Feijóo rompe en menos de un año su promesa de no gobernar con Vox
“No habrá coalición. Es un compromiso”. Así se pronunció el pasado 7 de julio el entonces recién elegido secretario general del PP, Miguel Tellado, un día después del “histórico discurso” en el que su jefe, Alberto Núñez Feijóo, expuso su plan para gobernar España en solitario, sin compartir la mesa del Consejo de Ministros con Vox. Una estrategia que apenas duró seis meses y que el líder de la oposición ha liquidado públicamente antes de un año. Esta semana, en ‘prime time’, Feijóo asumió que hará lo que sea para gobernar tras las próximas elecciones. Incluido dar cabida en el Gobierno de España a la ultraderecha por primera vez en décadas.
“Solo hay dos opciones” tras las próximas elecciones, dijo Feijóo un día antes, en la clausura del congreso del PP que le reeligió como presidente. El líder de la derecha planteó un plebiscito: “O Sánchez o yo, no hay más”. “Y yo quiero un Gobierno en solitario”, añadió. El líder del PP aseguró que, para hacerlo, buscará “alianzas en el Congreso”. ¿Y con quién? También lo dejó claro: “No vamos a hacer un cordón sanitario a Vox. Es la tercera fuerza del país, sus votantes merecen respeto y no estoy dispuesto a arrinconarles”.
“El único gobierno de coalición que ha habido hasta la fecha no ha funcionado”, añadió Feijóo, que zanjó: “Y yo no quiero darle a mi país los mismos espectáculos que vemos cada martes en el Consejo de Ministros”.
Los escribas de Feijóo estaban contentos. Las palabras de Feijóo fueron calculadamente ambiguas. Sus lugartenientes remacharon después aquello que su jefe de filas prefirió no explicitar.
Primero lo hizo Tellado, con esa frase de “no habrá coalición” que pronunció en conversación con los periodistas. Tanto él como el director de Comunicación del partido dieron su visto bueno a publicar la rotunda afirmación.
Un día después, Tellado habló en los micrófonos de Onda Cero, donde aseguró: “Acuerdos con Vox, sí; pero Vox en el Gobierno, no”. Por si quedaban dudas, remachó: “El compromiso del PP es un Gobierno en solitario, único y unido”.
El martes, 8 de julio, fue la también recién estrenada portavoz en el Congreso, Ester Muñoz, quien ratificó lo dicho por Tellado. “Nos comprometemos a que no habrá un Gobierno del PP con ministros del PSOE, como dice Vox; y no habrá un Gobierno del PP con ministros de Vox, como dice la izquierda”, aseguró en su primera rueda de prensa como jefa del grupo parlamentario.
El refrendo a la estrategia llegó de uno de los principales barones autonómicos del PP. El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno, aseguró durante un acto informativo celebrado en Madrid: “Nosotros tenemos que gobernar en solitario. No creo que el señor Abascal, sabiendo la necesidad que hay de cambio, se atreva a no investir a Feijóo habiendo ganado las elecciones. Sería un suicidio político en prime time. Yo conozco a Santiago, y de política entiende. Estoy convencido de que favorecerá la investidura. Tiene que favorecerla porque, si no, se suicidará políticamente”.
Feijóo asume gobiernos autonómicos “proporcionales”
Vox y el PP pasaban por aquel entonces una de sus peores etapas en su fluctuante relación. Un año antes, en el verano de 2024, los ultras habían abandonado en bloque los gobiernos autonómicos que compartían. Un giro estratégico que no fue entendido en Génova, donde aplaudieron a rabiar el movimiento, pero que salvó electoralmente a los de Santiago Abascal.
En 2025 la euforia se había apoderado de un PP convencido de poder derribar al Gobierno de Pedro Sánchez y de estar al borde de un resultado electoral que le permitiría alcanzar, a la segunda, el Palacio de La Moncloa. Como en 2023, en la sede nacional echaban cuentas y los números les daban por encima de los 160 diputados. Con ese resultado, decían, era imposible que Vox se pusiera exigente.
Pero los números decían otras cosas. Por ejemplo, que Abascal acechaba a Feijóo en valoración ciudadana. La clave fue (y es) el discurso antimigratorio. Desde que salió de los gobiernos autonómicos, Vox imitó a otros partidos ultras de Europa y centró su discurso en el señalamiento a las personas migrantes. Una deriva xenófoba y racista que culpa de todos los males a los extranjeros, especialmente a los pobres, y que le está reportando beneficios electorales.
La primera grieta en la estrategia del PP llegó ese mismo verano. Un brote xenófobo en Torre Pacheco (Murcia) provocó disturbios y la caza de personas migrantes por parte de ultraderechistas llegados de toda España en una acción coordinada.
El pretendido discurso emancipador de Feijóo hizo aguas y cerró el mes de julio con un alegato que hubiera firmado Abascal: “Los españoles no se sienten seguros ni en su casa”. En esas circunstancias, el PP decidió forzar un miniciclo electoral autonómico para mostrar a toda España que podían ganar de forma tan holgada que Vox solo podría dejarles gobernar en solitario.
La primera cita en las urnas fue un jarro de agua fría. María Guardiola logró un muy buen resultado en Extremadura, pero Vox aumentó mucho su representación. Lo suficiente como para poder exigir cargos y políticas. Ante la plana mayor del PP, la Junta Directiva Nacional, Feijóo cedió y asumió “gobiernos proporcionales” con Vox. Eso sí, a nivel autonómico. De momento. Por delante quedaban las elecciones de Aragón, Castilla y León y Andalucía.
“Prioridad nacional”, la gran cesión
El partido de Santiago Abascal es una escisión del PP por la derecha fundada por algunos de sus exdirigentes o protegidos, y desde el equipo de Feijóo les acusan de haberle impedido alcanzar la Moncloa en las elecciones de julio de 2023 por sus imposiciones en gobiernos autonómicos y municipales.
Tres años después, Vox volvió a demostrar que su pericia negociadora es mayor. O que su miedo a no alcanzar acuerdos es menor. Sea como fuere, en plena gymkana electoral a principios de este año logró que el PP aceptara la gran cesión a la ultraderecha: la “prioridad nacional”.
Un concepto vacío y sin una traslación legal concreta que la mayoría social ha traducido como un “los españoles primero” que hace furor en redes sociales. Tras Guardiola, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León asumieron también esa “prioridad nacional” así como gobiernos de coalición.
La última esperanza de Feijóo estaba en Andalucía donde, pese al ambiente de mayoría absolutísima que quiso transmitir el aparato del PP, Moreno perdió el control total del Parlamento andaluz. Se quedó cerca, y aún aspira a gobernar en solitario. Vox juega al despiste y no ha deshojado la margarita. Pero todo apunta a que sí tendrá que asumir esa “prioridad nacional” que despreció duramente en campaña.
Y así llegó la esperada participación de Feijóo en ‘El Hormiguero’. Una hora larga de entrevista que el líder del PP preparó con sus asesores durante todo el día. En uno de los programas más vistos de la televisión y sin que se hubiera todavía cumplido un año de su discurso de entronización al frente del partido, Feijóo claudicó: “En el caso de que tengamos que hacer un acuerdo y una coalición de gobierno, nos sentaremos y haremos una coalición de gobierno de acuerdo con los principios básicos de nuestros partidos”.
El líder del PP planteó, eso sí, unas “líneas rojas” que llegan además en plena negociación en Andalucía, por lo que afectan directamente a la negociación de Moreno. Estas son, según sus palabras, el “respeto a la Constitución”, el “respeto a la España de las Autonomías” y el “respeto a las políticas de igualdad, de género y políticas LGTBI”.
Dos días después, en Bruselas completó su giro. El suyo, dijo, “tiene que ser un Gobierno apoyado mayoritariamente por los ciudadanos, con una representación en el Congreso y el Senado muy sólida para tener un Gobierno fuerte que dependa exclusivamente de las urnas”. “Este es mi plan”, apuntó, para concluir: “Haré lo que los españoles me mandan. Si me mandan gobernar en solitario, lo pediré hasta el último minuto de la campaña. Si cuando se abran las urnas el mandato de los españoles varía en parte mi propuesta, asumiré el mandato de los españoles y daré estabilidad a la gobernabilidad”.
La reacción desde Vox no se hizo esperar. Dos de sus interlocutores con el PP en las negociaciones autonómicas, José María Figaredo y Carlos Hernández Quero, comparecieron ante los medios en el Congreso para advertir a Feijóo de que no puede “volver a 2023” y “vender la piel del oso antes de haberlo cazado”.
“No hemos ganado las elecciones todavía, y parece que ya se están repartiendo los ministerios”, dijeron. Y advirtieron: “Plantear líneas rojas, verdes o azules a estas alturas de la película es una tontería. No estamos en el momento, ni siquiera cerca, de formar gobierno”.