Entre la vacuidad y la pirotecnia, la subordinación
A veces, solo a veces, hay cosas de la política que se entienden mal o directamente no se entienden. Y a veces, solo a veces, hay una responsabilidad de quienes cumplen el papel de intermediarios entre quienes orbitan la vida pública y los ciudadanos, es decir de los periodistas. Los políticos se han convertido en los verdaderos protagonistas de los medios de comunicación. Fulano dice. Mengano hace. Zutano acusa. Sin embargo, rara vez sus palabras aportan algo que pueda acercar a sus políticas.
El discurso/mensaje de hoy nos conduce más allá de la sociedad líquida de Zygmunt Bauman y nos convierte a diarios, radios y televisiones en partícipes de una dinámica francamente incomprensible. A cada declaración, un titular enunciativo sobre alguien o algo que rara vez desarrolla, argumenta, explica o contextualiza. Una sucesión, en definitiva, de declaraciones donde el protagonismo es de quien habla, y no de lo que hay detrás de sus palabras o sus actos. Es lo que se conoce por periodismo declarativo, una sucesión sin más de sonidos sobre lo que los políticos dicen de ellos mismos o de sus adversarios sin trascendencia alguna para los ciudadanos.
Un ejemplo de lo que hablamos está en las reseñas de lo que unos han llamado pretenciosamente cumbre entre Génova y Sol; otros, una reunión entre Feijóo y Ayuso y alguno, un simple desayuno. Cita en todo caso que hubiera merecido, además, de una convocatoria previa -si es que en realidad tuvo la relevancia que se le atribuye-, un mínimo de contenido -si es que forma parte de alguna estrategia hasta ahora desconocida-.
Lejos de lo uno y lo otro, el presidente del PP y su baronesa madrileña no informaron de su encuentro hasta pasadas 24 horas. Se desconoce el motivo de tan insondable estrategia comunicativa. Si no era una reunión importante, por qué hacerla pública un día después. Y si lo era, por qué se dio cuenta de ella a través de sendas notas de prensa distribuidas desde Génova y la Puerta del Sol.
El texto de la dirección nacional afirmaba que “Ayuso, junto con los consejeros que integran su Ejecutivo, compartieron con Feijóo las prioridades estratégicas” de la región, pero no revela ni quién solicitó la reunión, ni sobre qué asuntos se habló, ni cuáles eran esas preferencias tácticas. Y, en el encuentro, continúa el breve redactado, “trasladaron las principales necesidades que siguen sin ser atendidas por parte de un Gobierno de España empeñado en convertir a los madrileños en rehenes de las prácticas de ajuste de cuentas con las que el PSOE les castiga por su falta de apoyo electoral” en Madrid.
La nota del gobierno regional informa, por su parte, que lo que pasó en ese desayuno fue que Ayuso le trasladó “al líder de la primera fuerza parlamentaria en el Congreso y Senado en España los principales retos y logros de la Comunidad de Madrid, así como los ataques a los servicios públicos madrileños que se están produciendo desde el Gobierno central en diferentes materias: financiación, fiscalidad, la ausencia de inversión estatal en las infraestructuras de transporte como Cercanías, la falta de médicos en toda España que afecta a todas las CCAA, la inexistencia de políticas migratorias así como las trabas con la energía y la gestión del agua que ponen en dificultades el enorme desarrollo en digitalización de la región, entre otros”. Todo en un párrafo y medio.
Palabras grandilocuentes, tono exagerado y ni un solo dato o argumentación sobre lo que se pretende comunicar en lo que a todas luces muestra una estrategia de propaganda a mayor gloria no se sabe bien si de Ayuso o de Feijóo porque quien desveló la existencia de esta bilateral de altos vuelos y tan escasa materia fue primero el equipo del líder nacional.
Si hay algo que subyace tras este esperpento de los estrategas de los populares es la subordinación del líder del PP a su baronesa al desplazarse él a la sede del gobierno regional, y no Ayuso a la calle Génova, como mandan los cánones de jerarquía que siempre han aplicado los presidentes nacionales de ese partido. Todo lo demás, vacuidad y pirotecnia.
Y mientras, quienes tenemos la obligación de contar lo que hay detrás de cada palabra, gesto o acción de quienes nos representan seguimos dando pábulo a tanto fuego artificial y tanta nadería.