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Opinión - 'Feijóo y el arte de callar a tiempo', por Esther Palomera

Feijóo y el arte de callar a tiempo

11 de mayo de 2026 22:29 h

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Siempre hay un tiempo para hablar y un tiempo para callar. Y para Feijóo y el PP, tras días de excitación, locuacidad y verbo ágil a cuenta del hantavirus y el crucero MV Hondius que debía fondear en aguas de Tenerife, ha llegado el momento del silencio. No por prudencia ni circunspección, sino por temor a quedar en evidencia. O a descarrilar en la campaña electoral de Moreno, que el próximo domingo se juega la mayoría absoluta. Si ha habido o no un toque de atención a la ofensiva de Génova desde Andalucía, nunca lo sabremos.

El caso es que la operación ha resultado un éxito internacional como ha reconocido medio mundo, pese a que la conversación de los populares y su sincronizada de guardia haya girado durante días en torno a un supuesto caos, opacidad y descoordinación en el Gobierno de coalición. En estos tiempos de brocha gorda y polarización en los que el silencio no tiene quien lo practique, nada mejor que la exageración, la mentira, los bulos y la desinformación para infundir miedo, generar alarma y pedir una lluvia de dimisiones a destiempo. Total, cuando la verdad ha dejado de importar y la derecha ha decidido cabalgar a lomos del exabrupto, los de Feijóo saben que nadie espera ya de ellos una pizca de mesura, solidaridad o deber moral. Con Semper o sin Semper.

El recuerdo del covid aún en la memoria colectiva y la llegada en barco de otro virus abrían a la derecha una nueva oportunidad para la sobreexposición verbal y el enésimo zarandeo a Pedro Sánchez y sus ministros. Todos, por cierto, al pie del cañón, y no como Mazón durante la Dana o Díaz Ayuso, que además de seguir sus vacaciones pagadas en México y montar un bochinche indescriptible, ni se interesó por la gestión de la crisis. En su ausencia, tuvo un digno suplente con el presidente canario, Fernando Clavijo, subido al carro de la desmesura y el populismo con peregrinas teorías sobre ratones nadadores que bien podrían haberse pergeñado desde la factoría del ayusismo.

Sin embargo, en cuanto la comunidad internacional comenzó a elogiar al Ejecutivo de Sánchez por su solidaridad y su buen hacer, Feijóo y los suyos enmudecieron. 50 minutos de mitin dominguero en Málaga y ni una palabra del crucero, del virus o del dispositivo desplegado para evacuar y trasladar a sus países de origen a los pasajeros y la tripulación.

León XIV, Ursula von der Leyen, el secretario general de la Organización Mundial de la Salud, el de Naciones Unidas, el presidente de los Países Bajos, su ministro de Relaciones Exteriores, el primer ministro de Francia, el embajador del Reino Unido en España, la ministra de Asuntos Exteriores de Canadá o el embajador de Turquía en España se han deshecho en elogios con España por el éxito del operativo coordinado con 23 países y dos organismos supranacionales, al margen del atronador ruido político y de una oposición abonada al aspaviento y atrapada en la inmediatez y la frustración.

Por lo que sea, a Feijóo parece asistirle un placer por el mal ajeno, especialmente cuando el impropio se llama Pedro Sánchez y el perjuicio pudiera dejar el nombre de España por los suelos. Su deseo ante esta nueva crisis no era otro más que el fracaso del dispositivo y que la OMS, la UE y Naciones Unidas hubieran amonestado al Gobierno. Ocurrió todo lo contrario.

António Guterres, el secretario general de Naciones Unidas, ha agradecido el apoyo del Gobierno de España por la gestión de estos días en coordinación con la Organización Mundial de la Salud: “Aunque el riesgo actual para la salud pública del virus sigue siendo bajo, es importante que los esfuerzos de salud internacionales garanticen la seguridad de todos, incluidos los pasajeros y la tripulación del MV Hondius”, escribió en un mensaje que podría haber escrito Feijóo, y no lo hizo. Una muestra más de que sus obsesiones y el partidismo van muy por delante del interés general.