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Iglesias y Montero acusan al ultra Miguel Frontera de acosarles en su casa: “Era una situación permanente de nervios”

Alberto Pozas

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El juicio contra el ultraderechista Miguel Frontera por acosar durante meses a Pablo Iglesias e Irene Montero en su casa de Galapagar ha quedado visto para sentencia con la Fiscalía pidiendo tres años de cárcel para él y entre altercados con media docena de personas que han increpado a los dos tanto dentro como fuera del juzgado. “Era una situación permanente de nervios, recorría una y otra vez el perímetro de nuestra casa”, ha dicho la exministra de Igualdad durante el juicio. “No le deseo a nadie que viva lo que hemos vivido”, añadía el exvicepresidente. El acusado ha justificado las concentraciones: “Era su jarabe democrático”.

Los primeros insultos han llegado antes del juicio, cuando Iglesias y Montero han llegado al juzgado y han sido increpados por varias personas. Insultos y amenazas: “Asqueroso, desgraciado”, le gritaba un hombre. Otra mujer ha proferido amenazas contra ellos y ha sido Iglesias quien ha salido del edificio de los juzgados de la calle Julián Camarillo para acercarse a la mujer, que entonces ha abandonado el lugar: “Déjame en paz, a mi no me acoses”, ha dicho antes de cambiar de acera.

Dentro de la sala, tanto Iglesias como Montero han relatado lo que supuso vivir durante varios meses a lo largo de 2020 con decenas de personas en la puerta de su casa haciendo ruido con cacerolas, poniendo el himno de España, de la Guardia Civil o el “Que viva España” de Manolo Escobar. También con el propio Frontera, una de las caras visibles de las protestas de la calle Ferraz, subiéndose a una piedra para grabar el interior de la finca.

“Era una situación angustiosa, muy difícil de vivir, hasta sacar a los perros era complicado”, ha descrito Iglesias. “Claro que teníamos miedo, era una situación indescriptible. Era difícil dormir a los peques, empezaban a tener la percepción de algo extraño”. En sentido similar se ha pronunciado Irene Montero, afirmando que a través de las redes sociales eran conscientes a diario de que Frontera se jactaba de conocer todo su perímetro de seguridad y también de que no pensaba parar. “Podía venir en cualquier momento, se plantaba allí, era una situación permanente de nervios, nunca sabías qué podía ser lo siguiente”.

Los dos han relatado que en el día del cumpleaños de Iglesias, cuando volvían de dar un paseo con sus hijos, fueron abordados por Frontera, que les espetó: “Feliz cumpleaños, hijo de puta”. Montero ha explicado: “Me dio miedo, fue invasivo, iba con mis niños pequeños”. Frontera, según la exministra, “tenía la intención, y lo conseguía, de que en mi familia hubiera una situación permanente de ruido”. “Era evidente que era capaz de cualquier cosa”.

El segundo episodio de acoso a Iglesias y Montero durante el juicio ha tenido lugar dentro del propio edificio de los juzgados. Francisco Zugasti, conocido por acudir a citas judiciales mediáticas con pancartas de “STOP feminazis” y condenado por insultar y agredir a un guardia civil precisamente durante las protestas frente a la casa de los denunciantes, se ha dirigido al exvicepresidente cuando abandonaba la sala de vistas: “Atente a las consecuencias”, le ha dicho.

Tanto Iglesias y Montero como sus abogados le han recriminado sus palabras para después solicitar a la seguridad del edificio su expulsión. Varios agentes de la Guardia Civil han subido hasta la tercera planta de los juzgados mientras Zugasti, condenado por atentado contra la autoridad, hablaba con uno de ellos y lamentaba que protegieran a Iglesias, que según les decía jaleaba las agresiones a agentes.

En la puerta del edificio, durante un receso de media hora, los dos han vuelto a ser increpados mientras un hombre, incluso, intentaba abrirse camino hasta ellos a empujones para increparles. Otro gritaba consignas de la candidatura del agitador ultra, Alvise Pérez: “A las europeas, Se Acabó la Fiesta”.

Frontera: “Era su jarabe democrático”

Miguel Frontera volvió recientemente al primer plano de la actualidad ultra el pasado mes de noviembre, cuando flanqueó a gente como Alvise Pérez o al líder de Desokupa durante las manifestación en la sede del PSOE de la calle Ferraz de Madrid, hasta que fue acusado por los manifestantes de colaborar con la Policía. Este lunes, en el juzgado y defendido por Polonia Castellanos, presidenta de Abogados Cristianos, se ha presentado como la víctima del caso mientras justificaba el acoso colectivo a la familia.

“El que recibió acoso real, un acoso dramático, he sido yo”, ha dicho Frontera después de reconocer que acudió prácticamente a diario durante meses a la puerta de la casa de Iglesias y Montero a gritar con un megáfono y poner música.

Frontera, que por aquel entonces grababa en vídeo todas estas concentraciones, se jactaba de conocer el perímetro de seguridad de la casa y anunciaba que su objetivo era expulsar a la pareja del país, ha afirmado en su declaración que su objetivo era protestar y dar un escarmiento a Iglesias y Montero por haber promovido escraches en el pasado contra la monarquía. “El ideólogo ha sido Pablo Iglesias, el que pidió una cacerolada contra el rey fue Pablo Iglesias”, ha explicado.

Según su versión, los que en realidad armaban escándalo en la puerta del domicilio eran los simpatizantes de Podemos poniendo la Internacional. “Llevaban varios altavoces, a veces nos escupían”. Incluso ha llegado a afirmar que fueron considerados al “para la protesta para no hacer tanto ruido”. “Solamente despierta a los niños el himno de España, no la Internacional Socialista”, ha ironizado su abogada.

El objetivo, a pesar de que en internet y en sus cánticos afirmaba que era expulsarles de España, era “protesta política, en plan mofa, burla, por las contradicciones del señor Iglesias”. “Era una protesta política, su jarabe democrático”, ha dicho para justificar los episodios de hostigamiento por los que la Fiscalía pide hasta tres años de cárcel para él.

“No está en el banquillo por las manifestaciones”

La Fiscalía ha hecho definitiva su petición de tres años de cárcel por acoso, injurias y revelación de secretos. “No está en el banquillo por haber formado parte de las manifestaciones, sino por traspasar la línea que le sitúa en conductas del Código Penal”, ha dicho. Sus insultos y pancartas, ha añadido, “no tenían ninguna relación con lo que le lleva a manifestarse, con la gestión de la pandemia”.

Dos participantes en las manifestaciones han comparecido para afirmar ante el tribunal que Frontera no es una persona violenta. Damián G.L ha asegurado que ir a esas manifestaciones era “un desahogo” en la pandemia y ha reconocido que “imagino que se le escaparía algún insulto”. Ha mirado ligeramente hacia el banco donde estaban Montero e Iglesias para afirmar en dos ocasiones: “No tengo nada en contra de estas personas”. La abogada de los denunciantes ha preguntado si se manifestó en casa de otros políticos para protestar por la gestión de la pandemia: “A casa de otros políticos no, esto empezó en Ferraz y un vecino de Galapagar nos comentó”.

Otro manifestante que ha comparecido como testigo ha explicado que los meses de manifestaciones frente a la casa de los dos políticos era para denunciar “el chaletazo” en el que vivían y las “contradicciones” que ello suponía, según su criterio.

El juicio ha terminado con Polonia Castellanos, líder de Abogados Cristianos y abogada de Frontera, pidiendo la absolución esgrimiendo hasta el código penal venezolano. “Si eso es acoso todos somos acosadores. No solo estamos juzgando al señor Frontera, estamos juzgando si estamos en democracia. Que se aplique el código penal de Venezuela”, ha dicho. “Era el señor Iglesias el que hacía escraches y hablaba de jarabe democrático”, ha añadido mientras sacaba fotos impresas de Pablo Iglesias participando en protestas. La magistrada ha tenido que pedirle que dejara de hacerlo.

Dentro del juzgado, la magistrada ha parado los pies en varias ocasiones a Polonia Castellanos, abogada de Miguel Frontera y presidenta de Abogados Cristianos. Sobre todo cuando ha preguntado varias veces a Iglesias a Montero que, si tanto miedo tenían, por qué no contrataron seguridad privada, teniendo ya custodia policial por sus cargos en el Gobierno. “¿Le molestaba el himno de España pero no la Internacional Socialista? ¿Tiene audición selectiva?”, ha llegado a preguntar antes de ser cortada por la jueza.

“¿No estaba usted a favor de los escraches, del jarabe democrático, no intentó despenalizar las injurias a la Corona?”, ha preguntado también la abogada de Frontera. En su alegato final, la abogada de Iglesias y Montero ha puesto como ejemplo los altercados de la puerta para ilustrar el acoso al que fueron sometidos durante meses: “No pueden dar dos pasos sin ser insultados, es imposible negarlo”. A la salida del juzgado, por tercera vez en unas pocas horas, Irene Montero ha sido increpada mientras daba explicaciones a los medios de comunicación.