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El sorprendente fenómeno del racismo hacia el español

5 de abril de 2026 21:32 h

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Días antes del cántico “musulmán el que no bote” con el que nos deleitó buena parte de la grada del RCDE Stadium durante el partido de la selección española frente a Egipto, el racismo y la xenofobia ya habían brotado en todo su esplendor en las publicaciones en redes sociales con las que Adidas presentó la nueva camiseta de la selección. Como los modelos que posaban con las camisetas, salvo uno, tenían rasgos no caucásicos, la publicación se llenó de los siguientes comentarios (todos reales): 

Ni un español en la foto de la selección española 

La agenda del reemplazo hace tiempo que es un cantazo. 

¿Esta camiseta es para jugar la Copa África? 

Supongo que la equipación de Senegal la promociona españoles. 

Racismo hacia el español. 

¿Es la selección de Naciones Unidas? 

¿Nos queréis meter a todos los moros con cuchara y calzador? 

A los españoles nos quieren borrar del mapa. 

No compréis esta camiseta, que la compren los magrebíes. 

Y, encima, al blanco lo han puesto en el suelo. 

Un pastor alemán sigue siendo alemán aunque nazca en China. Un negro es africano aunque nazca en España. 

Que la compren los menas. 

Fijémonos en ese fenómeno descrito como “racismo hacia el español”. Los españoles, un colectivo históricamente discriminado y reprimido, al menos en las publicaciones de Adidas. Resulta que las personas racializadas están prácticamente ausentes de cualquier espacio de poder en España, son sobrerrepresentadas en los relatos de delincuencia, sufren insultos y violencia a diario, tienen dificultades para acceder a viviendas o trabajos, a menudo se quedan en los escalones más bajos de precariedad, son objeto de identificaciones policiales basadas únicamente en su perfil racial, pero el racismo lo sufren los españoles porque en una publicación de Instagram de Adidas solo aparece una persona blanca. ¡Y en el suelo!

Hasta hace relativamente poco tiempo el racismo en España no se solía presentar de forma explícita, más bien se disfrazaba de preocupación por la seguridad. A partir de ahí la “ciudadanía” dejaba de ser un marco jurídico estable para convertirse en una categoría moldeada en base a criterios selectivos de integración y seguridad. Pero algo ha cambiado los últimos años: el racismo se ha vuelto explícito de cabo a rabo, ha dejado de escandalizar salvo en situaciones concretas como partidos de fútbol; es casi como un ruidito de fondo, el zumbido de la campana extractora al que terminas acostumbrándote. No son incidentes aislados, como repitió el presidente de la Federación, Rafael Louzán, después del partido de la selección. Es un discurso con legitimación política y complicidad social.  

Si todo tuviera que ver simplemente con una preocupación honesta por la migración, la queja sería coherente y transversal. Por poner un ejemplo, a principios de 2024, residían en España más de 300,000 británicos. Sin embargo, esos que tienen la palabra “invasión” en la punta de la lengua constantemente, no utilizan este término para referirse a la compra de viviendas por parte de la población británica en zonas turísticas tensionadas, no se plantean expulsiones masivas ni se cuestiona su integración cultural (más bien limitada, por cierto). No se hace nada de esto porque la condición racial es la clave; porque en España por supuesto que existe racismo (aunque tú no lo seas), pero no precisamente hacia el español.