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Los peones de Casado en el Gobierno de Madrid se pasan al bando de Ayuso

La guerra abierta entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso por el control del PP de Madrid sigue tan activa y sin resolver como la dejaron antes de las vacaciones de Navidad. La única diferencia es que el calendario ha avanzado tres semanas hacia la fecha en la que se resolverá la pugna. El congreso autonómico que elegirá la nueva dirección del partido en la región se celebrará, si Casado no cambia de opinión, a finales del primer semestre de 2022. Un conflicto que ha tensionado al PP de Madrid hasta el extremo de que algunos de sus principales dirigentes se han acusado entre ellos de difundir bulos, pero cuya onda expansiva se ha extendido al resto de la organización, ha eclipsado, entre otros, el encumbramiento de Juan Manuel Moreno al frente del partido en Andalucía. Pero también ha modificado los equilibrios de poder dentro del PP. Mientras Casado ha trazado nuevas alianzas con quienes no le apoyaron en el congreso que le eligió presidente del partido, algunos de sus antiguos peones en el PP de Madrid, incluso en el Gobierno de Ayuso, han cambiado de bando.

Casado y Ayuso: auge y declive de una amistad rota por el control del PP de Madrid

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Casado creció políticamente en el PP de Madrid. Como Ayuso, junto a ella, ambos medraron a la sombra del aznarismo que lideraba en la región Esperanza Aguirre. El actual presidente nacional del partido fue asesor del Gobierno autonómico antes de haber terminado Derecho, trabajó para el gabinete de José María Aznar, fue diputado autonómico con Aguirre como lideresa y presidió las Nuevas Generaciones en la región. En Madrid estudió, logró su meteórica licenciatura y fraguó su red de afinidades políticas.

Tal y como relata en sus memorias la que fuera su mano derecha en el Congreso hasta su defenestración, Cayetana Álvarez de Toledo, Casado hacía lo posible por caer bien a todo el mundo en la capital, consciente de que su futuro pasaba por ganarse amistades en uno de los centros de poder más importantes del PP. Tanto, que sus predecesores en el cargo, el propio Aznar y Mariano Rajoy, también vieron los problemas que podía generar Madrid como centro alternativo de poder dentro de la organización. El primero lo cortó de raíz e impuso un control férreo. El segundo, dejó hacer, lo que estuvo a punto de costarle el puesto.

La guerra fratricida se declaró soterrada ante las insistentes peticiones de la presidenta madrileña de adelantar las elecciones. La dirección nacional se lo negó, pero Ayuso tomó la decisión sin contar con el respaldo de Casado. Ayuso logró la victoria en las elecciones adelantadas de mayo de 2021, se deshizo de Ciudadanos, ninguneó a Toni Cantó pese a las insistencias de Génova para colocarlo, y comenzó a idear su estrategia para hacerse con el control del PP de Madrid. En agosto lo hizo público y en septiembre la bronca llegó a los titulares de la mano de Esperanza Aguirre.

Desde entonces la pugna no ha hecho más que crecer y la distancia entre los antiguos amigos parece ya insalvable. Y los segundos y terceros niveles de la estructura del partido se sitúan detrás de uno u otro líder. Algunos incluso han cambiado de bando en los últimos meses.

Uno de los ejemplos más claros es el de Javier Fernández-Lasquetty. Quien fuera uno de los máximos responsables de la privatización sanitaria de Madrid como consejero de Aguirre, fue también secretario general de FAES, diputado en el Congreso y subdirector del Gabinete de José María Aznar cuando era presidente del Gobierno. Tras ser elegido presidente del PP en 2018, Pablo Casado lo repescó de una universidad privada ultraliberal en Guatemala para ser su jefe de gabinete en sustitución de su primera opción, Pablo Hispán. Unos meses antes, Lasquetty había pedido el voto para Casado en las primarias.

No duró mucho en el cargo. En agosto de 2019, cuando el PP con Teodoro García Egea por un lado y Miguel Ángel Rodríguez por otro consiguieron atar el Gobierno de coalición que se hizo esperar con Ciudadanos tras las elecciones autonómicas, Lasquetty tuvo otra misión y desde Génova decidieron que se encargara de la cartera de Hacienda del nuevo Gobierno de Madrid. Durante el primer mandato, Lasquetty solía defender en público a Casado. Incluso después de la moción de censura de Vox, que el PP rechazó y que supuso un antes y un después en la relación discursiva de ambos partidos, si bien no afectó a su colaboración institucional. Entonces, negó un “giro al centro” de Casado y llegó a decir que, si se produjera, él no estaría en el PP. Era noviembre de 2020. Un año después, en una entrevista con El Español, aseguró: “Como dije en la junta directiva regional de mi partido, mi apoyo es 100% para Isabel Díaz Ayuso”. Esa junta directiva regional fue en la que Ayuso oficializó su intención de presidir el PP de Madrid.

Lasquetty es actualmente uno de los grandes apoyos de Ayuso. Tanto, que algunos le consideran el autor intelectual de todo el discurso de la presidenta madrileña y de su estrategia de Gobierno. “Es la cabeza pensante ideológicamente hablando y el discurso neoliberal de la presidenta coincide al 100% con la de Lasquetty”. Pero pese al evidente peso que tiene en el Gobierno, Lasquetty es un perfil que prefiere mantenerse en la sombra. Como consejero, ha sido el encargado de impulsar la última rebaja de impuestos que mermará la recaudación en más de 300 millones de euros y de negociar la letra pequeña del acuerdo con Vox. Su figura no pasa impasible dentro del Gobierno y muchos consejeros deben vérselas con él a la hora de decidir los pasos en sus propias áreas, como es el caso de la consejería de Sanidad cuyo presupuesto siempre ha dependido de la última palabra de Lasquetty durante la pandemia.

“Su devoción por Ayuso es total, la considera la nueva Aguirre, pero con mucho más tirón, y eso le tiene fascinado”, dice un dirigente popular que conoce bien al consejero. Esa lealtad y entrega, sin embargo, es nueva, según relata esta y otras fuentes consultadas por elDiario.es. “El cambio ha sido radical, Javier [Fernández-Lasquetty] ha pasado de hablar con desprecio de Ayuso en las cenas a ser su mayor defensor”, aseguran, un apoyo incondicional que ha supuesto la ruptura con el líder del PP.

Pero Lasquetty no es el único que ha experimentado ese cambio. En el Gobierno de Ayuso entró también otra persona de la máxima confianza de Casado: Enrique López. Exmagistrado del Tribunal Constitucional, exvocal del CGPJ y juez de la Audiencia Nacional, fue otros de los aterrizajes de Génova en el Gobierno de Ayuso en 2019 como consejero de Justicia. La estrecha relación con Casado se hizo aún más evidente cuando en enero de 2020, el presidente del PP lo eligió para su ejecutiva como responsable de la misma área. De hecho, fue el encargado de negociar con el exministro Juan Carlos Campo la renovación de los órganos constitucionales bloqueados, aunque sin éxito.

En la batalla entre Casado y Ayuso, sin embargo, López ha elegido bando. Y este ha sido del lado de la presidenta madrileña convirtiéndose en otro de sus hombres fuertes junto a Lasquetty. “En una guerra hay que elegir de qué lado se está y es evidente cuál ha elegido él teniendo en cuenta el peso que ha adquirido dentro del Gobierno de Ayuso”, dice una persona cercana a Casado. La consecuencia directa de ello es que López ha desaparecido de la negociación definitiva para la designación de los nuevos magistrados del Constitucional. Tras las elecciones de mayo, Ayuso le ascendió a número dos teórico de su Gobierno como consejero de Presidencia, además de Justicia e Interior. En septiembre de 2021, cuando comenzó la batalla entre sus dos jefes, se mostró equidistante. “La presidenta y todo su Ejecutivo está centrada en la gestión del Gobierno de la Comunidad de Madrid y el partido en la Convención que presentará a Pablo Casado como alternativa”, dijo en La Razón.

Poco después comenzaron las filtraciones a algunos medios que lo señalaban como posible topo de la dirección nacional en el Consejo de Gobierno de Ayuso. Y se le situó como uno de los consejeros de su Gobierno que no apoyaban sus deseos. Este mes de diciembre, en declaraciones a Servimedia, López dijo que la presidenta regional es “la única persona que ha manifestado su voluntad de presidir el PP de Madrid. Y la única que tiene el apoyo de todo su Gobierno. El mío está claro que lo tiene, y tendrá el apoyo de la militancia cuando se celebre”, desmarcándose así de la apuesta de Casado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, o una tercera opción alternativa: la actual secretaria general autonómica, Ana Camins.

Algunas personas del partido aseguran que López a diferencia de Lasquetty “no es un hombre de partido”. “Enrique López siempre se ha movido por sus intereses personales, y en este caso ha decidido que lo que más le conviene es estar del lado de la presidenta”. López, que también participó de las negociaciones presupuestarias con Vox, va a ser el encargado de impulsar una de las leyes más ambiciosas de Ayuso en lo que lleva de mandato: la polémica ley ómnibus con la que pretende derogar o modificar hasta 44 normas. El peso de López es cada vez más evidente en el Gobierno regional y su posición le ha restado influencia en la dirección Génova.

David Pérez se desmarca de Ayuso

Lasquetty y López llegaron al Gobierno de la Comunidad de Madrid para un gabinete que diseñó en gran medida Casado. Eran sus hombres fuertes de confianza en el gabinete de Ayuso que ahora juran lealtad a la presidenta madrileña en la pugna interna. Pero no todo el gobierno de Ayuso está alineado con la dirigente regional. Otro de los hombres de Casado, David Pérez, actual consejero de Transportes, se ha mantenido fiel a la dirección nacional y es a día de hoy uno de los consejeros que más chocan con la presidenta madrileña. Casado lo situó en 2019 como número dos de la lista de Ayuso a las elecciones, y aunque su primer cargo en el Gobierno regional peligró durante los primeros días, terminó haciéndose con una de las carteras del Ejecutivo –Vivienda y administraciones locales– pese a no ser de su agrado.

Pérez ha estado en la cuerda floja en dos ocasiones más, pero en ambas ha salido vivo pese a la mala relación que mantiene con la presidenta. La primera vez fue tras la primera ola de la pandemia. Ayuso planeaba una remodelación del Gobierno con una reducción de consejerías que contentara a Vox. En las quinielas estuvo Pérez, pero finalmente salió de la lista antes incluso de que la presidenta madrileña desistiera de esa crisis de Gobierno. La segunda vez que Pérez ha logrado salvarse ha sido en la nueva configuración del Gobierno tras las elecciones del 4 mayo de 2021. Todos daban por hecho que la mala relación con Ayuso lo apartaría del Ejecutivo, pero finalmente lograba una de las carteras más importantes: Transportes. “¿El por qué? Nadie lo sabe, pero es evidente que David Pérez cuenta con un gran poder territorial en el PP de Madrid”, asegura un dirigente de la formación que confirma la mala relación de Pérez con la presidenta y su equipo más cercano.

Pérez ha sido el único consejero de la presidenta de Madrid que se ha desmarcado públicamente de su exigencia por que se celebre el congreso regional “cuanto antes” y ha defendido la postura de Génova. En una entrevista en septiembre cuando acababa de estallar la polémica, Pérez aseguró que Ayuso reunía las condiciones para presidir el PP de Madrid pero que abrir ese debate “no tocaba” en ese momento. “De lo que se trata es que hay un calendario. El PP a nivel nacional ya ha marcado unos tiempos. Ha advertido del orden que van a seguir los sucesivos encuentros internos y cuando llegue es momento será cuando los afiliados tengan que pronunciarse sobre quién quieren que sea su presidente”, aseguró alineado con la postura de Génova.

La decisión sobre la fecha en la que se celebrará el congreso para elegir la dirección del PP de Madrid está todavía pendiente de hacerse oficial, aunque será Génova quien tenga la última palabra. Todo apunta a que será en junio, pero la convocatoria electoral en Castilla y León ha pospuesto la comunicación del calendario para los cónclaves que faltan. Primero tienen que concluir los de las comunidades pluriprovinciales, entre las que está por determinar el de Extremadura. Solo entonces llegará el momento de las uniprovinciales.

El anuncio de la fecha es relevante porque hasta que no se convoque formalmente no se pueden postular los candidatos. Almeida siempre ha dicho que él no ha anunciado qué hará escudándose precisamente en este detalle técnico. La dirección nacional gana así tiempo para negociar un reparto de poder interno con Ayuso, e incluso para diluir el tirón popular que la presidenta ha logrado desde su triunfo en los comicios de mayo de 2021.

Casado confía en que una victoria arrolladora de su hasta hace pocos meses rival Alfonso Fernández Mañueco, uno de los apoyos de Soraya Sáenz de Santamaría en 2018 y con quien mantiene una dura pugna por el control del PP de Salamanca, para que el efecto Ayuso se convierta en un efecto PP. Su implicación en la campaña será total, ante la certeza de poder anotarse en parte los resultados de Mañueco, a quien las encuestas dan un amplio margen de diputados. Eso sí, a costa de descabellar a Ciudadanos, aupar a Vox y contener la respiración por la impredecible irrupción de las candidaturas de la España Vaciada. Si no sale bien, los actuales problemas internos le parecerán una nimiedad al presidente del PP comparado con la tormenta que se puede desatar.

La guerra abierta entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso por el control del PP de Madrid sigue tan activa y sin resolver como la dejaron antes de las vacaciones de Navidad. La única diferencia es que el calendario ha avanzado tres semanas hacia la fecha en la que se resolverá la pugna. El congreso autonómico que elegirá la nueva dirección del partido en la región se celebrará, si Casado no cambia de opinión, a finales del primer semestre de 2022. Un conflicto que ha tensionado al PP de Madrid hasta el extremo de que algunos de sus principales dirigentes se han acusado entre ellos de difundir bulos, pero cuya onda expansiva se ha extendido al resto de la organización, ha eclipsado, entre otros, el encumbramiento de Juan Manuel Moreno al frente del partido en Andalucía. Pero también ha modificado los equilibrios de poder dentro del PP. Mientras Casado ha trazado nuevas alianzas con quienes no le apoyaron en el congreso que le eligió presidente del partido, algunos de sus antiguos peones en el PP de Madrid, incluso en el Gobierno de Ayuso, han cambiado de bando.

Casado y Ayuso: auge y declive de una amistad rota por el control del PP de Madrid

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Casado creció políticamente en el PP de Madrid. Como Ayuso, junto a ella, ambos medraron a la sombra del aznarismo que lideraba en la región Esperanza Aguirre. El actual presidente nacional del partido fue asesor del Gobierno autonómico antes de haber terminado Derecho, trabajó para el gabinete de José María Aznar, fue diputado autonómico con Aguirre como lideresa y presidió las Nuevas Generaciones en la región. En Madrid estudió, logró su meteórica licenciatura y fraguó su red de afinidades políticas.

Tal y como relata en sus memorias la que fuera su mano derecha en el Congreso hasta su defenestración, Cayetana Álvarez de Toledo, Casado hacía lo posible por caer bien a todo el mundo en la capital, consciente de que su futuro pasaba por ganarse amistades en uno de los centros de poder más importantes del PP. Tanto, que sus predecesores en el cargo, el propio Aznar y Mariano Rajoy, también vieron los problemas que podía generar Madrid como centro alternativo de poder dentro de la organización. El primero lo cortó de raíz e impuso un control férreo. El segundo, dejó hacer, lo que estuvo a punto de costarle el puesto.

La guerra fratricida se declaró soterrada ante las insistentes peticiones de la presidenta madrileña de adelantar las elecciones. La dirección nacional se lo negó, pero Ayuso tomó la decisión sin contar con el respaldo de Casado. Ayuso logró la victoria en las elecciones adelantadas de mayo de 2021, se deshizo de Ciudadanos, ninguneó a Toni Cantó pese a las insistencias de Génova para colocarlo, y comenzó a idear su estrategia para hacerse con el control del PP de Madrid. En agosto lo hizo público y en septiembre la bronca llegó a los titulares de la mano de Esperanza Aguirre.

Desde entonces la pugna no ha hecho más que crecer y la distancia entre los antiguos amigos parece ya insalvable. Y los segundos y terceros niveles de la estructura del partido se sitúan detrás de uno u otro líder. Algunos incluso han cambiado de bando en los últimos meses.

Uno de los ejemplos más claros es el de Javier Fernández-Lasquetty. Quien fuera uno de los máximos responsables de la privatización sanitaria de Madrid como consejero de Aguirre, fue también secretario general de FAES, diputado en el Congreso y subdirector del Gabinete de José María Aznar cuando era presidente del Gobierno. Tras ser elegido presidente del PP en 2018, Pablo Casado lo repescó de una universidad privada ultraliberal en Guatemala para ser su jefe de gabinete en sustitución de su primera opción, Pablo Hispán. Unos meses antes, Lasquetty había pedido el voto para Casado en las primarias.

No duró mucho en el cargo. En agosto de 2019, cuando el PP con Teodoro García Egea por un lado y Miguel Ángel Rodríguez por otro consiguieron atar el Gobierno de coalición que se hizo esperar con Ciudadanos tras las elecciones autonómicas, Lasquetty tuvo otra misión y desde Génova decidieron que se encargara de la cartera de Hacienda del nuevo Gobierno de Madrid. Durante el primer mandato, Lasquetty solía defender en público a Casado. Incluso después de la moción de censura de Vox, que el PP rechazó y que supuso un antes y un después en la relación discursiva de ambos partidos, si bien no afectó a su colaboración institucional. Entonces, negó un “giro al centro” de Casado y llegó a decir que, si se produjera, él no estaría en el PP. Era noviembre de 2020. Un año después, en una entrevista con El Español, aseguró: “Como dije en la junta directiva regional de mi partido, mi apoyo es 100% para Isabel Díaz Ayuso”. Esa junta directiva regional fue en la que Ayuso oficializó su intención de presidir el PP de Madrid.

Lasquetty es actualmente uno de los grandes apoyos de Ayuso. Tanto, que algunos le consideran el autor intelectual de todo el discurso de la presidenta madrileña y de su estrategia de Gobierno. “Es la cabeza pensante ideológicamente hablando y el discurso neoliberal de la presidenta coincide al 100% con la de Lasquetty”. Pero pese al evidente peso que tiene en el Gobierno, Lasquetty es un perfil que prefiere mantenerse en la sombra. Como consejero, ha sido el encargado de impulsar la última rebaja de impuestos que mermará la recaudación en más de 300 millones de euros y de negociar la letra pequeña del acuerdo con Vox. Su figura no pasa impasible dentro del Gobierno y muchos consejeros deben vérselas con él a la hora de decidir los pasos en sus propias áreas, como es el caso de la consejería de Sanidad cuyo presupuesto siempre ha dependido de la última palabra de Lasquetty durante la pandemia.

“Su devoción por Ayuso es total, la considera la nueva Aguirre, pero con mucho más tirón, y eso le tiene fascinado”, dice un dirigente popular que conoce bien al consejero. Esa lealtad y entrega, sin embargo, es nueva, según relata esta y otras fuentes consultadas por elDiario.es. “El cambio ha sido radical, Javier [Fernández-Lasquetty] ha pasado de hablar con desprecio de Ayuso en las cenas a ser su mayor defensor”, aseguran, un apoyo incondicional que ha supuesto la ruptura con el líder del PP.

Pero Lasquetty no es el único que ha experimentado ese cambio. En el Gobierno de Ayuso entró también otra persona de la máxima confianza de Casado: Enrique López. Exmagistrado del Tribunal Constitucional, exvocal del CGPJ y juez de la Audiencia Nacional, fue otros de los aterrizajes de Génova en el Gobierno de Ayuso en 2019 como consejero de Justicia. La estrecha relación con Casado se hizo aún más evidente cuando en enero de 2020, el presidente del PP lo eligió para su ejecutiva como responsable de la misma área. De hecho, fue el encargado de negociar con el exministro Juan Carlos Campo la renovación de los órganos constitucionales bloqueados, aunque sin éxito.

En la batalla entre Casado y Ayuso, sin embargo, López ha elegido bando. Y este ha sido del lado de la presidenta madrileña convirtiéndose en otro de sus hombres fuertes junto a Lasquetty. “En una guerra hay que elegir de qué lado se está y es evidente cuál ha elegido él teniendo en cuenta el peso que ha adquirido dentro del Gobierno de Ayuso”, dice una persona cercana a Casado. La consecuencia directa de ello es que López ha desaparecido de la negociación definitiva para la designación de los nuevos magistrados del Constitucional. Tras las elecciones de mayo, Ayuso le ascendió a número dos teórico de su Gobierno como consejero de Presidencia, además de Justicia e Interior. En septiembre de 2021, cuando comenzó la batalla entre sus dos jefes, se mostró equidistante. “La presidenta y todo su Ejecutivo está centrada en la gestión del Gobierno de la Comunidad de Madrid y el partido en la Convención que presentará a Pablo Casado como alternativa”, dijo en La Razón.

Poco después comenzaron las filtraciones a algunos medios que lo señalaban como posible topo de la dirección nacional en el Consejo de Gobierno de Ayuso. Y se le situó como uno de los consejeros de su Gobierno que no apoyaban sus deseos. Este mes de diciembre, en declaraciones a Servimedia, López dijo que la presidenta regional es “la única persona que ha manifestado su voluntad de presidir el PP de Madrid. Y la única que tiene el apoyo de todo su Gobierno. El mío está claro que lo tiene, y tendrá el apoyo de la militancia cuando se celebre”, desmarcándose así de la apuesta de Casado por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, o una tercera opción alternativa: la actual secretaria general autonómica, Ana Camins.

Algunas personas del partido aseguran que López a diferencia de Lasquetty “no es un hombre de partido”. “Enrique López siempre se ha movido por sus intereses personales, y en este caso ha decidido que lo que más le conviene es estar del lado de la presidenta”. López, que también participó de las negociaciones presupuestarias con Vox, va a ser el encargado de impulsar una de las leyes más ambiciosas de Ayuso en lo que lleva de mandato: la polémica ley ómnibus con la que pretende derogar o modificar hasta 44 normas. El peso de López es cada vez más evidente en el Gobierno regional y su posición le ha restado influencia en la dirección Génova.

David Pérez se desmarca de Ayuso

Lasquetty y López llegaron al Gobierno de la Comunidad de Madrid para un gabinete que diseñó en gran medida Casado. Eran sus hombres fuertes de confianza en el gabinete de Ayuso que ahora juran lealtad a la presidenta madrileña en la pugna interna. Pero no todo el gobierno de Ayuso está alineado con la dirigente regional. Otro de los hombres de Casado, David Pérez, actual consejero de Transportes, se ha mantenido fiel a la dirección nacional y es a día de hoy uno de los consejeros que más chocan con la presidenta madrileña. Casado lo situó en 2019 como número dos de la lista de Ayuso a las elecciones, y aunque su primer cargo en el Gobierno regional peligró durante los primeros días, terminó haciéndose con una de las carteras del Ejecutivo –Vivienda y administraciones locales– pese a no ser de su agrado.

Pérez ha estado en la cuerda floja en dos ocasiones más, pero en ambas ha salido vivo pese a la mala relación que mantiene con la presidenta. La primera vez fue tras la primera ola de la pandemia. Ayuso planeaba una remodelación del Gobierno con una reducción de consejerías que contentara a Vox. En las quinielas estuvo Pérez, pero finalmente salió de la lista antes incluso de que la presidenta madrileña desistiera de esa crisis de Gobierno. La segunda vez que Pérez ha logrado salvarse ha sido en la nueva configuración del Gobierno tras las elecciones del 4 mayo de 2021. Todos daban por hecho que la mala relación con Ayuso lo apartaría del Ejecutivo, pero finalmente lograba una de las carteras más importantes: Transportes. “¿El por qué? Nadie lo sabe, pero es evidente que David Pérez cuenta con un gran poder territorial en el PP de Madrid”, asegura un dirigente de la formación que confirma la mala relación de Pérez con la presidenta y su equipo más cercano.

Pérez ha sido el único consejero de la presidenta de Madrid que se ha desmarcado públicamente de su exigencia por que se celebre el congreso regional “cuanto antes” y ha defendido la postura de Génova. En una entrevista en septiembre cuando acababa de estallar la polémica, Pérez aseguró que Ayuso reunía las condiciones para presidir el PP de Madrid pero que abrir ese debate “no tocaba” en ese momento. “De lo que se trata es que hay un calendario. El PP a nivel nacional ya ha marcado unos tiempos. Ha advertido del orden que van a seguir los sucesivos encuentros internos y cuando llegue es momento será cuando los afiliados tengan que pronunciarse sobre quién quieren que sea su presidente”, aseguró alineado con la postura de Génova.

La decisión sobre la fecha en la que se celebrará el congreso para elegir la dirección del PP de Madrid está todavía pendiente de hacerse oficial, aunque será Génova quien tenga la última palabra. Todo apunta a que será en junio, pero la convocatoria electoral en Castilla y León ha pospuesto la comunicación del calendario para los cónclaves que faltan. Primero tienen que concluir los de las comunidades pluriprovinciales, entre las que está por determinar el de Extremadura. Solo entonces llegará el momento de las uniprovinciales.

El anuncio de la fecha es relevante porque hasta que no se convoque formalmente no se pueden postular los candidatos. Almeida siempre ha dicho que él no ha anunciado qué hará escudándose precisamente en este detalle técnico. La dirección nacional gana así tiempo para negociar un reparto de poder interno con Ayuso, e incluso para diluir el tirón popular que la presidenta ha logrado desde su triunfo en los comicios de mayo de 2021.

Casado confía en que una victoria arrolladora de su hasta hace pocos meses rival Alfonso Fernández Mañueco, uno de los apoyos de Soraya Sáenz de Santamaría en 2018 y con quien mantiene una dura pugna por el control del PP de Salamanca, para que el efecto Ayuso se convierta en un efecto PP. Su implicación en la campaña será total, ante la certeza de poder anotarse en parte los resultados de Mañueco, a quien las encuestas dan un amplio margen de diputados. Eso sí, a costa de descabellar a Ciudadanos, aupar a Vox y contener la respiración por la impredecible irrupción de las candidaturas de la España Vaciada. Si no sale bien, los actuales problemas internos le parecerán una nimiedad al presidente del PP comparado con la tormenta que se puede desatar.

La guerra abierta entre Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso por el control del PP de Madrid sigue tan activa y sin resolver como la dejaron antes de las vacaciones de Navidad. La única diferencia es que el calendario ha avanzado tres semanas hacia la fecha en la que se resolverá la pugna. El congreso autonómico que elegirá la nueva dirección del partido en la región se celebrará, si Casado no cambia de opinión, a finales del primer semestre de 2022. Un conflicto que ha tensionado al PP de Madrid hasta el extremo de que algunos de sus principales dirigentes se han acusado entre ellos de difundir bulos, pero cuya onda expansiva se ha extendido al resto de la organización, ha eclipsado, entre otros, el encumbramiento de Juan Manuel Moreno al frente del partido en Andalucía. Pero también ha modificado los equilibrios de poder dentro del PP. Mientras Casado ha trazado nuevas alianzas con quienes no le apoyaron en el congreso que le eligió presidente del partido, algunos de sus antiguos peones en el PP de Madrid, incluso en el Gobierno de Ayuso, han cambiado de bando.

Casado y Ayuso: auge y declive de una amistad rota por el control del PP de Madrid

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Casado creció políticamente en el PP de Madrid. Como Ayuso, junto a ella, ambos medraron a la sombra del aznarismo que lideraba en la región Esperanza Aguirre. El actual presidente nacional del partido fue asesor del Gobierno autonómico antes de haber terminado Derecho, trabajó para el gabinete de José María Aznar, fue diputado autonómico con Aguirre como lideresa y presidió las Nuevas Generaciones en la región. En Madrid estudió, logró su meteórica licenciatura y fraguó su red de afinidades políticas.