemas no residían en que hubiera muchos emigrantes,  muchos homosexuales y muchas feministas, sino en algo que tenía que ver con los bancos y los poderes económicos, en suma, con algo que se llama capitalismo. Uno de los lemas del 15M fue el famoso grito de la Bruja Avería, ¡Viva el Mal, viva el capital! Por aquel entonces, los que defendían el capitalismo no defendían propiamente el capitalismo, defendían el statu quo, defendían que eso que llamábamos nosotros, desde la izquierda, “capitalismo”, no era más que la economía natural del ser humano, en su más alta etapa de desarrollo. Ahora ya no es así y sobre todo entre los más jóvenes. Al respecto, la mentalidad hegemónica en las redes sociales es que hay que defender el capitalismo como un programa político para el futuro, precisamente contra un supuesto statu quo socialdemócrata, representado incluso por Milton Friedman, el Banco Mundial y el FMI. Hay una gran parte de la juventud convencida de que lo más rebelde y contestatario, lo más revolucionario que se puede hacer, es “putodefender a España” con el brazo en alto y vitoreando a Franco, mientras se pide una motosierra que acabe con el Estado a favor del turbocapitalismo salvaje. ¿Dónde pensamos que han aprendido a razonar así? Y si han mamado ese mensaje de las redes sociales… ¿dónde demonios ha estado la izquierda mientras tanto? ¿Cómo se perdió esa batalla o esa guerra?

Cuando comenzó Podemos, mucha gente de izquierda criticó a Pablo Iglesias o a Juan Carlos Monedero por participar en las tertulias más infames de la derecha. Algunos estábamos convencidos de que era el camino correcto. Al poco tiempo, la izquierda, casi extraparlamentaria hasta el momento, llegó a tener 71 diputados. Nunca ha habido tanta esperanza y, como se decía, tanta ilusión. Lo que ocurre es que en las redes sociales es muy fácil encerrarte en una burbuja y confundirla con el mundo. Y lo que entonces no se aprecia es que hay burbujas inmensamente más grandes que otras. Alguna izquierda está más orgullosa de sí misma cuanto más pequeña y más impenetrable es la burbuja en la que se encuentra encerrada. Así es que se mira con malos ojos que Clara Serra se rebajara a discutir con UTBH, o a Eduardo Garzón por prestarse a discutir con Juan Manuel Rallo. A mí mismo me han venido a decir que ha sido un error haber sacado un video en La Filosofía en Canal discutiendo la interpretación de Marx que ha hecho Juan Manuel Rallo en su libro AntiMarx. En algún momento, la izquierda abandonó la aventura gramsciana por la hegemonía que había caracterizado al primer Podemos y se optó por una lógica sectaria cada vez más encapsulada en sí misma, cada vez más autorreferencial y narcisista, una lógica suicida que nos ha llevado, al final, a la casilla de salida, pero sin  tener ya un 15M por delante, en un tablero repleto de casillas anarcocapitalistas y franquistas, negacionistas del cambio climático y del genocidio en Palestina, antifeministas, racistas y homófobas, terraplanistas y antivacunas, un verdadero campo de minas. Lo que ha ocurrido en Argentina puede ser una fatal premonición general, viendo el resultado de las elecciones en Europa. 

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