Sobre este blog

Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.

Monteseirín. Sánchez. Alfredo.

EuropaPress 7870589 alcalde sevilla alfredo sanchez monteseirin
4 de noviembre de 2026 05:30 h

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Escena 1. Ayuntamiento de Sevilla. Despacho del alcalde. Septiembre de 2002. Interior. Día.

Entrevisto al entonces alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín. A mis 29 años, yo era un joven redactor de El País que cubría la información local de la ciudad junto con Reyes Rincón, que me acompañaba aquella mañana. El regidor acababa de destituir a Carmelo Gómez, segundo teniente de alcalde, por la disputa que éste mantenía con Emilio Carrillo, mano derecha de Monteseirín. Y que había aireado en una entrevista que le había hecho unos días antes.

Como siempre, la interacción con Alfredo era tensa. Con nosotros, al menos. Sé de otros compañeros que tuvieron una relación más relajada con él, pero conmigo y con el periódico para el que yo escribía no era así. Él entendía que merecía más cariño de un diario supuestamente afín a su partido político y a su línea ideológica. Nosotros contábamos lo que ocurría y cómo ocurría, y no siempre le gustaba lo que nos leía.

Mi percepción de él mientras gobernó la ciudad siempre fue la de alguien a la defensiva con los medios, con muchas inseguridades y muy necesitado de refuerzo externo. Aún así, era un hombre resiliente y decidido. A pesar de sus miedos y prevenciones, él y su equipo aguantaron carros y carretas de radios y periódicos de la ciudad, que casi nunca le respaldaron. Unos por amenazar a las clases dominantes, otros porque no le perdonaban haberse impuesto al aparato de su partido.

Siempre fue un verso libre, incluso ante la Junta, entonces dominada monolíticamente por el presidente Chaves. Y a pesar de los pesares sacó adelante innumerables proyectos urbanos que modificaron la ciudad y que, con el paso del tiempo, se han demostrado la última gran ola de transformación ciudadana en Sevilla.

En aquel contexto de lejanía y soledad, se tropezó con nosotros y encontró un grupo de amigos con los que reunirse de vez en cuando para hablar y compartir una de sus pasiones, el Real Betis Balompié

Escena 2. Bar Lambuzo (Madrid). Foro de Béticos en Madrid. Octubre 2015. Interior. Noche.

Luis me había avisado de que Alfredo estaría allí. No coincidía con él desde que me fui a vivir a Madrid, en 2004, más de una década. Hacía ya tres años que había dejado la alcaldía, apartado por su partido para las elecciones en las que venció el PP de Zoido.

Nos reencontramos en la barra, antes de bajar a la cueva en la que teníamos previsto el acto del Foro de aquella noche. Me saludó cariñoso y cercano, me trasladó la alegría que le daba reencontrarse conmigo y empezamos a contarnos cómo eran nuestras vidas en la capital de España. Lo sentí como un “pelillos a la mar”. No diré disculpa, pero sí ganas de pasar página y encajar bien.

Alfredo, tras su salida del Ayuntamiento, se había visto excluido por su propio partido. Además llegó Susana Díaz, que se estrenó en política como concejala de Juventud de la mano de Monteseirín, que se convirtió en presidenta de la Junta y mandamás del PSOE andaluz. Tenía cuentas pendientes con él y aprovechó entonces para cobrárselas. El exalcalde, motor de transformación de la capital de Andalucía en el arranque de siglo, no encontró hueco en congreso, parlamento, consejería u organismo alguno. Recuperó su plaza de médico en el Instituto de Salud Carlos III, en la Escuela Nacional de Sanidad, y se marchó como El Cid, al exilio interior, alojado en un modesto apartahotel de Plaza de Castilla.

En aquel contexto de lejanía y soledad, se tropezó con nosotros y encontró un grupo de amigos con los que reunirse de vez en cuando para hablar y compartir una de sus pasiones, el Real Betis Balompié. Se mostró siempre como un tipo llano y amable, sin ínfulas ni añoranzas del pasado. Una de esas noches le confesó a Julio Rancio, otro de los miembros del Foro, que lo mejor de haber dejado la alcaldía era el anonimato. “Ya no soy el alcalde, soy el padre de Juanlu”, en referencia a su hijo mayor, que vivía también en Madrid por aquel entonces y acababa de fundar elDiario.es junto a Ignacio Escolar y otros compañeros.

El verano siguiente recuerdo un encuentro ideal con él en Santander, en la Universidad Menéndez Pelayo. Coincidimos en la capital cántabra en dos cursos distintos, pero nos organizamos para irnos una noche a cenar con Alberto Infante, amigo común. No abrí la boca durante el paseo de regreso de Puerto Chico al Sardinero. Estaba absorto escuchando a los dos veteranos políticos, y aprendiendo de sanidad, de gestión, de política y de la vida.

Gracias a dios, si existiera o existiese, la familia se ha visto acompañada y reconfortada estos días por decenas de amigos, compañeros y colaboradores que honestamente le reconocieron siempre su trayectoria en la política y su compromiso por el desarrollo de la ciudad

Escena 3. Tanatorio de la SE-30. San Jerónimo. Octubre 2026. Interior, día.

Es lunes por la tarde. Alfredo murió ayer. Estamos en el tanatorio acompañando a la familia. Fue el final a un trágico proceso de empeoramiento tras el ictus que había sufrido tres años antes. Hay veces que la vida parece ensañarse con un ser humano, y el de Sánchez Monteseirín sería un buen ejemplo.

Al menos, tuvo tiempo en la última década de poder regresar a casa, en febrero de 2016, tras ganar el concurso para el puesto de subdirector de Inspección de Servicios Sanitarios de Andalucía. Dos años después, en 2018, fue nombrado delegado especial del Estado en la Zona Franca de Sevilla, puesto que ocupaba cuando sufrió el ictus.

Estos últimos meses seguí su evolución a peor a través de Juanlu, que también había regresado a vivir de Madrid a Sevilla, como su padre antes y como yo. Fuimos haciéndonos amigos por la relación profesional en el entorno de elDiario.es, y hemos podido compartir algunos buenos ratos en clave bética también en estos últimos años. Me daba apuro preguntar, porque nunca recibía buenas noticias, pero Juanlu fue siempre paciente conmigo, como con las decenas de amigos y conocidos de Alfredo que le sacábamos recurrentemente el mismo tema. Dentro del horror de la decadencia física, siempre tenía alguna historia tierna que contar de la relación de Alfredo con su familia y sus amigos más cercanos.

Ya antes del ictus, y más después de éste, empezaron los homenajes y reconocimientos. El Ayuntamiento puso una glorieta a su nombre y le entregó la medalla de la ciudad, aunque ya no estaba en condiciones de ir a recogerla personalmente.

Los halagos se han sucedido estos días, tras su fallecimiento. Dice el dicho que dios nos libre del día de las alabanzas, que sólo llegan cuando nos morimos. En algunos casos, procedentes de algunas personas o de algunos medios, que tanto le atacaron y vilipendiaron en vida, estos reconocimientos me han resultado sinceramente repulsivos.

Gracias a dios, si existiera o existiese, la familia se ha visto acompañada y reconfortada estos días por decenas de amigos, compañeros y colaboradores que honestamente le reconocieron siempre su trayectoria en la política y su compromiso por el desarrollo de la ciudad.

A pesar de mi mala relación con él cuando le conocí como alcalde, el tiempo me permitió luego valorar y admirar la gestión pública que desarrolló y la vida me dio la oportunidad, años después, de conocerle como persona y disfrutar de su compañía y simpatía.

Estoy convencido de que le habría encantado ver el cariño con el que le despidieron su familia, sus amigos y la mayoría de los vecinos de la ciudad. Y se habría sorprendido socarronamente, incrédulo, tras leer algunos de los textos publicados. Descanse en paz.

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