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Los escaños del lehendakari

Imanol Pradales (izq.) y Pello Otxandiano, en el debate electoral.

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EH Bildu va a ser la formación más votada en las elecciones autonómicas vascas de este domingo. Esta es la percepción clara que se obtiene de los diferentes sondeos realizados. Los sondeos son eso, sondeos, y ya han dado más de un susto a determinadas formaciones políticas. Pero en el caso de las autonómicas vascas de hoy se percibe un cambio de ciclo. Otra cosa es  gobernar. Todo dependerá de los datos, de los escaños que salgan tras el escrutinio que conoceremos esta noche. Lo más seguro es que se repita la coalición actualmente gobernante, PNV-PSE, en condiciones que marcarán los nuevos resultados, y el equilibrio de escaños entre PNV y PSE, sus actuales protagonistas.

Los de Pello Otxandiano lideran las encuestas porque EH Bildu se ha convertido en la fuerza de voto útil en estas elecciones. Buena parte de la izquierda que llevó en volandas a Podemos a ser la ganadora en votos en Euskadi en las elecciones generales de 2016, superando el 29% de los votos, parece centrar sus fuerzas en una EH Bildu que ha presentado un programa de izquierdas atractivo para determinados sectores.

Atrás quedaron los viejos tiempos en los que Herri Batasuna, partido madre de Sortu, la esencia de la coalición EH Bildu, llamaba al Gobierno Vasco de Carlos Garaikoetxea “gobierno vascongado”, una burla por integrar sólo a tres provincias y dejar fuera a Navarra y a Iparralde, los territorios vascos de Francia. Tiempo después, el partido creado por Carlos Garaikoetxea, Eusko Alkartasuna, se integra en la coalición EH Bildu. Y ahora lo de Vitoria ya no es el “gobierno vascongado”, sino el Gobierno vasco al que quieren acceder para poner en marcha “las políticas del siglo XXI” que tanto le gusta remarcar al candidato Pello Otxandiano.

El proceso electoral autonómico vasco se estaba produciendo en un ámbito de corrección y educación de un nivel excepcional, si lo comparamos con el ambientillo político que se vive en Madrid, hasta que a Otxandiano le preguntaron si “ETA fue una organización terrorista” y contestó que fue “un grupo armado”, y ETA volvió a la ecuación electoral, y hasta que al candidato del PNV le rociaron con gas pimienta y salió de ese incidente más candidato que nunca.

“Memoria osoa” (Memoria completa), decía Pradales en su mitin de San Sebastián saliendo al paso, sin mencionarlo, a su rival más directo, Otxandiano. Memoria del franquismo, pero “memoria también del terrorismo de ETA, de sus víctimas”, especificaba Pradales.

Días antes, el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, en su nueva juventud política, había marcado el camino con clarividencia: “Julio del 36, un golpe de Estado; el franquismo, una dictadura horrible; y el terrorismo fue terrorismo”.

Pradales y Otxandiano se juegan en estas elecciones el apoyo del 70% de los electores según las encuestas, que ya es decir. Pero se juegan una cosa muy importante, y es quién podrá decir en la noche del próximo domingo: Yo soy el vencedor. 

No es lo mismo para el PNV formar un gobierno de coalición con el PSE desde la posición de partido más votado de las elecciones, aunque sea por poco, que si el ganador en votos es EH Bildu. Por supuesto que, aún siendo la segunda fuerza electoral, el PNV tendrá derecho a formar un gobierno de coalición con el PSE, en eso estriba el juego parlamentario, como dejó patente Pedro Sánchez. Pero estéticamente no es lo mismo. El PNV está acostumbrado a ganar, no ha sido un partido segundón, le gusta unificar sus propios objetivos con los objetivos de Euskadi. Para eso necesita sacar distancia a Bildu.

“Hay partido en Donosti, hay partido en Gipuzkoa”. Andoni Ortuzar, presidente del EBB del PNV llamaba así a sus afiliados a trabajar cada voto, impulsar el voto de los indecisos, mover el voto útil para frenar la expansión increíble de los últimos tiempos de EH Bildu que amenaza con situar al PNV como segunda fuerza. En concreto los sondeos dan un 40% de votos en Gipuzkoa a esta coalición. “Han votado siempre contra los presupuestos vascos y ahora apoyan los presupuestos de España”, recordaban tanto Ortuzar como Pradales en su intento de superar los sondeos y lograr apoyos para un PNV que empieza a ver complicado desbaratar la inteligente propuesta abierta de EH Bildu. “Tiene trampa”, dice un dirigente del PNV, “Son los mismos de siempre, los que han dicho a todo que no, los que nos han puesto piedras en el camino”.

Las encuestas, que son magníficas cuando aciertan y desoladoras cuando fallan (qué se lo pregunten a Feijóo y a Michavila), señalan la victoria de EH Bildu y la posibilidad de que PNV y PSE puedan seguir formando un gobierno de coalición con Imanol Pradales como nuevo lehendakari. Es la opción más probable.

El problema es cómo se va a articular en Euskadi el próximo gobierno que salga de las urnas, cuyos datos sabremos esta noche, en un parlamento que tiene 75 escaños, 25 por cada territorio independientemente de su población, lo que perjudica de modo notable a Bizkaia donde el PNV  tiene su mayor caladero de votos. 

El PNV ya había recibido la oferta de Otxandiano de cerrar grandes acuerdos en educación, política lingüística o soberanía, pero tanto Pradales como el presidente del PNV, Andoni Ortuzar, saben que el de EH Bildu es el abrazo del oso y prefieren navegar en aguas más tranquilas como las que les ofrecen la coalición con los viejos conocidos del PSE.

El soberanismo que plantea ahora Otxandiano se adapta a la necesidad de lograr el voto útil de la izquierda y al hecho constatado por el sociómetro del Gobierno Vasco de que la opción de la independencia es apoyada sólo por el 23% de la población. Los datos de apoyo a la independencia en Euskadi suelen variar de más apoyo cuando el gobernante en Madrid es del PP (Aznar es el paradigma en ese sentido) a menos apoyo con Zapatero o con Pedro Sánchez. “Yo soy independentista, dice Otxandiano, pero no estoy planteando la independencia”. Algo que suscribe también el PNV cuyo lehendakari actual, Iñigo Urkullu, derivó hacia la Constitución para buscar en ella el encaje de un nuevo modelo de Estado basado en la Disposición Adicional Primera que “ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”. 

El Parlamento Vasco que salga de estas elecciones va a contar, presumiblemente, con casi un 70% de apoyo electoral a dos fuerzas políticas que vienen del mismo árbol, de aquella antigua foralidad que mencionaba Urkullu, pero ambas se han decantado en los últimos tiempos, sobre todo desde que Pedro Sánchez está en la Moncloa, por el pragmatismo más esencial. 

Imanol Pradales se ha definido “como un independentista con los pies en el suelo” y le gusta precisar, con su tono de remero, que “se observa una ciaboga en quienes ahora utilizan términos como ‘más y mejor autogobierno’, que hasta hace poco tiempo no estaban en el vocabulario de EH Bildu”.

Otxandiano ha explicado que “necesitamos un nuevo autogobierno que nos sirva para hacer políticas del siglo XXI. El respeto a la voluntad de la sociedad vasca, el reconocimiento de la nación vasca”. Se centra, por ahora, más en esas “políticas del siglo XXI” que en el debate de independencia sí o no.

A todo ello se une la confirmación de Eneko Andueza, quien espera reeditar para su partido el éxito en votos de las últimas generales, de que el PSE no va a hacer lehendakari a Otxandiano. “Dedicarse menos a la soberanía y mucho más a la ciudadania” les pide un Andueza que espera obtener más escaños que en las últimas autonómicas y poder marcar así con mayor contundencia las líneas de un probable nuevo gobierno de coalición con el PNV. Es evidente que si el PNV baja en apoyos y el PSE, que ganó las últimas elecciones generales en porcentaje de votos en Euskadi, supera su anterior renta de escaños, en las negociaciones para la conformación del nuevo gobierno Eneko Andueza tendrá la sartén  por el mango.

El temor en el PNV estriba tanto en el sorpasso de EH Bildu como en la pérdida de escaños que implique aceptar el apoyo del PP para obtener la mayoría absoluta, como ya ocurrió en las últimas elecciones forales en Gipuzkoa, donde el PP le regaló un voto a la coalición PNV-PSE para poder conformar el gobierno territorial, cuando la ganadora de las elecciones había sido la candidata de EH Bildu. Esta posibilidad provoca sarpullidos en Sabin Etxea, la sede del PNV, y aunque en el Parlamento Vasco no hay posibilidad de bloqueo porque en la segunda votación sale elegido lehendakari quien más votos obtenga, con un PP en alza en Euskadi, no es descartable que vuelva a ocurrir lo que ya sucedió recientemente en las Juntas Generales de Gipuzkoa. Al final lo que mandarán son los escaños, y las palabras de la campaña serán eso, palabras.

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