La portada de mañana
Acceder
España, epicentro de los incendios más salvajes de Europa
Núñez Feijóo: no a todo con mejores palabras que Casado
Opinión – El invento para ser real, por Elisa Beni

CRÓNICA

Te lo has pasado genial, Pedro, ahora vuelve al mundo real

0

Joe Biden dijo hace unos días que Putin sólo había conseguido “la otanización de Europa” con su decisión de invadir Ucrania. Si eso es cierto, Pedro Sánchez también se ha quedado un poco otanizado estos días, es decir, fascinado por la posición que le ha dado ser anfitrión de la cumbre en Madrid entre la élite política mundial y eufórico por el funcionamiento de la organización. Le dices que puede organizar una cumbre como esta todos los años y le haces el hombre más feliz del mundo.

Margarita Robles también está en éxtasis, cual Santa Teresa de Todos los Ejércitos. En un encuentro con los periodistas el miércoles, al igual que en varias entrevistas en televisiones, sonreía tanto que debió de quedarse con la cara dolorida. Ya estaba dibujando en su cabeza todos los aviones, buques y sistemas de armamento que pretende comprar con la paga extra que le llegará por cortesía del compromiso del 2% del PIB. ¿Qué vas a pedir para Reyes, Margarita? Juguetes bélicos, todos los que pueda.

Con el final de la cumbre de Madrid, toca regresar al mundo real donde espera a Sánchez el socio del Gobierno de coalición al que se le está haciendo duro estar en el poder coincidiendo con la Segunda Guerra Fría y la recuperación de la gran confrontación con Rusia.

Para Unidas Podemos, la pertenencia a la OTAN era sólo una molestia que no le obligaba hasta ahora a decisiones impopulares para su electorado. La guerra en Ucrania ha cambiado totalmente el panorama internacional y las obligaciones de España como integrante de la organización. En Alemania, Suecia y España los socialdemócratas han aceptado el cambio de prioridades y la necesidad de aumentar el gasto militar, porque Rusia vuelve a ser el enemigo de antaño. A su izquierda, no se ven motivos para esa alerta.

“España necesita que a la gente se le atienda en Atención Primaria en 24 o 48 horas, que la gente tenga especialista médico. No necesitamos más tanques y armas”, dijo el jueves Ione Belarra. El problema es que España sí necesita más de todo eso como país integrante de la Alianza, básicamente porque el PSOE lo quiere y su líder aún más, ahora que, como algunos de sus antecesores, disfruta más haciendo de presidente en el exterior que en casa.

Ante estas críticas, Sánchez reaccionó en la rueda de prensa final de la cumbre resaltando que el mundo ha cambiado y que no se puede negar esa realidad. Puso como ejemplo a Suecia, que “ha roto 200 años de neutralidad”. Su decisión y la de Finlandia de entrar en la OTAN hubiera sido impensable hace sólo un año. Las encuestas han dado un giro completo en esos países. “Se ha producido un cambio tectónico”, dijo Sánchez, “y eso nos debe hacer reflexionar a todos”. Lo malo es que hay seísmos que se pueden tragar a un Gobierno.

Sánchez pidió “un acuerdo de país” con el fin de garantizar la seguridad de España, no sólo a sus socios, sino también a la oposición. Esa es la frase que emplean los presidentes para reclamar a los demás que hagan lo que ellos dicen. Privilegios del poder, entre los que está decidir qué es bueno para España. 

Será mejor que los socialistas afinen sus argumentos y que no den por hecho que si los suecos y finlandeses –esos nórdicos que cuentan con tanto gasto social– han decidido entrar en la OTAN, toda la izquierda española debería sentirse satisfecha con el aumento del presupuesto de defensa. Le convendría poner todo lo relacionado con la OTAN en un contexto que incluya a la Unión Europea y los miles de millones recibidos por España de los fondos europeos. Y esperar a que alguien le diga cómo se puede conseguir lo segundo sin aceptar lo primero.

España recibirá al final de todo el proceso 77.200 millones de euros de esos fondos y será el país más beneficiado. Los siguientes serán Italia (69.000 millones) y Francia (37.400 millones).

En las declaraciones de los líderes europeos de estos días, resulta complicado encontrar alguna diferencia entre lo que puede hacer la UE o la OTAN como organizaciones diferentes ante los nuevos desafíos que aparecen en Europa del Este. Cualquiera puede hablar si le place de europeización de la OTAN u otanización de la UE, pero la realidad es que todo el mundo occidental está absorbido por la guerra y sus consecuencias económicas. 

El Gobierno tiene un calendario en mente que cree que jugará a su favor. Sánchez contó que se tardará mucho tiempo antes de llegar a ese 2%. “Nuestro escenario es alcanzarlo en ocho años”, dijo. El presupuesto de 2023 será la primera etapa en ese camino y obligará a negociaciones nada fáciles con Unidas Podemos. Si superan el escollo, ya hay elecciones de por medio y a saber lo que ocurrirá después.

Hay menos tiempo para confirmar en el Parlamento el permiso a EEUU para que amplíe de cuatro a seis los destructores desplegados en la base naval de Rota. Sánchez dijo que esa votación se producirá pronto, pero no dio una fecha ni siquiera aproximada. Fuentes del Ministerio de Defensa han dado por hecho que la llegada de esos buques no es inminente ni, por tanto, la petición formal de Washington.

En realidad, el gran debate que se producirá en Europa este año no tiene que ver tanto con tanques y buques de guerra, sino con la inflación y el coste de la energía por la prolongación de la guerra. Las opiniones públicas no están muy interesadas en el tipo de armamento a disposición de sus ejércitos. Lo que sí están es alarmadas por el impacto económico del conflicto en sus bolsillos. Es ahí donde las discrepancias entre países y dentro de cada uno de ellos pueden agudizarse.

Putin ha apostado por que las sociedades europeas no aceptarán durante mucho más tiempo esta situación. Ese es un debate que cada Gobierno debería ganar con argumentos más sólidos y complejos de los que se escuchan en una cumbre de la OTAN cuyo desenlace estaba decidido desde antes de que comenzara.

Quizá Sánchez recuerde durante mucho tiempo lo bien que se lo pasó en esta gran cita internacional, pero no será con ese álbum de recuerdos fotográficos con el que ganará las próximas elecciones. En el mundo de todos los días, después de las mejores fiestas llega la resaca y cuanto antes salgas de ella, mucho mejor.

Joe Biden dijo hace unos días que Putin sólo había conseguido “la otanización de Europa” con su decisión de invadir Ucrania. Si eso es cierto, Pedro Sánchez también se ha quedado un poco otanizado estos días, es decir, fascinado por la posición que le ha dado ser anfitrión de la cumbre en Madrid entre la élite política mundial y eufórico por el funcionamiento de la organización. Le dices que puede organizar una cumbre como esta todos los años y le haces el hombre más feliz del mundo.

Margarita Robles también está en éxtasis, cual Santa Teresa de Todos los Ejércitos. En un encuentro con los periodistas el miércoles, al igual que en varias entrevistas en televisiones, sonreía tanto que debió de quedarse con la cara dolorida. Ya estaba dibujando en su cabeza todos los aviones, buques y sistemas de armamento que pretende comprar con la paga extra que le llegará por cortesía del compromiso del 2% del PIB. ¿Qué vas a pedir para Reyes, Margarita? Juguetes bélicos, todos los que pueda.

Con el final de la cumbre de Madrid, toca regresar al mundo real donde espera a Sánchez el socio del Gobierno de coalición al que se le está haciendo duro estar en el poder coincidiendo con la Segunda Guerra Fría y la recuperación de la gran confrontación con Rusia.

Para Unidas Podemos, la pertenencia a la OTAN era sólo una molestia que no le obligaba hasta ahora a decisiones impopulares para su electorado. La guerra en Ucrania ha cambiado totalmente el panorama internacional y las obligaciones de España como integrante de la organización. En Alemania, Suecia y España los socialdemócratas han aceptado el cambio de prioridades y la necesidad de aumentar el gasto militar, porque Rusia vuelve a ser el enemigo de antaño. A su izquierda, no se ven motivos para esa alerta.

“España necesita que a la gente se le atienda en Atención Primaria en 24 o 48 horas, que la gente tenga especialista médico. No necesitamos más tanques y armas”, dijo el jueves Ione Belarra. El problema es que España sí necesita más de todo eso como país integrante de la Alianza, básicamente porque el PSOE lo quiere y su líder aún más, ahora que, como algunos de sus antecesores, disfruta más haciendo de presidente en el exterior que en casa.

Ante estas críticas, Sánchez reaccionó en la rueda de prensa final de la cumbre resaltando que el mundo ha cambiado y que no se puede negar esa realidad. Puso como ejemplo a Suecia, que “ha roto 200 años de neutralidad”. Su decisión y la de Finlandia de entrar en la OTAN hubiera sido impensable hace sólo un año. Las encuestas han dado un giro completo en esos países. “Se ha producido un cambio tectónico”, dijo Sánchez, “y eso nos debe hacer reflexionar a todos”. Lo malo es que hay seísmos que se pueden tragar a un Gobierno.

Sánchez pidió “un acuerdo de país” con el fin de garantizar la seguridad de España, no sólo a sus socios, sino también a la oposición. Esa es la frase que emplean los presidentes para reclamar a los demás que hagan lo que ellos dicen. Privilegios del poder, entre los que está decidir qué es bueno para España. 

Será mejor que los socialistas afinen sus argumentos y que no den por hecho que si los suecos y finlandeses –esos nórdicos que cuentan con tanto gasto social– han decidido entrar en la OTAN, toda la izquierda española debería sentirse satisfecha con el aumento del presupuesto de defensa. Le convendría poner todo lo relacionado con la OTAN en un contexto que incluya a la Unión Europea y los miles de millones recibidos por España de los fondos europeos. Y esperar a que alguien le diga cómo se puede conseguir lo segundo sin aceptar lo primero.

España recibirá al final de todo el proceso 77.200 millones de euros de esos fondos y será el país más beneficiado. Los siguientes serán Italia (69.000 millones) y Francia (37.400 millones).

En las declaraciones de los líderes europeos de estos días, resulta complicado encontrar alguna diferencia entre lo que puede hacer la UE o la OTAN como organizaciones diferentes ante los nuevos desafíos que aparecen en Europa del Este. Cualquiera puede hablar si le place de europeización de la OTAN u otanización de la UE, pero la realidad es que todo el mundo occidental está absorbido por la guerra y sus consecuencias económicas. 

El Gobierno tiene un calendario en mente que cree que jugará a su favor. Sánchez contó que se tardará mucho tiempo antes de llegar a ese 2%. “Nuestro escenario es alcanzarlo en ocho años”, dijo. El presupuesto de 2023 será la primera etapa en ese camino y obligará a negociaciones nada fáciles con Unidas Podemos. Si superan el escollo, ya hay elecciones de por medio y a saber lo que ocurrirá después.

Hay menos tiempo para confirmar en el Parlamento el permiso a EEUU para que amplíe de cuatro a seis los destructores desplegados en la base naval de Rota. Sánchez dijo que esa votación se producirá pronto, pero no dio una fecha ni siquiera aproximada. Fuentes del Ministerio de Defensa han dado por hecho que la llegada de esos buques no es inminente ni, por tanto, la petición formal de Washington.

En realidad, el gran debate que se producirá en Europa este año no tiene que ver tanto con tanques y buques de guerra, sino con la inflación y el coste de la energía por la prolongación de la guerra. Las opiniones públicas no están muy interesadas en el tipo de armamento a disposición de sus ejércitos. Lo que sí están es alarmadas por el impacto económico del conflicto en sus bolsillos. Es ahí donde las discrepancias entre países y dentro de cada uno de ellos pueden agudizarse.

Putin ha apostado por que las sociedades europeas no aceptarán durante mucho más tiempo esta situación. Ese es un debate que cada Gobierno debería ganar con argumentos más sólidos y complejos de los que se escuchan en una cumbre de la OTAN cuyo desenlace estaba decidido desde antes de que comenzara.

Quizá Sánchez recuerde durante mucho tiempo lo bien que se lo pasó en esta gran cita internacional, pero no será con ese álbum de recuerdos fotográficos con el que ganará las próximas elecciones. En el mundo de todos los días, después de las mejores fiestas llega la resaca y cuanto antes salgas de ella, mucho mejor.

Joe Biden dijo hace unos días que Putin sólo había conseguido “la otanización de Europa” con su decisión de invadir Ucrania. Si eso es cierto, Pedro Sánchez también se ha quedado un poco otanizado estos días, es decir, fascinado por la posición que le ha dado ser anfitrión de la cumbre en Madrid entre la élite política mundial y eufórico por el funcionamiento de la organización. Le dices que puede organizar una cumbre como esta todos los años y le haces el hombre más feliz del mundo.

Margarita Robles también está en éxtasis, cual Santa Teresa de Todos los Ejércitos. En un encuentro con los periodistas el miércoles, al igual que en varias entrevistas en televisiones, sonreía tanto que debió de quedarse con la cara dolorida. Ya estaba dibujando en su cabeza todos los aviones, buques y sistemas de armamento que pretende comprar con la paga extra que le llegará por cortesía del compromiso del 2% del PIB. ¿Qué vas a pedir para Reyes, Margarita? Juguetes bélicos, todos los que pueda.