La noche triste de Ayuso en Tenochtitlan
La presidenta de la comunidad de Madrid ha perdido su halo de imbatibilidad. Demasiados errores no forzados que dejan en evidencia que esa frescura que le posibilitaba puntuar con cada acción ha desaparecido. Está débil. Cada vez más y comienza a desgastarse por su propia ineptitud. Ayuso ha replicado la noche triste de Hernán Cortés en Tenochtitlan y ha convertido a sus amigos mexicanos de la derecha en Moctezumas siendo apedreados por su propio pueblo. Desconocer la historia y las heridas de los países a los que te diriges nunca sale gratis.
Su odiseico viaje a México ha sido tal calamidad que la única manera en la que ha podido salir del embrollo es apelar a su mítico victimismo y el lameteo indisimulado de aquellos periodistas que están a sueldo, o en Telemadrid, vía directa, o en el resto de medios que Miguel Ángel Rodríguez tiene comprados por la vía indirecta de la publicidad institucional en su plan de medios. Isabel Díaz Ayuso solo se pondrá en una entrevista con gente como Nacho Abad, que a lo más que llegará como estrategia para hacer “periodismo” es a dejarla hablar sin filtros y así dejar en evidencia las carencias cognitivas de la presidenta que le impedirían unir el predicado al sujeto sin colapsar provocando en el televidente una sensación incómoda de vergüenza ajena.
En la entrevista sorprendió que Ayuso dijera que se le quiere “jinchear” cuatro billetes de avión. Y claro, no pude dejar de pasar el hecho de que dijera cuatro. Dos de ida y dos de vuelta. El de ella, y el de, ¿quién?. Así que pregunté a Miguel Ángel Rodríguez sobre ese punto y me negó que Alberto González Amador viajara en ese safari pagado con dinero público. Si algo he aprendido es que la palabra de MAR solo sirve para seguir buscando la verdad.
Una cosa que llamó la atención en su intervención en la Asamblea de Madrid es la repetición cual loro amaestrado de una frase que algún asesor le dejó escrito y fue intentar refutar el daño que la colonización de España hizo en México y las tropelías que se cometieron intentando dejar caer con poca fortuna que en el imperio mexica también se cometían atrocidades. La presidenta la hizo apelando a la calle Guatemala 24 en México DF al acusar a Claudia Sheinbaum de ocultar lo que allí está enterrado.
La presidenta se refiere, porque no sabe a qué se refiere, al Huei Tzopantli, un monumento mexica del siglo XV construido con los huesos de los sacrificados por el imperio de la Triple Alianza Etetl Tzontecomatl. No se le puede pedir a la lideresa que desarrolle algo más de una realidad que desconoce profundamente, porque entonces tendría que entender que ese es un legado arqueológico de Tenochtitlan, la ciudad mexica, que acabo devastada en 1521 por la llegada de Hernán Cortes y que el conquistador español sepultó construyendo encima el nuevo México colonial. De hecho en la misma dirección, entre las calles Guatemala y Argentina, se encuentra el Huei Teocali, el gran templo que fue sepultado por Cortés al construir encima la catedral de México y que no fue hasta los años 80 cuando se descubrieron las ruinas que la conquista española intentó sepultar y ocultar y con ella la historia de los pueblos originarios, la Triple Alianza y todo aquello que se construyó antes de la llegada de Hernán Cortés.
Los que ocultaron el Huei Tzopantil fueron los que los sepultaron bajo el México colonial. Ocultar, lo que también podemos llamar ocultar, es lo que hace Isabel Díaz Ayuso con su negativa a que se coloque una placa en la sede de la Comunidad de Madrid recordando que ese edificio fue donde se torturaba a rojos y se los hacía caer por las ventanas. Eso es lo que querría hacer el PP con Ayuso; ocultarla para que deje de avergonzar al partido. No se atreven a decirlo en Génova porque tienen miedo de su asesor y un final como el de Pablo Casado, pero lo que les pide el cuerpo es usar un cuauhxicalli y usarla como ofrenda.