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Educación ningunea sus propios premios a la excelencia universitaria

Desde que varios premiados retiraron el saludo al ministro Wert en 2014, el Ministerio ha arrinconado la máxima distinción para estudiantes

La convocatoria de 2017 lleva cinco meses de retraso y la ceremonia de los últimos galardonados aún no se ha celebrado

Los premios se entregan con cuatro años de retraso respecto a las graduaciones lo que anula algunas ventajas como puntos extra a la hora de acceder a becas

Promoción de ganadodres del Premio de Fin de Carrera universitario 2011-2012.

Promoción de ganadodres del Premio de Fin de Carrera universitario 2011-2012.

Mayo de 2017. Los estudiantes ganadores del Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria esperan que el Ministerio de Educación, convocante de los galardones —el mayor reconocimiento a un licenciado universitario del país—, realice la gala anual de entrega de los premios, tradicionalmente en ese mes. A día de hoy, la ceremonia sigue sin celebrarse ni tiene visos de hacerlo. Los premios del año anterior los entregó el número dos de Educación en un gala semifurtiva (no hay rastro de ella en internet). Los aspirantes a premiados de la siguiente promoción siguen esperando que salga la convocatoria, que acumula cinco meses de retraso.

Desde que en 2014 un grupo de estudiantes galardonados con el Premio Nacional de Fin de Carrera de Educación Universitaria decidiera hacer visible su malestar con el Ministerio de Educación por sus políticas educativas retirando el saludo al exministro José Ignacio Wert en la gala de entrega de los premios, el Ministerio ha ido arrinconando sus propios galardones a la excelencia educativa, denuncian los premiados.

"Parece que el Ministerio no tiene ningún interés por nosotros ni por la excelencia. Cada vez lo pone más difícil. Seguimos esperando la convocatoria de los premios correspondientes al curso 2013-2014, lleva ya cuatro años de retraso y pone en peligro la continuación de este reconocimiento", explica Elena Camacho, una de las premiadas del curso 2012-2013.

El ninguneo se hace más patente cuando se observa el tratamiento que reciben otros galardones similares, pero de iniciativa privada, añaden. "Resulta chocante el retraso y desprecio de los Premios por parte del ministerio, la falta de compromiso del ministerio con la excelencia en la Universidad", valora Juan Margalef, presidente de La Facultad Invisible (LFI), asociación que reúne dos centenares de Premios Nacionales de todas las promociones.

La imagen contrasta con la del pasado 23 de mayo de este año. Entonces, los Reyes de España, el presidente de la Generalitat y la vicepresidenta del Gobierno acudieron, con toda la pompa que ello implica, a un acto por el que la Fundación La Caixa entregaba 120 becas a sus ganadores para que cursaran estudios de posgrado en el extranjero. El acto se publicitó antes y después.

Una y no más

En 2014, Wert tuvo que poner su mejor cara de póker cuando los premiados le dejaron con la mano extendida al aire en un acto abierto, con prensa y familiares de los premiados. Aprendió la lección.

En 2015 el exministro organizó una gala semi furtiva, sin convocatoria oficial, prensa, foto de familia, un martes cualquiera de mayo a mediodía, lo que provocó la ausencia de muchos premiados y sus familias. Wert tampoco fue: el PP estaba en precampaña electoral y no había lugar para desplantes. Entregó los premios entonces el número 3 del ministerio.

En 2016 la representación oficial mejoró un escalón. Fue el número dos de Educación el encargado de dar los galardones. Lo que no cambió fue el carácter semiclandestino de la gala, sin convocatoria ni comunicado oficial. A día de hoy no queda ni rastro de ello en la web del ministerio.

Para este año la ceremonia tendría que haberse celebrado en mayo o junio, como el pasado. Ni ocurrió ni se la espera, de momento. LFI le ha preguntado a Educación, pero el ministerio no ha justificado el retraso a los premiados. Consultado por este diario, tampoco responde siquiera si pretende realizar acto alguno. "Realizar la ceremonia sería un buen reconocimiento público a la excelencia y los estudiantes con buenas notas", valora Beatriz Álvarez, 2º Premio en Historia en la última convocatoria. "Daría visibilidad a la Universidad y la política universitaria", añade, en un momento en el que la institución no es foco de buenas noticias demasiado a menudo.

Un premio 'inútil'

El "desprecio" que denuncia LFI no es solo por las ceremonias. Los premios se otorgan con cuatro años de retraso cada curso. La última convocatoria, publicada en el BOEcolgada en la página web del Ministerio es de mayo de 2016 para los estudiantes que se graduaron en el curso 2012-2013. Esta es la convocatoria que, ya fallada, debería haberse entregado en mayo de este año pero no se hizo.

Y el retraso se va acumulando. Educación aún no ha convocado los premios del curso 2013-2014, con lo que los siguientes galardonados los recibirán todavía un año más tarde.

Y este retraso tiene al menos dos consecuencias. Por un lado, priva a los ganadores de la cuantía económica que conlleva el premio (3.300 euros para el primero, 2.650 para el segundo, 2.200 para el tercero) durante todo ese tiempo.

Por otro, obtener un premio nacional otorga hasta un punto (sobre diez, un 10%) para pedir algunos contratos formativos como las FPU (Formación de Profesorado Universitario) que otorga el propio ministerio. Sin embargo, para pedir una ayuda para una FPU, hay que estar matriculado en el programa un máximo de tres años después de haberse graduado, por lo a los premiados les ha caducado el premio para cuando podrían utilizarlo.

Le pasó a Beatriz Álvarez. "Cuando la mayoría de nosotros pedimos la FPU, la convocatoria [de los premios] ni siquiera había salido", explica. "Es un problema estructural y parece que va a ir a peor con vistas al futuro", vaticina.

Y por último está la nula publicidad que hace Educación de sus mayores premios y la falta de transparencia con que los gestiona, según denuncian algunos premiados. El Ministerio no da los premios de oficio, cada estudiante debe enterarse de que existen (la mayoría lo hace por el boca a boca) y solicitarlos por su cuenta. Con no pocos problemas en algunos casos.

Camacho, que se encontraba en Londres cuando salió la convocatoria, no podía utilizar la web ad hoc y le contaron por teléfono que tenía que llevar copias compulsadas de los documentos a algún registro oficial, lo que le forzó a movilizar a su padre. También tuvo una pelea cuando el ministerio modificó las puntuaciones de algunos premiados entre la adjudicación provisional y la definitiva sin explicar el cambio de criterio, lo que le obligó a presentar un recurso de reposición para obtener respuestas.

En definitiva, concluyen Camacho, Álvarez y Margalef, "pareciera que el Ministerio de Educación ha corrido un tupido velo" sobre los premiados. "Parece que no tiene ningún interés".

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