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El nuevo embajador de Ecuador busca una relación con Londres más allá de Assange

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El nuevo embajador de Ecuador busca una relación con Londres más allá de Assange

El nuevo embajador de Ecuador busca una relación con Londres más allá de Assange

El nuevo embajador de Ecuador en el Reino Unido, Jaime Marchán, viaja próximamente a Londres con el objetivo de fomentar una relación bilateral castigada por el caso del fundador de Wikileaks, Julian Assange, pero que considera "no está condicionada por su asilo".

"Las instrucciones que he recibido son muy claras y se orientan esencialmente en repotenciar las relaciones del Ecuador con el Reino Unido", explicó en una entrevista este diplomático de carrera que entre 1975 y 1978 fue cónsul y encargado de negocios en la misma legación de la capital británica.

De 71 años y quiteño, desde que fuera designado embajador, Marchán ultima preparativos para viajar la próxima semana a la Embajada ecuatoriana, que desde hace seis años está inevitablemente en el foco público.

Se ha fijado entre sus objetivos, "salir un poco de la zona de reflectores mediáticos en relación al tema del señor Assange", una exposición que no beneficia a los intereses del país andino, que desde hace más de un año trata de buscar una salida a la situación del activista australiano y que fue infructuosamente naturalizado ecuatoriano al objeto de que pudiera dejar la sede diplomática.

"En los últimos años debido a la situación que tenemos en la Embajada ha habido un enfriamiento y distanciamiento obligado de las relaciones", reconoció Marchán al explicar que se debe a dos visiones radicalmente contrarias sobre el asilo.

Así, recuerda que "Reino Unido no reconoce las obligaciones de respetar el asilo en virtud de que no es suscriptor de las convenciones internacionales", mientras que Ecuador forma parte de esas convenciones, especialmente las americanas.

Assange fue asilado por Ecuador en su Embajada en Londres en 2012, cuando ingresó bajo el argumento de que temía ser arrestado en suelo británico y deportado a EE.UU., donde podría ser juzgado por la publicación de documentos militares y diplomáticos clasificados.

La justicia inglesa lo buscaba por haber violado una medida cautelar de arresto domiciliario en relación a un requerimiento de las autoridades suecas de 2010, a raíz de las acusaciones de dos mujeres por violación, que él niega, causa finalmente archivada en Suecia.

Ecuador ofreció este año al fundador de Wikileaks que cumpliera un protocolo que estipula normas de convivencia dentro de la Embajada, o que se entregue voluntariamente a la Justicia británica con ciertas garantías.

"No dieron resultado ni la nacionalización ni esa frustrada intención de darle un nombramiento diplomático. De manera, repito, veo más en la esfera del señor Assange que el tenga que tomar una decisión", dijo el embajador.

A cambio de entregarse, dos secretarios de Estado británicos, Boris Johnson, y Jeremy Hunt, garantizaron a Ecuador que no le extraditarán a ningún país donde haya pena de muerte.

"El Gobierno de Ecuador considera que la obtención de estas garantías es suficiente como para establecer un ambiente de seguridad jurídica con la que el señor Assange quiera considerar libre y voluntariamente la opción de comparecer ante la Justicia británica", consideró.

Fue en agosto pasado cuando Marchán conoció personalmente a Assange tras ser encargado por el canciller, José Valencia, a que le hiciera llegar una comunicación en respuesta a otra de su procurador, Baltasar Garzón, en momentos en los que ya se dirimía la cuestión del protocolo.

Ante la misión que le toca afrontar, el nuevo pero veterano diplomático defiende que "la Embajada no es un campamento de asilo, sino una misión diplomática que tiene una gestión diaria que cumplir".

Puntualizó que cuando el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, se refiere al caso como un "problema incómodo", lo hace desde la convicción humanista de que "no quisiera que eso se prolongue".

"Hemos heredado esa situación, estamos obligados a respetarla y queremos respetarla", apostilló.

Reveló también un aspecto poco conocido y es que la prolongada situación de asilo, "redujo el espacio operativo de la Embajada y el Estado ecuatoriano tuvo que afrontar un alto costo" y alquilar viviendas fuera de ese inmueble del centro londinense.

"No es una cuestión de dos, tres, cuatro o cinco millones de dólares, es el daño incuantificable que esta situación ha producido al Ecuador en su relación con el Reino Unido", arguye.

Pero al mismo tiempo cree que ese "enfriamiento" en la relación bilateral allana el camino a la mejora de los lazos diplomáticos y en otros ámbitos como el cultural, político o comercial.

Sobre todo, en momentos en los que el Reino Unido busca desengancharse de la Unión Europea y "contempla acuerdos comerciales con otros países para acomodar sus exportaciones", y Ecuador aspira a ser un interlocutor.

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