Las huellas del Club de depravados Epstein

6 de febrero de 2026 22:05 h

0

El Club de depravados Epstein no murió con él, porque tampoco había nacido con él. Lo que sí hizo fue aglutinar a una serie de pervertidos sin escrúpulos y con poder que, visto lo visto ahora, mantienen las riendas de asuntos esenciales en el mundo. Las orgías sexuales con chicas menores de edad eran el gancho del placer, pero detrás había y hay el mismo afán de dominación para controlar dinero e ideología allá donde puedan. Todo, sin límites, sin cortapisa moral alguna. No hace falta que esté Epstein y su isla de los tormentos, están todos los demás. Los nombres que revelan sus archivos sorprenden por la precisión de su reclutamiento en altas esferas de diversos países. Figurar en la lista de contacto no implica que participaran de los delitos sexuales del anfitrión pero sí evidencian su nivel de influencia, la de todo el colectivo.

Los archivos Epstein muestran a una serie de potentados insatisfechos con los goces de los que disfrutan, en busca de más. El más en este caso era el uso, dominación y trata de mujeres muy jóvenes, niñas incluso. Al punto de infligirles no solo abusos sexuales continuados sino dolor, torturas. Se han destacado muy poco las declaraciones del fiscal general adjunto de Estados Unidos, elegido por Trump. Todd Blanche dijo que excluyeron de la publicación del 31 de enero de los archivos de Epstein imágenes de “muerte, abuso físico o lesiones”. No pudo ser más explícito.

El FBI admitió días atrás también que las “fotos y videos” de niños torturados y asesinados en sacrificios rituales no se publicaron debido a su “carácter sensible”.

Las muertes ocasionales de varias víctimas del club, tras sus denuncias o protestas, tienen nombres y apellidos. Varias de ellas se suicidaron, según la versión oficial. La última en el tiempo, Virginia Giuffre, solo el año pasado, fue la que presentó una demanda contra el príncipe Andrés de Inglaterra. Pero no es la única. El propio Epstein se suicidó en su celda, aunque faltaron casi tres minutos de la grabación de una única cámara, según comprobó la revista Wired.

Trump es partidario de “dejar atrás el asunto de Epstein”, dice  Eran uña y carne desde la década de 1990 hasta mediados de la de los 2000, luego se pelearon o rivalizaron e intercambiaron insultos. Trump ha aparecido en cientos de fotos con Epstein -miles se dice-, pero trata de ocultarlo con los instrumentos de los que se ha dotado para controlar su país, en camino de lo que quiere hacer con el mundo. Y dispone de un buen número de seguidores que le creen y de un alto grado de impunidad. Por el momento, al menos.

El exclusivo club del que, sin duda, sigue siendo parte esencial Donald Trump no se limitó a orgías de sexo y sadismo. A través de Steve Bannon como motor más activo se ha tratado de influir en las elecciones de varios países, de Europa también, para colocar gobiernos de ultraderecha. Más adelante se incorporó Elon Musk en la misma tarea que no  ha ocultado en absoluto. Interesantísimos los artículos del corresponsal de elDiario.es en Washington, Andrés Gil, o del subdirector Iñigo Saenz de Ugarte. También merece la pena ver la pieza magistral que elaboró para el Telediario de TVE Víctor García Guerrero. Porque hay mucho detrás de este club que se difunde menos: la actividad de Epstein como agente del Mossad israelí, por ejemplo, y cuánto han condicionado los secretos que se supieron de algunos mandatarios. Y en eso seguimos estando.

 Huellas, modus operandi. El uso, abuso y menosprecio de las mujeres es práctica universal. Se ha dado como argumento para la ocultación de muchos archivos Epstein el deseo de preservar la identidad de las víctimas, cuando se ha sabido mucho más de ellas que de sus agresores. Otra práctica mundial también. Y el culpalizarlas a ellas. En España también lo padecemos por supuesto e implicando a políticos. El caso Nevenka por así decirlo se reproduce una y otra vez. El del alcalde de Móstoles y la concejala que le denunció ante el partido sigue todos los pasos de aquel manual: el partido -PP de Madrid- lo oculta, le aconseja silencio (“Todas hemos aguantado muchas cosas”, le dijo Ana Millán, número 3 del PP de Madrid) y termina por tratar de intimidarle. Este viernes se ha sabido que Millán cuestionó el acoso denunciado por la edil de Móstoles y la amenazó con un expediente por “pasar información al PSOE”. Está el audio. Y después desprestigiarla con bulos. La propia Ayuso no quiso ni recibir a la víctima y la agrede verbalmente, según su costumbre con todas las víctimas de sus gestiones y fracasos. Dicen que la revelación viene vía fuego amigo contra la presidenta de Madrid, cuya chulería en plena Asamblea vuelve a demostrar el nulo temor que le produce que le pase factura lo que hace.

La internacional fascista, esa que sin duda gozaba del Club de depravados Epstein y de cuantos haya ahora, también acosa a España. El poder es bocado jugoso. A poco que se agudice el sentido común que ata cabos se ve el dinero que les sale hasta por las orejas para operar y las maniobras mediáticas de apoyo. Y los millones de incautos atrapados en sus redes.  Por cierto, ahora sí que no cabe duda de que el Washington Post de Jeff Bezos ha caído de bruces en la oscuridad, la que mata la democracia, al despedir a 300 periodistas, un tercio de su plantilla.

Hablando... de lo mismo, siempre es tan parecido. Ssucia campaña electoral en el Aragón que me vio nacer y al que apenas reconozco, salvo en algunas personas magníficas como solían ser. Uno ama la tierra donde nace por lo vivido y compartido, por el roce como con las personas. Comunidad histórica de regios y trascendentes pasados que, a pesar de su baja población, mantuvo el pulso ante los grandes, por ser grande también. Sobrecoge ver en qué ha quedado la lucha por las libertades y por ponerla en el mapa nacional. Si levantaran la cabeza Labordeta, Carbonell, Eloy Fernández Clemente, Emilio Gastón y tantos otros, paradigmas de un tiempo de cultura, periodismo pujante, política sin sujeciones. Comido hoy Aragón por los problemáticos Centros de datos, que succionan su energía sin mañana que ofrecer, como principal motor de desarrollo. El Aragón usado en campaña por lideres políticos nacionales que les ignoran durante todo el año y todos los años en los que no hay campaña. Que van allí a decir sus cosas -a menudo incongruentes como Feijoo- con la cara de circunstancias de su candidato detrás. No sé quién les sunsió el espíritu guerrero. Sunsir, verbo aragonés que significa exprimir la enjundia, secar, aunque mucho más preciso. 

Estamos en un momento en el que los magnates que sostienen a Trump pueden insultar sin consecuencias al presidente de un gobierno democrático. Son el soporte de un autócrata que ya anticipa la idea de alterar las elecciones “para que nadie se las robe otra vez”, como dice Bannon. Un informe de HRW Human Rights Watch declara a Estados Unidos como nueva amenaza para los derechos humanos y destaca el avance de una “ola autoritaria” desde allí que los países democráticos deben combatir en alianza para proteger los derechos de todos. Es el epicentro del club de los depravados, ése que se extiende ya por múltiples pueblos del mundo. De la mano de Trump y sus secuaces acelera en sprint su objetivo. En España cuenta con muchos. Beben de él y le dan de beber; salvando las distancias, se retroalimentan.