España, desde fuera: un país amable, seguro y con ocio pero penalizado por la corrupción

Un grupo de turistas esperan junto a sus maletas en el centro histórico de Valencia.

Elena Herrera


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Un lugar agradable para residir o hacer turismo —con la amabilidad de sus ciudadanos, el ocio, la aportación a la cultura o la seguridad como principales cualidades— aunque tecnológicamente estancado y no demasiado atractivo para hacer negocios. Es la imagen de España en el exterior que arroja el último informe Country Rep Track, una encuesta realizada por el Real Instituto Elcano junto con el Reputation Institute para medir el atractivo emocional de los 55 países con mayor Producto Interior Bruto del mundo. España también recibe puntuaciones “débiles” en otros atributos que forman la calidad institucional de un país, como los niveles de transparencia y corrupción. 

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El documento —que se basa en 24.000 entrevistas realizadas entre enero y marzo de este año— recoge una caída generalizada de la percepción de todos los países como consecuencia del “clima de pesimismo” ocasionado por la pandemia y la posterior crisis económica y social. En términos generales, España desciende un puesto en el ranking general de 55 países y alcanza la posición 14, aunque su valoración sigue significativamente por encima de la media y de países europeos tan relevantes como Italia, Alemania, Francia o Reino Unido. Con el fin de que los datos resulten homogéneos y comparables, el listado recoge únicamente las valoraciones del público general del G8 (Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Rusia, el Reino Unido y EEUU) referidas a esos 55 países. 

A esa imagen de España contribuye especialmente la alta valoración que recibe en los indicadores relativos a la calidad de vida, que explican más de un tercio de la reputación de los países. De hecho, la amabilidad y la simpatía constituyen el atributo con mayor peso en la construcción de la imagen exterior en las valoraciones realizadas por el G8. Y ahí España se sitúa en sexta posición, al igual que en el indicador de ocio y entretenimiento, que se refiere a la variedad de experiencias atractivas en materia cultural, gastronómica, deportiva o de entretenimiento. En el caso español también es muy valorado el llamado “estilo de vida” —que se mide preguntando a los encuestados cómo de feliz cree que es la gente viviendo en ese país— e incluso el “atractivo” entorno natural. 

Por detrás de la amabilidad y la simpatía, el segundo atributo más importante por su peso en la reputación de los países es la seguridad, que aborda la percepción sobre si el lugar ofrece un ambiente seguro tanto para los visitantes como para sus habitantes. Este indicador también brinda una “buena valoración” a España, que se sitúa en decimosexto lugar, justo por delante de Portugal y Singapur, y dos posiciones por delante del lugar que ocupaba en 2020.

Las puntuaciones son “más débiles”, sin embargo, en los atributos que forman lo que el informe define como la “calidad institucional” de un país, donde tienen especial peso cuestiones como la ética, la transparencia o la corrupción. En este apartado, España ocupa el puesto 17 en ética, donde se pregunta por los niveles de transparencia y corrupción; entorno institucional y político, que mide si cuenta con una estructura bien desarrollada de instituciones políticas y legales; y uso eficiente de los recursos, donde se aborda la percepción sobre los impuestos o la buena utilización de los recursos. 

Tecnología y economía

Por contra, los encuestados ven a España como un país estancado en asuntos tecnológicos y tampoco demasiado favorable para hacer negocios. En referencia a la competitividad de un país, a la estabilidad de su economía y al desarrollo de sus infraestructuras, este atributo muestra cómo de favorable es para invertir. Y España presenta aquí una valoración “tibia” aunque mejora respecto al último informe. Pasa a ocupar la posición 18 —estaba en la 21 en 2020— y se sitúa por detrás de la mayoría de los países nórdicos y centroeuropeos. Atendiendo a estos datos, el informe concluye que las “ventajas competitivas” de España se encuentran en las variables de calidad de vida y seguridad, mientras que las principales desventajas están en las relacionadas con el nivel de desarrollo, excepto la cultura. 

Además de la reputación, el cuestionario indaga también sobre la disposición de los ciudadanos respecto a los diferentes países. En este aspecto, el “gran salto favorable” de España se experimenta en el turismo, medido a través de la pregunta que si “recomendaría visitar” el país en concreto. España estaba en el puesto 14 en 2020 y ha pasado al noveno en 2021, adelantando a Grecia, Reino Unido, Dinamarca, Países Bajos y Finlandia.

Los investigadores sostienen que esta “evolución positiva” se debe a la situación de cada país ante la pandemia de COVID–19, pues cuando se realizó el anterior trabajo de campo —entre marzo y abril de 2020— España estaba especialmente presente en la prensa internacional por ser uno de los primeros estados europeos el confinamiento de la población. “Un año después, extendida la pandemia a toda Europa y a todo el mundo, España vuelve a recuperar su posición relativa como imán del turismo”, concluyen. A juicio de los encuestados, vivir en España o visitarla como turista son los dos comportamientos más recomendables, muy por delante otros como si aconsejaría el país para realizar sus inversiones económicas.

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