No le toquéis las palmas a Moreno Bonilla
Desde Neo esquivando balas en Matrix no se veía algo igual: la capacidad asombrosa de Moreno Bonilla para doblarse hacia atrás y hacia los lados, contorsionarse y ver pasar a milímetros los acuerdos entre Vox y PP, fiuuuuu, la “prioridad nacional” asumida por el PP, fiuuuuuuu, las vicepresidencias de Vox en gobierno con el PP, fiuuuuuu... Nada de eso le alcanza, fiuuuuu, fiuuuuu, le pasan rozando como si él no fuese del PP.
Es que Moreno Bonilla no es del PP, aclaremos el malentendido. Es verdad que milita en el PP, preside el PP en Andalucía y se presenta por las listas del PP, pero más allá de esas casualidades, no es del PP. O al menos no lo parece. Él se compara con Macron, el presidente francés que en sus inicios no parecía tan de derecha y era capaz de raspar voto de centroizquierda. El suyo es “el modelo de la moderación, la convivencia y el diálogo”, repite estos días, y añade: “yo soy moderado y los moderados nos entendemos con todo el mundo”.
¿Con todo el mundo? ¿También con Vox? Solo si los andaluces le obligan, no porque él quiera. Chantaje emocional se llama eso: “esta decisión es de los andaluces, que también tienen una responsabilidad”, avisa, porque “espero y deseo no verme en el trance de sentarme a negociar con Vox”. El truco es muy burdo: dadme mayoría absoluta, y así seguro que no gobierno con la ultraderecha, que yo de verdad que no quiero, no me obliguéis a hacerlo…
Siempre que oigo al presidente andaluz razonar así, me viene una expresión muy de su tierra que es también la mía: “no me toquéis las palmas, que me conozco”. Y es que a Moreno Bonilla, llegado el momento, tampoco habría que tocarle mucho las palmas, conocidos sus antecedentes. Aunque su muy trabajada imagen macroniana consiga que lo olvidemos, hay que recordar que, antes que Guardiola, antes que Azcón, antes que Murcia, Valencia o Castilla y León, antes que todos ellos estuvo Moreno Bonilla. El pionero, el que abrió camino, el que hizo imposible ningún cordón sanitario, el primer gobernante del PP en firmar un acuerdo con la ultraderecha de Vox fue él, en enero de 2019.
Fue Moreno Bonilla quien abrió las puertas de las instituciones a la ultraderecha nada más llegar, quien le dio legitimidad y respetabilidad de actor político con el que se puede llegar a acuerdos. Y lo hizo con un Vox que entonces era quinta fuerza con 12 diputados, imaginemos lo que negociaría con un Vox tercera fuerza al que las encuestas dan hasta 20 escaños. En aquel pacto no estaba todavía la “prioridad nacional”, pues Vox solo empezaba a asomar la patita, pero ya había xenofobia (se hablaba en el acuerdo de “efecto llamada”, mafias y fundamentalismo islamista). Lo firmó Moreno Bonilla, y si le “obligamos”, volvería a hacerlo.
Así que no, no le toquéis las palmas que ya lo conocemos.