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Rojo, verde, rojo

Angela Merkel y Armin Laschet,

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Rojo, verde, rojo, el color de una posible coalición que pueda gobernar tras las elecciones alemanas del próximo 26 de septiembre, está provocando un enorme debate en el país y puede tener consecuencias más allá del territorio alemán. 

La soledad del gobierno rojo, rojo, de Sánchez en el ecosistema europeo, puede verse acompañada por la nueva paleta de color rojo, verde, rojo, en función de lo que dicen actualmente los sondeos. El SPD, partido socialista, obtendrá el 25% de los votos, mientras que la CDU, el gobernante actualmente con Merkel, supera justo el 20%. En esa tesitura, Los Verdes con un 17%, y Die Linke con un 6%, a la izquierda del SPD, pueden ser los partidos que sustenten una posible coalición de izquierdas.

El temor a esa posible coalición ha hecho que Ángela Merkel, actual Canciller que no se presenta en estas elecciones, haya tenido que salir públicamente en defensa del candidato democristiano y contra esa posibilidad, con una frase lapidaria: "No da lo mismo quién gobierne este país". 

A muchos les quita el sueño la posibilidad de que Die Linke entre a formar parte de un gobierno de coalición con sus propuestas de izquierda ortodoxa. Es casi una repetición de aquella otra frase lapidaria de Pedro Sánchez, "yo no dormiría tranquilo por las noches", cuando se planteaba la posibilidad de un primer gobierno de coalición con Podemos.

Y es que esa izquierda, a la izquierda, es contraria a la existencia de la OTAN y pide cosas como un sueldo mínimo de 13 euros la hora, un límite al alquiler y transporte de cercanías gratuito.

Por su parte Los Verdes, Die Grünen, que nacieron en 1980 como grupo político, introdujeron en la sociedad alemana el ecologismo político, y son responsables, en buena parte, de esa conciencia medioambiental que es sustancial en el país. En estas próximas elecciones los verdes alemanes se presentan con una posibilidad real de situar a su candidata Annalena Baerbock, en una posición privilegiada cara al gobierno de la república federal.

La clave, en todo caso, la tendrá el actual líder del SPD, Olaf Scholz. Y ahí nos encontramos con la Realpolitik, el término acuñado por Otto von Bismarck que no es, ni más ni menos, que introducir el pragmatismo en la política a veces alejado de las propuestas ideológicas de cada partido.

Scholz, el candidato del SPD socialdemócrata a la cancillería, es actualmente vicecanciller y ministro de Finanzas con Ángela Merkel, en el gobierno de gran coalición entre democristianos y socialdemócratas. Como ministro de Finanzas mantiene políticas económicas ortodoxas y muy en línea con el espíritu más moderado de la socialdemocracia, un elemento esencial de la gran coalición.

Así que sí, Scholz, seguramente, no dormiría por las noches si tuviera que coaligarse con Die Linke obligado por los resultados electorales. Seguramente habrá tratado el asunto con Pedro Sánchez. ¿Qué colega, cómo vas por la noches?¿Duermes sin pastillas? Así que el rojo, verde, rojo, por mucho que las encuestas lo dibujen, tiene un complicado recorrido. Habrá que esperar, como en cualquier cita electoral, a los números, el número de votos, que son los que marcan el final del viaje. 

Porque otra posible coalición es la llamada semáforo, rojo, verde, amarillo, en este caso con el SPD, Los Verdes y los amarillos del FPD liberal, cuyas expectativas de voto actual, según sondeos, es del 13%, un poco más que la ultraderecha de la AfD (Alternative für Deutschland) que se queda en el 12%.

En Alemania, la derecha civilizada que está representada por la CDU y por la CSU en Baviera, se enfrenta a la era post Merkel, y ese es un gran problema porque la Canciller tenía un gran tirón electoral y el actual candidato, el primer ministro de Renania del Norte-Westfalia, Armin Laschet, no tiene ese tirón. Por eso se concentra en mensajes nítidos que calen en la opinión pública: "Nunca más expropiaciones, nunca más comunismo", y pide al candidato socialdemócrata que se defina claramente si va a contar  o no en el futuro próximo con la izquierda de Die Linke." ¿Aceptará o no un ministro de Die Linke Scholz si llega a la cancillería? ¿Por qué no es capaz de responder a esa pregunta con un sí o un no?".

El democristiano ataca allí donde ve la contradicción que le puede ayudar, el comunismo posible aliado del socialismo. En esa labor, el candidato democristiano Laschet tiene la inestimable ayuda, a su vera, de un sabio consejero que puede resultarle decisivo tanto en la campaña como en las posteriores negociaciones para formar gobierno, a pesar de lo que dicen las encuestas en la actualidad. Se llama Nathanael Liminski, es su jefe de gabinete en el gobierno de Renania. Cercano a círculos ultraconservadores católicos, y partidario de eliminar las relaciones sexuales antes del matrimonio, Liminski es un crack en estrategia política y muchos ven en él la clave para que el candidato democristiano pueda mantenerse en el poder a pesar de las encuestas.

Pero la cuestión esencial de las elecciones va a ser la edad del cuerpo electoral. Hace años, a mediados de la década de 1970 los democristianos de la CDU y CSU y los socialdemócratas del SPD, obtenían el 90% de todos los votos. Hoy la situación es diferente y el voto va a estar más repartido. Los jóvenes votan a opciones como Los Verdes, pero los electores de más edad, que forman el núcleo duro de ese cuerpo electoral, votan a las opciones clásicas, CDU o SPD. Como dice Nico Siegel, gerente de Infratest Dimap, "los votantes mayores valoran, a menudo, la experiencia, la competencia y dan mucha importancia sobre todo al perfil carismático y tranquilo, y entonces ponen la cruz y, hasta ahora, el candidato del SPD a canciller, Olaf Scholz, es el que sale ganando".

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Publicado el
10 de septiembre de 2021 - 22:13 h

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