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Una Atención Primaria tensionada ante una población que envejece
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Una Atención Primaria tensionada ante el reto de una población que envejece: “Necesitamos tener tiempo en consulta”

La población española registró en 2025 el mayor nivel de envejecimiento de su historia. Los datos de la Fundación Adecco señalan que hay 148 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16. Y esa balanza está cada vez más desequilibrada. El Instituto Nacional de Estadística, hace un cuarto de siglo, los mayores de 65 años eran tan solo el 16% de la población y, en 2020, superaban ya el 20%. Y se espera que para 2045, una de cada tres personas supere esa barrera. Un cambio demográfico que va más allá de las estadísticas: los expertos advierten de que esta nueva realidad requerirá de cambios en los sistemas de salud, principalmente en una maltrecha Atención Primaria, mientras existe el riesgo de que miles de personas se queden atrás ante procesos como pedir una cita para el médico, ante los pasos agigantados a los que se desarrolla la tecnología.

Antía Pérez, profesora de Sociología en la Universidade da Coruña y experta en demografía, cifra en una de cada cinco las personas que actualmente sobrepasan los 65 años en España. “El INE estima que en 2045 el dato haya aumentado hasta el 29%. Aunque se trata de un incremento importante, se concentraría en los pocos años que nos quedan para alcanzar 2030”, explica la experta.

Dos causas provocan que la población envejecida vaya a más en España. Por un lado, el aumento de la esperanza de vida. Por otro, la reducción de la fertilidad. “Nuestro esquema de reproducción social como sociedad ha sido apostar por la duración de la vida y no por tener muchas vidas”, comenta Pérez. En este sentido, se ha concebido como un gran éxito social el aumento de la esperanza de vida y el control de la natalidad.

Una red sanitaria poco preparada

A cambio, la pirámide poblacional está cambiando y, también, las necesidades estructurales de la población, como el apoyo en los cuidados o el refuerzo del sistema sanitario. Carmen Esbrí, presidenta de la Asociación Mareas Blancas - Coordinadora Estatal, denuncia la disminución de la calidad que ha sufrido la atención primaria. “Es el punto de entrada al sistema, debería funcionar como un reloj, pero solo vemos cómo disminuye el personal, las listas de espera aumentan y las consultas están congestionadas”, se queja.

La situación empeora si se mira a los entornos rurales, donde Pérez sitúa el mayor envejecimiento social en España, que va de la mano de la despoblación. “Los problemas de la sanidad tienen sus causas en una pésima gestión y una orientación totalmente mercantilista, que empuja a la gente a que se haga seguros privados, aunque sean baratos, que no tienen es Atención Primaria”, desarrolla Esbrí.

Desde la Marea Blanca reivindican mayor financiación de la sanidad pública y la activación de la alta inspección por parte del Ministerio para fiscalizar y controlar el fin último de los recursos empleados en las comunidades autónomas. “Siempre será mejor que te trate el mismo médico de Atención Primaria durante toda tu vida y no uno nuevo cada pocos meses por la elevada movilidad y precariedad que hay. Eso evitará la aparición de complicaciones de salud”, sostiene la presidenta de la asociación.

Ana Encinas, médica de Atención Primaria en Carabanchel (Madrid) e integrante de la Plataforma de Centros de Salud, considera de “vital importancia” el trabajo de la promoción de la salud y la prevención de enfermedades en las personas mayores. “Para eso se necesita tiempo y eso es lo que no tenemos en la consulta”, apunta. Pero no solo se trata del estado físico. Encinas recalca que “los vínculos son cruciales para mantenerse saludable, y más en los mayores, que acuden mucho más que una persona joven a la consulta”.

La médica madrileña critica la implementación de la tecnología como puerta de entrada al sistema sanitario. “Existe una gran brecha digital y mucha gente no quiere hablar con una máquina para coger cita o no sabe utilizar una app para ver sus informes. Eso dificulta el acceso a los centros de salud”, explica.

La lucha contra la frustración digital

El informe sobre competencias digitales del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad recoge que, en 2023, los menores niveles de estas competencias se concentraban en las personas de 55 a 64 años, de las que el 53,8% tiene un nivel al menos básico, y las de 65 a 74, donde son el 32,8%. Entre estos rangos de edad se encuentran grandes bolsas de población con competencias bajas o inferiores: 40,5% entre la de 55 a 64 años y 47,3% entre la de 65 a 74 años.

De todas formas, Irene Jiménez prefiere no hablar de las personas mayores como un conjunto homogéneo. Esta experta en educación digital asegura que no es lo mismo una persona de 69 años que otra de 84, aunque socialmente se las considere como mayores. “Lo primordial es que los sistemas analógicos sigan funcionando, que no los sustituyan, y después, que se les dote de medios para nuevos aprendizajes”, sostiene. Tampoco es correcto dar por hecho que todo el mundo tiene internet en sus domicilios.

Según comenta la misma Jiménez, la frustración se apodera de todas aquellas personas que no entienden por qué no pueden ser atendidas en persona si antes no han reservado una cita online, cuando precisamente acuden al centro sanitario a pedir ayuda porque no saben hacerlo. “Hay que tener paciencia y acompañarlos, y habrá que repetirles 300 veces las cosas, pero también intentar que ellos no se sientan una carga o molestia por no entenderlo”, añade.

A favor de la independencia digital rema Guillem Alarcón desde Barcelona, donde reside desde hace un cuarto de siglo. A sus 81 años, este informático retirado organiza talleres trimestrales para aprender a utilizar terminales Android en el casal de personas mayores del barrio de Poble Nou. Un primer nivel lo dedica a las funciones principales de un móvil y WhatsApp, y los más intrépidos acuden a un segundo nivel en el que conocen aplicaciones como YouTube, Google Maps o Google Fotos, así como algo de inteligencia artificial y ciberseguridad.

“La gente mayor tiene ganas de digitalizarse, aunque se nota que cada vez acuden a los casales personas más jóvenes”, comenta. Obviamente, no solo van para cursos sobre digitalización. En el centro de Alarcón ofertan hasta 45 actividades. “Antes de la pandemia daba clases de ordenador, pero vi que no todo el mundo tiene uno. En cambio, sí que todo el mundo tiene un móvil y no todo el mundo sabe utilizarlo del todo”, relata.

Este profesor voluntario de tecnología sabe que se avecina una revolución con la expansión de la inteligencia artificial. “El otro día llamé al mecánico para revisar el coche y ya me atendió una máquina. Las empresas, con tal de ahorrar en personas, pondrán sistemas que consigan interpretar lo que les dices a la perfección sin necesidad de la atención de un humano. Es normal que haya gente a la que esto le supere”, desarrolla.

En su caso, convertirse en docente improvisado le ha granjeado el poder decir que ahora tiene un día a día que le satisface. “A mí esto me ha salvado la vida. Enviudé hace siete años y empecé a vivir solo. Me apunté al casal y he terminado dando cursos. Es increíble”, dice Alarcón. Él mismo cierra este artículo: la cuestión es no quedarse parado, tener un motivo por el que seguir andando.