Sevilla Este ya no es lo que era
Advertencia: crónica íntegramente escrita desde el duro asiento de un TB1 el lunes 5 de octubre de 2026.
Lunes, 17.37 horas. Parada de Tussam en Avenida de la Aeronáutica, cabecera de línea del TB1, el Tranvibus, el flamante servicio del transporte público que llega a la Plaza del Duque desde hace una semana. Como buen sevillano, soy un novelero y he decidido vivir la experiencia en primera persona después de todo lo que he leído y oído estos días al respecto. Me subo a uno de sus modernos convoyes de doble longitud. Según dice la pantalla, el siguiente a este saldrá en siete minutos.
El vehículo no arranca lleno, aunque sí ambientado. Casi todos los asientos cogidos. A partir de Fibes, difícil ya sentarse. De primeras, se notan dos diferencias notables con cualquier otro bus urbano: una velocidad considerable, ya que el vehículo tiene el carril reservado y solo se detiene en sus paradas, más separadas que en una línea normal; y la posibilidad de subirse por cualquiera de sus puertas, como en el tranvía, puesto que hay máquinas de validación de las tarjetas en cada entrada.
En menos de diez minutos estamos en Santa Clara. Inconcebible atravesar Sevilla Este a esa velocidad hace unos años, ni en bus ni en coche siquiera. En apenas doce llegamos a Los Arcos.
Si la red es completa y ágil, las excusas para salir de casa en vehículo particular se acaban
Este nuevo servicio me genera muchas preguntas, desafíos a mi concepción del transporte público. ¿A favor de que los buses urbanos tengan una plataforma viaria reservada para protegerlos del tráfico privado? Completamente. Ojalá en más recorridos y barrios. Incluido en su acceso al centro. Es un modelo que ya ha tenido éxitos en otras capitales europeas y americanas, con situaciones de tráfico peores que la sevillana.
¿A favor de las limitaciones a los coches particulares que estas medidas suponen? Sí, rotundamente. Bueno, con un pero. Antes hay que tener buenas alternativas de transporte para todos, especialmente subterráneas (la mejor manera de aliviar el tráfico en superficie en una ciudad moderna). Si la red es completa y ágil, las excusas para salir de casa en vehículo particular se acaban.
Aunque aún hace calor a mediodía en Sevilla, se nota que hemos entrado en octubre. La tarde está nublada, con el cielo amenazando lluvia, y las temperaturas ya no superan los 35 grados en todo el día. El aire acondicionado parece que sigue programado para julio y dentro del TB1 hace frío, la verdad. Echando de menos la rebequita que, si fuera una señora de Burgos, seguro que tendría a mano en el bolso.
Más cuestiones me asaltan. ¿Por qué el uso del carril reservado, perfectamente señalizado y delimitado respecto del resto del viario, se limita sólo a una línea? No logro entenderlo. Conforme se acerca al centro, la infraestructura podría haber incluido perfectamente puntos de acceso a otras líneas (22, 27, 11,15, 16 o 20, por ejemplo), que así seguirían pudiendo llegar hasta Ponce de León, Campana o Plaza del Duque. Hay muchos vecinos de otros barrios cuya movilidad ha empeorado notablemente por este nuevo servicio y, en mi opinión, hubiera tenido fácil solución dejándoles usar la plataforma a partir de Puerta Osario.
Estos días ha habido una polémica por el avistamiento de un bus turístico por la plataforma reservada al TB1 en pleno centro
Paramos en Santa Justa a los 21 minutos de salir de cabecera. Sin parones ni atasco, la verdad. No sé si el bus será capaz de llegar al Duque en nueve minutos más, pero por ahora va como la seda. El vehículo no se ha llenado en ningún momento. Vamos holgados y sin mucho bullicio. Echo en falta el ambiente habitual de mi 32. Parece que estuviéramos en Centroeuropa.
Con la cercanía del casco histórico, a partir de Puerta Osario, el ritmo se ralentiza. A pesar de lo ágil que es el vehículo para la longitud que tiene, las calles se estrechan y el tráfico de taxis y algunos vehículos particulares dificulta el tránsito. A pesar de todo, con un par, el Tranvibus completa su recorrido en 32 minutos desde su cabecera en Avenida de la Ciencia.
Estos días ha habido una polémica, tan hinchada como cualquier cosa que surge en redes sociales, por el avistamiento de un bus turístico por la plataforma reservada al TB1 en pleno centro. Afortunadamente, tiene su explicación. El Ayuntamiento ha aclarado que es una solución temporal mientras duren las obras en Amor de Dios, que es la vía de llegada de estos vehículos al Duque, donde tienen una cabecera desde hace años.
Como todo haz tiene su envés, y toda cara tiene su cruz, me voy a hacer también el recorrido de vuelta. La frecuencia empeora en este caso, al menos para salir. He subido al vehículo (el mismo en el que vine) a las 18.11, pero no hemos arrancado hasta nueve minutos después. Por respeto al experimento, no contaré este retraso en la duración del viaje.
Me parece una apuesta en la dirección adecuada, pero que necesita ajustes o, incluso, mejoras
Lunes, 18.20 horas. El bus no sale lleno desde el Duque, pero se ocupa bastante en la Encarnación. Desde mi asiento veo la dimensión y la actividad de la acampada en reivindicación de una vivienda digna para todos. Cuentan con todo mi apoyo.
En Santa Justa el bus se queda medio vacío. Muchos pasajeros se quedan en la estación de tren. Algunos buscando el Cercanías para volver a casa. Otros muchos, turistas con sus maletas tras pasar unos días en la ciudad. Hemos tardado diez minutos desde Plaza del Duque.
18.40. Entramos de regreso en Sevilla Este. Dejamos atrás la SE-30 y volvemos al barrio. En otros cinco minutos nos asomamos a Torreblanca. La línea sólo tiene una parada en este barrio en el recorrido de regreso, no a la ida, y lo hace sin plataforma reservada con el consiguiente atasco y retraso que supone mezclarse con los coches en una calle de un solo carril.
Es una doble trampa. Reduce duración del trayecto de ida, pero se la suma al de vuelta, que aumenta en diez minutos. Y castiga a los vecinos de Torreblanca, que sólo pueden regresar a casa en el Tranvibus pero no salir de su barrio en él.
Yo esperaba una aventura, una travesía, pero Sevilla Este ya no es lo que era. O no está donde estaba
A las 19.00, en 40 minutos desde el Duque, terminamos el trayecto de vuelta en el mismo lugar del que salimos hace 83 minutos. Experimento concluido.
Conclusiones. Me parece una apuesta en la dirección adecuada, pero que necesita ajustes o, incluso, mejoras. Más frecuencia de paso. Entre siete y 10 minutos no es suficiente, especialmente por las mañanas. Abrir el uso del carril reservado a otras líneas de Tussam. Es un desperdicio que la infraestructura solo la aproveche un convoy a cada rato. Poner la cabecera en Torreblanca y dejar de hacerse trampas al solitario. Y mejorar la red general de transporte público, incluido el metro, para que de verdad sea disuasoria al uso del vehículo privado. Mientras no sea así, el sevillano seguirá blasfemando porque le han quitado carriles para hacer recados y dar paseos con su coche particular.
La experiencia de usuario es buena, aunque mis posaderas no piensan lo mismo después de hora y veinte sentado en un autobús de línea. Yo esperaba una aventura, una travesía, pero Sevilla Este ya no es lo que era. O no está donde estaba. Ponerte en el Duque en 30 minutos es un gran avance. Tendremos que dejar de hacer chistes sobre Córdoba Sur o llevar pasaporte para cruzar el telón de acero (se me nota la edad en estas referencias). Ojalá más transporte público, más metro y más plataformas reservadas para el bus. ¡Y más carril bici, joe! Esta ciudad es ideal para moverse sin el coche particular. Y si quieres droga dura, siempre nos quedará el 27, que diría Humphrey Bogart.
Sobre este blog
Este es un espacio donde opinar sobre Sevilla y su provincia. Sus problemas, sus virtudes, sus carencias, su gente. Con voces que animen el debate y la conversación. Porque Sevilla nos importa.
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